La persona narra haber sentido un fuerte dolor de garganta cuando tenía 17 años y haber empezado a obsesionarse con la idea de que podría tener cáncer. Al leer sobre los síntomas de cáncer de garganta en una revista, empezó a convencerse de que eso era lo que tenía. Más tarde, al comprar pastillas para la garganta, se atoró una en la garganta y pensó que iba a morir, hasta que finalmente logró pasarla. Finalmente, fue diagnosticada con faringitis.