Capítulo V
Decisiones
Llegué al colegio, último día de la semana. Todos me sonreían y al parecer más
de uno se había enterado de mi "pequeño accidente". En la mañana, la clase de
Inglés pasó increíblemente rápida, en el almuerzo no vi a Edward ni una vez,
cada vez que volteaba, su hermana Rosalie me miraba cómo si tuviera ganas de
ahorcarme. En cambio, Alice me veía divertidamente, me sonreía. Eran dos
polos opuestos.

La tarde también se me pasó rápida. Pero sin señales de Edward. Me encontré
con Jessica en clases de Química, pero ella paso todo el rato hablando de lo
mucho que le gustaba Mike, pero que él no se interesaba en ella. En realidad,
jamás había sido la del papel de confidente, pues porque nunca me habían
interesado las relaciones, ni nada que tuviera que ver con el tema. Era muy
despistada, no ponía atención a lo que me decía Jessica, respondía con un
"¿Si?". Siempre funciona.

Estaba por salir, decepcionada de no haber visto a Edward en todo el día,
cuando lo vi, lejano, apoyado a una pared, mirándome, profundamente, cómo si
viera mas allá de mi, cómo si quisiera ver mi interior.

Estaba dudando. ¿Me acerco a él?. Me pregunté a mi misma.

-No.-Respondió mi mente.

Pero al dar un paso, mi corazón latía, rápido. Decía "Si".

Edward comenzó a acercarse hacia mi, cambiando su expresión, ahora me veía
con curiosidad, cómo si me estuviera inspeccionando.

En pocos segundos, él estuvo a mi lado.

-¿Cómo te sientes hoy?-Me preguntó con voz y mirada inexpresiva.

-Mejor.-Le respondí en el mismo tono de voz de su pregunta.

-Bella, de verdad me preocupas. ¿Podrías decirme que tienes?-Cambió su tono
de voz, ahora sonaba preocupado. Igual que en el hospital.

-Primero necesito saber algo.-Le dije firmemente. Me había recordado que
debía preguntarle acerca de lo que había dicho Rosalie.

-¿Qué quieres saber?

Tomé aire antes de formular mi pregunta.
-¿Quién eres Edward Cullen?

-¿Qué clase de pregunta es esa Bella?-Me preguntó sonriendo y después
soltando una pequeña carcajada.

-Edward, escuché cuando Rosalie te dijo que yo podría descubrir, quienes son
ustedes.-Le confesé que no había estado inconsciente por completo.

-¿Tu… escuchaste?-Preguntó Edward con cara de Shock.

-¿Puedes responder?-Le pregunté molesta.

-A lo que ella se refería, es de la familia. Es un secreto.-Dijo excusándose.

-¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?-Pregunté desconcertada.

-Bella, es… algo en ti que, me hace querer protegerte, estar contigo.-Dijo
Edward susurrando.

Mis manos temblaban ante sus palabras. Mi corazón latía rápidamente. Nadie
me había dicho nada igual, nunca.

-Edward…-De nuevo. Mis palabras no salían.

-No has respondido mi pregunta Bella.-De verdad sonaba muy preocupado.

-Edward, yo no…puedo decírtelo.

-¿Por qué Bella? ¡¿Por qué?!.-Me preguntó, tomándome de los brazos.

-Es… un secreto Edward.-Le respondí citando su expresión anterior.- Pero no te
preocupes. No es nada malo-Mentí. Pero quería salir de ahí, me iba a seguir
preguntando. Le sonreí lo más que pude y me di la vuelta.

En un instante me paró y me acorraló contra la pared, fue algo increíblemente
rápido. Se acercó a mí, lentamente. Mirándome a los ojos, con dulzura, ternura.

Estuvo a punto de colocar sus labios sobre los míos. Mis mejillas ardían por su
enrojecimiento. Estaba paralizada. Sentía que el corazón se me salía del pecho.

Tan rápido cómo me arremetió sobre la pared, se separó de mí.

-Esto no puede pasar Bella.-Dijo Edward mirando al suelo con expresión de
dolor.

El pensaba lo mismo que yo. No podía pasar. Así lo pensaba yo desde un
principio.

-No deberíamos ser amigos, tienes que alejarte de mí. Antes de que sea
demasiado tarde.-Dijo Edward.
-Lo sé Edward.-Le dije en un susurro de dolor.

-No quiero que sea tarde. Si no me separo de ti ahora… No sé que podría pasar.

-No...- Le dije, mientras… ¿Mis lágrimas caían?

-No hagas esto mas difícil de lo que ya es, prometo no enamorarme de ti Isabella
Swan.-Colocó una mano sobre mi mejilla, apartando las lágrimas y se apartó
totalmente de mí. Desapareció corriendo. Iba a seguirlo pero… Sonó la
campana. Ya debía entrar a clases.

Caminé por los pasillos del colegio con mucha lentitud, mi mirada era vacía y
desganada. En ciencias me tocaba con Ángela. Ella era la mejor que me había
caído. No molestaba, aunque por su expresión en clases, se veía que quería
saber que me pasaba.

Manejé precipitadamente por la carretera, con sólo una mano al volante y la
otra estaba pero secar mis lágrimas. Era así cómo se supone que debería pasar,
no podía haber un más allá entre nosotros. Él lo decidió también, aunque no sé
la razón. El prometió que no se enamoraría. No importa lo que pase, el nunca
me vería llorar.

Al estacionarme fuera de mi casa, estaba Jacob esperándome, sentado en la
entrada. Él me había prometido que me iría a visitar pronto, pero no dijo nunca
cuando. Y hoy no estaba en las mejores condiciones.

Se acercó a la puerta de mi pick-up, mientras yo la apagaba, disimuladamente
me quitaba las lágrimas.

-Bella ¿Qué… qué tienes?-Me dijo Jacob dulcemente, ayudándome a bajar de la
camioneta.

-Jacob…-Lo miré, mordiéndome el labio, tratando con todas mis fuerzas, de no
romper en llanto.

-Bella, dime qué te pasa, puedes contarme lo que quieras.-Me dijo acariciando
mi mejilla.

-Jake es…-Alcancé a decir seguida por un llanto repentino, llevé mis manos a la
cara y Jake me rodeó con sus brazos.

Le conté todo a Jacob. Jamás había hecho esto, bueno en realidad nunca me
había sentido así, y menos con necesidad de desahogarme con alguien. A mi
criterio, Jake era un muy buen amigo, todo el rato que pase contándole me
escuchó completamente, sólo cuando le dije "Edward Cullen" cambió a una cara
de rabia y dolor al mismo tiempo, pero aún así siguió escuchando con atención.

Después me sentí tan a gusto con él. También me había contado sus cosas
personales, pero me confesó que jamás había estado enamorado. Me alegré no
ser la única.
-¿Después de esto qué pasará Bella? ¿Es que piensas andar por el colegio sin
hablarle?-Me preguntó Jake.

-No lo sé Jacob, haré mi mayor esfuerzo, pero el tendrá que cooperar-Le dije
levantando mis hombros al suspirar.-Gracias Jacob.-Le dije, fijando mi vista en
él con agradecimiento y dedicándole la mejor sonrisa que pude.

-Para eso están los amigos ¿No?-Me dijo, devolviéndome una sonrisa de ánimo.

Pasé toda la tarde riendo, contando anécdotas del pasado, cosas sin sentido.
Pero yo me sentía bien. Gracias a Jake.

Se fue por la noche y me asomé por la ventana, me despedí con la mano.

Me había dado fuerzas para seguir adelante, estar de pie. ¿Sería lo mismo a la
mañana siguiente? No, mañana era sábado.

Me dedicaría a leer, o cualquier cosa, con tal de distraerme.

Había recordado que había quedado en una parte curiosa de mi libro.

"Haz una lista de cosas que tienes que hacer, ya sean metas, sueños, viajes…
Por ejemplo: Lázate por una caída de agua. Haz camping…"

Tomé una hoja de papel y un lápiz, sólo por pasar el tiempo, escribí:

"Cosas que hacer:

1. …"

No se me venía nada a la mente. En realidad en mi mente no, pero en mi
corazón…

Comencé a escribir sin parar. Hice veinte en total. Sostuve el papel en mis
manos unos cuantos segundos, lo doble y lo guardé en la mitad del libro.

Tenía varias tareas acumuladas. Las adelanté rápidamente y bajé a desayunar.
Me dediqué a cocinarme unos panqueques, ya que era raro en mi tener apetito,
me degustaba haciendo platos más elaborados que un plato de cereal.

Mi mamá había guardado unas salsas para pasta en el congelador, me había
dejado una nota diciendo que comiera y que el resto lo guardara.

De repente sonó el teléfono. ¿Quién podría llamar a mi casa?

-Aló…-Dije en un susurro.

-… ¡BELLA!-Dijo Jessica, haciendo que apartara mi oído del teléfono.
-Jessica ¿Qué te pasa?-Había gritado cómo si se estuviera muriendo, la chica esa
estaba loca.

-¡Bella! Eres tú, gracias a dios. Necesito un favor-Me dijo en voz de súplica,
hablando muy rápido.

¿Cómo consiguió mi teléfono? Jamás se lo di.

-Dime, ¿Necesitas ayuda con alguna tarea?-

-¿Ah? ¡No!, mira, es… ¡Mike! Me invitó a salir con él, y le dije que si. Pero no
quiero ir sola.-Ya sabía a donde quería llegar.

-¿Y quieres que vaya contigo?-Le pregunté expectativa.

-¡Si! Por favor Bella, no sabes cuánto te lo agradecería.

-No lo sé Jessica, no me gusta salir. Además mis padres aún no llegan…-Intenté
darle excusas para no ir a su velada.

-Mi madre llamó a la tuya, le dijo que no había problema, pero me dijo que te
preguntara a ti.-Renee estaba enterada de que socializar no era una de mis cosas
favoritas.

-Está bien. ¿Dónde nos encontramos?-Le dije resignada.

-No te preocupes Bella, yo te paso buscando a las siete. Gracias de nuevo.-Me
dijo Jessica finalizando la llamada.

Ahora debía prepararme para salir con Jessica. Nunca había sido muy dotada de
ropa, ya que con lo poco que salía, no necesitaba de la moda, además nunca fue
un hobby ir de compras. Busqué entre mi ropa y encontré unos blue jeans, una
camiseta de tiros, aunque no sea muy nueva. Y obviamente mi chaqueta.

Tomé un baño de agua caliente, y en menos de lo que pude darme cuenta ya
faltaban treinta minutos para las siete de la noche. Bajé y le dejé la cena lista a
Charlie y a Renee con una nota:

"Regresaré     pronto,      voy     a     sobrevivir,       no   se    preocupen.
Los Quiero, Bella"

Tan pronto cómo coloque la nota en la nevera, sonó la corneta del carro de
Jessica. Apagué las luces y salí de la casa, caminando lentamente hacia el carro,
Jessica me esperaba con una sonrisa expectativamente. Venía repitiéndome a
mi misma "¿Por qué aceptaste, por qué aceptaste?"

-Hola Bella, gracias por acompañarme.-Me dijo Jessica sonriéndome.

-De nada.-Le dije con indiferencia.- ¿Se puede saber que vamos a hacer?
-Vamos al cine.

-Ah, que emocionante.-Le dije sin ganas.

El camino fue largo, obviamente en una locación cómo Forks, no hay cines.
Fuimos a Port Angeles.

Llegamos y esperamos un rato a Mike que no tardó en llegar. Cuando se acercó a
Jessica no se había percatado de mi presencia, al verme su expresión fue de
sorpresa.

-Bella ¿Qué haces aquí?-Dijo Mike desconcertado.

-Pues ella vino a acompañarme.-Dijo Jessica respondiendo por mí y colocando
su brazo sobre mis hombros.

-Me alegra mucho que hayas venido.

Entramos al cine y Jessica había salido un rato al baño. De verdad tenía un
trauma con su apariencia personal, iba a verse al espejo y a retocarse el
maquillaje, en vez de estar con Mike. Habían escogido una película de comedia,
ya que yo me rehusaba a ver la de romance.

No era una película muy buena, en realidad Mike pasó todo el rato riendo,
mientras Jessica se molestaba por que él no le ponía atención. Me frustré y salí
del cine a la mitad de la película. Quise buscar una librería, pero todas estaban
cerradas. Caminé por la calle, no había mucha gente. Había luna llena y el
bosque se veía absolutamente oscuro. De pronto, todo Port Angeles quedó sin
luz. Y yo estaba en el medio de la nada, sin haberme dado cuenta, había
caminado muchísimo. Tenía que regresar al cine, de seguro la función se habría
cancelado.

De pronto un chico me saludó desde lejos, estaba como a una cuadra de mi, pero
empezó a caminar hacia mi, lentamente, tenía cara de necesitado, pero no de
malicia, sino de tristeza.

Ya estaba al lado del cine cuando el chico se me acercó. Aún estaba todo oscuro
y no había nadie más. Era un poco más alto que yo, de cabello castaño oscuro y
de ojos verdes.

-Hola…-Me dijo en voz baja y tímidamente.

-Hola. ¿Te puedo ayudar en algo?-Le pregunté inocentemente.

-De hecho sí.-Me dijo sonriendo. Colocó una mano en su espalda, cómo si
estuviera buscando algo en su bolsillo trasero. Al instante, con su otra mano me
tomó sorpresivamente por el cuello, y llevó mis manos detrás de mi espalda.
Pegándome a la pared y asfixiándome.

-Necesito que me des todo lo que tienes. ¡Ahora!-Me gritó el chico con fuerza.
Lamentablemente no traía absolutamente nada, había traído el dinero justo
para la entrada y más nada. Había dejado mi cartera en la parte delantera del
carro de Jessica. Que oportuno.

-No tengo… nada-Le alcancé a decir, me estaba asfixiando, no podía articular las
palabras.

-Que lástima. De verdad que eras bonita.-Susurró colocando su boca en mi
cuello, su nariz me rozaba la parte baja de mi mejilla, podía sentir como me olía.
Sacó su mano de atrás y en ella tenía una navaja. La acercó a mí y la llevó a mi
cuello. Sentí el frío filo posándose sobre mi piel.

Sangre.

-¡Quítale las manos de encima!-Gritó… Edward.

El chico lo empujó, pero parecía cómo si no hubiera hecho ningún esfuerzo.
Edward lo tomó por la camisa y lo lanzó con mucha fuerza al piso.

-¡Vete ahora!-Le gritó al chico.

Sin darme cuenta estaba sangrando muchísimo, pero estaba tan pendiente de
Edward que no puse atención a mi herida.

Edward se veía diferente. Sus ojos, eran negros totalmente, no eran los que yo
recordaba, sus dorados.

Mi herida sangraba sin parar, aunque había sido sólo un roce, el cuello es un
lugar donde circula demasiada sangre. Para mi mala suerte…

Edward se acercó a mí, mientras yo colocaba mi mano en la herida, "como si eso
fuera a parar la sangre". Estuvo a unos pasos de mí, con sus manos extendidas,
me quería ayudar, su expresión era de dolor. Después desapareció. Hacia el
bosque.

-¡Bella!-Escuché la voz de Jessica entre la multitud que salía de una de las salas.

-¿¡Bella!? ¿Qué te paso?-Me preguntó Jessica colocando su mano sobre la mía,
que se posaba en mi cuello.

-Es… intentaron robarme.-Dije en voz baja, aún con mi vista pérdida en el
bosque.

-¿Qué? ¿Bella? ¿Por qué? ¿Estabas sola? ¿Te hicieron esto?-Empezó a preguntar
Mike, desesperadamente.

-Si, la calle estaba oscura y pues, estaba regresando al cine y éste chico me tomó
por el cuello-Les expliqué en voz baja.
-Vamos Bella, hay que llevarte al hospital.-Me dijo Jessica tomándome por el
brazo.

-No, no importa, ya deje de sangrar. Necesito sólo una venda y ya. Vamos, ahí
hay una farmacia.-Le dije señalando la esquina.

Fuimos a la farmacia mientras Mike y Jessica me insistían en llevarme al
Hospital, yo hacía caso omiso de sus palabras. Edward me había defendido,
increíblemente, apareció de la nada.

Muchas preguntas rondaban por mi mente.

¿Qué hacia Edward en Port Angeles esa noche? Estaba sólo, sin su coche. ¿Por
qué escapó hacia el bosque? ¿Viviría cerca de Port Angeles? Sus ojos, eran
diferentes hoy, eran negros ¿Por qué habían cambiado?

Pero algo que me desconcertaba totalmente. ¿Por qué me había dejado?

Sólo cumplía su parte del tratado… "No me enamoraré de ti Isabella Swan"




                       Capítulo VI
                              Confesión
Al llegar a mi casa, no pude pasar desapercibida, Charlie y Reneé notaron la
venda en mi cuello y me atormentaron en preguntas. Tuve que excusarme
diciendo que me apoyé a una pared que tenía un alambre afilado. Ya lo sé, es
una muy mala excusa, pero no tuve tiempo de pensar un accidente creíble. De
todas formas, con mi fama de torpeza, ellos creerían cualquier cosa.

-Bueno Bella, tu madre y yo estuvimos hablando en la mañana.-Me dijo Charlie
con un tono de voz como para que no lo interrumpiera.-Hablamos con el doctor
en Phoenix, y dijo que enviaría algo para ti.-En sus manos sostenía un aparato
pequeño, de color negro, tenía una pantalla.

Miré algo extrañada a Charlie y a Reneé, mientras tomaba el objeto en mis
manos.

-¿Qué es esta… cosa?-Pregunté con curiosidad.

-Bella, es un Beeper.-Me dijo mi madre tomándome de la mano.

-Si, pero no entiendo, ¿Para qué lo necesito?-Pregunté con presión.

-Hija, verás, sabes que el Doctor te puso un límite de tiempo tentativo, éste
aparato sonará…-Mi papá seguía hablando explicándome, mientras la expresión
de mi madre se tornaba triste, llevando sus manos a la cara y empezando a
llorar. Charlie seguía hablándome, también con expresión de dolor.

Me quedé unos minutos en silencio, escuchando el llanto de mi madre y
ordenando las ideas en mi mente.

-Y… ¿Qué pasa si yo… y aún no ha sonado…?-Le pregunté a Charlie con voz
quebrada.

-Ese es el riesgo hija. No sabríamos qué hacer.-Me dijo Charlie con ojos
sollozantes. Después me dio un fuerte abrazo. Yo aún seguía con mi mirada
vacía, recostada sobre el hombro de mi padre, mis lágrimas cayeron
repentinamente.

Sabía que era pronto, pero el tiempo pasó rápido.

-Creo que subiré a mi cuarto, necesito descansar.-Le dije a mi padre
apartándolo sutilmente de mí, mientras besaba la frente de mi madre, ella
tomaba mis manos y articulaba las palabras "Te Amo".

Entré a mi habitación, cerré la puerta de espaldas, mientras posaba mi cabeza
sobre la puerta, me senté en el piso, a llorar silenciosamente. Estos últimos días,
habían sido difíciles para mí. Empezaron los truenos, más tarde la lluvia caía.
Pasaron horas y yo seguía en el piso sentada, con mis rodillas en mi pecho.

Salí de mi cuarto rápidamente, bajé las escaleras y abrí la puerta. Las gotas me
salpicaban, la lluvia era imparable. El bosque frente a mí, oscuro e infinito. Sentí
un impulso de ir, y así lo hice.

Corrí hacia el bosque, lo único que lo iluminaba era la luna. En pocos segundos,
ya mi ropa estaba totalmente empapada. No tenía curso, sólo corrí con mis ojos
llenos de lágrimas.

-¡¿Por qué?!- Grité desesperadamente. -¿Por qué, por qué a mi?-Miré hacia
arriba y las gotas caían precipitadamente. Después regrese la vista y mire a los
lados, árboles, árboles, árboles. Estaba pérdida.

-¿Qué haces aquí sola? Podrías enfermarte, y no sabrías cómo volver a tu casa.-
Me preguntó una voz, que por muy dulce que fuera, no podía reconocer por el
sonido de los truenos y la lluvia.

No quise voltear, por lo menos ya no estaba sola. Pero me mataba de curiosidad.

¿Cómo alguien llegaría a parar al medio de la nada, a esas horas de la noche y se
encontraría conmigo? Volteé mi vista.

Edward.
Traté de ordenar mis preguntas por prioridad.

-Debería hacerte la misma pregunta.-Le dije volteando de nuevo hacia la luna.

-Yo pregunté primero.-Me dijo seriamente.

-¿Por qué te tengo que responder esa pregunta?

-Porque hoy te salve la vida.-Me dijo al oído. ¿En qué momento se movió?

-Gracias. Pero… Tienes que responder muchas dudas que tengo. ¿Cómo es que
sabías donde estaba?

-Bella, tengo una necesidad de protegerte. Siempre andas en algún problema.-
Me dijo tiernamente.

Solté una pequeña risa, estaba en lo cierto.

-Pero, ¿Me persigues? Es imposible llegar aquí sin guiarse-Le pregunté
desconcertada.

-No.-Me negó rotundamente.

-¿Por qué tus ojos son dorados? Hace dos horas eran negros, y cambiaron.-
Busqué una posible explicación.- ¿Cómo fue que desapareciste por el bosque de
repente?-Le empecé a preguntar sin parar.

-Bella, si te digo, después tendré que matarte.-Me dijo sonriendo.

-¿Serías capaz?-Lo reté acercándome a él.

-No, jamás. He querido, pero no tengo la fuerza para alejarme de ti -Dijo
acercándose a mi y colocando su helada mano en mi mejilla.

-No podemos estar juntos Edward -Dije mirándolo profundamente a los ojos.

-Yo no debo, pero estoy dispuesto a romper la barrera. Todo sea por estar junto
a ti.

-Déjame tranquila por favor.-Le dije con mucho dolor, él sentía algo por mí y yo
no podía aceptarlo, mis lágrimas salían de nuevo.

-Bella… Quiero estar contigo-Tomó mi mano con dulzura.

Ya no aguantaba más, no podía seguir ocultándolo, yo también sentía necesidad
de estar junto a él. Era especial. Diferente. No lo soporté más…

-Edward, estoy enferma.-Le dije con voz quebrada.
-Bella, sea lo que sea, lo podemos superar, mira mi padre es…-No dejé que
continuara.

-No Edward, por favor, escúchame. Insuficiencia cardíaca, me lo diagnosticaron
hace cinco años, necesito una donación de corazón.-Le explique entre llanto.

-¿Cuál es el problema? Siempre hay donantes…-Me dijo Edward con una rápida
sonrisa nerviosa que se tornó preocupada de nuevo.

-Ese es el problema Edward, mi tipo de sangre es demasiado raro, y va a llegar
un momento que ya mi corazón no bombeará sangre…-Le dije mientras le daba
la espalda.

Se quedó unos cuantos minutos en silencio. No respiraba. No sentí que se
movió.

-¿Cuánto tiempo?...-Me preguntó Edward con voz sollozante.

No pude responderle, tenía un nudo en la garganta.

-¿¡Cuánto tiempo Bella!?-Me gritó Edward con dolor.

-Tres meses… o menos.-Le susurré.

Sus ojos se abrieron como platos, su cara se quedó fría, estaba sollozando, pero
nunca salió alguna lágrima de alguno de sus dorados ojos. Daba vueltas con sus
manos en la cabeza cómo si estuviera buscando una solución… una cura. De
pronto Edward se acercó a mí lentamente y tomó mi cara suavemente por el
mentón. Acercándome a él. Mi respiración se torno acelerada.

-¿Por qué no querías decirme lo de tu enfermedad?

-Porque quiero llevar una vida normal, no quiero que la gente sienta lástima por
mí.

-¿Sin decirme nada a mí? -Preguntó Edward indignado.

-Especialmente a ti-Le dije acariciando su cara.-Voy a morir Edward, no quiero
enamorarme. Mi vida era normal, ya había aceptado mi sentencia y entonces tú
apareciste.-Me di la vuelta evitando su mirada de pánico y dolor. Se quedó
mudo por unos segundos.

-Yo sé que soy la chica enferma, pero ¿Quién eres tu Edward Cullen?-Le
pregunté, rompiendo su silencio y cambiando el tema.

-Yo…

-Te dije mi secreto, ahora tú debes decirme el tuyo.-lo presioné.

-Pronto lo averiguarás, pero debes prometer que no le dirás a nadie…
-Lo prometo.-No le diría a nadie. Pero ¿Cómo lo averiguaría?

-Bella, está lloviendo, tengo que llevarte. No quiero que te dé un resfriado.

-Si, pero si estamos perdidos.-Le dije irónicamente.

-Tú lo estás, yo no.-Me dijo sonriéndome. Me tomó por los brazos y me subió
delicadamente a sus brazos. -Sujétate fuerte.

No tenía ni la menor idea de lo que iba a hacer, pero me sujeté.

Hice una respiración y sentí que estaba volando, Edward corría rápida y
ágilmente por el bosque. No era una velocidad humana, y menos con alguien
trepado en tu espalda. Otra duda más. Pero estaba traumada, cómo era posible
alcanzar tal velocidad. Pude visualizar mi casa desde lejos y no había pasado ni
un minuto.

-Ya llegaste.- Me dijo con una sonrisa en su cara, cómo si no hubiera corrido, no
tenía aceleración cardíaca ni respiración rápida. Nada. Era sobrehumano.

Me bajé de su espalda y mi cara era de trauma.

-De verdad, tienes que decirme ¿Cómo lo haces?-Le pregunté realmente
sorprendida.

-Adiós Bella. Nos vemos pronto.-Dijo riendo y besando mi frente.

¿Pronto?

Entré con mucho cuidado, pero el ruido de la lluvia aun era fuerte, así que no
me costó cerrar la puerta sin hacer ruido.

Entré al baño y mi aspecto era horroroso, estaba empapada, tuve que darme un
baño con agua caliente. Me sequé el cabello con una toalla, lo más que pude. Me
cambié de ropa, me peiné precipitadamente, estaba totalmente cansada.

Al llegar a mi cuarto, mi ventana estaba abierta, no recuerdo haberla dejado así.
Me acerqué y la cerré, asomándome al ver que la lluvia no estaba tan fuerte
cómo lo había estado en el bosque.

Me sumergí en un sueño profundo, pero me sentía envuelta por algo frío,
mientras escuchaba una melodía dulce, lenta, tarareada por una mágica voz.

Mi mente divagó en la mañana, permanecí despierta en mi cama pero no quería
levantarme. Las imágenes de la noche anterior, llenaban mi mente, su cara a
pocos centímetros de la mía, su mirada al confesarle mi enfermedad, los árboles
pasando rápido al lado de nosotros, la luna llena.

"Nos vemos pronto".
Mi madre se quedó en casa, arreglando, nos habían invitado los Black a
almorzar a su casa, en La Push. La ayudé un poco, mientras ella se encontraba
lavando ropa, mientras esperábamos que Charlie nos buscara.

-¿Bella, puedes venir un momento?-Me dijo mi mamá desde la parte trasera de
la cocina.

-Si Reneé, dime.

-¿Por qué tu ropa de ayer está húmeda?-Me preguntó Reneé intrigante.

Jamás las excusas había sido una buena cualidad de mí. No sabía qué inventar.

-Bueno, verás… Yo… Fui a buscar… un cuaderno a la camioneta y cómo estaba
lloviendo, me mojé y dejé la ropa húmeda ahí.-Me excusé inocentemente.

-¿Estás loca Bella? Te pudiste haber resfriado. Ven y tómate esto, no queremos
que te enfermes.-Me dijo Renee reaccionando preocupada, se acercó a la cocina
y me dejó una vitamina.

-Gracias mamá.

Charlie había comprado unas gaseosas y unas cervezas para llevarlas, de seguro
harían el ritual de, terminar de comer y sentarse a ver ESPN. Yo aún no me
había cambiado ni nada, me vestí con lo primero que vi.

La Push es la reserva donde vive Jacob, el recorrido fue agradable, pasamos por
el lado de una playa, aunque el clima no era cálido, había gente surfeando. Pero
algo que llamó mi atención, un grupo de chicos que se lanzaban por un
acantilado, al principio fue un poco preocupante para mí, pero después todos se
lanzaban al vacio. Se veía divertido.


La casa de los Black es una pequeña cabaña de madera, al lado de la casa había
un garaje con gran cantidad de piezas y cosas de autos. Había una moto y un
viejo Volkswagen con el capó abierto.

Apenas estacionamos el carro y ya Jacob estaba afuera.

-Bella, ¿Cómo sigues?-Me dijo Jacob con sus brazos extendidos, mientras mis
padres entraban.

-Mucho mejor, gracias por preocuparte.-Le dije sonriendo.

-Me alegra, pero es un cambio de humor muy repentino. ¿Hay algo que tienes
que contarme?-Me dijo curioso.

-Es… Edward-Le dije con voz emocionante.
Salimos a dar un paseo cerca, mientras le contaba mi experiencia de la noche
pasada, me hacía preguntas comunes, pero jamás le mencione las cosas
sobrehumanas que había hecho Edward, le dije que yo estaba en el bosque pero
muy cerca de mi casa y le dije él que había venido en su carro, cosas normales.
Había prometido no decirle nada a nadie.

-Bella, tengo que decírtelo, no puedo más.-Me dijo Jacob cambiando su actitud
normal a rabia.-No quiero que andes con él, es peligroso.

-Jake, ¿Qué pasa?-Le pregunté intrigada.

-Edward, es alguien… Diferente.

Lo sabía. ¿Pero él sabría toda la verdad, la verdad que yo no sé?

-¿Cómo diferente? ¿Cómo lo sabes? No te entiendo.

-Se supone que yo no le debería contar esto a nadie, pero te lo cuento a ti. Sabes
que los quileutes, son la tribu de aquí, pues, se supone que éstos son
descendientes de los lobos. Bueno la familia de Edward, los Cullen, son
descendientes de ésta tribu "enemiga", una día los encontraron cazando cerca
de aquí y tuvieron que hacer un trato, ellos no pisarían nuestras tierras más
nunca para que pudiéramos dejarlos tranquilos. Actualmente, de hecho ellos no
vienen por aquí. Son peligrosos Bella, ellos no son… humanos-Me dijo Jake
seriamente preocupado.

-¿Qué…?-Jacob había dicho que ellos no eran humanos… ¿Entonces qué eran?

-Trata de alejarte de él.-Tarde, muy tarde.

-¡Dime Jacob! ¿A qué te refieres con que no son humanos?-Lo presioné.

-¡Bella. Jacob, el almuerzo está listo ¡vengan a comer!-Dijo Reneé esperándonos
en la puerta.

-No puedo Bella.-Dijo Jacob dándose la vuelta y caminando hacia su casa.

Me quedé con la intriga. Pasé al lado de Jake molesta. Me senté en la mesa sin
decir una sola palabra, a nadie, menos a Jacob.

Después de que acabó todo, tenía que inventar una excusa, estaba muy
aburrida.

-¿Quieres que te lleve a tu casa Bella?-Se ofreció Jacob.

-¿Te cuesta mucho decirme?-Le pregunté en voz baja.

-No soy el indicado para decírtelo. Te dije demasiado.-Me aclaró Jacob con
pena.
-Esta bien, llévame.-Le dije resignada.

Mi mirada estuvo hacia la ventana todo el camino, aún seguían los chicos en el
acantilado, parecía muy divertida la actividad, ninguno se veía mal herido.

Llegamos, me bajé del carro, sin voltear cerré la puerta.

-Gracias por traerme, y por lo demás.-Le dije secamente de espaldas a él.

-No hay de qué Bella, eres mi mejor amiga, siempre estaré aquí para cuidarte,
recuerda lo que te dije, aléjate de ellos.-Me advirtió Jake.

-Si, lo que digas.

Mi mentalidad se centraba en encontrarle una respuesta a la pregunta que
rondaba por mi mente. Si Edward no era un humano ¿Qué era? Tenía que
mentalizarme, podría ser cualquier cosa y no tenía que reaccionar de una mala
forma. Entré a mi casa vacía y subí a mi habitación a hacer algunas
suposiciones. Mi cabeza no podía unir los factores, rapidez sobrehumana, piel
pálida y fría, sus ojos cambiaban de color, aparecía en lugares inesperadamente
cuando yo necesitaba de su ayuda y no era humano, pero aparentaba ser uno,
según Jake.

Yo jamás podría averiguar eso, tenía que decírmelo, yo le dije mi enfermedad, el
tenía que decirme su secreto.

Me senté de espaldas a mi ventana, recostada de mi cama, llevé mis manos a mi
cabeza, cómo si eso ayudaría. Sentí el frío del aire entrando por la ventana,
rozando mi espalda, pero, no recordaba haberla dejado abierta. Escuché el golpe
cuando se cerró y el miedo invadió mi cuerpo, tuve miedo, pero volteé
bruscamente para ver que cosa había producido éste sonido.




                       Capítulo VII
                             Conociendo
Me levanté de un tiro, pero al ver que no había nadie, mis latidos se volvieron
regulares, me acerqué a ver afuera, se veía el crepúsculo que se ocultaba bajo las
montañas, me encantaba admirar tal espectáculo. Cuando ya no quedó rastro
del sol, suspiré y miré hacia la calle, estaba el Volvo plateado frente a mi casa.
-Es hermoso ¿No es así?...

Pegué un brinco al subir mi mirada y escucharlo hablar. Edward tenía una
agilidad de aparecer en los momentos y lugares menos esperados.

-¿Qué haces aquí?-Pregunté en shock.

-Vine a verte.-Respondió sonriendo.

-¿Quieres matarme antes de tiempo verdad?

-No me parece gracioso tu chiste-Su expresión se tornó seria.

-A mi tampoco me hace gracia que llegues así a mi casa, a mi cuarto.-Le dije
furiosa.-Espera-Cambié mi expresión a duda.- ¿Cómo entraste aquí?

-La ventana.-Me dijo muy tranquilamente.

-Y ¿Cómo se supone que llegaste a mi ventana, pudiendo tocar y entrar por la
puerta de abajo?

-Otra de mis habilidades Bella.

-Me tienes harta con tus habilidades.-Estaba reaccionando normal, cómo si no
me hubieran advertido que él no era humano.- Viniste a verme ¿No?

-Si, en realidad, vine a buscarte.-Me dijo sutilmente.

-¿A buscarme? ¿Puedo saber para qué?

-Quiero que conozcas a mi familia.

-Edward, no puedo salir de mi casa, Charlie y Renee aún no llegan.-Le dije
nerviosamente. Sólo la idea de conocer a los Cullen me daba pena, ¿Me
presentaría ante ellos cómo quién? ¿Su novia?

-Están por llegar Bella.-Me dijo muy confiado de sí mismo.

-¿Cómo lo sabes?-Le pregunté. Mi pregunta vino seguida de un sonido de
corneta en la calle. No aparté mis ojos de él mientras me asomaba por la
ventana y al voltear hacia fuera vi cómo Renee se bajaba de la patrulla de
Charlie.

-Mejor esperaré abajo.-Me dijo Edward, desapareciendo rápidamente por mi
puerta.

Claro, Charlie y Renee se darían cuenta de la presencia del carro y me
preguntarían. Edward fue muy inteligente, pero después de pensarlo yo también
debería bajar, mis padres se encontrarían a un extraño en su casa. Mientras
escuchaba cómo Charlie y Renee hablaban mientras se acercaban a la puerta,
bajé lo más rápido que pude, claro mi torpeza no permitió que fuera muy ágil y
resbalé en un escalón pero Edward estaba ahí para atraparme entre sus brazos.
Subí mi mirada y quedamos muy cerca, él uno del otro. Ya la puerta se había
abierto. Charlie y Renee nos vieron y quedaron totalmente pasmados, tenían un
estado de Shock.

-Hola Charlie, hola Renee.-Les dije cómo si nada hubiera pasado mientras
Edward me colocaba de pie.

-¿Qué esta pasando aquí?-Preguntó Charlie molesto.

-Papá, mamá, les presento a Edward Cullen.-Dije entrecortadamente, estaba
nerviosa.

-Mucho gusto, es un placer conocerlos.-Dijo Edward cortésmente.

-Hola Edward, ¿Eres amigo de Bella?-Preguntó mi madre curiosamente, se le
notaba felicidad en su expresión.

