Este documento justifica la reclamación de Carlos María Isidro al trono español apoyándose en principios como la tradición y la religión. Defiende un modelo absolutista y antiliberal de monarquía, haciendo referencias constantes a Dios. Representa las ideas del carlismo como el mantenimiento de los fueros, la defensa de la Iglesia católica y la oposición a los cambios liberales.