La parábola del buen samaritano, narrada por Jesús, simboliza el plan de salvación y refleja el amor del Salvador hacia la humanidad. A lo largo de la historia, se ha interpretado como una alegoría donde el samaritano representa a Cristo, quien se compadece y ayuda a los caídos, mientras que los personajes que lo rodean ilustran diferentes aspectos de la ley y los profetas. Este relato nos invita a entender la relación entre el pecado, la redención y la misericordia divina, y resalta la importancia de amar al prójimo como a uno mismo.