-Si, muy buenos amigos.-Le respondió Edward sin apartar la vista de mi.

-¿Y para qué viniste Edward?-Preguntó mi padre, que al parecer se había
calmado un poco.

-Vine a pedirles permiso para que Bella conozca a mi familia.

Charlie y Renee hicieron un corto contacto visual y después regresaron sus
miradas a nosotros.

-Ah, esta bien hija, cuídate.-Me dijo mi madre dulcemente mientras me daba
una gran sonrisa y me besaba en la frente.

Mi padre hizo una mueca de duda, frunció el ceño hacia Renee y ella asintió. Mi
padre jamás se había encontrado con algo de este estilo.

-Bueno, con su permiso. Bella ¿Nos vamos?-Me preguntó expectativo.

Dudé un poco ante su pregunta, estaba totalmente asustada.

-Si, déjame buscar mi chaqueta.-Logré articular en voz baja.

-Aquí la tengo Bella.-Dijo Edward levantando la chaqueta que tenía en su mano.

-Ah, gracias.

-Adiós Bella, que se diviertan.-Dijo mi madre cuando la dejábamos atrás.

Admirar el Volvo plateado tan cerca, era impresionante, un auto hermoso.
Edward se posó a mi lado y abrió la puerta por mí. Pude admirar el lujoso auto
por dentro. Estaba frío, pero tenía un olor particular, a él.
-¿Lista?-Me preguntó Edward mientras tomaba el volante.

-Si, claro.-Dije con nerviosismo.

Edward empezó a manejar a una velocidad muy rápida, me asustaba un poco,
pero noté su expresión mientras volteé un poco a verlo, era tranquila cómo si
nada. No tenía ganas de hablar, así que permanecí callada todo el camino,
mientras Edward me veía con curiosidad, sentí en un momento sus ojos
clavados en mí y me preocupaba que a su velocidad, despegara la vista de la
carretera.

-¿Qué piensas Bella?

-Nada, tengo un poco de miedo. ¿Podrías bajar la velocidad?

-¿No confías en mí?- Me preguntó y soltó una risa baja.

-Si, pero por lo menos coloca tu vista en la carretera.-Mi voz sonaba
entrecortada y asustada.

El se detuvo a verme un poco más mientras bajaba un poco la velocidad.

-Me tiene muy frustrado no saber qué piensas.-Dijo el con voz de decepción.

-Ni que pudieras averiguarlo.-Le respondí con tono de gracia.

-Si puedo, pero eres a la única persona que no consigo cómo hacerlo.-Me dijo
con el mismo tono de decepción.
-Espera, ¿Hay algo malo en mi?-Pregunté preocupada.

Edward empezó a reír. Seguramente algo le había causado mucha gracia.

-¿No te parece extraño que yo pueda leer mentes?

-En realidad, ya nada me sorprende de ti.-Le dije con voz indiferente.

Permaneció metido en sus pensamientos, su vista era recta pero vacía, cómo si
estuviera pensando en otra cosa.

-Tu madre se alegra de que salgas…conmigo-Dijo Edward apenado.

-Ah, ¿En serio?, en realidad no me sorprende, es que yo jamás he salido con…
nadie, así de ésta forma.-Le respondí en voz baja mientras mis mejillas se
tornaban rojas.

-Si, aunque Charlie tiene un poco de duda, él sólo quiere que tú seas feliz.

-Lo soy.-Le dije a Edward en un susurro, dándole una media sonrisa.
El camino a su casa se me hizo eterno, subíamos una colina donde había altos
pinos y no había muchas casas alrededor. El frío era peor de lo normal.

-Aquí estamos.-Dijo Edward apresurándose a abrir mi puerta.

Subí mi vista, su casa era excepcionalmente preciosa, era grande, con ventanales
altos, una estructura muy sofisticada. Era blanca, con detalles en piedras. Me
quedé de pie, atónita, con mi vista detallando cada esquina de esa maravillosa
casa.

-¿Qué pasa?-Preguntó Edward dando unos pasos hacia mi.

-Es…Tu casa es… Hermosa.-Le dije entrecortadamente.

-…Gracias-Respondió Edward apenado.

Me tomó de la mano dulcemente, era la primera vez que lo hacía. Tenía un
sentimiento muy extraño, pero se sentía tan bien tenerlo a mi lado, tomando mi
mano. Abrió la puerta y lo primero que noté fue el dulce olor a rosas. Mis ojos
quedaron impresionados ante tal espectáculo, toda la casa estaba decorada con
rosas, de varios colores, en floreros, en adornos de las cortinas, era hermoso. En
mi se clavaron los ojos de tres personas del interior de la casa.

-Hola Bella, no sabes cómo nos alegra que estés aquí.-Dijo Alice, dándome un
emotivo abrazo.

Les alegraba mi presencia.

-Gracias por aceptar nuestra invitación, es un placer tenerte aquí.-Dijo una
mujer, que me imaginé que sería la madre de Edward pero, era muy joven para
ser madre. Su cabello era ondulado y su tez era blanca al igual que todos.

-Gracias a ustedes.-Contesté apenada, aun quita en la entrada de la casa.

-Bella, ella es mi madre Esme y él es mi padre Carlisle.-Un hombre muy
apuesto, su cabello era claro.-Y creo que ya conoces a Alice.-Dijo Edward
señalando a cada uno respectivamente, mientras ellos respondían con una
amable sonrisa.

-¿No falta alguien?-Pregunté por los demás miembros de la familia.

-Los demás están arriba, no deben tardar.-Dijo Carlisle dándole un rápido
vistazo a Edward.-Por favor Bella, pasa adelante, tenemos una sorpresa para ti.-

-¿Una sorpresa?-No formaba parte de mi lista de favoritos las sorpresas, ni
hacían el intento.

-Sí te hemos preparado una cena, la hicimos entre todos, esperemos que te
guste.-Dijo Alice, tomándome del brazo y guiándome hacia el comedor. Pero
sólo había un plato y una variedad de comida, también había postre.
-¿Voy a comer yo sola?-Pregunté apenada.

-No, por supuesto que no. Nosotros te acompañaremos, tengo unas preguntas
que hacerte.-Me dijo Carlisle.

-Esperen, me refiero, ¿Yo voy a ser la única que va a comer?

Todos se miraron entre sí y después fijaron su vista en Edward que permaneció
en silencio unos pocos segundos.

-Aún no le he dicho Carlisle.-Respondió Edward a una pregunta no formulada.
Cierto, lee las mentes.

Supe instantáneamente a qué se refería. Pero no quise adentrarme más al tema.
Escuché los pasos de tres personas bajando por las escaleras, eran Rosalie,
Emmett y Jasper. Ya había escuchado su nombre en el colegio. Algo raro había
en Jasper, sus ojos eran negros pero tenían un tono rojizo en el borde de sus
pupilas. Se me quedó viendo con expresión petrificada.

Mientras nos acercamos a las escaleras, tomé una rosa mientras le sonreía a
Edward. De pronto Alice gritó con su vista en blanco, gritó mi nombre. ¿Por qué
me había gritado? Del grito me pegué a la pared, colocando mis manos detrás de
mí. Sentí una pequeña puya en la palma, pero fue una de las espinas del tallo de
la rosa. No presté atención. Pero en un pestañear de ojos, Jasper corrió hacia
mí, empujándome al suelo. Edward se colocó alrededor de mí, mientras pude
ver cómo los demás hacían una barrera al frente de mí, sosteniendo a Jasper.

-Lo siento.-Me susurró Edward al oído.

No supe lo que ocurría.

Todos desaparecieron, menos Alice, que se acercó rápidamente a mí.

-Bella ¿Estas bien?-Dijo Alice preocupada.

-Si, estoy bien, un poco confundida.

-Vamos Bella, te llevaré arriba.-Dijo Edward, cargándome suavemente.

Subió las escaleras, mientras yo volteaba a la parte trasera de la casa veía cómo
Jasper me veía apenado y los demás hablaban con el.

Entramos a una habitación, que supuse que sería la de él. Pero no había cama.
Sólo un mueble blanco que no se veía del todo cómodo para dormir. Había
montones de CD en los estantes blancos, era un cuarto muy iluminado, la luz de
la luna entraba sutilmente. Había demasiadas ventanas y ¿Una puerta al
exterior?

-Bella, te he arriesgado demasiado al traerte aquí.
-Es que no entiendo, todo se me hace más confuso.-Tartamudeé mientras
buscaba respuestas.

-Alice lo vio, vio tu sangre, yo debí reaccionar más rápido.

Edward paseaba por todo el cuarto, diciendo cosas en un tono de voz muy bajo,
pero molesto.

-Edward, ¿me puedes explicar?

Él no ponía atención a lo que yo decía, cosa que me molestaba demasiado, era
cómo si yo no estuviera ahí. Retomando los hechos, yo había sangrado, ¿Por qué
Jasper habría de arremeter contra mí? Si ellos no son humanos… son pálidos,
fríos. No comen comida y la sangre les produce un efecto…

-Está bien, te lo diré. Confío en ti. Nosotros somos…

-Vampiros…-Lo interrumpí con un hilo de voz, mis ojos estaban fijos en el piso,
sentía cómo mi sangre me hormigueaba las venas, un escalofrío recorrió mi
cuerpo, de pies a cabeza, pero era de sorpresa, no de miedo. Había tenido a mi
lado, alguien que pudo y aún puede acabar con mi vida, y simplemente me
parece placentero estar al lado de Edward y del resto de su familia. ¿Cómo no lo
había pensado antes?

Edward quedó paralizado totalmente ante mi respuesta, y yo seguía son respirar
ni moverme.

-¿Cómo… quién te lo dijo?-Preguntó Edward con su voz cortada.

-Lo acabo de averiguar-Respondí moviendo sólo mis labios.

-Me imagino que quieres irte de aquí, déjame… sólo buscaré las llaves y…- Dijo
Edward con voz triste y vacía.

-¿Irme? ¿Por qué querría irme?-Le pregunté volviendo mi mirada molesta por
lo que había dicho, encontrándome con sus ojos dolidos y dorados.

-¿No… tienes miedo?-Me preguntó inocentemente.

Vamos, ¿Miedo a él?

-No. En absoluto.

-¿No te da miedo pensar que en sólo pocos segundos podríamos acabar con tu
vida?-Preguntó con curiosidad.

-Sé que no serían capaces, se que tú no lo harías.-Le dije confiada, acercándome
a él.
Coloqué una mano sobre su frío pecho. Quería sentir sus latidos. Pero no podía
oír nada. Escuche una risita baja por su parte, creo que se había dado cuenta de
lo que intenté hacer.

-Bella, mi corazón no late, ni respiro, lo hago cuando lo necesito para hablar y
para parecer normal entre los humanos.-Me dijo cómo si me contara una
historia normal. Me quedé pasmada ante su confesión.

-¿Cómo es posible?-Pregunté atónita.

-Bueno Bella, es algo de los Vampiros.-Rió ante su respuesta.

-¿Cuánto tiempo… llevas así?

-Un poco más un siglo…-Respondió con una media sonrisa.

¿Un siglo? ¿Cien años? ¿Cómo era posible vivir tanto tiempo aparentando unos
dulces diecisiete años?

Fruncí mi ceño, en respuesta de duda. Se hizo un silencio largo, pero después
sonó algo fuertemente en mi interior…



                      Capítulo VIII
El león masoquista y la oveja enferma
Ya era de noche y no había comido nada desde el mediodía, en realidad no comí
mucho ya que estaba tratando de ignorar a Jacob, tratando de averiguar lo que
era Edward, cosa que ya no me preocupaba, pero debería. Era un vampiro.

-Tengo que atender tus necesidades humanas.-Dijo Edward colocando mi mano
sobre mi abdomen, el cual producía un sonido muy molesto en protesta por el
hambre. Era penoso.

-No, puedo resistir hasta mi casa.-Le mentí, seguramente me iba a desmayar en
el
camino.

-Bella, ¿Piensas despreciar la cena que preparó mi familia?-Preguntó Edward
dramáticamente ofendido.

-Lo siento Edward, es que me da muchísima pena bajar, después de todo el
escándalo que se for...-Un dedo frío y suave se posó sobre mis labios.

-Nada de esto es tu culpa, además. ¿Quién te dijo que bajarías a comer? Yo te
traeré la comida.-Me dijo riendo y desapareciendo sin permitir que se lo
impidiera.
Era tan cortés y amable.

Me volteé a ver su colección de música, la mayoría era clásica e instrumental.
Desde
décadas pasadas hasta música actual. Edward tenía un siglo de vida, y por lo que
pude suponer, su cultura en general debe estar increíblemente avanzada.
Mientras tomé un
CD al azar, lo solté al instante sintiendo un pinchazo en mi dedo, levanté mi
mano para visualizarlo, había un punto marcado en la parte superior de mi dedo
índice. Solté un bajo gemido de dolor al presionar el punto rojo.

-¿Te duele?-Apareció Edward sorpresivamente atrás de mi. Colocando una
mano alrededor de mi cintura y con la otra tomando mi débil dedo.

-No, sólo es un punto Edward.-Repliqué.

-Bueno, si tú lo dices.-Dijo mientras fruncía un poco los labios, aparentando
seriedad para no soltar su risa.

Mis ojos recorrieron el cuarto, había traído una pequeña mesa desplegable,
tenía comida de todo tipo de la que había en el comedor, pero estaba
delicadamente adornado con pétalos alrededor, formando un mantel de colores
pasteles, que me dejaron totalmente fuera de mí.

-Alice es definitivamente obsesiva.-Suspiré.

-En realidad… No fue Alice, fue mi idea.-Susurró en voz baja, si hubiera podido
sonrojarse, apostaría lo que sea porque lo hubiera hecho. Su postura se convirtió
en incómoda, probablemente pensó que no me había gustado su tierno detalle.

-¿Tú…? Esto, Edward… Es…-Me había quedado sin palabras totalmente.

-Si te molesta, puedo quitarlas.-Repuso con la cabeza baja mientras se acercaba
a la mesa a quitar los pétalos.

-No.-Me acerqué e impedí que las quitara.-Iba a decir que es muy dulce… En
serio, me encantó.-Me encontré con su mirada, mientras aparté suavemente su
mano de la mesa.

Mis latidos empezaron de nuevo, apenas podía contarlos. Llevé su mano al lugar
superficial de mi corazón.

-Eso es increíblemente maravilloso. Si el mío estuviera funcionando, te aseguro
que sería mucho peor que eso-Dijo refiriéndose con sus ojos a mi corazón.

-Es así cómo me siento cuando estoy contigo.

Me dirigió una mirada suave, que después se tornó confusa y dolorosa, su cara
se movió lentamente a un lado y quedó mirando algo atrás de él.
-Creo que deberías comer algo, no quiero que desmayes.-Repuso cambiando el
tema, pero sin dejar el dulce tono de voz.

-Yo creo también.-Murmuré colocando instintivamente mis manos alrededor de
mi estómago de nuevo.

Me senté en su sillón de cuero blanco, y el procedió a hacer lo mismo después de
colocar la mesa al frente de mi. A pesar de que me apenaba muchísimo comer
"sola", no podía evitar probar esa comida que se veía exquisita y más aún
cuando mi estómago tenía una sinfonía desde hace media hora. Me observó,
siempre sonriendo, sus ojos se posaban en mí cómo si yo fuera una escultura de
arte, una reina, algo fascinante, esto me incomodaba un poco, pero trataba de
no poner atención a sus ojos dorados. Me pasé todo el rato hablando de lo
deliciosa que había quedado esa comida, para ser "Vampiros", el arte culinaria
humana lo tenían muy bien avanzado. Terminé mi tartaleta de fresas con una
sonrisa de satisfacción en mi cara.

-Gracias, ha estado delicioso.

-Si me lo vuelves a decir de esa manera, me lo voy a creer. -Repuso mientras
tomaba la mesa y la llevaba abajo.

No se tomó más de tres segundos en regresar.

-¿Te importa si bajamos ahora?-Le pregunté con voz de súplica.
Frunció las cejas, pensando.

-De verdad me interesaría hablar con tu familia, a eso vine. ¿O prefieres
llevarme a casa?-Traté de sonar lo más convincente posible para quedarme.

-Está bien Bella, pero sólo un momento. Debo llevarte a tu casa temprano.-
Refunfuñó rindiéndose.

Caminó delante de mí, aún permaneciendo en guardia, pero no creía que fuera
necesario el protocolo extracurricular de guardaespaldas. Todo estaban en la
sala acomodados cómo si nos estuvieran esperando, todos me dedicaron una
sonrisa, no me sorprendió que Rosalie fuera la única que no sonrío, además de
Jasper que mantenía la mirada baja.

Nos sentamos y después de extensas disculpas por parte de Carlisle, nuestra
conversación se volvió interesante. Él me explicaba las sensaciones de los
Vampiros al oler sangre humana, me parecía increíble, eran de otra especie y
tenían que sobrevivir entre nosotros como alguien más del montón. Según sus
descripciones la sangre era cómo una droga, un olor delicioso y exquisito, único.
En cambio para mí, me parecía la cosa más desagradable del mundo, era
saborear óxido y sal combinados.

Edward permanecía a mi lado con una cara inexpresiva, al parecer el tema le
aburría un poco. Esme y Alice se extendieron a preguntarme acerca de mis
intereses personales, mi vida cotidiana, cosas básicas, pero tenían la misma
expresión de admiración que tuvo Edward mientras yo cenaba, me escuchaban
con paciencia y se interesaban en un tema tan inútil cómo mi comida preferida o
mi música favorita. El tema humano sería tan interesante para ellos, cómo para
mí sería el de los vampiros.
Mi relación con Edward se había tornado realmente seria, para el poco tiempo
que llevábamos conociéndonos. Me percaté por uno de los grandes ventanales
de la casa, que el cielo se había vuelto completamente negro, una noche oscura
iluminada sólo por la luna. Se me había ido completamente la noción del
tiempo, y es que con esa familia me sentía tan cómoda que no me importaba
nada, me la pasaba maravillosamente bien.

Sentí un poco de pena al observar disimuladamente mi reloj, a lo mejor se
sentirían mal.

Pero tuve que hacerlo, noté que eran un poco más de las nueve de la noche, ya
que no presté atención a los minutos.

-Creo que se ha hecho un poco tarde-Inquirió Carlisle.

-Ha sido un placer tenerte aquí con nosotros Bella, espero de verdad que vuelvas
a visitarnos pronto.-Me dijo esperanzada Esme, mientras tomaba mis manos
entre las suyas, que por muy frías, eran suaves y delicadas.

-Ella estará aquí muy seguido-Le aseguró Alice a Esme, propiciándole una
sonrisa de felicidad y seguridad.

¿Lo haría?

-Gracias por todo, me he sentido muy bien en su compañía-Admití con mis
mejillas un poco rojas.

-Disculpa por lo malo-Dijo Emmett divertidamente, mientras golpeaba en
broma a su hermano Jasper.

-Nos vemos Bella-Escuché a mis espaldas de una voz que nunca me imaginé
escuchar esa noche. Rosalie.

Sonreí como respuesta ante sus palabras.

Edward dejó que caminara al frente, aún seguía protegiéndome, ya me estaba
haciendo sentir un poco incómoda.

Manejó precipitadamente por la carretera cuando mi celular comenzó a sonar.
Sólo vi que era mi madre, no quise contestar para no hacer que Edward
manejara más rápido, si es que podía.

Se estacionó al frente de mi casa después del "corto" viaje.

Volteé por la ventana, viendo mi casa, esperando un regaño de Charlie o algo
por el estilo, suspiré profundamente y coloqué mi mano sobre la manilla del
carro.
-Tu madre no está precisamente molesta-Repuso Edward conteniendo una risa.

-¿De qué hablas?

-Ya lo verás.

Después de intentar pensar a qué se refería con lo que había dicho, fruncí el
ceño con duda.

-Gracias por todo, en serio, la pasé increíble.-Inquirí con pena.

-No te preocupes, no fue nada.-Respondió levantando sus hombros en señal de
insuficiencia.

Me dio una dulce sonrisa, mientras cerraba la puerta de su auto. Se quedó
detenido
hasta que mi madre me abrió en cuestión de segundos, su cara era… ¿Emoción?

-¡Bella!-Dijo mi madre mientras sonreía despidiéndose del carro que arrancaba
a mis espaldas.- ¿Cómo te fue?-Me preguntó interesada.

-Me fue…Increíble-Traté de usar las palabras correctas.

-Cuéntamelo todo, ¿Cómo es su familia? ¿Te tratan bien?-Dijo mi madre
aumentando su tono de interés.

-Todos son muy buenos, me prepararon…-Recordé que no debía dar
sospechas.-Prepararon una cena fabulosa.

-Me alegra que te hayas divertido hija. Pero necesito saber algo.-Dijo Renee con
voz seria.

-¿Qué?

-¿De verdad te gusta ese chico? Te veo diferente, te veo feliz-Respondió con
sinceridad.

-Mamá, el es increíble… Me siento tan bien cuando estoy a su lado, jamás me
había sentido así.-Confesé finalmente, era la primera vez que mi madre se
interesaba en mis relaciones amorosas, y primera vez que respondía a sus
preguntas, sentía ganas de contárselo, estaba muy feliz.

A Reneé empezaron a brotarle sutilmente unas cuantas lágrimas de los ojos, me
acarició suavemente la mejilla, mientras intentaba sonreír.

-¿Mamá qué pasa? ¿Por qué lloras?-Pregunté preocupada.

-Es sólo que… Me hace tan feliz verte así, sonriendo, alegre. No sabes cuanto
hemos luchado Charlie y yo para que seas feliz, y ahora que lo eres, me
emociona muchísimo.-Replicó con dulzura.
-Me siento como otra persona. Él ha llegado a cambiar mi vida madre.-
Murmuré, sintiendo cómo involuntariamente mis lágrimas brotaban.

Llorábamos de felicidad. El día que supe que moriría pronto, mis padres
prometieron que harían lo posible porque el resto de mis días fueran felices,
pero simplemente yo no exigí nada, ni Renee ni Charlie están al alcance de
proporcionarme grandes regalos, ni maravillosos viajes, así que yo hacía de mi
día a día, lo más normal posible. Era tan satisfactorio sentirme así.

Renee permitió que subiera después de un abrazo emotivo. Entré al baño,
escuchando los ronquidos de Charlie desde la otra habitación. Mis ojos estaban
un poco hinchados por las lágrimas, lavé mi cara y me cambié de ropa.

Estaba totalmente exhausta. Hacía mas frío de lo común, así que tomé un
sweater grueso de mi clóset. Me cubrí totalmente con mi cobija y cerré mis ojos.
No faltó mucho para que me empezara a asfixiar debajo de la sábana y me la
quité de encima. No podía dejar de pensar en él.

Pero no podía esperar a que se hiciera de día, quería verlo.

Me levanté apenas con el primer rayo de sol. No supe la hora, pero quería llegar
lo más rápido al colegio. Me tardé un poco escogiendo que ropa usar, nunca me
había importado mi apariencia, pero de nada valió el esfuerzo, tomé la primera
camisa que vi.

Al bajar las escaleras, Charlie me vio con sorpresa.

-¿Qué haces tan temprano despierta?-Preguntó él. Generalmente no nos
topamos en las mañanas, ya que el sale mucho más temprano que yo.

-Tengo… hambre-Respondí con una sonrisa.

-Ah, entiendo-Murmuró con una expresión de duda en su frente.-Tu madre me
contó lo de…éste chico, Edward.-Charlie inquirió, cambiando de tema.

-¿Qué te dijo?-Pregunté asustada. Renee era capaz de colocar en mi boca
palabras que jamás he articulado.

-Me dijo que eres feliz, ¿Es así?-Preguntó mi padre con duda e interés.

-Es cierto.-Susurré.

Quedó un rato en silencio.

-Bueno Bells, eso es lo importante, sólo queremos lo mejor para ti.-Replico
Charlie dándome un beso de despedida en la frente. Pensé que iba a reaccionar
diferente, pero no podía, no debía.

Llegué al colegio lo más rápido que pude. ¿Para qué? Para notar que ni el Volvo
plateado, ni el Mercedes Rojo ni el Jeep Blanco estaban ahí. Me sentí
decepcionada de mi esfuerzo de llegar temprano, pero no perdí mis esperanzas y
esperé unos minutos más en el estacionamiento. No hubo señales de los Cullen.

-No van a venir-Aseguró Jessica al acercarse a mí.

-No sé de que me hablas-Respondí con sequedad, tratando de enfocarme en el
libro de matemática que traía en mi mano.

-Los Cullen, si no llegan a la misma hora, significa que no vienen.-Inquirió ella
cómo si los conociera demasiado.

-Nunca pregunté nada.-Mentí literalmente. En cierta parte me frustraba que ella
supiera más información que yo.

-Bueno, sólo te aviso.-Murmuró ella un poco molesta.
Regresé mi vista una vez más por encima del estacionamiento. Ninguna señal.
Entré a clases con mi mente nublada y llena de dudas que me frustraban.
Contesté algunas preguntas en estado inexpresivo en clases de Biología,
mientras miraba a la mesa vacía de mi compañero de clases.

Revisé mi celular repetidas veces. Nada aún.

El día pasaba en segundos para mi, lento. Cuando creía que había pasado una
hora completa, sólo eran cinco minutos. No podía creer lo mal que me sentía sin
Edward,

¿Eran así mis días antes de conocerlo? Tristes, lentos y sin sentido.

Mientras caminaba por el pasillo, la gente corría rápidamente afuera, más
desesperados de lo normal, ¿O era que mi velocidad era muy lenta?

-Bella, ¿Por qué caminas tan lento?-Me preguntó Mike, respirando rápidamente
después de haber corrido un poco, las gotas de sudor brotaban por su frente.

-¿El colegio se está cayendo o algo por el estilo?-Pregunté con ironía.

-No, aunque es uno de mis deseos más profundos-Bromeó.

-Entonces, ¿Qué está pasando?

-Míralo por ti misma.-Respondió Mike mientras alzaba uno de sus brazos hacia
el exterior del colegio.

Mis sentidos se agudizaron en busca de alguna anormalidad. Mi vista se deleito
con un
sol brillante, alumbrando cada hoja en los árboles, mi oído escuchaba a los
chicos gritando de emoción, quitándose los sweaters y tirándolos al suelo y mi
tacto se percató del calor delicado que rozaba mi cara. Fue la única cosa que me
pudo alegrar el día, ¿Tendría esto algo que ver con la ausencia de los Cullen? Las
pocas películas de vampiros que conocía me relataban que ellos sólo salían de
noche, ya que la luz del sol los "derretía", siempre me había parecido ridículo,
claro obviando el hecho de que los vampiros no existían. Ya no sabía que otras
conclusiones, pero el día era simplemente hermoso para desperdiciarlo, además
por la actitud de los chicos, esto no era algo muy común aquí en Forks. Me senté
en el árbol de la vez pasada. Coloqué mi mente en blanco. No quería mostrar mi
incomodidad.

El resto de las clases pasaron rápido, en comparación con la primera. Entregué
unas cuantas actividades y salí más temprano.

Ya empezaba a hacer calor, así que me quité el sweater, agradeciendo que la
camisa que me había puesto, no fuera muy vieja. Busqué las llaves de mi
camioneta mientras bajaba las cortas escaleras, cuándo escuché cómo un carro
frenaba, pasando horizontalmente al frente de mí. Después de que mi corazón
volviera a latir, y de que mi cuerpo reaccionó, subí mi vista lentamente, dando
respiraciones profundas y entrecortadas, había estado muy cerca.

Un Volvo.

Plateado.

Edward...

-Hola Bella-Me susurró al oído al bajarse de su flamante carro.

Estaba clara de que casi me pudo haber arrollado con el carro, y que aún así me
hablaba cómo si nada. Pero lo que más me frustraba era su cara de simpatía y
dulzura, sentía mis rodillas débiles, incapaces de sostener mi peso. Su sonrisa
era brillante y delicada. Pero me había dejado todo el día sola, una "eternidad"
diría yo. Lo miré fijamente a los ojos, tratando de que mi mirada fuera molesta y
de rabia, intentando no distraerme al verlo penetrándome con sus ojos. Aun
llevaba puesto su sweater con el clima cómo estaba, aunque se había nublado un
poco el cielo. Había desaparecido el rastro del sol.

Me volteé bruscamente hacia mi camioneta, pasando por al lado de su carro,
donde se encontraba Alice en el copiloto, dándome una dulce sonrisa que era
incapaz de no responder. Caminé más rápido. No pude observarlo, pero de
seguro estaría extrañado de mi reacción, no faltó más para que se situara al
frente de mí.

-¿Qué ocurre? ¿Pasa algo?-Me preguntó preocupado.
Solté una risa irónica, mientras subía una ceja en señal de impertinencia.

-¿Por qué no viniste hoy?-Pregunté-

-Vine a buscarte Bella, te lo explico todo después.-Me dijo con una sonrisa de
alivio en su rostro ante mi pregunta.

-¿Sólo así? ¿No te pasó por la mente avisarme que no vendrías hoy?-Estaba
actuando muy exageradamente. Pero era involuntario. Vomitaba las palabras.

-¿Bella, cuál es el problema? Es sólo un día.-Replicó con nervios ante mi tono de
voz.
- ¿Sabes cuál es el problema Edward? No soy como tú, ni cómo cualquier otro
humano.
Tú vives por una eternidad, un humano vive varias décadas, pero yo…yo tengo
que vivir día a día cómo si fuera el último, aprovechando cada segundo que
pasa.-Me sorprendí ante mi revelación, le hablé firme y honestamente. La
realidad de mis palabras me abrumaba y me llenaba de melancolía, a su lado se
me había olvidado mi maldición. Mis ojos se llenaron de lágrimas-Ahora que
llegaste, sin ti siento que pasa una eternidad, para ti son solo segundos sin mi.-
Mis palabras empezaban a sonar entrecortadas.- ¿Sabes qué? Olvídalo, sólo…
sólo déjame ir a mi camioneta.-Murmuré con un nudo en mi garganta y mis
mejillas con unas cuantas lágrimas.

Su expresión era pálida, literalmente, más pálido no podría ser, pero me veía
cómo si le hubieran dado la noticia de la muerte de alguien cercano. Podía leer
su mirada. Dolor, tristeza, pena…

No se movía, parecía petrificado, congelado.

-Nos vemos Edward-Susurré rompiendo su silencio y avanzando por su lado.

-Por favor Bella, no te vayas…-Dijo con voz sollozante a mis espaldas.

El dolor de sus palabras me hicieron sentir mal por lo que le había dicho. Limpié
rápidamente mis lágrimas y volteé mi vista. Se acercó a mi de forma inmediata y
me abrazó fuerte, pero dulce y delicadamente a la vez, con el calor que estaba
haciendo, la piel de sus brazos rodeándome y tocando parte de mi espalda
descubierta por mi camiseta. Se sentía tan bien, pero así fuera, con o sin calor,
todo con Edward era perfecto, su olor era penetrante, delicioso.

Le devolví el abrazo en forma de respuesta, mis brazos rodearon su cintura y
coloqué mi mejilla sobre su pecho.

-Nunca más te dejaré, tienes toda la razón, jamás lo pensé de esa forma… soy un
total desconsiderado.-Refunfuñó hacia sí mismo.

-No te preocupes, sólo vámonos de aquí.-Repliqué mientras miraba la gente a
nuestro alrededor que se nos quedaban viendo con una expresión de sorpresa.
Mike permanecía con su boca en forma de "o". Jessica sólo comentaba al oído de
muchas chicas de las cuales sólo reconocí a Ángela. Todos miraban hacia
nosotros.

Incómodo.

-Vamos Bella, yo te llevaré.-Insistió.

-Pero, si tengo mi camioneta aquí, no es necesario, de verdad.

-Confía en mí. Yo te llevaré, Alice se encargará de llevar tu camioneta a tu casa.-
Replicó sospechosamente.
En menos de dos segundos, Alice apareció detrás de mí, y propiciándome una
dulce sonrisa, tomó las llaves de mi mano y se dirigió a la camioneta. Levanté mi
mano en señal de que esperara, pero ya era tarde.

-¿Nos vamos?-Preguntó abriendo la puerta del copiloto.

Lo miré con duda, tratando de averiguar por qué querría llevarme. Era lo mismo
a que yo fuera con mi Pick-up.

Miré el camino, era el mismo hacia mi casa, así que no tramaba nada, aunque su
expresión mostraba lo contrario. Mordía su labio inferior, conteniendo una
sonrisa.

-¿Me vas a decir por qué faltaste hoy?-Pregunté.

-¿Ya viste el clima?-Respondió riendo.

-Si, pero ¿Qué tiene que ver? ¿Es que ustedes no pueden salir a la luz del sol,
como en las películas?

Soltó una gran carcajada.

-No Bella, es sólo un mito, si podemos salir a la luz pero, no debemos.

-¿Por qué?

-Ya verás.-Dijo misteriosamente.

Se estacionó al frente de mi casa y abrió mi puerta caballerosamente.

-¿Podrías acompañarme un momento?-Me preguntó caminando hacia el otro
lado de la calle, hacia los árboles.

-¿A dónde vas Edward? No creo que…

-No te preocupes, será sólo un momento. ¿Confías en mí?

-Si, claro.

Colocó una mano en el bolsillo de sus pantalones, sin dejar de sonreírme se
acercó lentamente y se colocó detrás de mí.

-Cierra los ojos-Me susurró al oído dulcemente.

Accedí a su extraña petición y colocó sobre mis ojos una venda, obviamente de
un color negro, la amarró y me tomó por la cadera, cargándome totalmente,
coloqué mis brazos alrededor de su cuello y me acerqué a él lo más que pude.
Comencé a sentir la extraña sensación de aquella noche de lluvia en el bosque, el
viento rozando mi piel velozmente, las manos frías de Edward alrededor de mí.
El azote de los árboles paró repentinamente.
Mi vampiro me colocó en el suelo con cuidado, mientras me retiraba la venda de
mis ojos.

-Espero que te gusté-Dijo expectativo.

Respiré profundamente, olor a flores y grama.

Quedé sorprendida al ver un suelo de diversos colores brillantes y hermosos a la
vista. Flores, muchas flores vestían el prado a donde me había llevado Edward.
El pasto era verde en todo el sentido de la palabra. Un paisaje que jamás había
deleitado, hermoso, increíble. ¿Cómo existían lugares así?

-Esto es… único. ¿Por qué me trajiste aquí?

-Quería compartir éste lugar contigo. Es especial.-Me respondió con ternura.

-Gracias, de verdad no sé qué decirte.-Repliqué con pena.

-No tienes que decir nada. Sólo con verte feliz me basta y me sobra.-Inquirió en
voz baja.

Hubo un momento de silencio entre los dos, mientras el sol aparecía
tenuemente entre las nubes, Edward se acercó a la parte más iluminada.

-Ésta es la razón de mi ausencia hoy.-Dijo mientras abría lentamente su camisa.
Su físico era impactante, músculos pronunciados. Su piel brillaba cómo si
estuviera hecho de diamante, parecía una escultura, una obra de arte, los
diamantes estaban esparcidos por cada espacio de su cuerpo. Era hermoso.

-Edward, ¿Cómo…?-No lograba articular las palabras.

-¿Lo ves? La gente se daría cuenta.

-Ya entiendo, es increíble.-Me acerqué a él, a tocar su pecho desnudo, parecía
una ilusión óptica, una alucinación. Al principio sonrió, pero después su mirada
se tornó preocupada. Tomó mi mano dulcemente y la apartó.

-Tengo miedo.-Confesó con pena.

Estamos claros, Edward es un vampiro, con increíbles agilidades, con unas
cuantas décadas más de vida que yo y aún así ¿Le temía a algo?

-¿Tú experimentas ese sentimiento?

-Lo estoy empezando a desarrollar.

-¿A qué le temes?-Pregunté acercándome más a él.

-Tengo miedo a dos cosas, la primera es… No poder controlarme contigo, estar
cerca de ti es cómo pecar, jugar con tu muerte; no quiero hacerte daño Bella.-
Replicó con melancolía, colocando su mano debajo de mi mejilla.
-Confío en ti. Nada va a pasar.-Le aseguré.

-Espero tener la fuerza…-Murmuró para sí mismo.

-¿Cuál es tu segundo miedo?

-No quiero perderte, no sabes cuánto tiempo he esperado por ti.-Susurró con
tristeza mientras acariciaba mi mejilla.

El cielo estaba nublado de nuevo, en realidad ya no había señales de un día
soleado cómo el de la mañana, se había tornado gris y frío. Pegó una fuerte
ráfaga de viento helado que pasó sobre mí, hizo que mi piel se erizara y me hizo
temblar un poco, expresé un poco de incomodidad en la cara.

-Ten.-Inquirió él, quitándose su sweater y colocándolo alrededor de mí. Aunque
no estaba caliente me cubría un poco.

-Gracias…-Respondí sonrojándome.

Comenzaron a caer unas cuantas gotas de lluvia. Aún seguíamos cerca el uno del
otro. Nuestras miradas estaban conectadas totalmente. De repente él se volteó,
dándome la espalda y el diluvio comenzó a caer fuertemente.

-No me vas a perder.-Dije en voz alta cuando me daba la espalda. Entre la lluvia
que mojaba mi rostro le grité la respuesta a su segundo miedo.

Volteó lentamente su cara de tristeza y me propició una linda sonrisa. Se acercó
una vez más a mi. Tomó rápidamente mi rostro entre sus manos y posó sus
dulces y suaves labios sobre los míos, fue difícil asimilarlo al principio, pero
después todo fue muy romántico, me besaba lentamente, nunca había sentido
esto que sentía, era felicidad. Mi primer beso. Tuve que separarme un poco de él
para tomar aire, pero no quería terminar todo ahí coloqué mis brazos alrededor
de su cuello, abrazándolo y besándolo enseguida.

-Te Amo Isabella Swan.-Me susurró con sus labios a pocos centímetros de los
míos.
Me confundió la realidad de sus palabras.

-Tú… prometiste que no te enamorarías de mi.-Le dije sollozando.

-Fue algo inevitable.-Replicó con una sonrisa.

-Lo sé.-Reí con mis lágrimas confundidas entre las gotas de lluvia.

-Así el león se enamoró de la oveja…-Susurró.

-¿La oveja enferma?-Pregunté graciosamente.

-El león que estaba peligrosamente enamorado.-Respondió con una media
sonrisa.
Tomó mis manos y las entrelazó con las suyas.

-Número cinco.-Cité.

-¿A que te refieres con eso?-Preguntó intrigado.

-Mi deseo número cinco, que mi primer beso fuera debajo de la lluvia…-
Respondí con pena.

-¿Tienes una lista de deseos?

-Si, pero son sólo unos pocos.-Confesé

-Te prometo, los haré realidad, para ti. Por ti Bella, daría lo que sea. Tú eres mi
vida ahora…



                         Capítulo IX
                                   Deseos
El día más maravilloso de todos se me había cumplido en ese prado, mi primer
beso, con el verdadero amor, Edward Cullen, un vampiro.

Al día siguiente, tomé un pequeño resfriado, donde todo me daba calor, sudaba
a montones. Pero era normal, no cómo los usuales, que con mi enfermedad se
incrementaban. Quizás mi situación estaría mejorando con Edward
apoyándome. Mi padre se veía más optimista, mi madre me veía con una
sonrisa a la mañana. Me había dicho que faltaría a clases el martes ya que iría de
cacería con su familia, uso el término "Nos daremos un pequeño banquete", el
cual me hizo visualizar a mí… a mí… ¿Novio? Podría decirse que sí. Yo lo amaba
y él me amaba, fácil.

A pesar de todo, la fuerza no era suficiente, mi mente se llenaba de dolor y
tristeza de pensar que en unos meses, todo acabaría. Mi enfermedad estaba
arruinando la poca felicidad que poco a poco iba construyendo. Le prometí a
Edward que no me separaría del él, pero sin ninguna seguridad.

Me levanté temprano, sin poder dormir, recordando ese beso…

Busqué mis libros encima de mi escritorio y se cayó entre ellos un objeto, negro.
Mi Beeper. El objeto que me avisaría el día de mi operación, o de "mi muerte".
Aún no sabíamos nada, pero por ahora, eso era mi final. Mis manos temblaban
con el objeto, y sentía como golpes en mi abdomen. Lo guardé en una de las
gavetas rápidamente. Allí junto al Beeper se encontraba mi libro, en el cual
había guardado esa lista, la lista de deseos. La leí, concentrando mi vista en el
número cinco. Lo taché ya que se había hecho realidad…
-"-5.Primer beso, bajo la lluvia"

Di un largo suspiro, vi la hora y me sorprendí de que ya fuera tarde. Me fui al
colegio rápidamente, dejando todo desordenado.

Al estacionarme, podría jurar que todo el colegio miraba hacia mí.
Efectivamente, al subir mi mirada, me encontré con muchas miradas, lo cual
hizo ruborizarme al instante. Salí de la Pickup con la mirada baja. Escuche unos
cuantos "Ella es…", "¿No lo viste ayer…?" "Isabella Swan…", pero el que más
llamó mi atención: "Es novia de Edward Cullen…". Ya se habían enterado y
estaban haciendo suposiciones por mi encuentro de ayer en el estacionamiento.
Sentía que alguien saltaría sobre mí.

-¡No lo puedo creer!-Insinuó Jessica a mi lado.

-¿Qué?-Pregunté inexpresivamente. Sabía que me hablaría de Edward.

-Estás saliendo con Edward Cullen, eso es algo que nadie había intentado, sólo
por el hecho de que nadie lo había logrado.-Replicó Jessica con admiración.

-Pues creo que hay que arriesgarse un poco siempre-Inquirí, concentrando mi
vista en la puerta del aula. No podía negar algo que ya sería obvio en unos
cuantos días.

-Debes contármelo todo, ¿Cómo fue? ¿Ya se dieron su primer beso?-Dijo
entonando un poco más su voz en la última pregunta.

-Mira, hablamos después, no tengo ánimos.

-Esta bien, pero seguro.-Me presionó ella.

Asentí con desgana mientras me volteaba hacia las mesas del aula, frunciendo
un poco el ceño.

La voz de Edward revoloteaba en mi mente, mientras mis compañeros me veían
sin colocar atención a la clase. Suspiré unas cuantas veces.

Mike me llamó unas cuantas veces desde el otro pasillo, pero no presté atención,
sacaría a relucir la misma conversación que había establecido con Jessica, de la
cual escapé ágilmente. Llegué a mi casa un poco cansada, lavé un poco de ropa,
hice mis tareas. Sonó el teléfono y crucé mis dedos, deseando que fuera la
persona más pensada de la tarde.

-¿Bella?-Habló con voz dulce.

-Ah, ¿Cómo estás?-Pregunté un poco desilusionada.

-Parece que esperabas a alguien más, si quieres llamo…

-No, Jake, disculpa, he estado un poco distraída los últimos días.
-No te preocupes, llamaba sólo para saber de ti. ¿Cómo te ha ido?-Preguntó con
curiosidad.

-Bien, todo perfecto. ¿Cuándo vas a venir de visita?

-De hecho, pensaba en ir, sólo si quieres claro.

-Por supuesto, eso sería genial-Repliqué con emoción, la compañía de Jacob
nunca estaba demás, el era un muy buen amigo.

-Estaré allá en unos pocos minutos.-Aseguró colgando el teléfono.

Colgué el mío también y me eché una ojeada de pies a cabeza, estaba hecha
nada, tenía que darme un baño urgente. Subí precipitadamente. El agua estaba
caliente, relajó mis músculos, lavé mi cabello, lo peiné y sequé
instantáneamente para no resfriarme, aunque el día anterior me había mojado
bajo la lluvia y había salido ilesa. Mi ropa ya daba dolor, pero jamás había
tenido la voluntad de ir un día de compras, me parecía aburrido y poco
productivo.

Justo en el momento, se oyó un carro llegando a la entrada de mi casa. Bajé a
abrir la puerta.

-¡Jake!-Saludé con ánimos.

-¡Bella! Hoy estás… preciosa.-Confesó ruborizándose un poco.

-Sólo tomé un baño, Jacob.-Repliqué con desgana.-Pasa adelante.

-He venido para hablar contigo-Murmuró entre dientes.

-¿Hablar? ¿De qué?-Pregunté ansiosa.

-No me habías contado lo de tu enfermedad-Su voz se tornó seria.

-Claro que sí, lo hice hace una semana ¿No recuerdas?

-Lo que no me dijiste… era que ibas a morir posiblemente-Replicó con tristeza.

-No me gusta hablar de eso, por favor.-Inquirí con un poco de molestia.

-¿Pero te costaba demasiado contármelo?-Preguntó decepcionado.

-Jacob, me cuesta hablar sobre mi muerte ¿Está bien?-Repliqué subiendo mi
tono de voz.

-Pero hay posibilidades… tú… eres joven, debe haber algo…-Tartamudeó.

-Vamos, mi tipo de sangre es muy rara. Sólo pocas personas podrían donarme el
corazón.-Respondí con desgana.
Permaneció un minuto pensativo. En ese minuto recordé que había dejado mi
celular arriba, debía avisarle a Renee que trajera una pizza o algo comestible
para cenar.

-Ya vengo.

Casualmente, mi celular comenzó a vibrar encima de mi escritorio. Era mi
madre, le avisé de nuestra necesidad alimentaria y accedió a comprar algunos
embutidos y la pizza, me advirtió que Charlie iría un poco tarde ya que tuvo
complicaciones en la policía. Sonó un corto aviso de que me estaba quedando
sin batería así que decidí buscar el cargador en las gavetas, cuando abrí la
primera mis ojos captaron "7. Lanzarme de un acantilado" Era el momento
perfecto para decírselo a mi amigo, el era el indicado y el era el que me
cumpliría ese deseo. Sonreí para mi misma y salí de mi cuarto.

Cuando bajé, Jacob no se había movido un centímetro, su mirada era pensativa
y aislada, cómo si estuviera rompiéndose la cabeza en un problema complejo de
matemáticas. Hasta que su mirada se tornó iluminada seguida de una sonrisa
hacia mi.

¿Qué estaba pasando en ese momento por su mente?

-Tengo que decirte algo-Dijo reaccionando de de su silencio.

-No, primero voy yo-Dije con voz firme.

Asintió para que comenzara a hablar.

-Jacob, sabes que estoy enferma…-Empecé a hablar con un tono de
convencimiento.

-Si ya lo sé…-Dijo bajando su mirada.

-Bueno es que… yo quiero hacer algunas cosas antes de… Por no decir morir,
mejor
operarme. Quiero cumplir unos cuantos deseos, y quiero que tú me ayudes a
cumplir uno de estos deseos.-Supliqué.

-Claro Bella, sabes que podría hacer lo que quieras. Sólo por hacerte feliz.-
Replicó con dulzura, acercándose a mí.

-Bueno, cuando iba para tu casa, al pasar por la playa, habían éstos chicos que
se divertían, ellos… se lanzaban por el acantilado…-Dije con voz baja.

-¿Tú… quieres lanzarte?-Preguntó consternado.

-Es que se ve tan emocionante, y ellos parecían divertirse. Vamos. Lo
prometiste-Le supliqué.

-No sé… Es muy arriesgado, además así cómo es una diversión, también más de
uno ha salido herido… muerto, de ahí-Replicó con miedo.
Mi cara se tornó tensa, jamás lo había pensado de esa forma. Pero aún así la
idea me parecía magnífica.

-Si pero voy a estar contigo, nada malo me va a pasar.-Le aseguré.

-No puedo arriesgarte de esa forma. No por ahora.

-¿Por qué lo dices?

-Ésta semana ha habido muchos accidentes por las fuertes olas, en unos cuantos
días desaparecerán y lo consideraré, sólo por hacerte feliz.

-¡Gracias!-Exclamé saltando sobre él. Acto reflejo.

Cuando me alejé un poco, noté sus mejillas ruborizadas.

-¿Entonces… qué era lo que me ibas a decir?-Pregunté interesada.

-Bella, no puedo más… Me gustas.-Admitió con pena.

Me quedé helada en mi posición. Mis ojos lo veían atemorizada pero confundida
y el esperaba una respuesta, pasé unos minutos sin articular ni una sola palabra,
abrí mi boca unas cuantas veces pero la cerraba, no lo quería hacer sentir mal,
pero jamás se me había pasado por la mente ver a Jacob… de esa forma. Lo veía
cómo un amigo, más nada.

-Es el momento cuando deberías decir algo.-Me dijo con optimismo.

-Jacob, no puedo… no te veo de esa forma. Eres mi amigo, además, yo amo a
otra persona.

Rechino los dientes.

-¿Ya es oficial lo de ustedes?-Bufó.

Asentí sin decir nada.

-El te puede hacer daño.-Me advirtió.

-No le temo a nada, moriré dentro de poco tiempo.

-¡No digas eso!-Gritó.

-Jake, no hagas esto más difícil. Por favor-Susurré con dolor.

-Muy bien, haz lo que quieras. No puedo obligarte. Será mejor que me vaya.-
Inquirió aproximándose a la puerta.

-Pero si acabas de llegar-Refunfuñé entre dientes.
-Pero ya me voy. Adiós Bella, cuídate.-Dijo susurrándome al oído, produciendo
un cosquilleo. Me dio un beso en la mejilla, pero muy cerca de los labios. Lo
miré con rabia y me respondió con una sonrisa burlona.

-Recuerda, éste fin de semana.-Le dije.

-Ajá.-Respondió mientras se volteaba hacia la calle.
Un momento. Uno, dos… Dos carros estacionados afuera de mi casa. El
Volkswagen y… No era la patrulla de Charlie.

El Volvo.

Me quedé igual de petrificada como hacía unos cinco minutos, al igual que
Jacob a mi lado. Oh, oh. La expresión de Edward no era precisamente buena, ni
de felicidad. Miraba con rabia, odio, celos a Jacob, al cual no pude ver la
expresión, ya que me daba la espalda, pero estaba rígido.


-¿Qué haces aquí?-Edward le dijo con voz amenazante.

-Vine a ver a Bella. ¿Tienes algún problema con eso?-Refunfuñó pegándose a
Edward.

-De hecho, si lo tengo. ¿Podrías guardar tus pensamientos?-Le replicó con furia
a Jacob mientras lo agarraba por su chaqueta, cerrando sus manos en puños.

Iban a pelearse. Me preocupé de que se hirieran mutuamente y empecé a gritar
sus nombres, pero al parecer, no recordaban mi presencia, no me prestaban
atención, mientras se veían con odio y desprecio. Parecía que entre sus miradas
había una electricidad escalofriante. Mi expresión era de miedo, mientras
intentaba ingeniar qué hacer para que dejaran la pelea.

Jacob empujó a Edward con fuerza, pero sin resultado.

¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? Pensé para mis adentros.

Ya sé. Comencé a mover mi cabeza un poco, a colocar mi mirada de dolor
fingido, puse mi mano derecha en mi pecho y con la otra tapé medianamente
mis ojos, dejando un pequeño espacio entre mis dedos para ver si reaccionaban
con mi actuación de ataque de dolor.

Vi que cambiaron sus expresiones, de rabia a preocupación y dos pares de ojos
se posaron sobre mí. Como aun no se movían, me dejé caer sobre mis rodillas,
no me salió muy bien, dolió un poco, pero sirvió para que Jacob se colocara
delante de mi, seguido por Edward que se puso entre nosotros dos, cerca de mi,
extendiendo sus brazos con preocupación.

-¿Bella?-Gritaron al unísono.

-Estoy bien… es sólo un mareo. Se me pasará.-Murmuré fingiendo.
Jacob se me acercó intentando cargarme, pero Edward se movió y le dio una
mirada de rabia.

-Es mejor que te vayas, yo me quedaré con ella.

-Bella, ¿Estás bien?-Me preguntó Jake ignorando al vampiro.

-Si. Ya estoy bien.

-Bueno... Entonces, Nos vemos luego.-Dijo acercándose a su auto, sin apartar la
vista de Edward, ni éste de él.

El miedo me invadió, jamás había visto a Edward actuar de esa forma tan
amenazante. De repente volvió su mirada hacia mí, cuando el auto de Jacob
desapareció de la vista. Volteé mi vista hacia el piso. Se acercó lentamente, con
la mandíbula tensa.

-¿Qué hacía "ése" aquí?-Preguntó con un tono de voz fuerte e imponente.

-"Ése", tiene nombre, sólo estaba pasando a visitarme.-Respondí con el mismo
tono de voz que él.

Me miró con duda.

-¿Visitarte?

-Si, es mi amigo. ¿Tienes algún problema con él?-Le pregunté con voz
desafiante.

-Si, él no te ve precisamente cómo una amiga.-Refunfuñó.

-Ya lo sé. Pero yo no lo veo de esa forma… así que, despreocúpate.-Su ataque de
celos me había sacado de mis casillas.

-Me molestan sus pensamientos. -Inquirió con rabia.

-Pues no los oigas.-Respondí volteando mis ojos.

-¿Qué van a hacer el fin de semana?-Preguntó curiosamente, pero por su
expresión estaba un poco celoso.

No me convenía decirle lo que ingeniaba hacer, si Jacob reaccionó mal, Edward
explotaría y querría matar a Jacob.

-Eh… iremos a la playa, nada más.-Mentí. En teoría.

-Morirías de hambre si estuvieras en actuación.-Replicó, soltando una risa baja.

-Es en serio, no te miento, vamos a la playa.-Insistí, no le mentía, sólo le
ocultaba una parte de mi plan.
-De acuerdo, te creo. ¿Cómo estuvo tu día?-Preguntó con voz dulce y
aterciopelada, la que me encantaba escuchar.

-Lento. Sin ti.- Respondí con tristeza.

-El mío también lo fue.-Admitió dándome un dulce beso en la mejilla.

-¿Qué tal es eso de cazar, me refiero, es… emocionante?-Pregunté con
curiosidad.

-Lo era, al principio, pero después de un siglo, ya es algo rutinario.-Respondió
con indiferencia.

-Ah, claro, se me olvida tú largo tiempo de vida.

-¿Estás libre en la semana?

-Si, ¿Por qué lo preguntas?

-Te llevaré a mi casa, Carlisle y yo tenemos unas cuantas proposiciones para ti.-
Dijo Edward con voz incómoda.

No recordaba que estábamos afuera, así que lo hice pasar, olvidando su
expresión de incomodidad por la invitación. ¿Unas proposiciones?

Miré de reojo la planta baja de mi casa.

-¿Subimos?-Le pregunté.

-Si eso quieres.-Respondió sonriendo y llevándome arriba cargada en sus
brazos.

-Gracias-Susurré apenada después de que me dejó en el piso con cuidado.

-Así que Jacob…-Inquirió.

-¿Podrías dejar el tema atrás? ¿Estás celoso o algo por el estilo?-Pregunté
desafiante.

-¿Por qué habría de estarlo? Confío en ti.-Me respondió acercándose a mi.

Se acercó más aún. Pero antes de hacer contacto con mis labios, volteó su cara
hacia la ventana.

-Renee.-Respondió con una sonrisa burlona, alejándose de mí. Mi madre no
podía llegar un minuto mas tarde.

Bajamos rápidamente, encendí el televisor y nos sentamos a ver el primer canal
que apareció en la pantalla.

-¿Bella?-Dijo Renee entrando por la puerta.
-Aquí estoy-Grité y levanté mi mano.

Ella se acercó y se sorprendió al ver a Edward sentado a mi lado, pero le
propició una alegre sonrisa.

-Hola Edward, no sabía que venías. ¿Cómo están?-nos preguntó.

-Bien, esperando a que usted llegara.-Respondió Edward cortésmente.

-Por favor, dime Renee, el "usted" me hace sentir un poco vieja.-Bromeó ella.

-Como quiera.-Replicó Edward sonriendo.

-¿Chicos… están viendo ESPN?-Preguntó, mirando hacia mi dirección. Sabía
que esa sería la última cosa que vería, ya que Charlie permanece toda la noche
viéndolo y es algo frustrante.

-No… de hecho, ya íbamos a cambiarlo.-Dije apagando el televisor.

-Aquí traje pizza, siéntense a comer.-Inquirió mi madre dulcemente, mientras
nos servía la pizza en la mesa.

-¿Tu no vas a comer verdad?-Le susurré en el oído a Edward.

-No puedo despreciar la comida de tu madre.-Respondió con ternura en mi
oído.

-Vamos, es una pizza, no tienes por que comerla.-Insistí.

-Puedo soportarlo.-Murmuró con asco.

-Renee, el ya comió, así que guardaremos esto.-Le dije en voz alta, sin apartar la
vista de Edward, tomé el plato y lo dejé en la cocina.

-Ah, que pena.-Dijo Renee.

Edward se quedó mientras comíamos, en realidad era como si yo no existiera,
mi madre estaba fascinada con él, mientras le contaba de sus intereses y
habilidades, cuando dijo que tocaba el piano, me sorprendí muchísimo ya que
jamás lo había mencionado y eso me parecía simplemente fascinante.

-Algún día deberías tocar algo para Bella, de seguro le encantará-Dijo Renee.
Mis ojos se abrieron como platos mientras la miraba, y después bajé la cara
hacia el plato, escondiendo mis mejillas ruborizadas.

-Tenía planeado invitarla mañana a mi casa. ¿No hay problema?-Le preguntó
Edward a Renee.

-No, claro que no, pero debe regresar temprano.
-Sin problemas.-Le replicó seguro.-Creo que mejor me voy, me esperan en casa.
Ha sido un placer compartir con ustedes.-Dijo él, levantándose de la mesa.

-Pero…-Llegué a susurrar y él me guiñó el ojo a escondidas.

-Bueno Edward, no dejes de visitarnos. Nos vemos-Dijo Renee dándole un
fuerte abrazo.

Lo acompañé hasta la puerta ya que llovía afuera y el insistió a que no me
mojara. Me dio un corto beso, pero igual fue increíble. Tomé su mano y se
separó de mí. Cada vez que lo veía me costaba más despedirme de él. Entré de
nuevo a mi casa.

-¿Se está tornando muy serio, verdad?-Me preguntó Renee con dulzura.
-Si, demasiado.-Confesé con pena.

-Es un muy buen chico.-Me animó.

-Si, lo es.-Repliqué y subí las escaleras hacia mi habitación.

Lavé mis dientes y peiné mi cabello y me metí a la cama, mis pies estaban fríos,
así que me acurruqué.

Sentí un escalofrío por mi espalda, pero no en la piel, por encima de mis
sábanas. Sus brazos me rodearon suavemente, mientras se posaba a mi lado.
Con mis ojos cerrados, soñaba con él, lo sentía a mi lado. No quise abrir mis ojos
para no despertar y que esa sensación desapareciera.

Un trueno sonó afuera y de acto reflejo abrí mis ojos.



                          Capítulo X
                                Felicidad

Mis ojos veían unos musculosos brazos, pálidos y fríos. Me volteé bruscamente,
aún no sabía quién era aunque lo podía suponer, nunca se sabe… La vida da
demasiadas vueltas.

La mía ya había dado un gran giro, y no fue precisamente el día que me
pronosticaron mi enfermedad, fue el momento cuando conocí a Edward Cullen.

-¿Te desperté?-Me susurro suavemente al oído, colocó su barbilla entre mi oreja
y mi cuello.

-No, todavía estoy soñando.-Le respondí dulcemente sin moverme.
-No, soy real Bella.-Inquirió con un tono de voz burlón.

-Siento que no lo eres.-Dije con sentimiento.

-¿Tan malo soy?-Preguntó con tristeza.

-Al contrario, eres perfecto.-Admití con pena, volteando completamente hacia
el.

La cama se me hacia diminuta, yo estaba tan cerca de él. Mis brazos
encontraron su pecho, iluminado por los relámpagos. Me estremecía cada pocos
segundos por el sonido tan ruidoso que producía el fenómeno natural y el sólo
me rodeaba y me apretaba más fuerte contra el.

-¿Dónde está tu auto?-Pregunté consternada al pensar que Charlie podría verlo
al llegar.

-Lejos de aquí.-Respondió con tranquilidad.

-¿Haces esto a menudo?-Pregunté con curiosidad.

-¿Qué?-Preguntó con una media sonrisa.

-Entrar por las noches… Por mi ventana, me imagino.

-De hecho sólo lo he hecho unas tres veces, me encanta verte dormir, eres tan
delicada y tu forma de dormir es increíblemente hermosa, fascinante.-Admitió,
acariciando mi cabello.

-Mi forma de dormir es igual a la de cualquier humano.-Repliqué en broma.

-Podría ser, sólo el método. Pero hay una gran diferencia.

-¿Cuál es?

-Que no estoy enamorado de cualquier humano, estoy enamorado de Isabella
Swan.-Susurró con ternura.

Nuestras miradas se encontraron, su mano estaba en mi mejilla, la tome y la
besé suavemente, dejando que mi aliento rozara la palma. Miro su mano, la
entrelazo con la mía. Empezó a acariciar mi cara y además de producirme un
leve escalofrío, me pesaban los ojos, era casi medianoche. Estaba agotada de
haber tenido un día agitado y una tarde llena de emociones.

-¿Te quedarás conmigo ésta noche?-Le pregunté, recostándome sobre su pecho.

-Bella, me quedaré hoy, mañana y siempre…-Susurró dulcemente, tomó mi cara
por mi barbilla y me propició un dulce y largo beso, el de la supuesta despedida
de esa noche no tenía comparación con la extraña, pero, increíble sensación de
éste. Lo último que recuerdo esa noche fueron sus labios fríos conectados a los
míos.
De no haber sido por Edward, hubiera pasado la noche bajo el cobertor de mi
cama. En vez de hacer esto, me cubrí la cara en su pecho y dormí
profundamente mientras escuchaba la misma melodía de una semana atrás.

Moví mi mano alrededor de la cama, estaba sobre algo suave, pero no era
precisamente el cuerpo de Edward… Se había ido.

Me levanté de un golpe, no sabía que hora era. Perfecto, las siete. Me vestí muy
rápido, me aseé a la misma velocidad. Cuando iba a tomar las llaves de mi
escritorio, tenían una nota debajo de ellas…

"Asómate a la ventana. Te Quiero.

Edward"

Mi corazón se paró un segundo y después de leer la última frase, latió cómo un
colibrí batiendo sus alas. Incontrolable. Me acerqué lentamente a la ventana.

Sobre el Volvo plateado, una obra magnífica y única de la naturaleza. Aún mi
mente no concebía que ese ser maravilloso se fijara en mí, yo soy normal,
neutral, en vez de tener a una belleza imponente a su lado, decidió escogerme a
mí, y lo que lo complica más aún.

Yo moriré.

Me dio una linda sonrisa y me motivo a bajar las escaleras precipitadamente,
inhalé aire unas cuantas veces, tratando de no hiperventilar salí de mi casa.

-¿Hacia donde la llevo señorita Swan?-Dijo Edward, entonando un tono de voz
un poco más grave de lo normal y extendiendo el brazo.

-Al colegio, por favor-Respondí dándole una sonrisa y con un tono de voz
educado y señorial.

Reímos juntos y me monté en el auto. Tenía un olor a un perfume delicioso.
-¿No me reprocharás que te vine a buscar?-Preguntó asombrado.

-En realidad, no. Durante más…tiempo pasemos juntos, no importa dónde… ni
cuándo, todo estará perfecto.-Repliqué con un poco de pena.

-Es mi propósito. Leíste mi mente-Replicó en un tono de voz baja.

Antes de bajarnos del auto, tomó mi mano.

-No prestes atención a los comentarios de la gente, cómo yo ignoro sus
pensamientos. Sólo me importas tú y nadie más.-Susurró con voz de terciopelo.

Me quedé sin palabras. Edward siempre tenía algo que decir.

-Edward, yo…-Alcancé a decir.
Colocó uno de sus suaves y fríos dedos sobre mis labios y me dio una sonrisa de
ánimo.

"Bella, por lo que más quieras no subas la mirada"-Supliqué para mis adentros.

Al bajarme, todo el colegio quedó en silencio, sólo se escuchaban algunos pasos
que paraban lentamente. Nada se movía. Cerré mis ojos pero los abrí de nuevo
ya que podría tropezar con algo. Edward colocó su brazo alrededor de mi.

-Si las miradas mataran.-Mascullé entre dientes.

-Estaríamos muertos, pero aún así juntos.-Rió en voz baja.

Esto de ser el centro de atención me estaba poniendo un poco nerviosa, y me
estaba hartando también.

-Ya vengo, espérame aquí.-Dijo Edward entrando a la oficina de administración
del colegio.

No dejó que hablara. Sólo entro y ya. Me dejo afuera con la cantidad insuperable
de miradas sobre mí.

Regresa, regresa, regresa-Murmuraba para mí misma.

-Hola Bella.-Me emocioné al escuchar esa voz. Me abrazó el ser con olor a
lavanda, vainilla y muchos olores dulces.

-Alice, ¿Cómo estás?-Respondí con ánimos ante su llegada. A su lado estaba
Rosalie, ella me miró un poco y sonrió con desgana, le devolví la misma sonrisa.

-Bien. Oye, ¿De casualidad tienes idea de qué está haciendo Edward?-Preguntó
Alice en un tono misterioso.

-No ¿Tú…?

-Silencio.-Me tapó precipitadamente la boca.

-No puedo creer que Edward esté haciendo esto, de verdad.-Dijo Rosalie con los
brazos cruzados, parada detrás de Alice, su expresión era de burla. Se le soltó un
carcajada baja.

-¿Alice de qué se trata todo esto?-Hablé con voz baja.

-Edward está intentando…-Dejó de hablar y su vista se posó en la puerta.

-Alice, Rosalie. ¿Podrían dejar a Bella sola por favor?-Inquirió Edward con una
expresión molesta.

-Si. Adiós Bella nos vemos ésta noche.-Se despidió dulcemente Alice, Rosalie no
volteó ni un poco.
-Edward ¿Qué…?

-Ya lo verás.-Dijo con una mirada perspicaz.
Caminamos juntos el pasillo. Miraba con duda a Edward y el sólo sonreía al
vacío, ignorando mi expresión.

Llegué al aula de geografía y me quedé apoyada a la pared.

-¿No vas a pasar?-Me preguntó.

-No hasta que me digas que hiciste en administración.-Le hablé con tono
autoritario.

-¿Quieres averiguarlo? Entra al salón.-Dijo haciéndome una invitación con la
mano.

-No, porque tú te irás y yo no…

-Te equivocas-Me interrumpió. Entró pasando por mi lado y le entregó al
profesor una hoja, intercambiaron unas palabras y el profesor le invitó a
sentarse en el salón. ¿Edward vería geografía conmigo?

-Señorita Swan, debería pasar adelante, la clase está por comenzar.-Me dijo el
profesor.

-Si.-Entré y me senté al lado de Edward. Rió un poco y fingió fijar su mirada en
la pizarra.

Nos había asignado una tarea en parejas, pero yo no sabía quién era mi pareja,
Edward no pertenecía a ésta clase y obviamente no haría el proyecto conmigo,
volteé a mi alrededor y todos se estaban acomodando con sus respectivos
compañeros de trabajo. El proyecto consistía en escoger un país o un lugar… ahí
llegaron mis oídos mi concentración se tornó toda alrededor de Edward.
-¿Vas a tomar geografía conmigo?-Le murmuré en voz baja, pero con un toque
de emoción en mi voz.

-Si, geografía, matemáticas, física, química, biología… y las demás. Es decir,
todas.-Replicó con una suave voz.

Me tomó unos cuantos segundos procesar su respuesta en mi mente. Estaba
claro, Edward había ido a administración a cambiar sus clases, reemplazarlas
por las mismas clases que las mías.

-¿Pero… por qué?-Pregunté cómo si no supiera la respuesta.

Al principio me vio con inocencia.

-"Durante más tiempo pasemos juntos, no importa donde, no importa cuando,
no importa el por qué, todo estará perfecto" ¿No es así?-Citó las palabras que yo
había articulado en su auto, pero dicho por él, sonaba cómo una melodía.
-Si… si lo es.-Respondí con un nudo en la garganta.
Me senté a su lado sin reproche y tomó mi mano delicadamente. El resto de la
clase la pase en blanco, no ponía atención desde que conocí a Edward y ahora
me distraería más aún con el a mi lado.
Terminó el día y me dirigía al auto con Edward cuando empezó a sonar el
teléfono.

-¿Si?-Contesté.

Era mi madre y decía que necesitaba un favor. Debía hacer la cena y si iba a salir
con Edward, la tenía que dejar lista. Siguió preguntándome por Edward cuando
se colgó la llamada…

Me había quedado sin batería…

-Edward, creo que tendré que hacer una parada antes de ir a tu casa.-Dije
viendo mi celular.

-¿Qué pasó?-Preguntó preocupado.

-Caprichos de mi madre, vamos.-Le respondí con una sonrisa burlona.

Su expresión se tornó triste por un momento y después sonrió hacia mí
mientras nos dirigíamos al carro.

-¿Segura no quieres que te acompañe? Puedo quedarme.-Dijo Edward en tono
de súplica.

-No.-Mentí.-Yo iré en un rato, no te preocupes.

-Bueno, si así lo quieres.-Dijo con un tono de desilusión.

No quería hacer esperar a Edward mientras me bañaba, me cambiaba, hacia la
cena, etc… Además quería tratar de adivinar para qué sería la reunión de hoy.
Hice todo con un poco de lentitud, mientras pensaba no podía preparar la cena
al mismo tiempo. Me vestí con unos jeans y una camisa de manga larga de color
pastel. Recordé que no tenía batería en mi celular y que ayer mientras Jacob
estuvo en casa, no estuve atenta a cargar mi celular, así que fui en busca de mi
cargador de nuevo. Estaba donde lo dejé, pero había algo extraño en el cajón de
mi escritorio, algo faltaba…

Mi lista-Pensé para mis adentros. De seguro Charlie o Renee la había
encontrado y estarían hablando, no, no…

Empecé a buscarla por todas partes y la encontré un poco arrugada entre mis
libros y suspiré de alivio. La escondí entre mi ropa y fui al baño a peinarme
mientras mi celular cargaba. Esperé unos minutos, cuando me mareé de dar
vueltas por mi habitación, tomé las llaves y me fui.

El tiempo estaba un poco nublado, pero no habían indicios de lluvia, sólo un frío
escalofriante que me hacía poner la piel de gallina con mi mano al volante.
Recordé fácilmente la dirección de la mansión de los Cullen, estuve muy atenta
en la trayectoria anterior. Iría a ese lugar seguidamente.

Llegué y Edward me esperaba afuera, con una sonrisa torcida apoyado a la
pared de la entrada. Se veía magnífico. Cómo siempre. Me intimidaba. Me hacia
sentir el ser más horrible del planeta.
-Pensé que no vendrías.-Murmuró sin quitar la sonrisa de su expresión.

-¿Por qué no habría de hacerlo? Tengo mucha curiosidad.-Confesé.

En la sala sólo me esperaba Carlisle, los demás se encontraban ausentes. La
expresión de su cara era de miedo y temor. Cómo si lo que me fueran a proponer
no era muy bueno.

-¿Dónde están los demás?-Pregunté con duda.

-Están de caza y haciendo algunos negocios para unos planes que tenemos en
poco tiempo.-Respondió dándole un vistazo a Edward.

-Gracias por venir Bella, toma asiento por favor.-Inquirió Carlisle haciendo
señas con su mano hacia el mueble de cuero blanco detrás de mi.

-De nada, bueno… ¿Para qué la reunión?-Pregunté curiosa.

Edward y Carlisle se dieron un rápido vistazo nuevamente, pero éste no fue muy
seguro por lo que vi. Quedaron en silencio unos segundos.

-Bella…-Comenzó Carlisle.-Ya me has contado lo de tu enfermedad, y su riesgo.
Pero…-Se le cortó el habla y me quedé con expresión de expectativa.

-¿Pero…?-Pregunté con mi mirada hacia los dos vampiros.-Díganme ya, me
estoy empezando a preocupar…

Dio un suspiro y habló.

-¿Has considerado la idea de que puedas vivir? Me refiero, sobrevivir después
de tu tiempo límite.-Preguntó Carlisle con interés.

Pensé un poco la respuesta, y la verdad, es que no la tenía.

-Bueno… en realidad, no. Charlie y Renee han tenido mucha fe, y aún la tienen,
dicen que yo también la debería tener, pero es que creo que ya me han dicho
tantas cosas, que no había tenido una meta en sí, sabía que iba a graduarme,
pero más nada. Me dolía tener que separarme de mis padres, pero yo no sería la
que sufriría mi pérdida, serían ellos. Aunque les insistiera que se acostumbraran
a la idea para que después no fuera… tan doloroso, ellos se negaban.-Mi voz
sonaba entrecortada y vacía.-Pero creo que ahora se me hace más difícil
asimilarlo... ahora… conocí a Edward y el tiempo que me queda es corto. Tener
que estar con Edward, es más doloroso de lo que se pueda imaginar, tener que
pensar que un día todo acabará…-Susurré con voz triste y tomé su fría mano
suavemente.

-Bella, tenemos una posible pero complicada solución a tu enfermedad.
Tenemos algunas dudas y problemas, que aún no sabemos cómo resolver, pero
debemos consultarte a ti primero.-Dijo Carlisle con voz serena.

Edward frunció el ceño, cómo si lo hubieran golpeado y lo hubieran dejado si
aire. Lo miré un poco con duda.

-¿Algo para… que yo viva?-Pregunté con ilusión.

-No vas a vivir… cómo humana.-Replicó Carlisle, viendo la expresión de
Edward, que aún permanecía callado. No viviría cómo humana… pero viviría,
como…

Vampiro.

-¿Ustedes me van a convertir en vampiro?-Pregunté con dificultad.

-Es con tu aprobación.-Inquirió.

De sólo pensar que sería unos de ellos, todo era perfecto. Tener alguna
habilidad, cómo la de Edward o la de Alice, increíble. Esa belleza inigualable de
todos los vampiros. Pero lo mejor de todos era la idea de pensar que viviría para
siempre, con Edward, el amor de mi vida.

Oh, oh… tres problemas. Charlie, Renee y Jacob.

-¿Cómo es eso? Me refiero a… cómo es el proceso.-Pregunté confusa.

-Bueno Bella, es doloroso. Principalmente, la conversión se hace cuándo el
humano está a punto de morir, así lo hago yo. Éste proceso no es satisfactorio
para nada, una gran cantidad de dolores por unos tres días, y tu corazón dejará
de latir, con la diferencia de que vivirás con una sed intranquila. Siempre
querrás la sangre humana, más que a nada. Y lo que nos trae dudas, será difícil
para ti relacionarte con tus padres.-Dijo con dolor en su voz.

-¿A qué te refieres? ¿Podría llegar a atacarlos?-Pregunté desconcertada.

-Es lo más probable.

-Entonces, ¿Cómo les diríamos que yo viviría si…? O sea, me refiero a que el día
de mi operación…-Dije confusa.

-Ese es el problema. Ya tus padres saben lo de tu enfermedad y también sabrían
en la clínica si tienes un donante o no. Lo mejor sería hacer la conversión aquí,
pero tendríamos que engañar a tus padres de un modo que me parece que seria
imposible. Tendrían demasiadas dudas y se opondrían a que tu cirugía fuera
aquí, teniendo una clínica cerca.

-Es verdad…-Admití con decepción.
-Pero aún no podemos perder las esperanzas Bella, no hay que llegar a éste
punto, podría aparecer.-Habló Edward con ilusión, rompiendo su frío silencio,
tomó mis manos.

-Pero tampoco debemos ilusionarnos Edward, además me parece una idea
magnífica.-Admití con alegría. A Edward no le parecía lo mismo. Su expresión lo
delataba.

-Bella, por favor, no hagas esto más difícil de lo que ya es.-Dijo con voz molesta.

-Discúlpame, pero es una buena idea, asegura mi vida de cualquier forma, ¿O es
que no te importa?-Le pregunté subiendo mi tono de voz. Estaba actuando mal,
pero así es cómo sus palabras me hacían reaccionar.

-Si me importa.-Dijo con voz inexpresiva, quitando su mirada de mi.

Ya entendía mi reacción, estaba molesta, furiosa. No… Estaba desilusionada y
triste por su falta de interés en mi método de salvación. No le importaba que
fuera a morir. Eso era lo que me hacía ver. Carlisle nos miraba tratando de
calmarnos. Sentí cómo mis ojos se iban a tornar lagrimosos, así que fije mi
mirada en el piso en silencio, suspiré y me tranquilice por el momento.

-Gracias…Carlisle, hablamos en otro momento, intentaré pensar en ideas.-
Hablé con voz sollozante.

-¿Ya te vas?-Preguntó sorprendido.

Dudé un poco ante su pregunta.

-Si.-Respondí seca y dándole una mirada fría a Edward.

-Bueno, no te preocupes, sabes que eres bienvenida aquí, cuando quieras.-Dijo
Carlisle levantándose al mismo tiempo que yo y colocando una mano sobre mi
hombre, dándome una sonrisa.

Le devolví una rápida sonrisa mientras me volvía hacia la puerta.

-Adiós.-Le susurré sin percatarme si había escuchado o no.

Sentí la falta de aire en mi pecho. Cuando quieres romper en llanto pero no
quieres hacerlo ahí. Cuando te tiembla el corazón. Cuando… Las lágrimas salen
sin previo aviso.

Estaba afuera al frente de mi Pickup, con esperanza alguna de que Edward
viniera a mí, a suplicarme que no me fuera. Pero ya mis fantasías estaban yendo
un poco más allá de la realidad. No vino, ni se asomó por la ventana.

Manejé precipitadamente, más de una persona frenaba hasta casi chocarme,
pero es que mi mente estaba en otra parte y mis ojos estaban totalmente
borrosos de lágrimas. Me estacioné en una estación de servicio cerca de mi casa,
miré mis ojos hinchados por el espejo del retrovisor y quité el resto de mis
lágrimas. Lamentablemente, nunca había sido muy vanidosa, pero en éstos
momentos necesitaba maquillaje urgente. Recosté mi frente sobre el volante y
cerré mis ojos, respirando profundamente una y otra vez.

Varios fuertes golpes a mi ventana me distrajeron de la oscuridad de mis
pensamientos.




Capítulo XI
Peleas

Volteé ante el estruendo, y un hombre con cara de insomnio, de piel oscura y
con uniforme lleno de manchas negras, de gasolina. Bajé mi ventana.

-Niña, por favor, ¿Podrías mover tu pickup? Estás impidiendo el paso de los
carros.-Dijo el hombre, con un tono incómodo en su voz.

-Si…         disculpe,     yo…      ya      estaba        por     irme.-Tartamudeé.

-Chicos…-Dijo el hombre suspirando y moviendo sus ojos cómo órbitas,
mientras                se                 volteaba.

Arranqué la camioneta sin mirar atrás. Llegué a mi casa y estaba la patrulla
estacionada.

-Bella-Murmuró mi padre en voz bajo mientras me daba un vistazo.

-Hola        Charlie-Respondí       con         la    mejor     voz       que    pude.

-¿Cómo te fue donde los Cullen?-Preguntó Charlie intentando mirar mi
semblante                           triste.

-Maravillosamente, siempre me tratan bien.-Mentí.- ¿Te importa si subo a mi
habitación?-Pregunté en un hilo de voz antes de que el pudiera hablar.

-No     te    preocupes,   estuvo    deliciosa       la   cena.-Replicó    con   ánimos.

-Gracias.-Respondí                        con                    desgana.

Subí y mi cuarto estaba hecho un desastre, en la tarde se me había olvidado
arreglarlo, por ir a la reunión que terminó en una pelea. Aunque realmente
nunca peleamos me dolía demasiado la actitud que había tomado Edward. Si de
verdad me amaba cómo tanto quería, cuál era el problema de ser una más de
ellos, me habían ilusionado y no me quitarían eso de la cabeza. Aunque sin
Edward, de verdad no me importaba morir en ése mismo momento. Me
molestaba cada vez que me imaginaba mi vida eterna junto a él y que el no
deseara        eso,       partía     mi      corazón      totalmente.

Podría jurar que estaba hinchada, lloraba en silencio, sobre mi cama, me movía
de un lado para el otro. Me levanté de un tiro, me sentí eléctrica por un
momento, ya tenía mis piernas dormidas, lo que hizo que me tambaleara un
poco, pero no me caí, milagrosamente. Mis ojos captaron la carta que sobresalía
entre mis dos camisas preferidas. La tomé y me quedé viendo. Mis manos se
cerraron, formando duros puños y arrugando completamente el papel. Lo
rasgué en pedazos y lo lancé por la ventana. Dejé que la suave brisa se llevara los
restos de lo que algún día fue una ilusión de metas. ¿Para qué? Para nada.

Esta primera pelea entre Edward y yo, había sido extraña, pero fuerte. Para mí
lo era, de un segundo a otro la felicidad se tornó oscura…

-Demonios-Exclamé               para           mis            adentros.

Colegio.           Edward              y          los           Cullen.

Éste pensamiento trajo más dolor a mi cuerpo y a mi corazón, si me moría ahí
mismo no sería sorpresa. O peor aún, en el colegio. Aunque lo que me había
molestado en estos días de la semana habían sido las miradas penetrantes de la
mayoría de los estudiantes, ahora sería peor, ya que no me verían con Edward y
empezarían a hacer suposiciones de un posible rompimiento entre nosotros.
Cierto. Mi piel se erizó involuntariamente al pensar la palabra Rompimos.

Traté de usar todas mis fuerzas para mentalizarme de que el día siguiente
sería… Normal, o mejor aún, Edward se daría cuenta de que hizo mal en
reaccionar            así…             Si,            claro.

La noche la pasé en vela, pero fue rápida, vi el primer rayo de sol y me dispuse a
tomar                       una                       ducha.

Estaba tan desconcentrada que no me percaté cómo se había derramado un
poco del jabón líquido y me resbalé casi cayendo al suelo, hubiera sido una caída
dolorosa, pero aún así mis brazos se llevaron un fuerte golpe, sobre todo mi
antebrazo derecho, éste se había golpeado a la pared de manera que pudiera
frenar la caída. Mi piel es tan blanca, que hasta el más mínimo golpe, se notaría
hoy       y      al     día      siguiente     estaría     mucho       peor.

Me coloqué una manga larga para disimularlo pero aún no se veía muy morado,
sólo un poco, no me preocupé en colocarme nada, ya que gracias al casi
accidente,      se       me         había         hecho         tarde.

Milagrosamente estaba cayendo un diluvio, eso me daría ventaja ya que nadie
estaría afuera en el estacionamiento. Una preocupación menos. Lo otro era que
Edward veía ese mismo día la clase de biología… No, de hecho veía todas las
clases               conmigo.                    Perfecto.

Mi semblante era pálido al volante del miedo. ¿Me vería de nuevo con rabia?
¿Tal          cómo             el          primer           día?

Buenas         noticias.         ¿O          malas        para          mí?


El deslumbrante volvo plateado, no estaba en el estacionamiento…


Mi               expresión               era…                neutra.

Triste pero aliviada, pero triste de nuevo. Tenía la esperanza de que pudiéramos
arreglar las diferencias, llegar a un acuerdo, conversar, no lo sé. Cualquier cosa
que pudiera devolver alegría a mi vida. Sentía cómo si Edward Cullen hubiera
sido         un        producto          de        mi        imaginación.

¿Por qué?-Preguntaba para mis adentros mientras caminaba por el pasillo.
Mirando a todas partes cómo si me fuera a encontrar con los ojos dorados, con
la escultura perfecta. Con Edward Cullen. Eso no iba a pasar...

Sentía que era la primera vez que iba a ese colegio, sentí que sería la última, el
miedo y el dolor me consumían y de no ser porque esa noche había llorado
tanto,          estaría        partida           en          lágrimas.

Vamos, tienes que ser fuerte.-Me animé para mis adentros. No podía seguir así.

Subí mi vista y entré con optimismo al salón. Nadie volteó hacia mí. Buen
indicio. La clase estuvo interesante, al fin algo que no vi en Phoenix, además
teníamos las pruebas finales en unas semanas ya que venían algunas
festividades y tomarían una semana de vacaciones. Vacaciones, en Forks…
Sonaba divertido. No tenía ni la más mínima idea de lo que haría en esos días,
pero        tampoco         tenía       planeado        hacer      algo.

Saludé a Jessica y me invitó a comer con ella, respondí que sí por educación y
porque tenía que sacarme a Edward de la cabeza. Volteé hacia la esquina donde
solían sentarse la familia de los vampiros y estaba Rosalie con Emmett. Ni Alice,
ni Jasper habían asistido a clases hoy, así que me alivió un poco el saber que a lo
mejor      Edward       tuvo      un     problema      o     no      lo    sé.

-¿Ya tienen problemas?-Preguntó Jessica con un tono de extrema curiosidad.

-No,     el    está…de       viaje,    con      Alice    y       Jasper.-Mentí.

Jessica miró de reojo a la mesa de los Cullen y miro a sus amigas, después fijo la
mirada                        en                        mí.

-Bella, no sé si lo que dices es verdad, o que Edward te mintió. Pero en el tiempo
que ellos llevan aquí, cuando se van de viaje, se van todos juntos.-Replicó ella
con                             voz                               baja.

Bueno Edward no me mentía, ya que yo ni siquiera sabía de su paradero.

-Ah,       es      que,         ésta      vez      fue        diferente.-Tartamudeé.

-Ay       Bella…-Dijo           Jessica        dando        un        largo          suspiro.

Empecé a congeniar un poco más con los de su grupo, ya conocía a Ángela, pero
me presentaron a Tyler, que me veía con un poco de pena y Eric, que fue todo lo
contrario. Ambos comenzaron a pelear, por algo que no supe y no quise saber;
Las chicas empezaban a murmurar y a curiosear qué usarían para mañana. Que
inútiles.                             ¿Mañana?

Todos me rodeaban, haciendo señas y Jessica me empezó a ver un poco extraña,
pero como… no lo sé, con ¿Lástima? ¿Pena? Todo me parecía tan confuso ese
día.

Llegando          a        la          casa,      vi         el           auto         de…

Jacob.

Estaba estacionado a un lado de mi casa. Me pregunté qué estaría haciendo ahí,
pero no lo vi afuera, así que ¿Estaría adentro? No era hora de que ni Renee ni
Charlie volvieran del trabajo. ¿Cómo se supone que había entrado? Entré a mi
casa cómo si no hubiera notado el carro de Jake afuera. No oí nada. Me acerqué
a la cocina y ahí estaba el, contemplando una pequeña caja, de… chocolates. Lo
miraba con rabia. Tenía un detalle de dos pequeñas flores, un poco golpeadas y
tristes,       pero          aún        así      eran         preciosas.

-Debí recordar que no podías comer chocolates.-Dijo con voz entrecortada.

-Jacob,                    ¿Qué…?-Pregunté                           apenada.

-Yo sabía que había algo mal. Por favor, discúlpame ¿Sí?-Preguntó tomando mis
manos entre las suyas y con mirada de tristeza, hubiera jurado que estaba a
punto              de              derramar              lágrimas.

-¿Por qué tengo que me pides disculpas? No has hecho nada malo que yo sepa…

-Soy un inútil. Traté de hacerte un detalle y sólo empeoré las cosas.-Dijo dando
un vistazo a la caja que se encontraba al lado de nosotros.

-¿Esto    es    para     mí?-Indiqué      tomando      la    caja     entre      mis    manos.

-Lo                   es…-Replicó                  con                       pena.

-¿Puedo         saber       por         qué…       por        qué          el        detalle?

-No       te     gusta      verdad…-Dijo          en        un        hilo       de      voz.
-No,   no…           Está   precioso.           Pero       sólo     por     saber.-Lo              tranquilicé.

-Es… mañana no podré venir, el colegio me tiene atareado y pues te regalo esto
de             manera                  adelantada.-Murmuró.

¿Mañana? Estábamos en el mes de febrero y no era precisamente mi
cumpleaños,      y       mucho       menos       navidad.

-¿Mañana?-Pregunté                                    con                         duda.

-Feliz San Valentín adelantado.-Inquirió con una dulce sonrisa con sus mejillas
sonrojadas,        me        dio        un        fuerte        abrazo.

¿Ah? ¿Qué? ¿San qué? En mi vida había celebrado tal fecha, recibía regalos de
mi madre, y muy raramente de algunas compañeras en Phoenix que lo hacían
por educación. Obviamente, sabía que era el 14 de febrero, pero siempre la
pasaba cómo un día cualquiera, no compartía con nadie, me enteraba por los
escandalosos afiches, carteles y cartas que se entregaban ese día, y también el
exceso de mejillas sonrojadas en las alumnas de mi antiguo estado.
Promociones en las tiendas con grandes osos de peluche y coloridos globos, me
hacían poner la piel de gallina. Era un día muy anormal.

-Ah, claro, san Valentín. Gracias Jake, en realidad, yo no sabía… no te he
comprado            nada.-Repliqué            con          pena.

-¡No! Ni se te ocurra, es sólo un detalle, no tienes que regalarme nada. Sólo que
muestres       una     sonrisa,     me       haces     más      que     feliz.

-Si.       Gracias.-Sonreí               con     el         mejor         ánimo           que             pude.

-¿Tienes planes para mañana?-Preguntó con curiosidad frunciendo el ceño.

-Yo…         ¿No        dijiste           que         no          podrías         salir            mañana?

-En realidad lo pregunté por… tu sabes, el vampiro…-Murmuró gruñendo al
pronunciar             la           última           palabra.

Gracias      por      recordarlo.         Ya     estaba      acostumbrándome                   a     la     idea.

-No,   Edward           está        de     viaje.-Mentí           igual     que     en         el     colegio.

-Ah,                  entiendo.-Replicó                            sin                    ganas.

-Espero que no hayas planeado otra cosa para el sábado.-Lo amenacé.

-¿Bella,     sigues     con         eso?-Dijo     llevando          una     mano          a    su         cabeza.

-Si,       no        pienso          quitarme          la          idea      de           la         cabeza.

-Bueno,         si    así      lo     quier…-Inquirió              interrumpiendo               su         frase.
-¿Qué                                    pasa?

Jacob me dio una leve sonrisa, sacó de uno de los bolsillos de su pantalón un
celular, quedó mirándolo un rato. Yo no había escuchado nada, ni siquiera había
vibrado.

-Es… Embry, me está escribiendo para que vaya a La Push, tengo que ayudarlo a
hacer unas cosas para el colegio, perdí una apuesta con él y… bueno.

-Ah,           entiendo.-Repliqué                con           tristeza.

-Bueno Bella, no quiero que sigas llorando-Replicó, pero abrí mi boca para
negar lo que decía-Y no me digas que no, porque hasta un ciego lo notaría.
Prometo venir por ti el sábado.-Prometió, dándome un dulce beso en la mejilla.

-¡Espera!-Grité.

-¿Qué?-Preguntó                               asustado.

-¿Cómo      diablos    entraste     a    mi       casa?-Pregunté      alterada.

-Adiós Bella…-Dijo Jacob soltando una audible carcajada mientras sonaba la
puerta              hasta             la              cocina.

Aunque me había hecho exasperarme un poco al no decirme cómo entro a mi
casa, me había alegrado un poco el día. En cierto modo tenía razón de lo de los
chocolates, no los debería comer, no "debería", pero eran sólo unos pocos, no
me harían daño. Además tenía mucho tiempo sin probar uno. Serían buenos
para                     la                     depresión.

Comencé a comerlos sin parar, me subí a mi cama y me senté con las piernas
cruzadas.

San      Valentín.      San       Valentín…            Amor…     Ay        no.

Me sentía peor que nunca. Ahora que pasaba a ser un día importante para mí, ni
siquiera sabía si estaría con él. La pasaría sola, porque ni siquiera mi mejor
estaría                                conmigo.

Cambié mi ropa, hice mis deberes y me metí a la cama, el estómago me empezó
a      doler…         Me          faltaba        la        respiración.

-No debí haber comido esos chocolates-Gritaba para mis adentros, mientras
estaba acostada. El dulce bajaba la frecuencia de mi respiración, al igual que las
grasas, sólo unas pocas, pero los dulces eran lo peor. Por eso llevaba mi "dieta".
Jacob     la    habría    visto    en     el    mesón     de      la   cocina.

La puerta sonó abajo y me hice la dormida después de que Charlie me llamara
por mi nombre unas tres veces, después murmuró algo a Renee y subió las
escaleras. Oí cuando abrió la puerta rápidamente y suspiro de alivio.
-Sólo está dormida. Seguro tuvo un día pesado.-Replicó Charlie bajando las
escaleras.

Si le contaba a mis padres la gracia que había cometido, seguramente me
estrangularían o peor aún, me llevarían al hospital. Mi garganta ardía, la tenía
seca y estaba empalagada. Tuve que bajar a buscar un vaso de agua, fingiendo
un largo sueño, despeiné un poco mi cabello y me levanté. Todo me dio vueltas.
Estuve mucho tiempo en la misma posición y del brusco movimiento me mareé.

Bajé            cuidadosamente                 las          escaleras.

-Hola Renee, hola Charlie.-Saludé fingiendo voz soñolienta. Me salía pésimo.

-Hola hija.-Dijeron los dos al mismo tiempo, estaban cómo extrañados,
quedaron viéndome. Seguramente dudarían de mi largo sueño.

Me asusté a que me descubrieran así que hice un bostezo fingido que paró a la
mitad. Algo en mi estómago se había revuelto y había subido hasta mi garganta,
llevé mi mano a tapar mi boca. Corrí al lavamanos del baño y vomité un poco del
dulce que había comido, mas atrás me siguieron Charlie y Reneé.

-¿Chocolates?-Preguntó                 Reneé                molesta.

Hice una mueca de inocencia con mis hombros, usé la pasta dental y me cepillé
rápido.

-Vamos Bella, hay que llevarte al hospital, no estamos para que te enfermes, y
menos    ahora.-Dijo     Charlie     limpiando      mi   cara     húmeda.

No,                       el                     hospital                   no…

Iba con la ventana abajo, sudaba increíblemente y me pesaban los ojos, apoyé
mi cabeza en el brazo que descansaba sobre la puerta de la patrulla, Reneé
volteaba con cara de preocupación a cada dos segundos que pasaban. Las luces
en la calle me mareaban más aún así que cerré mis ojos. Me sentí un poco mejor
así. El viento se paró así que abrí mis ojos de nuevo. Ya habíamos llegado y
Charlie     me    cargó    y   escondí    mi    cara     en   su     pecho.

Oí las voces de la gente, el frío típico del hospital me hizo temblar. Escuché
cómo mi papá intercambiaba frases con algunas mujeres, que supuse, serían las
enfermeras.

-Bells, ya vengo, voy a buscar un doctor que te atienda.-Dijo mi padre
sentándome     en    una    silla  en    la   sala    de     espera.

-¿Quieres que te compre algo hija?-Preguntó Renee preocupada aún.

-Un    agua,   la   sed    me   está   matando.-Supliqué      en   voz   baja.

En menos de un segundo estaba sola. Mis padres estaban socorriéndome. La luz
blanca de ese lugar era cegadora. Pero me permitía examinar cada detalle de las
personas.

¿Jacob?

Mi amigo estaba caminando hacia la puerta cerca de mi, venía con una cara de
dolor y con una venda sobre la mitad de su brazo.

-Jacob,       ¿Qué              haces         aquí?-Pregunté            desesperada.

-Nada Bella… ¡¿Qué haces tú aquí?!-Preguntó con un tono de voz alto.

-Hm… un dolor de cabeza muy fuerte. Estuve leyendo después de que te fuiste-
Mentí. Obviamente no le diría que había vomitado por comer sus chocolates. Se
sentiría             de                 lo              peor.

-¿Jacob Black?-Preguntó una mujer de tez morena, pequeña y uniformada de
enfermera.

-¿Si?-Respondió             él,             volviéndose            a          ella.

-Aquí están los resultados de su prueba de san…-Dijo ella, siendo interrumpida
al                final               por                 Jake.

-Gracias.-Replicó                                    molesto.

-¿Pruebas            de             sangre?               ¿Para            qué…?

-La piden en mi colegio… todos los años.-Inquirió con desgana.

-Ah…                                          entiendo.

-Bella aquí está el agua.-Dijo mi madre obviando a Jake.-Adiós Jacob disculpa,
estamos         apuradas.-Me        tomó       por       el      brazo.

-Adiós            Bella,                que               te            mejores.

-Gracias…-Repliqué        sin     ánimos.     Cada    vez      estaba   más    mareada.

-Tu padre ya habló con el Dr. Cullen. Te atenderá ahora mismo.-Dijo mi madre
en                      un                       susurro.


Carlisle Cullen, padre de Edward Cullen, el que le contaría de mi visita al
hospital.

Me senté en una de las camillas de emergencias, donde el ambiente era poco
convencional y me hacía sentir más enferma de lo que ya estaba. Toda mi vista
se iluminó al ver cómo una figura cruzaba la puerta de la sala, iluminando mi
panorama.

-Charlie, Reneé.-Saludó Carlisle con una amable sonrisa que se borró al tornarse
a mi con preocupación.-Bella ¿Qué ha pasado?-Preguntó sosteniendo un
lapicero          y             un            formulario.

Miré como los ojos de Renee y Charlie se clavaron en mí esperando una
respuesta.

Me                        coloqué                       firme.

-He comido chocolates.-Admití con orgullo.-Ya se qué no debía, pero fue algo
inevitable.-Murmuré al ver las expresiones de todos, mordiendo mi labio
inferior.

-Bella, nosotros no te compramos chocolates, ¿Por qué los compras si sabes que
no                   puedes?-Preguntó                 Reneé.

-De hecho… No los compré. Me los regalaron-No quería dar una conferencia de
mi vida personal-Después les cuento.-Murmuré hacia mis padres,
sonrojándome                 con                 Carlisle.

Me hizo una serie de preguntas, de los síntomas, que había ingerido las últimas
horas. Me examinó físicamente. Al escuchar mi pecho, su expresión se tornó
seria. Sus labios formaban una línea recta mientras anotaba unas cosas.

-¿Qué     pasa       Carlisle?-Preguntó       Charlie    con        preocupación.

-Creo que Bella tendrá que quedarse por hoy.-Dijo con voz seria mientras me
miraba                     de                     reojo.

-¡No! Por favor, no me quiero quedar, ya me siento bien.-Grité exasperada.-
Prometo que…-Fue entonces cuando me faltaba aire en el pecho y aun se me
revolvía       el      estomago         de       la        náuseas.

Mis padres alzaron sus brazos instintivamente y yo respiré de nuevo.

-Por     esa      razón         no        puedes    irte.-Replicó       Carlisle.

-Nosotros podemos cuidarla bien doctor Cullen.-Dijo mi madre en tono de
súplica. Ella sabía el odio tan masivo que le tenía a los hospitales y ella siempre
había preferido quedarse cuidándome en casa…Cuando fuera posible.
-No podemos arriesgarla de esa forma. Aunque haya sido una simple
indigestión, esto te ha influenciado en todo el cuerpo. Se te dificulta el paso de
aire por las vías respiratorias, las náuseas… Aquí estaremos pendientes de ti las
24 horas.-Inquirió Carlisle con intenciones fallidas de darme ánimos.

-¿Es     necesario        que        se     quede?-Insistió      mi       padre.

-No queremos que nada malo le pase a Bella y aquí estará sana y salva.-
Respondió              con                  seguridad.

-Bueno Bella, ya oíste al Doc. Te quedarás aquí sólo por ésta noche. Tu madre y
yo iremos en busca de tus cosas y ya regresamos. No cometas nada estúpido.-
Inquirió                                 Charlie.

-¿Sólo     por     ésta     noche      Carlisle?     Promételo.-Le      dije.

-Te lo prometo-Dijo, agarrando delicadamente una de mis mejillas. Sus dedos
fríos me hicieron estremecer. Había olvidado lo frío que eran sus manos.

Una enfermera de expresión amable me ayudó a cambiarme y preparó mi
habitación. Habitación número 26. Era tal cual y cómo las recortaba, blancas,
pequeñas y me producían miedo y escalofríos. Un recuerdo de mi primer ataque
volvió a mi mente, estuve hospitalizadas unos días y fue lo peor para mi, ahora
tenía que vivir en un Hospital casi siempre, no precisamente por mi corazón,
sino            por           mi            mala             suerte.

-Bueno aquí está todo, si necesitas algo, toca éste botón chica.-Dijo la enfermera
amablemente.

-Gracias-Respondí sin ganas, ya sabía la función de cada botón en la cama. Me
senté en la cama y quedé viendo al piso, mientras esperaba a que algo pasara.

La   enfermera    salió,   dejando   descuidadamente     la   puerta   abierta.

"No te había visto en todo el turno de la noche"-Decía una voz masculina. "He
estado ocupada, espero que mañana me traigas lo que me prometiste"-
Respondió mi encargada, soltando una carcajada, "Si unas bellas y hermosas
flores para ti"-Respondía con dulzura el hombre. Maravilloso, en cualquier
parte me atormentaba la palabra amor y su día, que yo lo pasaría tristemente en
un Hospital. Ellos demostraban su amor, unos simples enfermeros me hacían
sentir                                   mal.

Mis minutos, mis segundos, eran horas y días a mi parecer. Me cambié
cómodamente y no tenía nada que hacer. El único medio de entretenimiento era
un pequeño televisor que preferí no encender. Esperaría a que Renee utilizara
su    inteligencia     para      traerme      algún     buen      libro.

Cuando llegaron con mis cosas, trajeron lo menos que hubiera querido, la ropa
que menos usaba, eso podía esperarse, pero no me quejé porque seguramente la
habrían hecho deprisa. Me cambié para algo cómodo. Después de una hora
vomité dos veces más, pero iba mejorando, me darían una pastilla para hacerme
dormir toda la noche, de seguro no serviría, no podría sacar a Cullen de mi
cabeza. Afuera se escuchaban los pasos de la gente al pasar, mi madre en la
habitación estaba sentada a mi lado, sin pegar un ojo; Lo contrario a Charlie que
estaba acostado en el mueble plegable, roncando cómo nunca. Ya me empezaba
a molestar un poco, y me sentía culpable al verlo en tan incómoda posición.

-Renee, ¿Podrías llevarte a Charlie? Debe estar muy cansado.-Insinué viendo
hacia               él,              con              lástima.

-Si, yo creo que debería llevarlo, mañana tiene que ir a trabajar.-Dijo Renee
también volviendo su mirada hacia el.-Regreso en un minuto.-Inquirió tomando
mi                                   mano.
Mientras ella salía de la habitación y Charlie se despedía de mí, entró la
enfermera con una bandeja plateada, con un vaso de agua y dos pequeñas
pastillas                             blancas.

-Toma nena, esto te hará descansar toda la noche.-Dijo, alzando su mano hacia
mí.

-Gracias.-Tomé las pastillas y todo el vaso de agua.- ¿Esto es cien por ciento
efectivo?-Pregunté                        esperanzada.

-Claro, si no lo hace te daré una a la medianoche.-Sonrió y salió con la bandeja
bajo                        su                     brazo.

Los pocos colores que estaban iluminados en la habitación iban volviéndose
opacos a mi vista. Todo se veía borroso ahora y los párpados me pesaban, pero
luchaba por que no se cerraran. Imposible… Caí rendida en una oscuridad
infinita...




Capítulo XII
El Despertar
Entre olores sutiles y colores brillantes, mi sueño era una composición de
alegría y perfección, mi corazón latía normal, mi piel brillaba con el radiante sol
de las colinas verdes.

-"Éste sitio… yo he venido aquí, he estado aquí"-Sonaba mi voz, proveniente de
un lugar desconocido, mis pensamientos retumbaban por todo el lugar. Miré
mi alrededor, todas las flores eran amarillas, unas margaritas… Pero había
una que resaltaba del montón, una que mi olfato notaba. Rosa. Estaba
ubicada a sólo unos pasos de mí, solitaria en su tipo. Roja cómo la sangre. Era
la que más me atraía, así que me acerqué a ella por instintos. Sin darme
cuenta ya estaba a un centímetro de ella, me agache a detallarla, me di cuenta
de que yo vestía un largo vestido blanco, primaveral. Llamó mi atención las
espinas que resaltaban de ésta, eran más puntiagudas de lo normal, filosas y
estaba minada de ellas. No me parecía riesgoso, tenía intenciones de tocarla,
así que lentamente acerqué mi mano a la rosa, cuando unos delicados dedos se
posaron sobre mi mano. Temperatura helada y palidez en la piel. En mi cara
se dibujó una sonrisa de satisfacción y alivio por unos tres segundos. Con
desesperación subí mi mirada, pero no estaba, había desaparecido… Cerré mi
mano en un puño y bajé de nuevo la mirada con tristeza. El sol había
desaparecido, siendo tapado por una repentina oleada de nubes grises, los
relámpagos retumbaban en el paraíso floral, que se había vuelto opaco, todo
era blanco, negro y gris. Pero ahí seguía, la rosa bañada en sangre. Mi mano
se movió violentamente hacia ella, abriendo mi palma totalmente, la tomé por
el tallo, puyando toda mi mano, no había dolor, pero había sangre… Salía sin
parar y durante más sangraba, mas duro cerraba mi puño en torno de la flor.
Estaba expresando mi dolor, mi pena, mi tristeza. Mi sueño estaba dibujando
mi vida en estos días, después de que todo fue hermoso, un segundo pasó para
que todo se convirtiera en lo opuesto. Infelicidad total. En ese momento me di
cuenta de que estaba incontrolablemente enamorada de Edward Cullen, y que
ya formaba parte de mí…

Exaltada de la combinación de sueño con pesadilla, me levanté de la cama…
Quiero decir, camilla, rodeada de los cables conectados a mi mano. Estaba
cegada de una luz blanca. Tres desconocidos y un conocido. Eran dos mujeres y
dos hombres, reconocí a uno de los hombres. Carlisle Cullen.

-Gracias a dios.-Suspiró colocando su mano en su pecho en señal de alivio, una
de las mujeres que reconocí por la voz, era mi enfermera en cargo. La otra hizo
casi el mismo movimiento, pero sin articular una palabra, también era
enfermera.

-¿Estás bien chica?-Preguntó el hombre que parecía viejo al lado de Carlisle, que
me miraba en espera de una respuesta.

Los vi con dificultad e intenté articular una palabra, pero no lo logré.

-Yo sabía que le afectaría. No debiste haberle dado el medicamento sin mi
permiso.-Habló Carlisle a mi enfermera, ella bajaba su mirada con absoluta
pena.

-No pensé…-Murmuró ella.

-Espero que no vuelva a pasar.-Exigió el otro doctor con voz molesta.

-Bueno, dejemos a Bella.-Dijo Carlisle.-Ya vengo, voy a avisar que ya estás bien.-
Inquirió hacia mi.

Me dio pena por la mujer, ya que no había sido su culpa… ¿Qué me había
pasado para que armaran tal escándalo? Todos fueron retirándose poco a poco.

-¿Qué me pasó?-Pregunté soltando las palabras.

La enfermera, aún con la mirada baja, suspiró profundamente.

-Las pastillas que te di… ocasionaron efectos secundarios en ti.-Murmuró con
pena.

-¿Efectos secundarios? ¿A qué se refiere con eso?-Pregunté curiosamente.

-¿No sentiste nada? Tu corazón… paró de latir aproximadamente tres
segundos.-Admitió la mujer.

Me quedé pasmada al oír sus palabras. Tres segundos… en tres segundos pude
haber muerto. Tres segundos estuve muerta.
Fue el tiempo que sentí la mano fría de Edward sobre la mía en el sueño. Eso
quería decir que llegué al paraíso, no cuando vi las flores, sino cuando estuve
con Edward. Pero reviví y eso me alejó de el.

-No… no sentí nada-Dije con mirada vacía y voz entrecortada.

-Lo siento tanto, nena. Es que me distraje y no vi que había algo que estaba
contraindicado para ti. Soy tan inútil…-Se culpó con rabia.

-No, no digas eso. Fue un accidente, eso pasa, eres humana. Los humanos
cometemos errores…-La última frase también se refería a mí. Mi error había
sido, dejar que Edward se enamorara de Isabella Swan, porque al final la hizo
sufrir.

-Supongo que sí, pero casi… mueres por mi descuido.

-Bueno, el destino.-Inquirí con tristeza.

Dos toques a la puerta me hicieron saltar.

-Pase adelante-Respondió la enfermera por mi, sabiendo que mi voz no estaba
en estado normal.

-Bella, mi amor… hija ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes?-Dijo Renee con voz
maternal y sus mejillas impregnadas en lágrimas.

-Ya… Reneé.-Se me hacia cada vez difícil articular las palabras.

-Estaba tan preocupada por ti… entré a tu habitación y estabas pálida y… No,
no.-Comenzaba a vomitar palabras entre sollozos.

-Chica, ya vengo. Buscaré algo y ya regreso. No te quedes dormida, por favor.-
Dijo la enfermera.

-Claro…-Murmuré sin saber si sería capaz de resistir al sueño que aún tenía.

El aspecto de mi madre era horrible, entre los ojos hinchados, resaltaban las
ojeras por la falta de descanso. Me daba pena que durmiera ahí en esa
habitación tan incómoda.

-¿Mamá? ¿Si te pido un favor me lo haces?-Pregunté con un tono de inocencia.

-Si claro Bella, sabes que sí.

-¿Puedes ir a la casa a dormir?

Renee quedó viéndome por un momento, al principio con sorpresa pero su
expresión se tornó seria.

-Bella, como estas ahorita, no puedo dejarte…
-Por favor, es lo único que te pido, me hace sentir mal verte tan cansada.-
Supliqué.

Volvió a callar por unos segundos, pero al parecer se había resignado a mi
súplica.

-Esta bien, pero sólo porque me lo pides. Estaré aquí en unas horas. Saldré a
hablar con Carlisle para avisarle que me voy.
Cuídate mucho, hija; tómate todo lo que te indiquen. Te quiero Bella.-Dijo mi
madre acariciando mi mejilla y mi cabello.

-Adiós mamá, gracias-Susurré.

Mientras mi madre cerraba la puerta, aún no se me había quitado el sueño. Me
preguntaba por la hora, volteé por la habitación y un pequeño objeto negro, con
números alumbrados en rojo, indicaba que eran las once de la noche. Un poco
temprano para el sueño que tenía. Los parpados iban cayendo poco a poco…

-¡No Bella!-Gritó alguien entrando por la puerta.

Alice Cullen, la voz melodiosa que podría escuchar todo el día sin cansarme.
Abrí mis ojos precipitadamente al asimilar que aquí estaba ella, con
preocupación cerca de mí.

-Alice… Estás aquí.-Susurré con alegría.

-Si ya estamos aquí Bella, vinimos en el primer avión cuando tuve la visión.
¿Cómo te sientes?-Dijo Alice con voz desesperada.

-Cansada…-Respondí con tristeza. "Ellos" habían llegado, ¿A qué se refería con
que "habían llegado"? ¿De verdad estaban de viaje cómo yo lo había supuesto?
Tenía tantas preguntas por hacerle, pero no tenía energías.

-Ya viene la enfermera, no te duermas.-Suplicó ella.

Efectivamente, entró la enfermera con una jeringa y una pequeña cápsula de un
líquido trasparente. Soy fóbica de las agujas. Se acercó a mí y tomó la
intravenosa que había en mi mano derecha, colocó la jeringa con la sustancia
adentro y la inyectó en mis venas.

-Vas a sentir un cosquilleo caliente por unos minutos, si te duele me avisas. Esto
es para que puedas dormir normalmente, cancelando el efecto de la pastilla
anterior.-Me indicó la enfermera.

-Gracias…-Dije con dolor.

-Bella, debes descansar, mañana te tengo que contar, compré muchas cosas para
ti en Los Ángeles.-Inquirió con emoción.

-¿Para mí? Alice yo…-Iba a responder pero me tapo la boca.
-No me agradezcas, sólo duerme.-Susurró en voz baja, con su canto melodioso.

Mis ojos estaban cerrándose, en mi mente escuchaba los latidos de mi corazón
marcándose en la máquina, eran variables, extraños, inconsistentes, vacíos…


-Bella…-Susurró con agonía, Edward.

Ya había cerrado los ojos cuando el había llegado a mi.



Volviendo a mí ser, a mi todo, me sentía llena de nueva, pero incompleta al
mismo tiempo. Lo tenía cerca, pero el sueño profundo no dejaba que saliera a
abrazarlo, tocarlo, tan sólo verlo. Sentía la oscuridad tan pegada a mi cuerpo,
intentaba zafarme de ella, pero simplemente no me dejaba y no tenía fuerzas
para ello. Estaba atada al efecto de el líquido trasparente que entró por mis
venas, haciéndome caer totalmente dormida. Sin embargo llego un momento
que sentía despierta mi mente, pero mis brazos y mis piernas estaban flojas y
cansadas.

No podía averiguar si aún seguía en la habitación. Escuchaba unos susurros,
pero no llegaba a detallar lo que decían. Cada vez se hacían más claras las
palabras, ya podía reconocer las voces, Carlisle, Alice, pero la que me daba más
ansias de abrir mis ojos era la de Edward. Quizás habrían pasado un par de
horas, pero ya no soportaba más. Hubo unos minutos en silencio, Edward le
agradecía a alguien, o a varias personas, escuchaba cosas de vidrio encima de las
mesas. No tenía ni la menor idea. Escuché unos pasos hacia mi camilla, sus
manos frías rodearon mi mano derecha. La besó con delicadez y la cruzó con la
suya. En ese momento estaba recobrando todas mis fuerzas, el me daba ánimos
de seguir, de luchar, de abrir mis ojos.

Sonó fuertemente un aviso de despertador o algo por el estilo, retumbó en mis
oídos ya que había agudizado todos mis sentidos, ya que carecía de la vista, y
además Edward se movía silenciosamente por la habitación, así que fue un
sonido desprevenido.

-Feliz San Valentín… Te quiero-Susurró a mi oído, colocando su cara sobre mí
cabello. Su respiración recorría cada terminación y cada rincón de mi cuello.
Fría… Gélida cómo siempre.

Esa frase hizo que mi sangre hirviera, mi corazón se aceleraba, rápido. Lo
necesitaba demasiado para ser verdad. Pero aún así me debía una explicación de
su repentino y absurdo viaje. Me dejó sola, sin previo aviso.


Dormí el resto de la noche sin dificultad. Ya me había rendido de luchar contra
la infinidad.

Si… Te quiero hoy, mañana y siempre.-Repetía una y otra vez en mis sueños.
Como cada día de mi vida, los rayos claros que entraban por la ventana
despertaban todos mis sentidos. Suspiré profundamente y al fin abrí mis ojos
con lentitud, pero con impaciencia de encontrarme con su perfecta silueta.

Pero él no fue lo primero que llamó mi atención, seguramente aún estaría
sumida en mis sueños y estaría alucinando, porque a mi vista se encontraban
grandes y vistosos… Ramos de flores, de todos estilos y colores, podría
reconocer algunas, pero las otras eran simplemente únicas, hermosas. Toda la
habitación estaba repleta de globos rosa y blanco. Un gran peluche estaba
colocado en el centro de los ramos que me rodeaban.


-Bella, al fin despiertas-Gritó mi madre exaltada.

-Si… estaba realmente cansada.-Murmuré con desconcierto, aún viendo las
flores. Mi madre volteó y me dio una sonrisa.

-¿Qué…?-Pregunté pero mi madre no me dejó terminar.

-Edward está increíblemente arrepentido. Ese chico de verdad que está
enamorado de ti. No ha dormido en toda la noche.-Mi madre articulaba las
frases cómo si estuviera definiendo a una divinidad, y en realidad, era cómo un
dios.

-¿Y donde está?-Pregunté con impaciencia.

-Fue a buscarte el desayuno.

-Ah…-Contesté con desgana. Con ganas de verlo ya. Y aunque hubiera preferido
verlo a él, antes de hacer cualquier cosa, mi hambre era anormal.

-Vine a ver si habías despertado, para decirte que en unas horas ya vas a poder
salir.-Dijo mi madre en un intento de animarme, pero hasta que yo no viera a
Edward Cullen, nada me haría feliz.

Volví a dar una mirada a los ramos de mí alrededor. Jamás me habían hecho
algo así, ni siquiera un ramo pequeño en mi cumpleaños. Los regalos de mis
padres eran sencillos y no se morirían en unos cuantos días. Por esa razón la
idea de grandes regalos, no encabezaba la lista de mis deseos personales. Pero
esto podría hacerme cambiar de idea, todo era perfecto.

La escultura de un ser perfecto apareció debajo del arco de la puerta de mi
habitación. Sostenía en sus manos una bandeja blanca con un plato, cuya
comida no quise detallar al fijarme en sus ojos dorados, su pecho medianamente
descubierto, con una camisa a botones color azul. Sentía cómo si fuera la
primera vez que lo veía… Lo extrañé tanto, para mi habían sido un infierno éstos
días.

-Hola…-Susurró cómo si quisiera decir muchas cosas a la vez y esa fue la única
palabra que le salió.
-Bueno creo que los dejo solos.-Sugirió mi madre dándome una suave palmada
en la pierna y sonriéndole a Edward al salir.

-Has venido…-Dije con su mismo tono de voz, cortado y nervioso.

-No tenía pensado dejarte.-Dijo él, colocando mi desayuno sobre una mesa.

-Pero aún así lo hiciste…-Murmuré con dolor.

-Fue una emergencia.-Habló con seriedad.

-Y me imagino que era muy difícil avisarme.-Hablé con sarcasmo.

-Te recuerdo que estabas molesta, imaginé que no te importaría mi ausencia.-
Dijo con desgana.


Sus palabras me provocaron una rabia insoportable. Me sacó totalmente de mis
casillas. Pude jurar que hasta enrojecí de lo molesta que estaba por semejante
estupidez que había dicho.

-¿Yo estaba molesta? ¿Y tú no lo estabas? Ah, tampoco me importaba tu
ausencia. ¿Con esa idea fue con la que te fuiste de paseo?-Pregunté furiosa.

-Yo jamás…-Dijo con voz cortada.

-¿Sabes que…? Olvídalo.-Sollocé.

-Bella… Discúlpame. Seguramente si no me hubiera ido no estarías aquí, pero
también hubiera perdido una gran oportunidad. Fui a Los Angeles porque me
llamaron por una solicitud que hice hace unos días… Buscaba donantes de
corazones.-Respondió con pena.

Con mi rabia, abrí mi boca ignorando cualquier escusa que hubiera usado, pero
después detalle lo que había dicho, y procesarlo fue totalmente impactante… Ya
no sabía que esperar de Edward. Ahora nada en el mundo me sorprendería.

-¿Tú… tú?-Tartamudeé.

-Si Bella, soy un completo inútil, cuando Alice vio esto, quise…-No dejé que
soltará una palabra más en son de disculpa. Lo rodeé rápidamente con mis
brazos y lloré sin parar en su hombro. ¿Cómo se me ocurría hablarme así? El
esfuerzo que había hecho en ir hasta allá, sólo por mí, era algo demasiado noble
de su parte y me llenaba de total pena.

-Bella, yo lo siento tanto… insistí en todas las clínicas y hospitales, pero hay
pocos donantes… cómo tú lo repetiste una y otra vez.-Se delató cómo resignado.

En realidad no me sorprendía que regresara sin nada, era de suponerse. Por esa
razón yo había dejado de luchar desde hace ya varios meses.
-Si hubiera sabido que… harías eso, no te hubiera dejado.-Dije entre sollozos.

-Es que aún tengo la esperanza, quiero que compartas tu vida humana contigo,
no quiero darte ésta vida, el dolor.-Dijo en tono de voz de súplica, me hizo
sonrojar porque inclinó su cara hacia mí, quedando muy cerca.-Voy a extrañar
esas mejilla rojas, ese calor en tu piel. Tú eres sencillamente auténtica.-Susurró
a mi oído.

-¿Y es que no quieres que yo sea feliz?-Pregunté con dolor y mis ojos
impregnados en lágrimas.

-Si, pero de la mejor manera. No quiero pelear contigo, y menos hoy. Quiero
sacarte de aquí, llevarte a un lugar donde podamos compartir, hablar. Te he
extrañado estos días, sonará algo raro pero se me han hecho una total eternidad.


Y lo menos que sonaba era extraño, porque me había sentido de la misma
forma.

-Para mi fue más que infinito cada segundo que pasaba.-Confesé colocando mi
mano en su mejilla.

-Por cierto, ¿Te gusto mi detalle?-Volteó su mirada hacia las flores.

-¿De… detalle? Bueno… en realidad jamás me habían hecho algo así, tan
hermoso…-Tartamudeé con voz baja.

-Es lo mínimo que podía hacer por ti. Pero quiero saber ¿Cómo llegaste aquí? Ya
se que fue a causa de unos chocolates pero… No los habrás comprado tú,
¿Verdad?-Preguntó con presión.

-No quiero decirte. Sé que actuarás de mala forma y yo no quiero que sea así.

-Te prometo que no lo haré.-Replicó con una expresión de total seriedad.

No pude resistirme a su promesa y estaría insistiendo hasta sacarme la
información. Mordí mi labio inferior con duda y lo miré.

-Fue… Jacob.-Murmuré.-Pero el sólo quería hacerme un detalle y no sabía que
estaba contraindicado para mi y…-Intenté excusarlo.

Su expresión cambio de seriedad total a molestia y rabia. Estuvo así unos
segundos, seguidamente cerró sus puños y se volteó bruscamente hacia la pared.
Pegó fuertemente uno de sus puños contra ella, haciendo una leve abolladura y
un gran estruendo.

-Edward, harás que venga alguien preocupado por el sonido que acabas de
hacer.-Susurré molesta.

-Te lo juro que lo mataré cuando lo vea, ese perro me las va a pagar.-Escupió las
palabras.

-Prometiste que no reaccionarias mal.-Murmuré.

-En ésta situación es diferente.

No respondí ante su actitud, seguiría prometiéndome cosas que no cumpliría.
Volteó ante mi silencio pero yo no devolví mirada, la mía estaba fija en la
ventana, conteniendo las lágrimas de nuevo. Pero de reojo vi que desaprensó
sus manos, colocándolas relajadas al igual que su expresión, que se volvió
preocupada.

-Disculpa Bella, lo prometí.

-Si, así que por favor cúmplelo.

Unos toques en la puerta me hicieron voltear.

-¿Puedo pasar?-Preguntó Carlisle del otro lado de la puerta.

-Adelante.-Dije cambiando mi ánimo.

Carlisle entró seguido por Alice que me sonreía con emoción.

-¿Cómo te sientes hoy?-Preguntó Carlisle.

-Muchísimo mejor, lista para irme.-Inquirí tratando de convencerlo, ya me
había hartado del hospital.

-Nos alegra mucho, queríamos verte de buen ánimo. Hoy te espera un gran día.-
Replicó Alice guiñándome el ojo y mirando a Edward.

Algo tramaban entre manos.

-Pues sí, te haré unas pruebas más y te podrás ir. Tu madre está afuera firmando
unas cuantas cosas. Vendrá en unos minutos a despedirse.-Dijo Carlisle.

-¿Despedirse? ¿Por qué habría de despedirse? ¿No estás diciendo que ya podía
irme?-Empecé a actuar nerviosa y desconcertada.

-Si Bella, el problema es que no te irás precisamente con ella.-Inquirió la
pequeña vampiro.

-¿Entonces?-Pregunté aún sin entender.

-Te irás conmigo, he planeado pasar el resto del día contigo.-Respondió Edward
dulcemente y dándome una leve media sonrisa que me hacía temblar de los
escalofríos…
Capítulo XIII
                        Amor Vs. Amistad

Mis exámenes de sangre salieron mejor de lo esperado. Mi semblante era mejor
cada minuto, los dolores estomacales y los mareos desaparecieron. Estaba
completamente segura de que las medicinas que me habían propiciado habían
sido la mágica cura a mi enfermedad. Había sido el regreso de Edward, y de
Alice. Me llenaba de pena que su plan de viaje hubiera sido algo que era en vano,
yo sólo podía esperar una respuesta de mis médicos. No dejaba de mirarme
desde que llego, tomaba mi mano al caminar por el pasillo, hablaba con mi
madre una que otra vez pero manteniendo el contacto visual conmigo.

Renee parecía contenta y emocionada por mi plan de san Valentín. A lo mejor
ella estaba enterada del recorrido, o del punto de llegada, pero algo sabía que no
quería contarme.

-Tu padre no está muy contento de ésta idea. Yo creo que está celoso.-Comentó
mi madre, en frente de Edward. Sostenía en sus manos uno de los ramos más
grandes, lo llevaría hasta la casa de recuerdo.

-Mamá…-Musité entre dientes.

-No hay problema Bella, es una actitud normal por parte de la figura paterna.-
Replicó Edward con una sonrisa de satisfacción en la cara.

-Bueno chicos, espero que se diviertan. Cuídala mucho Edward, mira que ya
está bien de hospitales.-Inquirió Reneé.-Te
quiero Bella.-Dijo hacia mi, abrazándome fuertemente. Se volteó hacia la salida,
mientras se despedía ondeando su mano.

-¿Estás preparada Bella?-Preguntó Alice, apareciendo por mis espaldas con
exagerada emoción.

-¿Debería estarlo?-Mi voz sonó terrífica.

-Creo que si.-Dijo Edward viendo hacia Alice y volteando sus ojos.

Al parecer me esperaba algo mil veces peor que los ramos del hospital.

Nos dirigimos a la casa de los Cullen con extrema velocidad, al parecer Edward
quería aprovechar al máximo éste día.

Mientras Alice desde el asiento delantero me hablaba de una cantidad de
tiendas de Los Ángeles, cuanto había comprado…
Bueno cuanto "me había comprado". Hablaba de vestidos, tacones y todo lo
demás y yo sentía cómo si me estuviera contando una historia de miedo, sádica
y sangrienta. No podía rehusarme a rechazar sus regalos ya que ellos habían
sido muy complacientes conmigo y de la única manera que podría agradecerles
todo era conformándome. Le sonreía una que otra vez mientras hablaba sin
parar, Edward estaba conteniendo la risa mientras veía por el retrovisor mi cara
de espanto.

Al parecer se lo estaba disfrutando.

Bajé del auto y al cerrar la puerta, vi mi reflejo en la ventana. Si en ese momento
estaba masacrada, no me imagino mi semblante en el hospital. Tenía que tomar
un baño urgente, tenía que cambiarme de ropa, algo cómodo y normal, cosa que
Alice no permitiría.

-Es mejor que tomes un baño primero.-Sugirió Alice.

-Yo pienso lo mismo… Pero ¿Don…?-Pregunté sin terminar la frase.

-Ven, ya te preparé el baño.-Dijo ella, jalándome por el brazo, conduciéndome
hacia las escaleras, en su otra mano llevaba mi bolso del hospital con mis cosas
de aseo personal, al parecer había desechado la ropa por completo. Edward se
quedó paralizado en el pie de las escaleras. Yo volteé con una expresión que
suplicaba ayuda y él simplemente estaba por romper su labio inferior por
aguantarse una carcajada.

-Ahí esta la toalla, te dejé el jabón a la izquierda, tienes varias fragancias para
lavar tu cabello.-Decía mi "hermana" señalando cada envase respectivamente
repartido por el baño. Ya sentía una afinidad con Alice parecida a la de una
hermana.

-Gracias Alice, no es para tanto…-Repliqué con pena.

-Cuando quieras.-Respondió con su tono de voz de campanillas, sonrió y cerró
la puerta.

Le devolví la sonrisa y volteé lentamente hacia mi escenario. El baño era
extremadamente amplio, cubierto con una cerámica blanca y detalles en
plateado. El piso era muy brillante, cómo mármol blanco y brillaba con los rayos
de sol que entraban por la ventana francesa al fondo. Era una bañera moderna y
grande a su vez.

Suspiré con desgana y pensé mucho en quitarme la ropa. La idea de que Edward
estuviera por ahí merodeando y yo en su baño era extremadamente intimidante.
Fui desprendiéndome de mi ropa lentamente. Abrí poco a poco la llave del agua
en la bañera y entré.

No sacaba de mi mente la idea de que hace unas pocas horas no era nada y
ahora lo era todo. Y tampoco se quedaba atrás la duda de los planes. El agua
estaba a una temperatura caliente, así me sentía bien, provocar humo
empañando los espejos y ventanas me fascinaba.
No use ninguna fragancia especial en el cuerpo aunque la de vainilla llamó mi
atención ya que era uno de mis olores característicos, porque me encantaba. Lo
rocié en mi cuerpo y olía exquisito. No me arrepentí del riesgo. Salí de la ducha
tomando una bata blanca guindada a la esquina.

Oí unos pasos y me tapé rápido con la bata. Pero al parecer pararon en un lugar.
No oí nada después así que me despreocupé.

Lavé mis dientes con mi cepillo que estaba en el bolso, peiné mi cabello y lo
sequé un poco ya que había bajado la temperatura. Un frío horrible entraba por
debajo de la puerta.

-¿Ya estas lista?-Preguntó Alice del otro lado de la puerta. Su repentina voz me
tomó desprevenida.

-S… si.-Tartamudeé.

-En el clóset a tu derecha está la ropa que escogí para ti. Cuando acabes me
avisas para entrar ¿Está bien?

Volteé hacia el escalofriante clóset. Lo abrí con sumo cuidado y una cantidad
incontable de vestidos estaban en mi panorama. Uno que otro conjunto con
faldas, pero aun así eran extremadamente formales.

-Alice… ¿Estás segura de que esto es mío?-Pregunté con voz incómoda.

-Si Bella, ¿No te parecen hermosos?

-Claro.-Mentí.

-Bueno date prisa que no puedes pasar todo el día en el baño. Aún tengo muchas
cosas que hacer contigo.

-Salgo en un momento.-Dije con nervios mientras veía con miedo hacia el
clóset. Pasé una y otra vez mi mano entre los vestidos. Descarté unos cinco
vestidos, y dos conjuntos, por los colores, ya que eran extremadamente
llamativos.

Me tenía que decidir entre dos vestidos. Uno era color vinotinto con cuadros, y
el otro era negro de puntitos blancos, con una fina cinta debajo del busto de
color blanco, pero los dos eran strapless, a las rodillas y abombados de la cintura
hacia abajo. Hice al azar y tomé el negro. Me lo puse y volteé hacia el espejo con
los ojos cerrados. No era precisamente tan feo cómo lo imaginaba, podría decir
hasta que me veía bien. Pero miré hacia mi bolso, donde sobresalían mis
deportivos de goma, no serían precisamente lo más indicado.

-Los zapatos están en la gaveta de abajo. Busca los tacones negros.-Sugirió Alice
del otro lado de la puerta.-Ni se te ocurra usar esos zapatos deportivos.-Inquirió
molesta.
-¿Cómo…?-Pregunté con desconcierto. ¿Edward no era el lector de mentes?
Seguramente Alice me vería saliendo con un vestido y unos deportivos. Me reí
en voz baja ante tal imagen. Recogí los zapatos de tacón que sugirió y me los
puse. Me tambaleé un poco por no estar acostumbrada a andar en tacones, era
probable que tropezara unas cuantas veces.

Ya estaba lista para la acción. Si esto había sido difícil, lo que me esperaba sería
peor.

-Bueno Bella tu sólo quédate tranquila, ahora estas en mis manos.-Dijo Alice
entrando por la puerta con un pequeño bolso.

La vampira tardó unos cuantos minutos sacando cosas del bolso, entre ellas
maquillaje y cepillos del cabello, fijadores. Después de insistirle demasiado de
que no quería nada elegante, sólo me recogió la mitad del cabello e hizo unas
suaves
ondas en él. Me colocó un poco de maquillaje natural. Me hablaba de cuán bella
quedaría mientras experimentaba conmigo como un conejillo de indias. Cuando
acabó me empujo hacia el espejo e hizo un gesto de satisfacción para sí misma,
repitiendo una y otra vez que yo debería vestirme así diariamente. Una idea
fatal.

Ahora me veía muchísimo mejor con maquillaje, aunque era poco cómo lo había
pedido, me hacía lucir diferente. Rocío un dulce perfume en mi cuerpo. Cada vez
me temblaban más los pies del miedo a salir, vestida de esa forma. ¿Qué
pensaría Edward?

Salí del baño, suspirando profundamente. Mi vampiro se encontraba al inicio de
las escaleras, de espaldas a mí, con una posición derecha y tensa. Dudó un poco
antes de voltear, pero lo hizo lentamente mientras Alice me daba un pequeño
empujón. Me avergoncé un poco y me encontré con sus ojos dorados. Bajó
lentamente la mirada, con una expresión fría y congelada...

Salí del baño, suspirando profundamente. Mi vampiro se encontraba al inicio de
las escaleras, de espaldas a mí, con una posición derecha y tensa. Dudó un poco
antes de voltear, pero lo hizo lentamente mientras Alice me daba un pequeño
empujón. Me avergoncé un poco y me encontré con sus ojos dorados. Bajó
lentamente la mirada, con una expresión fría y congelada.


Pestañeó innecesariamente unas cuantas veces antes de hablar, abría la boca
repetidas veces sin soltar una palabra.

-¿Verdad que está hermosa?-Preguntó Alice a su hermano.

Edward seguía sin responder a la pregunta de Alice, lo cual me daba un poco de
nervios ya que no había reaccionado cómo pensé que lo haría.

-Alice creó que no le gustó.-Murmuré en el oído de ella.

-¿De qué hablas Bella?-Preguntó Edward molesto.
-Es tu expresión… además no has dicho nada.-Dije en voz baja con tristeza.

Se acercó a mí precipitadamente tomándome de la barbilla, me besó
suavemente, llegando a cada uno de los sentidos de mi cuerpo. Extrañe sus
gélidos labios. En ese momento me había tomado de sorpresa. Me tomó con
autoridad por la cintura, presionándome fuertemente hacia él. Al parecer estaba
en busca de una excusa para salirse con las suyas, y yo estaba totalmente feliz
acerca de su decisión.

Me separé de él por pura necesidad, de no ser que mis pulmones pedían a gritos
que respirara de nuevo, me hubiera quedado ahí toda la eternidad.

-Eso es lo que pienso.-Musitó él entre dientes, dejando escapar una baja risita.

Me sonrojé al verlo, y empeoré cuando vi que Alice seguía atrás de mí con una
sonrisa de felicidad que parecía que nadie se la quitaría.

-Ya deberían irse, se les hará tarde.-Sugirió ella.

-Yo creo que si.-Edward sonrió y me tomó delicadamente por la mano,
conduciéndome hacia las escaleras.

Mientras caminaba veía que Edward no estaba igual que cuando me metí a
bañar, no de su comportamiento, sino su ropa.

Se había cambiado de ropa mientras yo me duchaba. Traía unos pantalones de
vestir negros, una camisa de color azul claro
y llevaba su abrigo en su otro brazo. Claro, el siempre se veía bien así que no
noté la diferencia al instante, el caso contrario a mi.

-Te ves increíblemente hermosa, Bella.-Susurró en mi oído.

-Gracias… Tu también.-Inquirí con pena.

-No es nada. Espero que no estés molesta porque Alice haya cambiado por un
día tu forma de vestir.

-No, para nada.-Mentí un poco. No estaba mal, pero preferiría que sólo fuera
por san Valentín.

Me acerqué al Volvo y Edward se montó rápidamente, prendió el motor y yo ni
siquiera había abierto la puerta del carro. Me confundí un poco ante su
desesperación. Generalmente abría la puerta por mí, y con más razón lo haría
hoy, pero simplemente no lo hizo.

-Bella, no vamos en el Volvo, espera aquí, lo guardaré en la cochera.-Dijo él,
asomándose por la ventana.

-Está bien.-Respondí con confusión.
Me quedé parada al borde de la acera, crucé mis brazos sobre mi pecho,
esperando a que Edward regresara. ¿Acaso iríamos a pie? No era precisamente
la mejor idea con los centímetros demás que tenía en mis pies. A mis espaldas el
rugido del volvo desapareció, cerró la puerta del auto y oí que al instante abrió
otra puerta, imaginé que era la del copiloto, ¿Estaría buscando algo? Sólo oí que
se cerró de nuevo. No quise voltear a ver si traía algo en sus manos. Pero otro
rugido aún más fuerte me exaltó, no sonaba precisamente cómo el Volvo, así
que volteé a curiosear el causante de tal ruido.

Un flamante convertible, color negro salió por la puerta del garaje, haciendo una
impactante entrada. Con una hábil maniobra, Edward se estacionó al frente de
mí de nuevo. Corrió a abrirme la puerta, y yo no podía dejar de ver el auto que
tenía frente a mí. Esperó un poco con paciencia a que yo reaccionara, mientras
sostenía mi puerta, pero yo no articulaba ni una palabra. Ese carro era
excesivamente lujoso.

-¿Qué pasa?-Preguntó Edward preocupado.

-El ca… carro está increíble.-Tartamudeé sin aire.

-Ah, si… es una nueva adquisición. Lo uso sólo en ocasiones especiales. Además,
hoy servirá de mucho.-Replicó cómo si hablara de algo común.

-Está increíble.-Repetí.

Soltó una risa y volvió su mirada hacia mí.

-¿Podrías subirte? No quiero que pierdas tú velada.

-¿Mí velada? Es de los dos.

-No, tú siempre serás lo más importante para mí.-Concluyó.

Siempre lograba decir unas palabras tan dulces, incomparables. Edward era una
perso… un vampiro único.

El asiento era demasiado cómodo para ser verdad. Comenzamos el recorrido a
mucha velocidad. El viento azotaba mi cara.

Y el frío no era muy complaciente. Intenté esconder mi incomodidad de
temperatura, pero mi piel reaccionaba involuntariamente, se me ponía la piel de
gallina cada dos segundos. Mi novio volteó unas tres veces hacia mi dirección.
Se estacionó a un lado de la carretera.

-¿Qué haces? ¿Ya llegamos?-Pregunté con intriga. Nos rodeaba la carretera y los
altos pinos que la rodeaban.

-Ten, colócate esto por favor. No quiero que te enfermes, ni mucho menos que
estés incómoda.-Dijo colocándome su grueso abrigo. El aroma que provenía de
él, me causaba una cantidad de emociones inexpresables. Era delicioso, cómo
siempre, pero éste era más concentrado.
-Gracias.-Murmuré con vergüenza.- ¿No me vas a decir a donde vamos?

-No. Ya verás. Falta poco.

Tomó un atajo después de unos diez minutos de carretera. Era un camino de
tierra, ni siquiera estaba asfaltado. ¿Cómo se le ocurre meter el convertible en
tal camino? Agudicé mi vista y había una casa a lo lejos, ésta era de ladrillos,
rodeada de enredaderas, aunque no era muy grande, tenía un aspecto moderno.
Parecía estar abandonada. Mientras admiraba la casa,
Edward ya se había bajado del auto y estaba abriendo mi puerta. Bajó sus brazos
y colocó uno detrás de mis rodillas y el otro detrás de mi espalda,
sosteniéndome en el aire sin ningún esfuerzo. Fijó su mirada en mí por un
rápido segundo, seguidamente cerró la puerta con un pie. Yo no hubiera hecho
eso, dañaría la pintura. Pero al parecer no le importaba mucho.

Caminó hacia la casa que había supuesto que era el punto de llegada y me bajó
en la orilla de unos cortos escalones de madera. Dos ventanas al lado de la
lujosa puerta de dos partes, no pude ver nada adentro por unas cortinas
internas de color vinotinto.

Edward sonreía con satisfacción. Su sonrisa me hipnotizó. La puerta se abrió en
la mitad por un hombre.

Era alto, uniformado de mesonero de restaurant extremadamente lujoso.

-Bienvenidos.-Dijo con voz cortés.-Señor Cullen.-Asintió con una leve
reverencia hacia Edward.-Permítame.-Inquirió hacia mi, alzando una mano. Me
quedé paralizada sin saber que quería que le diera.

-El abrigo, Bella.-Susurró en mi oído.

-Ah, claro, disculpe.-Reaccioné y se lo di.

Ante mi estaba, la imagen de algo… impresionante. Un lujoso piano de color
blanco se encontraba al fondo. Una mesa para dos personas en medio del
espacio, con dos velas y posadas sobre unos candelarios plateados, habían más
de dos cubiertos en la mesa, pero no era precisamente distribuidos dos para
cada uno, sólo había un plato y diferentes estilos de tenedores, pequeñas
cucharillas. Una de las cosas que más llamó mi atención… El piso estaba
impregnado en pétalos de rosas. El aroma a flores estaba por todo el salón. Mi
corazón se aceleró, rompiendo el silencio que se había creado en la habitación.
El hombre había desaparecido detrás de una puerta de madera al fondo.

-¿No te gusta? Yo sabía que tenía que…-Lo callé, coloqué un dedo sobre sus
labios. Me acerqué a él, quedando con su cara a pocos centímetros de la mía.
Quedé mirándolo fija y seriamente a los ojos. Coloqué mis labios casi encima de
los suyos, pero desvié mi boca por su mejilla hasta llegar a su oreja.


-Me encanta.-Le susurré con dulzura.
Se quedó paralizado unos segundos y después me propició una media sonrisa.
Caminamos hasta la mesa y el me invitó a sentarme. No me había dado cuenta,
hasta que vi el plato en la mesa, de que me estaba muriendo de hambre.

-¿Qué vas a pedir?-Me preguntó después de oír un vergonzoso ruido desde mi
estómago.

-No lo sé… ¿Qué puedo pedir?-En mi mente se dibujaba un plato italiano de
pasta.

-Pide lo que quieras, yo ordené a que estuvieran abiertos a tu apetito. Lo que
desees comer, aquí te lo prepararán.

Me daba mucha vergüenza ordenar la cantidad de platillos que me hacían la
boca agua, pero decidí por uno sencillo. Por la puerta de madera apareció el
hombre uniformado. Tomó mi orden de comida y de bebida opté por una
gaseosa. Estuvo todo el rato mirándome firme pero con dulzura a la vez, no sé
cómo podía lograr expresar tantas cosas con tan sólo una mirada, pero era tan
seductora. Nuestras manos estaban juntas en la mitad de la mesa. El ambiente
era un poco frío pero las velas mantenían mis manos tibias, a pesar de que
estaba junta a la de él. Mientras llegó mi comida, me sentí de nuevo incómoda
tal cual cómo en su casa de que el no comería, sólo me detallaría. Trataba de
evitar su mirada que me tenía ruborizada, me distraía viendo hacia la ventana y
me percaté de que ya estaba oscureciendo. Comí lo más rápido posible para
aprovechar mi tiempo con Edward, quién no dejaba de preguntar acerca de la
comida, mi comodidad… entre otras cosas. Estaba más atento de lo normal.
Después de que retiraron el plato de mi mesa, el se levantó y se acercó a mi
puesto, me jaló con cuidado hacia el…

-¿Bailamos?-Dijo ofreciéndome su mano.

-¿Sin música?-Pregunté.

Me dio una rápida sonrisa.

-Ven conmigo.-Me tomó por la mano y la pasó por mi cintura. Se acercó a un
perchero en la esquina y tomó su abrigo. Nos dirigimos a unas puertas altas del
lado izquierdo del salón, eran de vidrio, pero con textura, así que no podía ver
nada hacia fuera.

Abrió las puertas y un viento helado me hizo temblar, vi cómo Edward alzó su
abrigo y lo colocó encima de mí. El frío se me pasó instantáneamente cuando
mis ojos se deleitaron con un escenario hermoso. Un patio con una grama verde
navidad, en el centro había un escenario de piso de madera y tenía un techo
totalmente iluminado, lleno de rosas y luces blancas. De los pilares que
sostenían el techo, guindaban unas delicadas telas blancas de un lado a otro. Al
fondo se encontraban unas cuatros personas, dos mujeres y dos hombres, los
cuatro sostenían instrumentos musicales, violines de diferentes tipos para ser
exactos. Había dado dos pasos antes de ver tal escena, después de eso me quedé
pasmada en el mismo sitio. Aún
Edward sostenía mi mano. La apreté con fuerza de manera de reacción.

-De verdad estás tratando de matarme.-Musité sin apartar mi vista del
escenario.

-¿Por qué lo dices?-Preguntó soltando una risa baja.

-¿Cómo lo haces? Esto es tan mágico. Cada vez me impresionas más.-Repliqué
volteando hacia él.

-Tú lo haces mágico, tú eres la razón.-Dijo acariciando mi mejilla.

Caminamos hasta el centro de la "pista de baile" e instantáneamente
comenzaron a tocar una suave melodía.

-Soy muy mala bailando.-Confesé con una expresión de broma.

-No importa, sólo déjate llevar.-Susurró.

Lo miré con una sonrisa pintada en mi expresión. Volvió su mirada, tratando de
averiguar lo que pasaba por su mente, por su expresión estaba frustrado de no
poder adivinarlo.

-¿Quieres saber qué pienso?-Le pregunté.

-No tienes una idea…

-Aun no concibo cómo es posible que yo esté aquí, contigo. Para mí, eres un
sueño hecho realidad y siento que yo no soy ni la mitad de lo que eres tú, me
siento insuficiente…-Dije con depresión.

-Estas aquí, porque eres tú la mujer con la que había querido estar toda mi
vida.-Dijo con voz de terciopelo.

-Sabes… todos los días me pregunto ¿Por qué yo? ¿Por qué no otra? Es que
siento que te mereces mucho más… Siento que necesitas alguien mejor que yo.

-¿Eso es lo que quieres? ¿Qué esté con otra?-Preguntó con tristeza.

-No.-Respondí al instante.-No me refería a eso, es que… eres cómo un milagro
para mí. ¿Por qué dices que soy yo la indicada?

-Tengo tres palabras para ti… Yo te amo. No hay más nada que decir.

Mi corazón se acelero ante el potencial de tales palabras.

-Y yo a ti.-Concluí.

La melodía seguía y nosotros danzábamos en nuestro escenario. Se me fueron
borrando lentamente las cosas a mí alrededor, las personas, las luces, las
flores… Sólo me quedé con los ojos de mi amado vampiro.
Iba bajando la velocidad de la música, metió su mano suavemente entre mi
cabello y acercó mi cara a la suya para darme un beso. Cómo ningún otro. Fue
más apasionado, lo hacía con ternura pero aún así era cómo si fuera el último…

-Vamos… aún tengo una sorpresa más para ti.-Dijo después de un largo
momento, separándose un corto centímetro de mí.

-¿Más?-Pregunté atónita. Edward quería sobrepasar la perfección. Sólo el estar
con el, ya es lo mejor para mí.

Corrimos sobre la grama, tomados de la mano, riéndonos… de la felicidad,
alcancé a recorrer unos cinco metros antes de que Edward me cargara de nuevo.
Me colocó en el asiento con cuidado. La noche estaba iluminada por unas
estrellas impactantes. En el camino subió el techo para que no muriera
congelada y colocó la calefacción.

Subía más y más, entre colinas y árboles. Pensé que nuestro recorrido nunca
acabaría. Hasta que estacionó en lo sería el tope de la colina. Estacionó el auto
casi al borde del precipicio. Al instante vi hacia abajo. No se veía nada, todo era
negro, eran árboles. Pero ¿Cuál era la sorpresa? ¿Nos lanzaríamos juntos por el
precipicio? El se acostó sobre la parte delantera del carro mientras yo estaba a
su lado sin ninguna idea de lo que estaba intentando.

-Ven, acuéstate conmigo, ya va a comenzar y no quiero que te lo pierdas.-Sugirió
Edward, fijando su vista en el cielo que ahora estaba nublado.

-¿Qué es todo esto?-Pregunté acostándome a su lado y colocando mi cabeza
sobre su pecho.

-Sólo mira…

Subí mi vista y las nubes empezaron a despejar el panorama, dejando salir una
enorme y dorada luna. Jamás había visto tal aspecto de la luna, jamás me había
parecido más bella. La luz que alumbraba ésta, se reflejaba en el perfecto rostro
de Edward.

-Que hermoso.-Repliqué con un nudo en la garganta.

-Me alegra que te guste. Dentro de poco comenzarán las estrellas fugaces.

-¿Pedirás algún deseo?-Pregunté con cierta duda.

-No puedo pedir más, te tengo a ti… Eso lo es todo.-Replicó con ternura.

No podía amar más a Edward Cullen, porque mi corazón no tenía tanta
capacidad, sentía que me iba a explotar.

Pasaron unos pocos segundos antes de que comenzara el espectáculo de las
estrellas…
-Quiero quedarme para siempre con él.-Deseé para mis adentros, cerrando mis
ojos fuertemente. Los abrí de nuevo para volver mi vista hacia el vampiro sobre
el que tenía recostada mi cara.

-¿Sabes que los deseos se piden en silencio?-Preguntó, soltando una baja risita.

-¿Lo dije en voz alta?-Pregunté con mucha vergüenza.

-No en voz alta, pero si audible por la cercanía de tus labios.

-Lo siento…-Musité mientras me sonrojaba.

Se quedó en silencio mientras contemplaba la luna sobre nosotros.

-¿Has pensado en el futuro?-Me preguntó rompiendo con el silencio.

-¿A qué te refieres con eso?

-Si llegas a vivir… Lo que pasará después.-Replicó con dolor en su expresión.

-No… en verdad no. ¿Acaso tú has pensado un futuro para mí?

-Si lo he hecho, me rehúso a pensar que no estarás conmigo dentro de dos
meses…

Guardé silencio esperando a que completara su idea.

-Quiero pasar el resto de mi eternidad contigo. Estoy dispuesto a darte todo lo
que necesites, pagaré tus estudios en la Universidad… Pero más que todo quiero
que algún día te cases conmigo…



                     Capítulo XVIV
                       Saltando Acantilados
            ----------------------------Flashback------------------------------------


-Quiero pasar el resto de mi eternidad contigo. Estoy dispuesto a darte todo lo
que necesites, pagaré tus estudios en la Universidad… Pero más que todo quiero
que te cases conmigo…



         --------------------------------End of Flashback------------------------------
Me senté automáticamente. En mi mente se nublo todo, se convirtió en un
espacio blanco y vacío. Mis ojos se quedaron abiertos y mi cuerpo estaba
totalmente estático. Pero después de unos cuantos segundos me empecé a reír.

-¿Estas bromeando verdad?-Pregunté con unas cuantas risas bajas.

Edward se sentó también, me miró con desconcierto y después bajó su mirada
con nostalgia.

-En realidad no…-Murmuró entre dientes, con tristeza en su expresión.

Mi sonrisa se fue borrando lentamente y fui escondiendo mi cara debajo de mis
brazos que se recostaban en mis piernas, estaba totalmente avergonzada de
haberme burlado de la seria proposición de Edward.

El había hecho de todo para hacerme feliz, ese día lo habría planeado desde hace
tiempo y yo lo había arruinado por completo tan sólo con unas palabras.
Edward de verdad iba en serio conmigo, ya tenía planes a futuro. Jamás
consideré la idea de que pudiera llegar a casarme, y menos con él, por razones
obvias, jamás querría casarse con alguien como yo y además, mi destino me
había hecho una corta vida, en la cual nunca podría llegar a casarme, por el
simple hecho de que nunca pensé enamorarme así.

-Yo… siento haber pensado que estabas jugando.-Admití con pena.

-No te preocupes, estaba preparado a una reacción parecida.

-Es que… ¿No te parece algo precipitado?-Le pregunté

-No.-Dijo seriamente mirándome a los ojos.

-Pues yo creo que sí…-Le respondí con la misma seriedad.

-¿Es que acaso no quieres casarte conmigo?-Preguntó con miedo en su cara.

Imaginé que pensaría la respuesta. Pero no fue así.

-Si.-Contesté al instante. Con un tono de emoción que me confundió un poco.

Una hermosa sonrisa se dibujo en su rostro.

-¿Y entonces? ¿Cuál es el miedo?-Preguntó aun sonriendo.

-No es miedo, es sólo… muy apresurado, aún me quedan cosas que hacer antes
que casarme. Claro todo dependiendo de…-Mi voz se fue apagando poco a poco.

-Bella, no comiences por favor.-Dijo con un tono molesto.

-¿Qué quieres? Que me case sin saber si mi matrimonio durará más de un mes.-
Pregunté molesta también. Cada cambio de su humor lo copiaría.
-No digas eso. De alguna u otra forma vivirás… ya lo decidí.-Murmuró.

¿Cómo que viviré? El le sacará el corazón a alguien o… Ah, no. Nuestra última
pelea, nuestro último adiós se resumía en el tema de que él no quería
convertirme. Pero al fin y al cabo se dio cuenta de que no hay otra salida. Es eso
o nada.

-Eso… eso quiere decir que… ¿Estás dispuesto a hacerlo?-Aunque me daba un
poco de miedo, la emoción lo superaba todo.

-Sólo si no puedes seguir viviendo. Del resto quedarás humana para siempre.-
Habló con tono autoritario.

Ahora que me había ilusionado, me había quitado la idea de mi cabeza cómo si a
un niño le arrebataran el dulce de las manos.

-¿Para siempre? ¿No quieres la eternidad conmigo?-Pregunté con tristeza y
dolor.

-Sólo quiero lo mejor para ti.-Susurró con ternura. Intentó acariciarme la
mejilla, pero volteé mi cara con indignación. Estaba a punto de romper en llanto
pero opté por no hacerlo.

-Tu quieres lo mejor para mi… Quieres que yo sea una anciana y tu aún estés
con tus fabulosos diecisiete años.-Repliqué sin mirarlo.

Se quedó callado por un minuto. Más indignación recorrió mi cuerpo al no
escuchar una respuesta de su parte.

-Aún así, siempre seguiré amándote.-Me susurró al oído.

-Pero yo seré infeliz.-Murmuré en voz baja.

-¿Por qué?

-Porque no es lo que quiero. ¿No es lo que quieres? ¿Hacerme feliz? Bueno
hazlo, conviérteme ahora.-Exigí, recogiendo de lado mi cabello para dejar una
parte de mi cuello desnuda.

Me miró y arqueó una ceja, dándome una media sonrisa.

-No sabes lo que quieres.-Bufó.

-¿Acaso lo sabes tú?-Pregunté.

Se quedó callado, sabiendo que yo tenía la razón.

-Lo ves.-Dije revirando mis ojos.

-Bella, sólo se que de verdad eso no es lo que deseas.
-¿Qué pasaría si muero la semana que viene, mañana… hoy? Me refiero a que…
no resisto llegar a la clínica- ¿Es que me
convertirás?-Pregunté con dolor.

-No pasará eso, estaré a tu lado siempre.-Prometió.

-Me has complacido con demasiadas cosas… ¿No puedes concederme eso?

-Todo esto han sido pequeños detalles, lo que me pides es algo fuera de nivel.-
Tomó mi mentón y subió mi cara de tristeza.-Bella… Por favor, deja de pedirme
eso. No quiero pelear contigo.-Me acunó entre sus brazos y yo escondí mi cara
entre ellos.

-Podría decir lo mismo del matrimonio. Pero la diferencia es que yo si me quiero
casar contigo.-Susurré tratando de subir su ánimo.

Subió mi cara con delicadeza y sus ojos se habían iluminado con ilusión.

-Eso quiere decir que aceptas-Dijo con emoción.

-Si. Me quiero casar contigo-Me ruboricé. Y sonrió, resaltando el máximo de su
belleza.

-No tienes una idea de cuanto te amo.-Murmuró acercándose a mis labios para
propiciarme un dulce beso. Una sensación
irremediable de deseo me recorría por las venas, e involuntariamente tome su
cara entre mis manos y me pegué fuertemente a él. Me abrazó por la cintura con
la misma fuerza. Pero de pronto me despegó de sin tener previo aviso. De seguro
estaba cruzando la barrera.

-No puedo…-Susurró.

-Lo siento, fue mi culpa. Creo que me deje llevar por mis instintos-Inquirí con
vergüenza.

-Yo no puedo dejar llevarme por los míos. Creo que debería llevarte a tu casa.-
Sugirió.

De hecho se me había olvidado todo con Edward a mi lado, todo era tan
perfecto, que mi vida normal se convertía en una ilusión.

-Si, Charlie debe estar preocupado, no lo veo desde que me dejó en el Hospital.

Me ayudó a bajarme y me subí al asiento. Colocó la radio, pero no presté
atención a la música, tenía mi brazo apoyado en el respaldo de mi ventana, veía
los árboles pasando, pero tampoco tenía mi mente ahí. Estaba tratando de
averiguar si lo que estaba viviendo era un sueño o era realidad. Mi otra mano
descansaba sobre mi pierna. Edward miraba de reojo hacia mí.

Una sonrisa de satisfacción y felicidad se me escapó.
-¿Qué te parece gracioso?-Preguntó Edward.

-No me rió porque algo me haya causado gracia, bueno en realidad si me parece
gracioso el hecho de que todo esto me
haya pasado.

-¿A qué te refieres con "esto"?-Preguntó resaltando la voz en la última palabra.

-Tú.-Susurré.

Rió bajito y regresó la vista a la solitaria carretera, así que yo también la regresé
cómo antes. Movió su mano en dirección a mi pierna pero yo hice cómo si no lo
estaba viendo, cosa que de seguro me salió pésimo. Empecé a sentir un
cosquilleo en el estómago cuando se acercó más y tomó mi mano suavemente.
Suspiré, dejando que la tensión se fuera. Entrelazó sus dedos entre los míos.
Apreté mi mano con la de él, con fuerza. Para no dejarlo ir jamás...


¿Dejaría él que yo me fuera?

Al llegar a mi casa, quise devolver el tiempo, o por lo menos recortarlo, para
hacer ese día más largo, ese día especial y único se acabaría. Cada vez me bajaba
el ánimo más y más…

-¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?- Preguntó Edward con una cara de preocupación
muy común el él. Claro, al pasar el día perfecto y que a mi me diera algún ataque
o cualquier cosa que lo arruinara, el se sentiría de lo peor.

-No, no… Estoy un poco deprimida.-Confesé, pero antes de que pudiera decir
una palabra le aclaré la razón.-Es porque ya se va a acabar éste día. Fue tan
maravilloso que…-Me callé en busca de las palabras correctas-No tengo palabras
para expresarlo. Gracias.-Subí mi mirada de nuevo hacia él y sonriendo me
acerqué a besarlo, para lo cual el no estaba preparado. Al principio sus labios
estaban tensos, cómo sorprendidos ante mi acto, pero después se volvieron tan
deseables cómo siempre. Dulces.

Después de un largo beso de despedida y de agradecimiento, se separó
bruscamente de mí, lo cual me desconcertó un poco y en mi cara se marco la
duda. Articulé la mitad de la palabra "qué" y me puso sus helados dedos sobre
mis labios.

-Charlie está a punto de salir, estoy muy seguro de que no le será complaciente
verte besándote conmigo.-Sonrió rápidamente y bajó a abrirme la puerta del
carro. Detrás de mí oí la puerta abrirse y una tos fingida de mi padre me bajó de
la nube de felicidad.

-Hola papá. No tenías porque salir, ya yo me estaba despidiendo de Edward.-
Repliqué con molestia.

-¿Cómo la pasaron?-Le preguntó seriamente Charlie a Edward, ignorando mi
rabia por completo.
-Espero que Bella la haya pasado bien, es lo único que me importa.-Comentó
viendo hacia mi.

-De hecho fue excelente.-Inquirí ignorando a Charlie.

-Bueno, si es así, es hora de que te despidas.-Dijo mi padre en tono autoritario.-
Edward.-Inquirió asintiendo en modo de despedida hacia el aludido.

-Adiós Bella.-Dijo Edward con un poco de tristeza en la voz.

-Adiós…-Respondí separándome melancólicamente de el.

Mi padre me alejó de sus manos frías que estaban entrelazadas con las mías. No
estuve mostrando mi rabia en ese momento ya que mi tristeza superaba la rabia,
al menos así era al frente de Edward. Tristeza por tener que despedirme del día
más maravilloso de todos, y rabia porque Charlie lo acortará más aún.

Pero al entrar a la casa la rabia me invadió por todas mis terminaciones
sanguíneas y le di una mirada fría a mi padre y el me la devolvió con seriedad ya
que sabía la razón de mi cara, pero seguramente el haría cómo si no lo sabría, lo
que me haría molestar mucho más, así que reflexioné un poco, y antes de
explotar algún problema pensé algo mejor.

-Buenas noches Charlie.-Dije caminando hacia las escaleras.

-¿Para donde crees que vas?-Preguntó colocando una mano al frente de mi.

-A dormir.

-¿No piensas conversar conmigo?

-¿Acerca de…?

-¿Cómo te fue hoy?, ¿Cómo te has sentido?

-Bien, ya te dije, perfectamente.-Contesté secamente.-Buenas noches papá.-Me
despedí dándole un beso en la mejilla y subí
corriendo las escaleras.

Dormí cómo una total princesa, soñé con Edward toda la noche, en nuestro día.
Lo reproducía una y otra vez en mi mente tal cual cómo si fuera una película. Me
desperté de buen humor, aunque el clima no fuera el de mi preferencia. Cuando
estaba guardando los libros vi el de geografía y recordé que teníamos una
asignación para ese día. Oí el Volvo llegando abajo.

Empecé a inventar alguna buena excusa por la cual no podría presentar hoy la
exposición de los países. Además mi
compañero de trabajo era Edward y el no me había recordado. Daba vueltas
alrededor de mi cuarto sin resultado alguno, pero no quería hacer esperar más a
Edward así que corrí al auto.
-¡Edward!-Grité exasperada llegando al auto.

-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué tienes?-Empezó a preguntar desesperadamente.

-La exposición de geografía… No la hicimos, yo la olvide por completo…y no sé
que vamos a hacer…-Empecé a vomitar las palabras y el me paró con un beso.


¿Qué estaba pensando?

Yo le hablaba de una asignación en el colegio y el pensaba en besarme. Por
supuesto no era algo que me molestara, dejé de quejarme por unos segundos y
el sólo tomaba mi cara entre sus manos. Su temperatura corporal se volvía cada
vez más fría, pero no me molestaba, en vez de eso me gustaba.

-Buenos días Bella.-Murmuró a mi oído.

-Edward, tengo unas asignaciones de qué preocuparme. Yo no me he graduado
más de cincuenta veces y a mi sí me importan mis notas. ¿Por qué no me lo
recordaste?

-Ya lo hice. No tienes de qué preocuparte.-Comentó con tranquilidad.

-¿Ah? ¿Cómo que lo hiciste? Yo no ayudé en nada Edward, no hice nada del
trabajo. Además es una exposición, si yo te hubiera ayudado, sabría lo que voy a
decir hoy, pero cómo no lo s…-Me calló de nuevo dos de sus fríos dedos.

-No te preocupes, será fácil. Te ayudaré a la hora de almuerzo y estudiaremos
juntos. Ahora sube al auto si no quieres llegar tarde.-Me abrió la puerta.

Me quedé unos segundos pensativa y abrí la boca para especular algo, pero la
cerré de nuevo, sabiendo que no saldría ganando.

Efectivamente cómo lo prometió, a la hora de almuerzo, nos sentamos juntos y
me ayudó. El no traía ningún material de apoyo, por lo cual le pregunté que qué
haríamos sin información, me respondió con una sonrisa sínica y empezó a
explicarme lo que yo diría.


Estudiar con Edward era tan complicado y a la vez tan fácil. Era fácil porque te
hacía parecer las cosas tan simples y su forma de hablar era tan perfecta,
manejaba el tema en su totalidad, no se le olvidaba nada. Pero era tan difícil oír
las cosas que decía, su belleza era totalmente distractora. Repetía una y otra vez
algunas cosas que le pedía sin problema alguno. En menos de diez minutos pude
aprenderme algo, que por mi cuenta, no me lo aprendería en un día.

Llegamos al salón y se apagaron todas las luces, los pupitres estaban en
dirección a la pared donde se reproducirían las diapositivas, unos tres grupos
expusieron delante de nosotros, en esos minutos Edward no prestaba atención,
sólo me agarraba de la mano desde el pupitre de al lado y con su otra mano
dibujaba trazos en su cuaderno. Yo disimulaba atención e interés a las
presentaciones, pero no hacía más que ignorarlas.

Edward rasgó sordamente un papel de su cuaderno y lo colocó en mi mesa. Miré
el papel y me quedé sin aire.

"Te Amo"-Decía el papel. Dos palabras con perfecta caligrafía. Tomé mi lápiz y
coloqué abajo…

"Te amo más". Con una torpe letra escribí y lo coloqué de vuelta en su mesa. Vi
de reojo su expresión, bufó y soltó una risa bajita. Escribió algo y lo colocó de
nuevo en mi mesa.

"Si, por supuesto. Eso es lo que tu crees". El profesor se acercó a nosotros, así
que maniobre lo más rápido que pude para guardarlo debajo de mi camisa.
Edward lo distrajo con una pregunta para que no sospechara nada, entonces me
tranquilicé.

Fue nuestro turno de exposición. Hablábamos de Italia. Un país
extremadamente maravilloso y bello, nunca había tenido la oportunidad de
visitarlo, pero Edward me había hablado tantas cosas en el receso que se me
hicieron unas imágenes preciosas en la mente. Una presentación pulcra de su
parte, hablaba fluidamente. No tenía ni un pequeño rasgo de nervios en su
expresión. En cambio yo, me trababa en las palabras aunque supiera lo que iba a
decir, él me ayudó en algunas frases para completar la exposición y a todo el
mundo le pareció interesar.

Mi novio se acercó al profesor a comentarle algo en secreto, lo cual me extrañó.
Me ocultaba algo. Me acerqué disimuladamente a escuchar y dijo algo cómo
"estaré allá unos cuantos días".

Se me llenó la cabeza de dudas, pero después lo tomé cómo si no fuera nada del
otro mundo, de seguro le estaría mintiendo acerca de algún viaje, o me estaba
mintiendo a mí, que por supuesto era imposible. Creo.

-¿Nos vamos?-Preguntó colocando su brazo alrededor de mi.

-¿Qué le decías al profesor?

-Nada, sólo cosas sin importancia.

Caminamos hasta el auto, en el pasillo se nos incorporaron los demás Cullen.
Todos me saludaron con mucho ánimo, menos Jasper y Rosalie. Cómo siempre.
En el auto sólo se montó Alice, la cual no paraba de hacer preguntas un poco
vergonzosas acerca de la velada de anoche.

-Vamos Bella, cuéntame… Edward no me cuenta, así que lo harás tú. ¿Cómo fue
todo? ¿El lugar era bonito?-Sus preguntas eran un poco confusas, ¿Es que ella
no sabía ningún detalle de nuestro día de san Valentín.

-Alice ¿Tu no viste ni organizaste nada?-Pregunté.
-Hubiera querido, pero Edward no me dejó.-Comentó con tristeza.-Sólo los vi
bailando, pero no pude detallar bien la
decoración del sitio, así que no lo he podido criticar.

-¿Tú… tu no… no hiciste nada?-Tartamudeé hacia Edward.

No respondió, tenía su mirada fija en la carretera, pero expresaba incomodidad
con vergüenza a la vez. Así que me devolví hacia Alice y ella sólo asintió una vez,
con una sonrisa pícara cómo si estuviera confesando algún crimen.

Me quedé pasmada algunos segundos, porque lo menos que pensaba es que a
Edward se le había ocurrido tal plan, sin ayuda de nadie. El día de San
Valentín...

-Todo fue simplemente perfecto y hermoso Alice.-Reaccioné y respondí.

-Bueno me alegro mucho. Espero verte mañana Bella.-Se despidió y yo no me
había dado cuenta de que ya estábamos a la entrada de mi casa.

-Igual Alice. Adiós Edward, nos vemos.-Al instante que vi que no reaccionaba,
abrí mi puerta para salir y la cerré de nuevo.

Caminé a la entrada de la casa y el Volvo arrancó precipitadamente, sonando los
frenos del carro con violencia. Que cambio tan brusco de humor por parte de
Edward. Es que le molestaba que yo me enterara de su detalle. Pero que
estupidez.

Cuando abrí la puerta me encontré con alguien.

Jacob estaba a pocos centímetros de mi, menos de un paso entre nosotros, lo
cual me hizo saltar del susto.

-¡Jacob!-Exclamé.

-Bella… ¿Cómo te sientes? Estoy severamente molesto contigo.

-Mejor, pero… ¿Por qué estás molesto?-Pregunté con desconcierto.

-No sabía que te habían hospitalizado, ¡Y mucho menos que fue por mi culpa! Ni
siquiera tuve la delicadeza de alejar los chocolates de ti. Pero que idiota soy. Tu
también, ¿Cómo se te ocurre comértelos? ¿No sabes que son malos para ti? No
puedo creerlo.-Empezó a culparse a si mismo, gritando de vez en cuando. Gruñó
después de terminar de hablar.

-Jacob, ya, tranquilízate. Ya estoy bien, sólo fue una indigestión.-Le oculté lo de
mi "casi muerte" ya que si se entera, podría haber un suicidio en la casa de los
Swan.

-Bueno, espero que no lo hagas de nuevo.-Me amenazó.- ¿Con quien viniste?
¿Con Drácula?-Bufó al final de la frase.
-Se llama Edward para tu información.-Inquirí con rabia.-Y si vine con el.-Pero
se había molestado y yo no tenía ni una idea del por qué.

-¿Tu camioneta está dañada o algo así?

-No, Edward me lleva al colegio en las mañanas y me trae.

-Pues no me parece. Para algo está la Pick-up ¿No?

-Si ya lo sé. Pero me gusta que me venga a buscar.-Alcé la voz en la conjugación
del verbo "gustar".

Volteó los ojos en señal de desaprobación.

-¿Has venido por algo en especial? Además, ¿Quién te trajo? No vi tu auto
afuera-Pregunté colocando mis cosas al pie de la escalera.

-De hecho me trajo Seth. Y si, he venido a preguntarte si aún quieres hacer lo del
acantilado. Estamos a jueves y vi en las noticias que pronosticaron mal tiempo
para el sábado. Así que he pensado que mañana, después del colegio…
Podríamos ir.

-¿Mañana?-Me parecía ayer cuando le rogué lo del acantilado, pero sonaba más
tentador aún que hace unos días.-Claro, ¿Podrías pasarme buscando después
del mediodía por aquí?-Debía fingir en el colegio un malestar de gripe para
salirme de las clases de última hora, y aunque la actuación no era mi fuerte, mi
semblante me ayudaba muchísimo.

-Claro, cómo quieras. Pero te tengo otra proposición.-Dijo seriamente.-Lo he
hecho unas cuantas veces y es divertido, no sé si quisieras acampar conmigo en
la playa. El atardecer en la playa es una de las cosas más hermosas que he visto.
¿Quieres?-Preguntó animándome.

Mordí mi labio inferior en señal de duda. Yo hubiera aceptado al instante… Si
no existiera Edward, pero yo sabía que haría mal acampando, sola, con Jacob.

-No lo sé… Suena divertido. Pero lo de acampar, nosotros dos solos… Creo que
Edward no estará de acuerdo con eso.-Contesté con duda.

-Vamos Bella, Edward no tiene que enterarse. Además, él no es nadie para decir
lo que tú puedes o no puedes hacer con tu vida. Y si se trata de mi, ¿No te tiene
confianza?-Sus palabras me hicieron reflexionar un poco, era cierto lo que decía
Jacob… en parte. El si es alguien para decirme que hacer o no con mi vida. El es
mi novio, mi muy futuro esposo.

-Creo que tienes razón, pero de todas maneras pienso decírselo.

-Si eso prefieres…-Contestó con desgana.
La expresión de Jacob cambió de un segundo a otro. Su nariz empezó a olfatear
en el aire, cómo si estuvieran preparando
alguna comida cerca, o algo por el estilo.

-Vampiro. ¿Es que no se cansa?-Escupió la palabra con rabia y me apartó del
camino con rabia, abrió la puerta con brusquedad a mis espaldas.

¿Vampiro? ¿Se refería a Edward?

La expresión de Edward no era nada normal, su rabia no era normal. Juraría
que tenía ganas de matar a Jacob. Se movió velozmente y pegó a Jacob contra la
pared. Mi amigo no mostró dolor alguno en la expresión, se miraban con asco.
El musculoso brazo de Edward estaba tensó contra el cuello de Jacob. Todo fue
tan rápido y repentino, que yo no reaccioné para pararlos, y si no lo hacía
ahorita iba a haber en vez de un suicidio, un asesinato.

-¡Ya Edward, suéltalo!-Exclamé. Coloqué mi mano sobre el brazo de Edward,
haciendo presión hacia abajo, pero era imposible luchar contra él. Jacob
empezaba a toser por falta de aire.

-Bella, por favor vete de aquí. Éste tipo tiene que aprender a cambiar sus
pensamientos acerca de ti. -Exclamó presionando fuertemente sus dientes.-
Además no me gustan para nada tus intenciones.-Dijo hacia el.

-Edward Cullen por favor suéltalo ya.-Grité con desesperación.-Podemos
resolver esto de otra manera.

-No veo otra solución.-Seguía estrangulando a Jake sin piedad y éste intentaba
con sus dos manos, alejar el brazo de el vampiro.

Pensé lo más rápido que pude. Iban a volverme loca con sus estúpidas peleas de
superioridad. La primera vez me había salido bien lo del desmayo, pero volverlo
a hacer sería una total pérdida de tiempo, y lo menos que tenía era eso.

Instintivamente busqué a mí alrededor algo, cómo si me fuera a ayudar. Vi mi
perfecta salida, la perfecta amenaza, aunque la idea no era lo que esperaba, era
lo mejor que podía conseguir. Gracias a dios, Charlie había dejado unas cuantas
botellas de cerveza al lado de la pick-up. La tomé y la rompí contra la pared,
quedaron unos cuantos perfectos filos. Edward me siguió con la mirada,
también lo hizo Jacob, sólo movió sus ojos hacia mi.

Tomé la botella con la mano y la posé sobre el revés de mi codo, donde mis
venas azules resaltaban más. Los ojos del vampiro y del lobo se abrieron cómo
platos. Pero Edward expresaba horror y miedo, a Jake no podía leerle la
expresión, empezó a cerrar los ojos.

-¡Bella! ¡No lo hagas!-Exclamó desesperadamente Edward.

-Entonces suelta a Jacob.-Lo amenacé.
Instantáneamente lo soltó y me quitó de las manos la botella rota. Me miró con
dolor, cómo si estuviera a punto de llorar.

-¿En qué estabas pensando?-Preguntó en voz baja, molesto.

-¿En que estabas pensando tú, Edward Cullen?-Lo miré molesta y me aparté de
su vista, agachándome para ayudar a Jake, que estaba rojo apoyado sobre la
pared.- ¿Estás bien?-Murmuré.

-Si… Be… Bella, ¿En qué pensabas?-Dijo con mucho esfuerzo mi mejor amigo,
tosió unas cuantas veces. Estaba ahogado.

-¿Qué querías? ¿Qué me quedara viendo cómo Edward te ahorcaba?

-No… Pero yo estaba por zafarme de su brazo.

-Si claro, deja de hacerte el rudo y vamos adentro para que tomes un poco de
agua.-Lo ayudé a levantarse.

Edward estaba aún en la misma posición corporal, de espaldas a mí, pero con la
cara levemente volteada hacia nosotros. La botella aún seguía en su mano.

-Tú y yo tenemos que hablar. Creo que tenemos una conversación pendiente-Le
murmuré a Edward.

-¿Sí?-Preguntó con agonía.-Pues yo creo que no, ya todo me quedó muy claro a
mi.-Inquirió con la misma tristeza y desapareció de mi vista, perdiéndose entre
los altos pinos del bosque.



                      Capítulo XV
                         Descubrimiento

Miré con tristeza hacia el bosque. ¿No estábamos felices un día atrás? ¿No lo
éramos todo hace una noche? Ignoré el panorama para dedicarme a atender a
Jake.

Le serví un vaso de agua fría, mientras se recostaba en el mueble de mi sala. Aún
estaba un poco mareado por la falta de oxígeno y pude jurar que estaba
desmayado en un momento. Quedé mirándolo por un rato y en su cuello aún
tenía las marcas perfectamente formadas de las manos de Edward. Aunque la
piel de Jake no era muy clara, aún así se marcó. No puedo imaginar cómo se
vería en una piel cómo la mía. Pasé mi dedo delicadamente sobre la marca de
los de Edward y

Jacob hizo un gesto de incomodidad, pero ni siquiera lo había tocado.
-¿Te duele?

-No, es sólo que me da cosquillas.-Inquirió con un intento de sonrisa.

El aspecto de Jacob no era el mejor, y no quería ni imaginar la cara de Reneé y
la de Charlie cuando lo vieran en tales
condiciones. Tenía que llevarlo a La Push para que pudiera descansar en su
casa.

-Vamos Jacob, te llevaré a tu casa.

-No Bella, no te molestes… Yo me voy sólo.-Inquirió con esfuerzo y se levantó
del mueble. Se fue un poco de lado, casi se
caía de no ser porque lo sostuve desde atrás.

-¿Crees que te irás así?-Alcé una ceja.

Se quedó callado por un momento y dio una señal de resignación al caminar
hacia la puerta.

Todo el camino hasta su casa estuvo callado, ya había caído la noche en La Push.
Cuando pasamos al lado de la playa, la
luna estaba llena y se posaba encima del mar. Jake veía el paisaje cómo si no
fuera la primera vez que lo hiciera, podía decir hasta que no le parecía ni bonito,
pero soltó una risa baja, lo cuál me desconcertó un poco por su actitud de hace
cinco segundos atrás. ¿Qué era tan gracioso?

-¿De que te ríes?-Le pregunté

-De tu actitud en la casa.-Volvió a reír.

Hice una mueca de vergüenza.

-No entiendo lo gracioso.-Murmuré bajito.

-No es gracioso, me río de la estupidez que casi cometes, de verdad tienes
problemas serios en la cabeza.-Cambió su expresión a seria.-Además tu
noviecito no se veía muy feliz que digamos. ¿El está molesto?

-Yo no tengo problemas, ustedes los tienen. Siempre andan con esa rivalidad
estúpida.-Con lo que dijo de Edward, me recordó cómo desaparecía por el
infinito bosque. Hice una mueca de incomodidad, sin dejar de ver la carretera
solitaria-¿Se veía muy molesto?

-No sé si se veía, pero si se escuchaba triste y a la vez molesto. ¿Qué le pasa?

-No lo sé…-Contesté con decepción.

-¿Tu le contaste acerca de tus planes de mañana?-Preguntó con curiosidad.

Cierto. Edward el vampiro lector de mentes. Hubiera deseado que hace días
leyera la mía y que averiguara mi plan, a lo
mejor se molestaría conmigo pero yo le habría explicado. Se me había olvidado
por completo ese detalle.

-No le he contado aún.

-Pues ya se enteró, apuesto a que lo leyó en mi mente. Pero además de eso, creo
que está molesto por otra cosa…-Dio una rápida sonrisa.

-¿Qué? ¿Otra cosa?

-Creo que está muy celoso.

¿Celoso? ¿Por qué estaría celoso Edward… de Jacob? Personalmente creo que
no tiene nada que celarle a mi amigo. El lo tenía todo… Me tenía a mí por
completo.

-¿Estás emocionada por lo de mañana?-Preguntó cambiando el tema, me
imagino que para animarme.

-Si, no tienes una idea.-Sonreí con expectativa.

Me concentré en llegar a casa de Jake lo más rápido posible para poder
recostarme en mi cama y pensar las cosas con calma, para ordenar mis ideas y
pensamientos. La Pick-up hoy estaba más lenta de lo normal, sonaba más fuerte
y… extraña. De seguro tenía una conexión con mis sentimientos.

-Adiós Jake, espero que te mejores, nos vemos mañana.-Lo besé en la mejilla y
el tomó mi cara entre sus manos y la acercó a la de él. Pude reaccionar rápido
para apartarme.

-¿Qué haces?-Pregunté furiosa.

-Nada. Sólo te pongo a prueba.-Sonrió.-Nos vemos mañana.

¿A prueba? ¿Pero que le pasa a la gente hoy?

Cerró la puerta del auto y entró a su casa. Billy se había acercado a la entrada a
despedirse de lejos. Le di una leve sonrisa y arranqué.

Apretaba el volante con fuerza. Bufé.

-¿Celos? Por favor… ¿Es que no me tiene confianza o qué?-Estaba hablando sola
de lo desconcertada que me sentía.

Había pasado más de la mitad del camino cuando la Pick-up empezó con un
ruido más extraño que el de antes. Sonaba cómo un rugido ahogado, no
aceleraba mucho, pero tampoco frenaba. Empecé a preocuparme, no tanto por
la camioneta, sino porque estaba en el medio de la nada y no podía pedir ayuda.
A nadie… humano.
Busqué mi celular entre mis bolsillos. Genial, sin señal. Subí mi mirada al frente
y la parte delantera de la camioneta botaba humo increíblemente. Lo que me
faltaba. ¿No podía caer una tormenta ahora? Metí el freno de mano y me
estacioné a un lado de la carretera.

Por primera vez no quise que Edward apareciera por ahí, sería muy incómodo
que me viniera a salvar de mi mala suerte, ya que e estaba molesto y celoso y yo
aún le debía explicaciones. Pero con la actitud que tomó hoy en la tarde, de
seguro ni se preocuparía cuando Alice le dijera que me vio aquí, sola,
accidentada… Los truenos retumbaron arriba de mí. Además, empapándome de
lluvia.

Vi hacia todas partes, en busca de ayuda, pero ni siquiera se escuchaba un carro.
Todo era callado. Me bajé del auto y me recosté sobre la puerta. ¿Qué había
hecho yo para merecer tales cosas?

Del otro lado de la carretera había unos árboles, pero eran unos pocos. Detrás
de ellos se escondía la luna, que aún las nubes no habían tapado. La crucé a paso
lento, cómo si tuviera miedo. Pero ya esa palabra era historia en mi diccionario
personal. No le tenía miedo ni a la muerte.

El olor al mar se concentraba más y más con mi paso. Cerré mis ojos y respiré
profundamente. Me topé con una pequeña piedra en el camino, con el buen
sentido de la frase, porque caí al piso, frenando con mis manos y mis rodillas.
Mi corazón se paró de repente y comenzó a latir frenéticamente de nuevo al ver
que estuve a punto de caer por el precipicio con el cual había estado soñando
todos estos días.

Tragué sintiendo un nudo enorme en la garganta. Las olas chocaban contra el
acantilado, muchos metros debajo de mi. Ese no era el de mis sueños, era
mucho más alto y precipitado. El mío se encontraba unos kilómetros más hacia
la derecha, justo antes de llegar a la playa de La Push.

De nuevo tronaron los relámpagos de la tormenta que se avecinaba. Con mis
rodillas en la húmeda tierra, y mis manos raspadas sobre mis piernas, comenzó
a llover.


No quería que Edward llegara, pero no existía nadie más que pudiera
salvarme… sólo él. Pero no vendría.

Estuve inmóvil unos quince minutos, menos o más… ni siquiera lo sé. No
llevaba la cuenta del tiempo después de los cinco minutos, porque si Edward no
había llegado aún, no llegaría nunca.

Empecé a llorar sin ganas, me refiero a que mis lágrimas salían sin parar, pero
yo no las controlaba, salían por si solas.

¿Por qué? Tendría que acabar lanzándome por el precipicio, sería mejor que
nada.
Sentí una mano sobre mi abrigo y un paraguas sobre mi cabeza, impidió que las
gotas de lluvia se confundieran entre las lágrimas que caían por mis mejillas.
Suspiré de alivio al sentir que no moriría en ese lugar… ni tan pronto.

-¿Bella? ¿Estás bien verdad?-La voz aguda de Alice me decepcionó, pero me
alegró al mismo tiempo.

-Ahora estoy a salvo.-Le sonreí en modo de agradecimiento.

-Vámonos, tus padres piensan que estamos de compras.

-¿Y qué les diremos de mi camioneta?

-Ya pensaremos algo. Vamos, traigo una toalla para que te seques en el auto. A
ver esas manos…-Inquirió mostrando mis palmas raspadas y llenas de tierra.-
Hay que curar eso, también traje el bolso de primeros auxilios, porque cuando
te vi aquí, me imaginé que algo tenías roto. Pero pudo haber estado peor si yo no
venía.

-¿Cómo peor? ¿A qué te refieres?-Le pregunté mientras caminábamos hacia la
carretera.

-¿Pensaste en saltar por el acantilado verdad?-Preguntó con seriedad.

-Bueno, no lo pensé… eso sólo pasó por mi mente. ¿Por qué? ¿Tú… me viste
saltar?-Pregunté con nervios.

-No precisamente, te vi intentándolo, pero al parecer algo te lo impedía… y no
era precisamente el miedo.

-¿También sabes los sentimientos de la gente?-Le pregunté.

-No, pero los tuyos son muy fáciles de adivinar.

El Volvo de Edward estaba estacionado al lado de la Chevy, haciendo un
contraste fuerte de un modelo viejo, feo y dañado a un modelo moderno, pulcro
y en perfectas condiciones. Los carros se parecen a los dueños.

Tenía la esperanza de que por lo menos Edward estuviera en el auto, esperando
por mí… Pero me decepcioné más aún al ver que ni siquiera estaba ahí.

Alice me vio de reojo y se montó en el auto, lo hice seguidamente para no seguir
mojándome. La chica vampiro buscó entre bolsas algo desconocido por mí.
Después se volvió hacia delante y en su mano tenía un bolso negro. El de los
primeros auxilios. Sacó unas vendas, un algodón y una pequeña botella de agua
oxigenada.

Dolor y ardor.-pensé. Hice una mueca de incomodidad cuando Alice había
terminado de preparar todo.

-Seré muy cuidadosa, te lo prometo.-Comenzó a limpiar las heridas, pero por
muy cuidadosa que hubiera sido, el ardor era incómodo. El agua oxigenada
tornó la sangre en espuma blanca, por la cantidad de tierra, se había infectado
mucho más. Después me vendó las dos manos, dejando la mitad de mis dedos al
aire. Parecía que usaba guantes blancos.

-Gracias…

-De nada Bella. Toma, llama a tu madre. Avísale que estás bien.

-¿No debería decirle que voy de regreso a casa?

-¿Quieres regresar a tu casa?

-¿A dónde más podría ir?-Pregunté con curiosidad.

-Si quieres ir a la casa, allá te prepararemos la cena y te quedas un rato con
nosotros. ¿Te parece?

-Alice… creo que no lo sabes aún, pero Edward está molesto, triste, celoso,
raro… no lo sé. Alguno de esos o todos juntos.

En fin, lo más seguro es que no querrá verme.

Ella puso cara de confusión, de seguro no entendió, o Edward no le ha contado.
Así que le conté mi versión de la historia la cual entendió totalmente. Pero
también le agregué el detalle de mi plan de mañana, el cual no le había
mencionado a Edward, sólo por puro descuido y ella cambió su expresión a más
confusión aún.

-No entiendo Alice, siento que desconfía mucho de mí. No tiene porque estar
celoso de Jacob.

-Bueno Bella, no es por defender a mi hermano, pero creo que tiene derecho a
estar… lo que sea que esté. No es él, el de la desconfianza, el siente que eres tú.
Si le hubieras dicho lo de Jacob, esto no estaría pasando. Puede ser que el piense
que tu sientes algo por Jacob, porque ocultas la salida con el, y bueno pues… su
duda se incrementó cuando hiciste la maniobra de suicidio con la botella, para
salvar al perro.

-Jacob.-Corregí.

-Bueno… a él. Aunque en parte tú tienes la razón ya que tu reacción fue buena,
no podías dejar morir a tu amigo.

Alice entendía totalmente mi punto de vista y aclaró el de Edward para mí.
Ahora se había ido la niebla en mis pensamientos… aunque no significara el fin
de la tormenta. Lo que quedaba era hablar con Edward y convencerlo de que
con la única persona con la cual estaré por siempre, será con él.

-¿Podrías llevarme a tu casa?-Pregunté después de unos segundos de reflexión.-
Necesito aclarar las cosas con él.
Alice asintió y me sonrió con satisfacción.

-Espera.-Exclamé.- ¿Qué haremos con mi camioneta?-Pregunté viendo hacia
ella, cómo si fuera un perro callejero.

Mi "hermana" rompió en carcajadas y arrancó por la carretera.

-En serio Alice, no pensarás dejarla ahí.

-No Bella… si quieres hacemos una fogata con ella.- Volvió a reír bajito.

-No me parece gracioso.

-Está bien, mañana llamaremos una grúa para que la recoja.-Me aseguró.

Manejó a la misma velocidad que solía hacerlo Edward, es algo increíble, les
encanta la adrenalina. No me opuse a la
velocidad porque yo quería resolverlo todo cuanto antes.

Mi ropa estaba empapada. Me quité el abrigo y usé una toalla que había puesto
Alice a mi lado. Me arropé y no sé por qué tenía ese olor tan particular a él,
divino, combinado con el dulce aroma floral de Alice.
La tibia temperatura que adquirí abrazada a la toalla me volvió débiles los
párpados. Fui cayendo poco a poco… olvidándome de todo lo demás.

-¿Bella?-Fue lo penúltimo que escuché. Porque lo último se dice antes de morir.



¿Pasó tan rápido mi siesta? Pensé que había cerrado los ojos sólo un segundo,
cuando unas heladas manos rozaron mi espalda.

-¿Bella? Ya llegamos… a tu casa.-Concluyó Alice bajito.

-¿Cómo? ¿Qué? Alice… No. Yo quería ir a tu casa. Habíamos acordado eso.-
Empecé a exasperarme.

-Bella…. Te he traído porque te veo muy cansada y tu madre me ha llamado de
nuevo. Además, vi que ustedes peleaban y
no quiero que pase eso… A lo mejor ahora no es el momento adecuado, tal vez lo
será mañana.-Replicó con tristeza.

-¿Peleábamos? ¿Muy mal?

Dudó un poco ante lo que respondería pero al final asintió sólo una vez, con
decepción.

-Bueno, creo que será mejor mañana. Gracias de nuevo… por salvarme y
traerme.-Le sonreí y ella me dio un abrazo.
-Tranquila Bella, yo hablaré con él para que pueda entenderte.

-¿En serio lo harás? Te lo agradecería muchísimo.

-Sólo pon de tu parte, no te arriesgues a cosas cómo caerte por las escaleras o
rodar por la acera de la calle.-Rió bajito.

-Está bien, haré mi mayor esfuerzo.

Me despedí cuando estaba entrando a mi casa. Hablé unas cuantas cosas con
Reneé, ella me preguntó acerca de mi ropa, la camioneta, lo que habíamos
hecho… entre otras cosas sin importancia, le dije unas cuantas mentiras que se
tragó por completo. Me preguntó si cenaría, y le dije que no ya que había
comido con Alice, cosa que era mentira porque no tenía apetito.

De nuevo, comenzaría el diluvio de lágrimas en mi habitación. Cuando se
acabaría el conflicto existencial entre Edward y Jacob. ¿Sería por siempre? ¿O
hasta que yo muriera?

Tomé mi celular y marqué su número, con la esperanza de que atendiera la
llamada… aunque no tenía ni la menor idea de lo que le iba a decir.

Un repique… Dos, tres, cuatro… contestadora. Lamentablemente había colocado
sólo la operadora cuando no caía la llamada, hubiera sido una total fortuna
poder escuchar su voz.

Volví a llamar un par de veces más, pero nada. ¿Habría Alice hablado con él,
cómo prometió?

Al parecer no, y si lo hizo él no le prestó atención. Me coloqué unos shorts de
algodón, porque de alguna forma estaba haciendo mucho calor, en comparación
con las frías noches de Forks. Una camiseta me sirvió para terminar de
vestirme. No tuve cuidado en que estuviera protegida porque Edward no iría a
mi habitación esa noche, ni se le ocurriría. Mi cuerpo descansaba boca abajo y
enterré mi cara en mi almohada.

Las gotas de sudor bajaron por mi espalda lentamente. Me sentía bien, así que
no era la común fiebre. Era solo calor. Pero unos segundos después el una
ráfaga de viento helada lamió mi espalda, haciéndome temblar. La cobija me
cubrió de repente hasta el cuello, calentándome de nuevo. No había escuchado a
Reneé entrando por la puerta, generalmente siempre era un poco torpe con los
pasos cuando trataba de no despertarme.


-Aquí estoy… ¿Hay algo que quieras hablar conmigo?-Preguntó Edward. Me
volteé bruscamente pensando que eran alucinaciones mías, que definitivamente
ya me estaba volviendo loca.


Pues no. Aun me quedaban unas neuronas. Ahí estaba el, cómo petrificado, veía
debajo de mi cuello...
Capítulo XVI
                           Que confusión

-¿Te molestaría ponerte un poco más de ropa?-Tartamudeó con nervios.

-S… Si.-Respondí al igual de nerviosa. Parecía cómo si fuera la primera vez que
nos hubiéramos visto.

Busqué entre mis cosas y no encontraba un abrigo, de casualidad todos estaban
sucios. Empecé a pensar que no me podía cambiar con Edward ahí y que no le
diría que me cambiaría ahí mismo.

-Ten.-Volteé a ver que me iba a dar y empezó a quitarse su largo abrigo gris. Me
lo colocó con delicadeza y el olor de la prenda era el de él, pero más fuerte y
concentrado. La camisa de botones que traía estaba abierta por la mitad, tenía el
pecho desnudo. Que deseable podía ser ese vampiro jamás lo había visto de esa
manera. Me empecé a dar cuenta de cuánto deseaba a Edward Cullen, pero eso
sería algo que jamás podría pasar. Sólo para besarnos fue un largo proceso.-He
venido porque Alice… me contó tu versión. ¿Podrías repetirla para mí, a ver si
en realidad es la misma?

Accedí a contarle mi versión, arriesgando la pena que cargaba encima. Y el
pareció entenderlo todo, pero aún parecía confundido y deprimido.

-Necesito que confíes en mí, tienes que creer el todo el amor que te tengo.-Le
supliqué tomando sus manos entre las mías.

Él reaccionó extrañado y sorprendido ante mis palabras.

-No dudo eso. Dudo de Jacob, pienso que el es un mejor prospecto para ti.

-¿Qué?-Bufé.- ¿Has perdido la cabeza? Yo no quiero a más nadie… sólo a ti.-
Entrecerró los ojos cómo expresando
insuficiencia.-Bueno, tienes razón… También lo quiero a el, pero es un amor
diferente Edward, entiéndelo. Tus ataques de celos me van a terminar matando.

Hizo un gesto de molestia ante mi mal chiste, pero después sonrió.

-Nunca he dudado de nuestro amor. Es que no quiero perderte, quiero que seas
mía, y de nadie más. Jacob está haciendo su mayor esfuerzo, y de verdad que lo
hace bien.

-¿Por qué lo dices?
-El plan de la playa-Arqueó una ceja cómo para esperar a que yo cayera en
cuenta.-Pero no es sólo eso, también hay algo
más.

-Ah… Disculpa que esperé a que te enteraras por ese medio.-Murmuré
avergonzada.-Pero ¿A qué te refieres con ese algo más?

-No tengo el permiso de decirlo, es un secreto que robé de la mente de tu amigo.
No cambies el tema de conversación de tus planes. Hubiera preferido que me lo
dijeras tú misma.

-Yo lo sé. Pero es que no se me había presentado la oportunidad. Contigo no
tengo mente para nadie más.-Me acerqué y coloqué mi mano sobre su pétreo
pecho.- ¿A qué se refería con lo de la otra cosa? ¿Me lo diría?

Empezó a ponerse nervioso ante mi aceleración de hormonas.

-Bella, ¿Qué haces?-Preguntó molesto.

-Me preguntaba si… ¿Me dejarías ir…?-Cambié el tema.- Me refiero a lo de
mañana.

-No tengo confianza en ese perro. Ya viste lo que te hizo cuando lo dejaste en su
casa.-Gruñó con furia.

-Bueno, te prometo que nada pasará. Sabes que yo no lo permitiría nunca.

-Eso espero, yo confío en ti.

-¿Entonces por qué saliste corriendo hacia el bosque?

-Por el secreto de Jacob. Preferiría que no me preguntaras de ello.

-Está bien.-Me resigné porque sabía que no me diría nada.- ¿Podrías quedarte
conmigo ésta noche?

-Por supuesto.-Se acercó y me besó.

Cada vez aumentaba mi deseo hacia Edward. Mordí mi labio para ocultar mis
pensamientos locos y para que no preguntara.

Pero podía intentarlo, aunque no tenía muchas esperanzas de ser deseable para
él.

-Creo que ya no tengo frío.-Me empecé a quitar su abrigo y sus manos se
posaron sobre mí, deteniéndome.

-Preferiría que no te lo quitaras.-Su tono de voz se concentro en la negación.

-Pero si tengo calor.-Mentí.
-Bueno, acércate.-Extendió sus brazos hacia mí.

Me sonrojé y lo abracé fuertemente, mi mejilla tocó su frío pecho. Introduje mis
manos en su camisa y el me miró con total duda sin entender mi movimiento.
Me subí de puntillas al verlo tan inocente le di un beso, al cuál no respondió
mucho porque sentía la tensión en sus labios, así que introduje mis manos un
poco más.

-¿Qué intentas?-Preguntó separándome de él.

-Nada… sólo te besaba.

-No, ¿El acto de las manos es extra?

Empecé a reírme nerviosamente, olvidé mi intento en vano y me arrastré hacia
la cama y el me siguió, con la pequeña diferencia de que él se sentó en el borde.

Después de unos segundos me empezó a dar sueño, el tarareaba la canción que
tocaron los músicos la noche de san Valentín. Jamás olvidaría ese ritmo, pero
empecé a recordar que la había escuchado varias veces atrás, de su angelical voz
salía esa melodía que tanta intriga me traía.

-¿Por qué siento que he escuchado esa canción en otra parte?- Pregunté
fingiendo absoluta intriga.

-Porque de hecho la escuchas todas las noches que vengo.-Replicó con una
media sonrisa.

-¿Y esa canción? Me refiero… ¿De donde la sacaste?

Quedó un minuto pensativo, imagino que en su mente se batallaba la idea de
decirme o no.

-No quería que te enteraras así, pero la compuse para ti. Es una nana muy
simple ¿Te gusta?

-Me encanta…-Murmuré con un nudo en mi garganta, de suerte pude articular
esas palabras. No había nadie en el mundo dan complaciente cómo Edward.
Todo era perfecto a su lado, nada me faltaba.

-Si quieres pasas el domingo en mi casa, y la puedo tocar para ti.

-Cla… claro.-Asentí con vergüenza.

-¿Estás emocionada por lo de mañana?

-De hecho sí…-Contesté con pena.

-Voy a estar pendiente de ti, a pesar de todo pienso que Jacob no tiene la
suficiente responsabilidad cómo para cuidarte a ti y a él al mismo tiempo.-Se rió
bajito y yo lo hice con él.
Lo tomé del brazo y lo jalé para que se acostara conmigo, un reemplazo de
cualquier peluche que alguna niña siempre
quiso. Dormí a su lado rápidamente mientras escuchaba mi melodía tarareada
por él.



A la mañana siguiente desperté con la esperanza de encontrar a mi vampiro del
otro lado de la cama. Pero no fue así, sólo encontré una blanca margarita, con
una nota debajo de ella…


"Espero que tengas un buen día, diviértete, voy a estar muy pendiente de ti. No
iré al colegio hoy, estaré de caza unas horas. Recuerda que Te Amo…


' Edward"

Escuché la puerta y reaccioné inmediatamente a esconder la carta, coloqué la
cobija encima de todo y era Renee a la puerta. Tuvo curiosidad de preguntarme
acerca de mi carro y lo que había hecho con Alice. Le mentí acerca de que
salimos de compras, pero yo no compré nada, eso era fácil de creer.

A pesar de que Edward no estuvo a mi lado como de costumbre, pasé el día
rápido esperando al día de diversión con Jacob.
Había empacada mi traje de baño, porque aunque no me fuera placentera la
idea del agua fría, sería incómodo lanzarme al agua con ropa.

Jake me pasó buscando al colegio con la pick up de Billy, la que me trajo
recuerdos de mi incidente con mi camioneta la noche anterior.

-Hola Bella, ¿Preparada? ¿Ya tienes todo?-Preguntó mientras se erguía por estar
recostado sobre la camioneta.

-Si, todo listo.-No dejaba de ver la pick up. El volteó la mirada para averiguar el
final de la mía y se volvió hacia mí.

-Es tu camioneta, la extrañas… ¿No?

Me quedé sorprendida y volteé hacia el con curiosidad.

-¿Cómo es que lo sabes?

-Bueno, he hablado con Edward en la mañana, y me ha contado lo que te paso.-
Inquirió con pena.-He revisado la
camioneta, la remolcaron a la casa de los Cullen pero… creo que no tiene
arreglo.

De verdad ya le había tomado mucho cariño a la camioneta, pero mi
concentración se centró en la visita que había hecho Jacob a la casa de los
Cullen, lo inspeccioné de pies a cabeza para ver si había alguna señal de golpe,
rasguño o algo parecido y al parecer no. Mi amigo me veía como si yo fuera una
demente viéndolo por todos lados. Lo miré extrañada.

-¿Dijiste que fuiste a casa de los Cullen?

-Si eso dije, ¿Por?

-¿No se pelearon ni nada?-Pregunté asombrada.

-No, de hecho hablamos sin problemas.

Mi boca se abrió automáticamente y empecé a reír. Pero mi risa se desvaneció
porque me acordé de la Chevy. Era tan útil.

-¿Estas seguro que no tiene arreglo?

-Si, muy seguro. Y si lo tiene, es muy posible que te puedas accidentar en algún
sitio.

-Ah… entiendo.-Repliqué con tristeza.

-Bueno, vámonos porque ya nos empiezan a ver de una mala forma.-Volteó
hacia varios sitios detrás de mí como con rabia.

La costa de la playa de La Push era increíblemente hermosa, y había un sol
realmente radiante. Éste sería mi día de
suerte… El primero de toda mi vida, no… El primero y todos han sido desde que
conocí a Edward Cullen.

Estacionó la camioneta al borde del acantilado. Todas las ganas y el deseo que
tenía por lanzarme de ahí… se habían
esfumado cuando asomé mi cabeza hacia abajo.

-Aquí estamos, cómo tanto deseaste. ¿Quieres hacerlo ya?-Preguntó
colocándose detrás de mi.

No sabía que responder, pero aún me quedaba toda la tarde para compartirla
con Jacob, así que mis opciones eran: pasar el resto del día, divirtiéndome con
Jacob, pero con la preocupación de que me lanzaré al final; la segunda opción
era saltar ahora, para salir de dudas de una sola vez, lo bueno sería que saldría
de preocupaciones pero lo malo es que no sabía los riesgos ni las consecuencias
de tal acto; y la última opción era retractarme acerca de mi deseo y no hacerlo,
pero eso sería un acto de total cobardía.

Descarté la primera opción porque no disfrutaría de mi día, y la tercera, porque
tengo valor… y no le temo a la muerte.

-Hagámoslo.-Sonreí macabramente.

Jacob comenzó quitándose la camisa desesperadamente y la lanzó hacia la
camioneta. Me causó mucha gracia y empecé a
reírme, el empezó a hacer unas poses burlonas para hacerme reír más, cosa que
logró.

Se acercó al borde, se inclinó para tomar impulso y me desesperé totalmente.

-¡Espera!-Le grité.

-¿Qué pasa?-Preguntó pegando un salto del susto.

-¿Ya te vas a lanzar?

-Si, estaba por hacerlo. ¿Por qué? ¿Quieres hacerlo tú primero?

-No, no, no.-Moví mis brazos con negación.-Es que no sabía que sería tan
rápido. Hazlo, creo que tengo que poner mucha atención a tus movimientos.

Rió bajito y se volvió hacia el mar.

-Te agachas un poco, para tomar el impulso. Cuentas… tres, dos…-Miró
rápidamente hacia mí.

-¿Uno?

Ya el lobo se había lanzado al vacío. Corrí a verlo pero ya se había sumergido al
agua. Se veía un círculo de burbujas blancas del impacto de él contra el agua. No
salía aún. Empecé a preocuparme, pero al instante lo vi saliendo de las
profundidades, con una cara de satisfacción notable y una sonrisa amplia.

-¡Tu turno!-Gritó, pero no se escuchaba con tanta fuerza aquí arriba.

-¡Esta bien!-Grité con duda.

-¡Vamos Bella, salta ahora!

Me quité la ropa, pero preferí dejarme la camisa. Intenté imitar sus
movimientos pasados, mientras el se partía de la risa. Respiraba
inconsistentemente del pavor que tenía. No podía ocultar el miedo que tenía,
mis piernas y mis manos temblaban.

Inspiré lentamente el aire con el salitre pegándose a mi cara. Cerré los ojos y me
lancé al vacío de mi deseo.


Fue más largo de lo que imaginé, pero a la vez fue corto en relación con la
distancia que se visualizaba desde arriba. La sensación en mi cuerpo fue algo
inexpresable, sentía que no pesaba nada, me sentía cómo una pluma, el viento
me azotaba la cara y sentía mariposas en el estómago.

Me abracé las piernas para caer cómo Jacob lo había hecho, entonces impacté
en el agua, cómo rompiendo una capa de frío hielo. El agua estaba helada,
aunque había un poco de sol, no quería ni imaginar cómo sería en un día
lluvioso.

Caí muy profundamente, así que ya entendía la razón por la que Jacob no salía,
miré hacia arriba y vi lejana la superficie, nadé con el oxígeno que tenía, supuse
que me sería suficiente…

Maniobré por hacerlo lo más rápido posible, pero nunca me había dignado a
hacer alguna práctica de nado ni nada por el estilo. Así que mientras más me
movía, más oxígeno y fuerzas perdía. Empecé a sentirme débil cuando estaba
llegando al final, las piernas no me daban porque el aire no circulaba por mis
pulmones.

Tragué un poco de agua y estuve a punto de quedarme inconsciente.

Vi los brazos de Jake a mí alrededor. Me sacó a la superficie demasiado rápido y
yo regresé a la realidad.

Desde el pecho subió algo hacia mi garganta y empecé a toser ahogada, con agua
en mis pulmones, aun mi vista era borrosa.

A pesar de todo el inconveniente en mi aterrizaje, había sido una de las cosas
mas divertidas que había hecho en toda mi vida.

-Bella, Bella. ¿Estás bien?-Jacob me había arrastrado hasta una roca cercana.

-Ok, eso fue divertido.-Empecé a reírme sin parar.

-¿Divertido? ¿Divertido?-Empezó a subir su tono de voz.-Estuviste a punto de
ahogarte y ahora estás riéndote, no sé por qué
pero es lo que estás haciendo. De verdad no consigo nada gracioso de todo esto.-
Me miraba molesto.

-Pues a mi sí.-No aguantaba la risa, y yo tampoco sabía porque. Había sido
divertido el salto pero no era para tanto, me reía idiotamente.

De repente oímos las olas rompiendo a nuestro lado y volteamos para quedar
petrificados con una ola que sin duda nos bañaría de pies a cabeza.

Jacob se unió a mí empezando a reír sin parar. Tenía todo el cabello en la cara,
al igual que yo.

Después de unos minutos, decidimos que ya era suficiente de agua, ya teníamos
frío así que nadamos… nadé con ayuda de
Jacob a la orilla.


El subió de nuevo y pensé que se lanzaría pero me dijo que iría en busca de
algunas cosas. Decidí sentarme en la arena, las olas rompían a mis pies. El sol
iluminaba toda la playa, tenuemente, ya que no podía conseguir un sol cómo el
de una playa de Hawaii.
La playa estaba solitaria, no había ni un alma cerca.

Mi amigo tardaba bastante en regresar y ya empezaba a hacer un poco de frío,
mi camiseta estaba totalmente mojada y adherida a mi piel. Me abracé las
piernas y repose mi barbilla sobre mis brazos. Temblé con un viento frío del
norte de la playa y Jacob había llegado para colocar una toalla encima de mis
hombros.

-Llegaste.-Inquirí viendo cómo cargaba una gran cantidad de bolsas, toallas y
ropa.- ¿No era más fácil traer un bolso grande?

-Eso traía.-Se agachó para respirar del cansancio.-Pero se rompió a la mitad del
camino.-Admitió con pena.

Volví a carcajear con ganas.

-Pobre, déjame ayudarte.

Arreglamos todo, colocamos dos pares de toallas en la arena, sacamos la comida
y la bebida de las bolsas. Era un estilo de "picnic playero", pero sin la canasta de
sándwiches.

Empezamos a comer las bolsas de comida que había comprado, hablamos de
todo, cosas del pasado, anécdotas graciosas y estúpidas. Jamás en mi vida me
había reído tanto cómo lo había hecho ahí con Jacob. Se burlaba de mi, cómo yo
de él. Me hacía sonreír y sonrojarme de vergüenza. Podía quedarme ahí todo el
día y el tiempo me pasaba volando.

-Mira, ésta es una de las razones por las cuales te quería traer aquí.-Se acercó y
se sentó muy cerca de mi, lo cuál me intimido un poco.

A nuestra vista, un atardecer totalmente naranja, se esparcía en todo su
esplendor. Tal cual cómo el de las pinturas. El sol se escondía detrás del mar
lentamente, para ese momento iba a la mitad, y se reflejaba en el agua. Era un
paisaje espectacular, uno de los deseos que formaban parte de mi lista, ahora la
pregunta era ¿Jacob lo sabía, o fue por pura casualidad?

-Que hermoso.-Miraba atónita al frente.

-Sí que lo es.-El habló cómo si fuera la primera vez que lo hubiera visto.-No
quiero que te vayas, estaría dispuesto a dar mi vida por ti.-Murmuró. Me quedé
fría y paralizada, no sabía que decirle.

Mientras estábamos inmóviles, me tomó la mano de la arena y la entrelazó entre
la de él. No sé pero me daba la impresión de que no lo hizo con intención de
amistad, pero lo que más me extrañó era que no me molestó para nada, ni
siquiera pensé en quitarla ni reclamarle ni nada.


Estaba sintiendo algo… extraño por Jacob Black.
Capítulo XVII

       No partas tu corazón, sólo defínelo.

Empezaba a sentirme extraña, cómo cuando estaba con Edward al principio,
pero no con tanta fuerza, y era algo diferente. No sé cómo explicarlo.

Aun veía cómo el sol desaparecía, sólo quedaba una larga línea naranja sobre el
borde del océano.


Me empecé a poner nerviosa cuando Jacob posó sus ojos en mí, no dejaba de
verme fijamente, y yo reaccioné cómo si no me hubiera dado cuenta de lo que
estaba haciendo, pero mis mejillas me delataron sin culpa.

-Bella… quiero que me confieses algo.

-¿Qué?-Me volteé bruscamente hacia él.

-Quiero que seas sincera conmigo, ¿Estás enamorada de Edward? Me refiero…
totalmente. ¿No me darías una oportunidad? Porque lo que yo siento por ti, es
algo muy fuerte.-Tomó mi mano y la colocó sobre su corazón.-Siéntelo,
pareciera que estuviera a punto de explotar cada vez que estoy así de cerca de ti.

Me quedé sin palabras… pero es que hizo la pregunta en un momento donde mis
deseos no estaban ordenados.

-Jacob, yo no quiero herirte…

-No te preocupes por los demás, sea lo que sea, estaré dispuesto a escucharlo.

-Es que… No sé que decirte, en serio. Estoy demasiado confundida, sé que
cualquier decisión que pueda tomar, puede herir a alguien.

-¡Deja de pensar en los demás! ¿Podrías pensar sólo en ti, y en lo que de verdad
quieres para tu vida?-Exigió.

-No es tan fácil Jacob. Debo encontrar las palabras indicadas para decírtelo.

-Pues entonces te daré el resto de la tarde para que lo pienses.-Se levantó y me
dio la espalda.
-¿A dónde vas?

-A caminar… y a pensar. Regreso pronto.

Me digné a volver mi mirada al horizonte, pensativa y aislada. Lo que le debía
decir a Jacob tenía que ser sutil, pero es que su compañía se había vuelto muy
reconfortante y seguramente si le decía que no podía tener una oportunidad con
él, podría alejarse, y eso era lo que yo no quería. También había aparecido este
sentimiento raro hacia el…

Escuché unos pasos lejanos después de unos minutos de pensamiento, y volteé a
ver de quién se trataba.


Edward posaba una pierna al borde del acantilado. Me veía con dulzura y
seguridad. Sonrió con suficiencia y corrió velozmente hacia el sur…
desapareciendo.

Ese sentimiento que me llenaba cada vez que veía a Edward, era simplemente
incomparable, nada se le podía igualar… ni siquiera cuando veía a Jacob.

Justamente mi amigo regresaba de su caminata, yo lo veía cómo más que un
amigo… mi confusión se había resuelto por completo. Es un amor diferente. El
de un mejor amigo, de esos que no se olvidan jamás y de los cuales con los que
no puedes pasar tiempo peleada. De esos únicos.

El amor de Edward… Yo jamás sentiría ese tipo de amor por Jacob.

Le sonreí y me levanté de la arena, el abrió sus brazos hacia mi y salí corriendo
hacia ellos. Me abrazó fuertemente.

-Discúlpame Jacob, pero no puedo quererte de la manera que tú quieres, te veo
cómo mi mejor amigo. Pero es algo especial, en serio no podría vivir sin ti, te has
vuelto indispensable para mi.-Dije con mis ojos impregnados en lágrimas,
mientras explicaba mis sentimientos.

-Estoy dispuesto a quererte de la manera que quieras.-Me susurró dulcemente
al oído.

-Prométeme que no te sentirás mal, porque si llegara a pasar, eso sería lo peor.

-Te lo prometo Bella. Siempre voy a estar para ti cómo tú mejor amigo. Te
entiendo perfectamente, y al principio tuve una mala expectativa de Edward,
pero yo sé que puede cuidarte y amarte tan bien cómo yo lo haría, así que no me
preocupo… sólo quiero tu felicidad.

-¿Ustedes hablaron en la mañana, verdad?-Pregunté con curiosidad ante su
cambio repentino con Edward y viceversa.

-Si, en realidad hablamos demasiado. Se podría decir que ya nos llevamos bien,
sólo por el hecho de que los dos nos dimos cuenta de que así era mejor para ti…
y para tu salud.

-No sabes cuanto me alegra escuchar eso. Pensé que esto jamás pasaría.

-Nada es imposible, Bella.-Murmuró.

-Si… espero que no sea imposible conseguirme un donante.-Bajé mi mirada con
tristeza.

Tomó mi cara entre sus manos y quitó el resto de mis lágrimas.

-Estoy muy seguro de que eso no va a pasar.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Porque tengo fe y creo que no te fallaríamos, Edward y yo haríamos lo que sea
con tal de que tú sigas viva.

-Gracias Jake… cosas cómo éstas son las que te hacen especial. Te quiero.-Le
susurré con dulzura mientras me apoyaba en su pecho.

-Yo también te quiero.-Me besó la cabeza, me apartó suavemente de mí, y colocó
su brazo encima de mis hombros.-Es hora de irnos, ya es tarde y va a empezar a
hacer frío, no quiero que te enfermes. Además, le prometí a Edward que
regresarías temprano.

-¿Le prometiste?

-Si… me puso un límite.-Comenzó a carcajear. Seguidamente lo hice yo.


Recogimos todo de la arena y subimos a la camioneta. El resto del camino nos la
pasamos hablando y riendo. Tal cual cómo lo habíamos hecho en la tarde, pero
me sentía más abierta y confiada con el. Ya no más rencor, bienvenida la
felicidad… para mis últimos días de vida.

Me bajé de la Pick-up al llegar a mi casa.

-Gracias Jake, la he pasado genial, de verdad… uno de los mejores días de mi
vida.

-Para nada Bella. Sabes que cuando quieras, estaré para ti. Me alegra mucho que
te haya gustado.

-Sobretodo el atardecer… es una de las cosas que más había querido hacer
antes… bueno, tu sabes.-Me miró con
tristeza.-Pero definitivamente no hubiera sido igual sin ti.-Me quedé viéndolo y
recordé algo que tenía que preguntarle.

-¡Espera!-Exclamé.-Necesito preguntarte sobre algo que me está matando la
cabeza. Edward me habló anoche acerca de un secreto que tú me estas
guardando…-Pareció dudar.-Me sentiré muy decepcionada si mi mejor amigo
no me cuenta sus secretos.-Lo amenacé con una cara de tristeza fingida.


Empezó a reír por mi mala actuación y se puso serio de nuevo.

-Era lo de la pregunta de hoy. Ese era el secreto, tenía la esperanza de que dirías
que sí, pero olvídalo…

-Ah, entiendo.-Comenté con insuficiencia. Pensé que era algo peor.-Buenas
noches Jacob, te llamo pronto.-Me asomé a la puerta y con mucho esfuerzo le di
un beso en la mejilla.


Hablé con Charlie y Renee acerca de mi día con Jacob y parecieron muy felices
de que mi amistad con el se hubiera desarrollado de tal forma. También les
había contado cómo la relación entre Jake y Edward había dado un giro total, de
lo
cual se sorprendieron tanto cómo yo lo hice la primera vez, porque aún me
parecía increíble. Les pedí permiso para cenar mañana en casa de los Cullen, y
no se pudieron negar. Me dieron las buenas noches después de la cena y fui
directamente a tomar un baño.

Casi caigo dormida en la ducha, el agua caliente relajó totalmente cada
milímetro de mi cuerpo. Un día largo, y lleno de emociones.

Sentía cómo que si cada día que pasaba era esencial y único, cómo… si se
unieran todas las cosas que pasarían en un mes.

Cómo si fueran los últimos… Fui a mi cuarto a cambiarme.

-¿Estás muy cansada para contarme cómo te fue hoy?-Preguntó
sorpresivamente apareciendo en mi cuarto.

-¿Podrías avisarme cuando vengas a mi casa?-Pregunté agarrando mi toalla
precipitadamente antes de que se me cayera.

-Disculpa… no sabía.-Admitió con pena y se dio la vuelta.

-Bueno espera afuera un momento a que me cambie. Yo te aviso cuando esté
lista.

-De acuerdo.-Asintió y salió por la ventana.

Aun me daba vergüenza cambiarme, sabiendo que aunque Edward se
encontraba afuera, estaba sólo a unos pasos de mí.

Hice unas cuantas maniobras lo más ágil posible para cambiarme rápido. Me
enredé un poco con la camisa pero al final terminé de vestirme.

-Puedes entrar de nuevo.-Me asomé por la ventana, le sonreí y el lo hizo de
vuelta con la diferencia de que me dio un corto beso.

-¿Entonces? ¿Me vas a contar o prefieres descansar?

-En realidad estoy muy cansada, pero hay algunas cosas que quiero hablar
contigo.

-Bueno, ¿De qué quieres hablar?

-Estoy atónita, de verdad, de cómo cambio la relación tuya con Jacob… o la de él
contigo. Es algo impresionante. ¿Cómo llegaron a eso?

-Sencillo Bella, es lo mejor para ti, no queremos que nada te pase, por ejemplo el
otro día que estuvimos a punto de
pelearnos tu desmayaste, me refiero también a que tu serías más feliz si Jake y
yo nos llevaríamos bien.

-Jacob me contó que estuvo en tu casa en la mañana.

-Es cierto, pasó por allá a revisar los restos de tu camioneta…-Dijo con tono
burlón.

Bufé.

-Es una muy buena Pick-up, sólo que es un poco vieja. Aunque ya Jacob me dijo
que no tiene arreglo.-Dije con tono triste.

-Bella, lo siento… es la verdad, definitivamente tuviste que llegar a éste punto
para poder cambiar de auto. Es deprimente, de verdad.

-¿Cambiar? Edward, no entiendes… es la Pick-up o nada. ¿De donde crees que
sacaré dinero para comprar un auto nuevo?
Ah, cierto, a mi me llega el dinero en un sobre bajo la puerta.-Inquirí con ironía.

-¿Por qué lo tienes que comprar tú? Cuando te lo puedo regalar yo.-Dijo
sonriendo.

En vez de traumarme por su mal chiste, empecé a reírme sin ganas, mientras lo
miraba un poco molesta. El dio un vistazo rápido detrás de mí y me empujó
hacia la cama, aunque fue veloz, no dejo de ser sutil. Volteé hacia la ventana
pero ya se había escapado.

-Queda pendiente tu mal chiste.-Murmuré bajito y escuché una corta carcajada
lejana.

Mi puerta se abrió y la mirada de Reneé me tranquilizó un poco, ya que si era
Charlie me pondría muy nerviosa.

-¿Con quién hablas Bella?-Preguntó mi madre con un tono de sospecha y una
mirada curiosa.
-Y… ¿Yo? ¿Hablar? ¿De que hablas mamá? Estoy… cantando una canción.-
Demonios…

-¿Una canción? Vamos Bella, tu madre sabe que odias la música. ¿No se te podía
ocurrir algo mejor?-Pensé para mis adentros.

-¿Si? ¿Desde cuando te gusta la música?-Yo sabía que se daría cuenta.

-Jacob estuvo toda la tarde cantándola… y la repetía muchas veces en la
camioneta.

-Ah… entiendo.-Dijo con poca voz de convencimiento.-Bueno Bella, que tengas
buenas noches, y deja de cantar porque no
quiero vidrios rotos en la casa.-Rió bajito y cerró la puerta.

-Ya puedes salir.-Susurré con cuidado.

Esperé unos segundos y no se escuchaba nada, una suave brisa contra los
árboles del bosque… más nada.

Bueno, seguramente querría dejarme descansar, pero lo hubiera hecho mucho
mejor si hubiera estado a mi lado.

Me acosté sin dejar de ver la ventana con nostalgia. Cerré los ojos e
instantáneamente me sumí en los sueños.


-Hija, despierta. Tienes visita…-Escuché lejanamente por parte de Reneé.
Después me empezó a mover desesperadamente, pero no me podía despertar,
estaba demasiado cómoda y aún tenía ganas de seguir durmiendo.

-¿Qué? ¿Quién? ¿No podría venir más tarde?... Estoy que muero del sueño.-Dije
con voz soñolienta, colocando la almohada sobre mi cabeza.

-No seas dormilona. Es Alice… y está con Edward.-Inquirió con emoción.

Me levanté de un segundo a otro, me enredé entre las sábanas y caí al suelo,
produciendo un sonido aparatoso que seguramente llamó la atención abajo al
humano y a los dos vampiros, que seguro ya sabrían que yo me caería. Mi mamá
extendió los brazos un poco tarde, pero de todas maneras me levanté, peiné mi
cabello lo más veloz posible, cepillé mis dientes y lavé mi cara.

Cuando bajé las escaleras tres pares de ojos me miraban desde la sala de mi
casa. Todos me veían con preocupación y me examinaban de pies a cabeza, para
ver si tenía algo roto, un golpe, o algo por el estilo… Me reí y terminé de bajar las
escaleras.

Los saludé a todos… y miré con tristeza a Edward.

-Bueno Bella… ¿Sabes a qué vinieron ellos?-Preguntó mi padre, dando una
sonrisa… ¿De felicidad? Empecé a asustarme, porque eso es algo que no pasa
muy frecuentemente, así que el motivo por el cual los Cullen se encontraban en
mi casa a tempranas horas de la mañana tenía que ser uno muy bueno.

-De hecho… no-Hice el esfuerzo, pero no pude evitar bostezar, estaba muy
cansada.

-Nos han invitado hoy a almorzar a su casa. Para formalizar su relación.-Dijo
Reneé apareciendo detrás de mí, con el triple de la emoción que tenía Charlie.

-¿Nos? ¿Ustedes también van?-Pregunté con desconcierto

-Si Bella, será magnífico reunirnos cómo familia.-Alice me tomó las manos y me
vio con esperanza.

-Bueno… esta bien. Nos vemos allá.-Me volteé para dirigirme a la suave y
cómoda cama que esperaba por mí arriba.

Después de haberlo hecho la mirada de extrañado de Edward me dio
remordimiento de consciencia, pero ya estaba a un paso de mi cama, me resigné
y volví a dormir como una bebé… Pero su llegada por la ventana no me impidió
el sueño, sólo lo hizo más seguro.



                   Capítulo XVIII
 Quiero tu vida junto a la mía, por siempre
El remordimiento de que Edward se había quedado esperando a que yo hablara
con el no me dejaba descansar totalmente, era cómo si estuviera soñando con
los ojos cerrados pero aún seguía despierta. Sentía sus dedos entrelazados con
los míos, después acariciaba mi cabello, pasaba su mano delicadamente por mi
mejilla. Me tenía totalmente distraída. La otra cosa que rondaba por mi cabeza
era la idea del encuentro familiar entre los Cullen y los Swan. No imaginaba la
incomodidad que iba a sentir en esa casa, sólo con Edward yo estaba siempre
avergonzada, más aún lo estaba con su familia y todo empeoraría con Charlie y
Reneé.

No tenía otra opción, sólo podía salir a enfrentar lo que me esperaba.

Esos fueron los obstáculos… esos fueron los últimos días de mi vida… eso es lo
que debo afrontar con valor si quiero estar con Edward.

Abrí lo ojos sin esfuerzo, ya no tenía sueño, sólo el peso en mi espalda de una
gran preocupación.

-Ya era hora de que despertaras. Todos se han ido al almuerzo, pero yo decidí
quedarme a esperarte, pero no quise molestarte, así que dejé que durmieras un
poco más.
-Gracias por quedarte hoy… Pero hubiera preferido que te despidieras ayer.-Dije
con voz triste.

-Lo siento, problemas familiares… y debía resolver algunos asuntos de última
hora. Además tú estabas muy cansada y tenías
que prepararte para hoy.

-¿Prepararme? ¿Es que hay algo que yo no sepa?-Pregunté con un poco de
desconcierto.

-Te lo diré en el almuerzo. Pero si no te das prisa, probablemente llegarás para
la cena.-Me sonrió.

-¿Qué hora es?-Pregunté cuando me acerqué al clóset en busca de una atuendo
adecuado para la ocasión.

-Son más de las cuatro de la tarde, debes estar hambrienta.

-¿Es broma? ¿Cuatro de la tarde?-Con respecto a su pregunta de mi necesidad
humana, no me había percatado del hambre
que tenía.-Tengo que vestirme, rápido.-Empecé a revolotear sin ver nada bonito
ni presentable y paré de buscar sin éxito.

Volteé a ver a Edward, porque no podía parar de reírse. -¿Qué es tan gracioso?-
Pregunté alzando una ceja.

-Creo que Alice te dejó algo aquí.-Se volteó y puso su mano del otro lado de mi
cama, subió una bolsa de color blanca, un poco brillante para mi gusto. Me la
entregó soltando una última carcajada. Lo miré con duda y tomé la bolsa.

Al abrirla saqué unos pantalones de tela de jean, color negro, una camisa blanca
de algodón, y un sweater con cuello en "V" color negro, de manga larga.
También habían unas zapatillas de cuero blancas y un collar plateado con la
forma de un corazón, de color negro, en el extremo de la fina cadena.

-¿Puedo dejar el collar?-Pregunté con duda, no quería hacerlo sentir mal.

-Cómo te sientas mejor. Te esperaré abajo mientras te alistas.-Se colocó de pie y
besó mi frente.

La ropa no era nada mi estilo, parecía una combinación de un maniquí en una
tienda de alta costura. Pero era un regalo de Alice, otra de las cosas por las
cuales tenía que pasar. A pesar de todo no me molestaba recibir regalos de ella,
porque esa era una de sus formas de expresar su aprecio hacia mi, como novia
de su hermano. Y yo podía corresponderle agradeciéndole por los regalos y, por
supuesto, usándolos.

Cuando me fui a bañar, escuché la televisión cambiándose de canal una y otra
vez, no pasaban ni cinco segundos para que mi novio lo cambiara de nuevo.
Pobre, debe estar harto.
Me bañé y cambié lo más rápido posible, y a pesar de todo, la ropa no me quedo
tan mal del todo. Edward me esperaba al pie de las escaleras, estaba impaciente,
se le notaba en la expresión.

-Vamos.-Dijo con voz seria y sonrió de vuelta colocando su mano alrededor de
mi cintura.

Cómo siempre tan educado abrió la puerta de su Volvo para mí, pero me dio un
poco de nostalgia recordar que no tenía mi camioneta. Me quedé parada frente
al asiento del copiloto mientras Edward sostenía la puerta, me veía con
curiosidad, intentaba averiguar la razón de mi tristeza.

-¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?-Su cara se tornó de tranquilidad a total
preocupación mientras sostenía mi cara entre sus manos, yo no dejaba de ver al
suelo.

-Extraño mi camioneta… demasiado para ser exactos.-Cambié la dirección de mi
vista, ahora se fijaba en sus ojos.-Me incomoda tenerte cómo un chofer.
Además, no tienes porque hacerlo.

-Claro que si, tengo, debo y quiero hacerlo. A mi no me molesta llevarte ni
traerte, el auto es un capricho. Sabes que yo puedo movilizarme por otros
medios. Pero tú necesitas alguien que te pueda llevar, ¿No es así? ¿Y quién más
que yo?-Sonrió
y alzó una ceja esperando mi respuesta.

-Sólo tú.-Me coloqué en puntillas y le besé la punta de la nariz. Siempre quería
hacerme sentir bien. Por lo menos me olvidaría del tema en el día.

La patrulla estaba estacionada afuera. Suspiré y bajé del auto.

Todos estaban esperándonos, pareciera cómo si fuéramos los personajes
principales de la historia.

-A buena hora que llegaron.-Refutó Charlie molesto.

-Discúlpenme, estaba totalmente cansada.-Inquirí con pena.

-Fue mi culpa.-Edward me vio y volvió la vista al frente.-No quise despertarla.

-Se nota que acabas de despertar hija, aún sigues hinchada.-Todos empezaron a
reír bajito.

Mis mejillas se ruborizaron y me escondí en el pecho de Edward. El dudó en
colocar su mano en mi espalda, pero al final lo hizo y mi padre tosió en gesto de
incomodidad, así que nos separamos un poco.


-Creo que esto será más difícil de lo que pensé.-Me susurró Edward al oído.
-¿Más difícil?-No tenía la menor idea de lo que se refería.

-Si… y mucho.

Quedé en la misma confusión, y veía con duda a Edward que estaba sentado a
mi lado en la mesa, aunque todo parecía normal, la tensión incómoda
abundaba. La cara de los Cullen al comer, no era de hambre precisamente, el
silencio incómodo que abundaba era insoportable.

Pero lo peor era la mirada de odio que le propiciaba mi padre a mi Edward, que
tenía su mano entrelazada con la mía debajo de la mesa y estaba más fría de lo
normal, estaba tensa… Estaba nervioso. La razón, sólo la sabe él.

Los comentarios mientras comíamos eran sólo de mi madre hacia Esme y
Carlisle, los felicitaba por tener una casa tan hermosa, por la comida deliciosa y
por los maravillosos hijos que tenían. Mi padre sólo asintió en los dos primeros
comentarios, comía con mucho placer. La verdad la comida era suculenta.

-Entonces… Edward.-Dijo mi padre al terminar de comer. Colocó la servilleta
arriba de la mesa y se acomodó en la silla.-Creo que debe haber alguna razón
por la cual nos hayamos reunidos todos aquí. ¿No es así?-Y lo miró con
curiosidad.
El dudó en articular alguna palabra y vio hacia mí, después, temeroso, volteó de
nuevo hacia mi padre.

-Usted está en lo cierto, si hay una razón.-Se levantó, aclaró su garganta, sus
padres y hermanos los vieron y asintieron, entonces prosiguió.-Este punto es a
donde he querido llegar desde que conocí a su hija. Les confieso que para mí ella
ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, no creo que exista alguien que
pueda llenar más mi corazón que Bella. Es una persona perfecta para mí.
Charlie… estoy dispuesto a cuidar de ella por siempre, de ahora en adelante le
aseguro que nada malo le va a pasar.-Mi mamá sollozaba a mis espaldas, pero
yo no apartaba la vista de Edward, aún no llegaba al punto donde decía la razón
principal.-Bella Swan.-Se dio la vuelta hacia mí.-Te Amo y te respeto, te cuidaré
en la salud y en la enfermedad, sólo… hasta que la muerte nos separe.-Buscó
entre sus bolsillos y se agachó, fue ahí donde lo entendí todo y me sonrojé de la
forma más exagerada posible.-Quiero que te cases conmigo.


Sentí cómo mi padre se levantó bruscamente y pegaba un fuerte golpe con los
puños a la mesa.


-¡No!-Gritó cómo nunca lo había hecho…

Coloqué mis manos suavemente en las de Edward y las besé. Me levanté de mi
asiento y miré con furia a mi padre.

-¿Acaso la proposición fue dirigida a ti?-Pregunté con ironía.-No verdad,
entonces no decidas lo que yo quiero o no quiero hacer con mi vida.-Subí el tono
de voz, haciéndolo sorprenderse por mi molestia.
-Isabella Marie Swan, jamás vuelvas a dirigirme la palabra de esa forma. Yo soy
tu padre y debes respetarme.-Su cara se tornaba más roja con cada palabra que
decía. Lo peor de todo es que los Cullen presenciaban nuestra pelea, de
diferentes formas, a Rosalie y a Emmett les parecía increíblemente fascinante,
cómo si vieran una película; Jasper y Alice intentaban calmarnos, y así lo
hicieron, lo que mi padre no sabe es que Jasper le bajo un poco los humos, y por
supuesto Carlisle, Esme y Edward estaban apenados y serios a la misma vez.

No podía creérmelo yo misma, jamás le había hablado así a Charlie y mucho
menos el me había subido tanto el tono de voz. Mi madre lo tomaba por el
brazo, el miraba a mi novio cómo si tuviera ganas de saltarle encima y
ahorcarlo.

-Vamos a calmarnos un poco, lo mejor será discutirlo… sin peleas-Carlisle habló
con tranquilidad y se refirió a nosotros dos.

-Disculpa que me entrometa Edward, pero sinceramente creo que estás siendo
muy precipitado con lo del casamiento. Apenas son jóvenes, ni siquiera han
cumplido la mayoría de edad. ¿No pueden esperar unos años?-Preguntó Reneé
con voz de súplica.

Otra persona a la cual no le parecía la mejor idea de vestidos blancos y anillos de
compromiso era a mi madre, ni el adolescente ni el adulto. Siempre me
recordaba que para ella es simplemente una estupidez, sólo gastas dinero en
una ceremonia que siempre arruina tu relación. Aunque tenía razón, aun yo
estoy muy joven y literalmente me queda mucho por vivir.

-Con todo mi respeto Reneé, le expreso mi punto de vista. Aunque usted tiene
mucha razón en lo que dice, también tengo cosas que agregarle. Sabemos la
situación en la que se encuentra Bella, no podemos abstenernos a pensar que
tendrá una vida larga, pero tampoco sabemos si será corta. Lo que yo le prometí
hace unas semanas es que sería la persona más feliz del mundo a mi lado, nada
le faltaría y siempre estaría cuidada por mi familia y yo, no necesitará nada. Lo
que hice fue sólo una proposición, yo no sé que es lo que pasará por la mente de
ella en estos momentos, no sé la respuesta que me dará. Yo solo quiero hacerla
feliz, y si ésta puede ser alguna de esas formas, pues que lo diga.-Edward
hablaba con toda fluidez y las palabras le salían naturales, pero todo lo que dijo
era tan hermoso que me sumergí en un margen entre fantasía y realidad.

Se volteó hacia mí y me vio fijo a los ojos.

-Tu respuesta tiene que ser sincera Bella, no importan los demás, no importo yo,
la única que importa eres tú y lo que tú sientas es lo que debes expresar. Sea
cual sea tu decisión, estaremos dispuesto a escucharla.-Me dio una rápida
sonrisa y se alejo un paso de mí.

Todas las miradas en el salón del comedor se posaban sobre mí. Cosa que era
más incómoda para pensar.

Por un lado tenía a mi madre y a mi padre, obviamente se oponían pero lo
expresaban de diferentes maneras.

Por el otro lado tenía a la familia de los Cullen, todos me veían con expectativa y
esperanza de que respondiera que sí. Desde el primer día que los conocí me
habían tratado de una forma incomparable, y me habían aceptado ya cómo
parte de su familia desde el momento que me confiaron su secreto, que por
supuesto estaría bien guardado.

Y por último… Edward, ahí estaba, nervioso cómo nunca lo había visto, si
hubiera podido sudar lo hubiera hecho, tenía una posición tensa y me veía con
desesperación disimulada. Pero más que todo nervioso… nervios de que lo
rechazara, nervios de que le dijera que no quería casarme con él.

Pero… ¿Cómo decirle que no? La idea del casamiento no formaba parte de mis
últimos deseos, aunque el lo hacía ver considerable. Pero era horrible tener que
imaginarme vestida de banco a los diecisiete. Lo que empeoraba todo era mi
enfermedad, es que nuestro matrimonio duraría un mes máximo. Edward
quedaría viudo, a menos de que el no se opondría a convertirme.

Él estaba enamorado de mí y yo de él, el quería casarse conmigo y yo…

-¿Bella? ¿Responderás ahora?-Preguntó Alice con impaciencia.

Eso lo debe saber ella.

-Yo…




Bienvenidas las nuevas lectoras, recuerden comentar si son nuevas y comenten
sobre cada capítulo, estoy editando la historia y me gustaría saber si esta bien
por ahora ^^, Besos a todas. Les quiere, Mafe.
Capítulo XIX
                 Clase CL Mercedes-Benz

-Yo…

Todos se acercaron más a escuchar mi respuesta.

-No… no…-Dije con un nudo en la garganta.

-¿No?-Dijeron todos al unísono, pero con diferentes tonos de voz, algunos
denotaban tristeza y decepción, pero otros alivio y alegría. En algunos oí
confusión.

-No digo que no.-Aclaré.-Sólo digo que no quiero tener problemas con Renee y
Charlie. Lo haré sólo si encuentro alguna forma de seguir viviendo, no quiero
casarme contigo sin saber si llegaré viva al altar, o sí llegaré a pasar más de una
semana siendo Isabella de Cullen.-Hablé con dolor y me acerqué a Edward, que
tenía la mirada vacía y baja, tomé su cara entre mis manos y lo obligué a verme.-
Se que te decepcioné, pero no quiero hacerte daño, no quiero que te ates de esa
forma a mí, porque no sabemos mi destino, cuando pasemos la frontera te juro
por nosotros que me casaré contigo sin pensarlo.

-No me has decepcionado Bella, sólo me estoy dando cuenta de que no pensé en
ningún momento estar lejos de ti.

-¿Eso quiere decir que si se casarán?-Preguntó Charlie, que al parecer no estaba
molesto, sino arrepentido de haberse comportado así.

-Eso quiere decir que sí, pero lo pensaré de aquí hasta que nos reunamos de
nuevo...-Dije con orgullo y dándole una sonrisa de felicidad a la familia Cullen y
a mis padres. Edward me respondió con una sonrisa también y sin importarle
los demás me cargó y me beso dulcemente. A nuestro alrededor empezaron a
aplaudir con ganas.

Después de que Edward me bajó miré en dirección de los Swan con esperanzas
de que sus miradas no fueran de odio, pero al contrario, mi madre sostenía una
sonrisa, mordiéndose el labio inferior y con los ojos llenos de lágrimas se acercó
a abrazarme.

-Entonces… ¿Ya no serás más mi niña pequeña?-Dijo mi padre entre sollozos,
pero frunciendo el ceño para disimular las lágrimas que se estaba conteniendo.

-Siempre seré tu niña pequeña, malcriada, llorona y todo lo que quieras que
sea.-Respondí con dulzura y lo abracé.

Al principio no me correspondió, pero después empezó a asfixiarme de lo fuerte
que lo hacía, por supuesto, no le dije nada para no hacerlo sentir mal.

-Te quiero mucho Bells, si éste tipo te llega a hacer daño alguna vez, te juro
que…-Mi padre volvió a su cara de molesto y Edward se acercó y le colocó su
pálida mano sobre el hombro.

-Nada pasará Sr.Swan, eso se lo aseguró.-Dijo con seriedad y me guiñó el ojo.

Mi padre pareció suavizarse y dio una leve sonrisa con mucho esfuerzo.

-Bueno propongo hacer un brindis, vuelvan todos a sus asientos por favor.-
Sugirió Carlisle.-Emmett fue con Rose a buscar la champagne y las copas,
esperemos un momento.

Después de un momento de incomodidad aparecieron Rose y Emmett con los
artículos que había nombrado Carlisle.

Sirvieron pequeñas cantidades para los Cullen y en la de mis padres sirvieron el
doble, que sería lo normal en un brindis.

-Por los futuros novios y su hermosa relación.-Dijo Esme alzando su copa e
invitándonos a imitarla.

-Esperen, quisiera decirle algunas palabras a Bella.-Dijo Rosalie con una voz
avergonzada. Me sorprendió que se refiriera a mí en este momento.-Desde el
primer momento no he sido muy… ¿Cómo decirlo?... Muy servicial ni cortés
contigo, a diferencia de el resto de mi familia que lo hizo siempre con mucha
educación y cariño, porque ellos te aceptaron desde el primer momento y de
verdad me avergüenza mucho tener que confesarlo, porque me di cuenta desde
hace tiempo que tu mereces estar y ser parte de la familia, Edward de verdad te
ama y el es un muy buen chico, necesitaba alguien perfecto y creo que ya lo ha
encontrado.-Me sonrió amablemente y alzó la copa hacia mi.-Felicitaciones para
ustedes.

Me quedé sin palabras porque jamás pensé que Rosalie se retractaría por su
actitud hacia mí.

-Rosalie… yo.

-No digas nada Bella, no tienes por qué.-Respondió Rose con dulzura.

-¿Alguien más quiere agregar algo más?-Preguntó Esme educadamente.

-Bueno no tengo más nada que decir, creo que ya Rosalie lo ha hecho por mí.
Eres maravillosa y sabes que ya formas parte de nuestra familia, te hemos
tomado mucho cariño.

-Así es, eres cómo una hermana para todos.-Dijo Alice con una linda sonrisa.

-Cómo la hermana que todos estamos dispuestos a cuidar.-Dijo Jasper.
-Porque es un poco despistada.-Bromeó Emmett.

Todos rieron ante el chiste y terminamos de alzar las copas.

-¡Felicitaciones!-Exclamaron todos con alegría.

Sirvieron varios tipos de postres después de la comida y parecía cómo si hubiera
sido otro día, otra situación… cómo si nada hubiera pasado. Mis padres
hablaban con confianza y reía junto a Carlisle y Esme. Al igual que nosotros,
también estábamos muy unidos, Alice y Rosalie me hablaban de los planes de la
boda, el vestido, decoración, flores… Edward y sus hermanos hablaban, pero no
sé de qué, al parecer Edward también se encontraba aislado.


Mi mente no se encontraba ahí, aunque fingía estarlo. Sonreía con esfuerzo,
tratando de ocultar lo mal que me sentía. Ya no me faltaba nada más, todos me
veían alegres y optimistas, pero mi mente no dejaba de darle vueltas a la idea de
no sobrevivir al mes siguiente, de no cumplir mi promesa de casarme con
Edward, de decepcionarlo, de dejarlo.



Nos levantamos de la mesa y nos reunimos todos en la sala, menos Emmett que
salió afuera, por una razón que desconocía.

En un momento Alice se acercó a Edward y le susurró algo al oído, pero la
expresión de felicidad en sus caras no era algo normal, cómo si se hubieran
ganado la lotería… En realidad eso no es un buen ejemplo ya que ellos no lo
necesitan, pero imaginando que son gente común.

Hice un gesto de duda, para que me aclararan la razón de tanta felicidad y me
respondió con un gesto de manos que denominaba "Espera". Se acercó a Charlie
y lo llevó un poco lejos de ahí, la idea no me pareció lo mejor, ¿Qué querría
hablar Edward con mi padre?

Decidí enfatizar mi vista, ya que mi oído no sería capaz de llegar a donde ellos
estaban. Al igual que Alice, Edward le contaba algo al oído y hacia gestos de
entendimiento con las manos, Charlie quedó pensativo en un momento pero
después le dio una rápida sonrisa y unos cuantos golpes en la espalda, y miró
hacia mi dirección, también sonriendo.

Algo andaban tramando.

-Ven Bella, hay algo que quiero mostrarte.-Dijo Edward tomándome del brazo y
llevándome afuera.

Emmett venía en dirección contraria, se dirigía al interior de la casa y me guiñó
el ojo como si intentara decirme algo, cosa
que me confundió más aún.

No hice gesto ni sonido alguno ya que quería llegar al punto de todo esto.
Caminamos debajo de la luna hacia la parte
trasera de la casa… hacia el estacionamiento.

¿Tenía que esconderme para decirme algo? Definitivamente era un lugar
privado y oscuro, no creo que lo que quisiera incluía hablar precisamente. No
estaba preparada, no pensé que fuera así, en ese momento, no estaba lista pero
no sabía cómo responder. Cuando llegamos a la entrada, la gran puerta del
garaje estaba abierta y no había luz adentro, así que me quedé
petrificada mientras el caminó unos pasos más que yo.

-¿Qué pasa Bella?-Preguntó Edward, acercándose a mi.

-No sé Edward, jamás esperé que pasaría eso hoy.-Dije con inseguridad.

-¿Sabías que esto pasaría?-Preguntó sorprendido.

-Pues, creo que es obvio.-Dije apenada.

Su cara se tornó a una expresión de decepción.

-Pensé que sería una sorpresa para ti…-Dijo con tristeza.- ¿No te molesta
verdad?

-No, para nada… ya me había pasado por la mente unas cuantas veces…-
Confesé.

-Jamás pensé…-Dijo, pero yo lo callé al instante con un beso. Lo empujé poco a
poco al interior del estacionamiento,
pegándolo a la pared. Parecía un poco confundido, pero ¿No era eso lo que
quería?

El levantó su mano cómo buscando algo en la pared y encontró el encendedor de
luz. Las luces blancas me cegaron por un momento pero después vi su sonrisa
de satisfacción.

-¿Preparada?-Preguntó sonriendo.

-Creo que sí…-Repliqué nerviosa.

Esperaba que me empezara a besar de nuevo pero lo que hizo fue voltearme
tapando mis ojos con sus manos. No entendí la
técnica.

-Creo que te lo mereces.-Me susurró al oído y quitó las manos de mis ojos.

Ordenando la confusión en mi mente, lo entendí todo. No se refería a "eso". Se
refería a un muy, pero muy lujoso carro en su estacionamiento… Que era para
mí. Con mis pocos conocimientos de carros y sus respectivas marcas, reconocí
que ese logo pertenecía a un Mercedes, un modelo muy moderno, atrás señalaba
con letras plateadas "CL-Class", color blanco. Es el carro con el que alguien
siempre hubiera soñado. Pero el precio no era precisamente accesible para
cualquier persona, cualquier carro de ese estilo no parecía de los muy baratos.
Mientras pensaba en cualquier cantidad de dinero, habían pasado unos cinco
minutos mientras Edward esperaba respuesta alguna de mi parte.

-¿No te gusta?-Preguntó, tratando de romper el incómodo silencio.-Estabas
pensando que era algo diferente, ¿No es cierto?

-De hecho… Es… Es… demasiado para mí Edward. Creo que te has sobrepasado
de la línea.-Dije sin dejar de mirar el auto.

-Nada es suficiente para ti, hasta el auto más caro del mundo queda corto. Por
favor, no te molestes, me pareció un regalo
necesario, tú necesitabas y querías un auto. Pues bien, aquí lo tienes.

-Te has gastado demasiado en esto…

-Ya dije, no importa el precio, además, Alice lo escogió.

-Voy a matar a Alice.-Susurré.

-¿No quieres verlo por dentro? ¿O es que no te gusta?

-No lo sé Edward… me sigue pareciendo una exageración.

-Bueno… si quieres lo podemos cambiar, puedo ir a New York y…-Dijo un poco
triste, o fingía estarlo.

-¡No! Ni se te ocurra irte.-Le dije molesta.

-¿Quién dijo que me iría… sólo?-Dijo con voz sospechosa. ¿No se iría sólo?
¿Cuál es el caso? Aun así se iría, estaría lejos de mí… A menos de que…

-¿Eso es una invitación para viajar contigo?-Pregunté emocionada.

-Si quieres… ¿No hay problema?

-Yo no soy el problema, el problema es Charlie y Reneé, y el colegio. Son muchas
cosas Edward, además viajaremos por algo muy insignificante. Me encantaría
hacerlo, pero creo que no se va a poder, no hay una buena razón.-Inquirí con
decepción.

-Creo que tienes razón… ¿Segura que no quieres entrar a verlo?

-Si, claro.-Repliqué con poca emoción.

Abrió la puerta del piloto para mí y se sentó al otro lado, me explico algunas…
muchas funciones que mi Pick-up no tenía. El carro era increíblemente lujoso
en su interior, asientos de cuero color beige. Con muchas cosas de tecnología.
Como dije antes, el carro que cualquier persona hubiera soñado.

-Gracias.-Le dije sinceramente, viéndolo a los ojos. El se acercó y me besó la
frente, lo cual me decepcionó un poco. Ya venía con la otra idea en la mente, y al
parecer el nunca me vería de esa forma.

-Creo que deberíamos irnos, aún queda una sorpresa más.

-¿Más sorpresas? Desde que estamos juntos me haces sorpresas.-Bromeé.

El rió y me tomó de la mano para llevarme de nuevo con nuestras familias… a
anunciar la otra inesperada sorpresa.

Capítulo v

  • 1.
    Capítulo V Decisiones Llegué alcolegio, último día de la semana. Todos me sonreían y al parecer más de uno se había enterado de mi "pequeño accidente". En la mañana, la clase de Inglés pasó increíblemente rápida, en el almuerzo no vi a Edward ni una vez, cada vez que volteaba, su hermana Rosalie me miraba cómo si tuviera ganas de ahorcarme. En cambio, Alice me veía divertidamente, me sonreía. Eran dos polos opuestos. La tarde también se me pasó rápida. Pero sin señales de Edward. Me encontré con Jessica en clases de Química, pero ella paso todo el rato hablando de lo mucho que le gustaba Mike, pero que él no se interesaba en ella. En realidad, jamás había sido la del papel de confidente, pues porque nunca me habían interesado las relaciones, ni nada que tuviera que ver con el tema. Era muy despistada, no ponía atención a lo que me decía Jessica, respondía con un "¿Si?". Siempre funciona. Estaba por salir, decepcionada de no haber visto a Edward en todo el día, cuando lo vi, lejano, apoyado a una pared, mirándome, profundamente, cómo si viera mas allá de mi, cómo si quisiera ver mi interior. Estaba dudando. ¿Me acerco a él?. Me pregunté a mi misma. -No.-Respondió mi mente. Pero al dar un paso, mi corazón latía, rápido. Decía "Si". Edward comenzó a acercarse hacia mi, cambiando su expresión, ahora me veía con curiosidad, cómo si me estuviera inspeccionando. En pocos segundos, él estuvo a mi lado. -¿Cómo te sientes hoy?-Me preguntó con voz y mirada inexpresiva. -Mejor.-Le respondí en el mismo tono de voz de su pregunta. -Bella, de verdad me preocupas. ¿Podrías decirme que tienes?-Cambió su tono de voz, ahora sonaba preocupado. Igual que en el hospital. -Primero necesito saber algo.-Le dije firmemente. Me había recordado que debía preguntarle acerca de lo que había dicho Rosalie. -¿Qué quieres saber? Tomé aire antes de formular mi pregunta.
  • 2.
    -¿Quién eres EdwardCullen? -¿Qué clase de pregunta es esa Bella?-Me preguntó sonriendo y después soltando una pequeña carcajada. -Edward, escuché cuando Rosalie te dijo que yo podría descubrir, quienes son ustedes.-Le confesé que no había estado inconsciente por completo. -¿Tu… escuchaste?-Preguntó Edward con cara de Shock. -¿Puedes responder?-Le pregunté molesta. -A lo que ella se refería, es de la familia. Es un secreto.-Dijo excusándose. -¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?-Pregunté desconcertada. -Bella, es… algo en ti que, me hace querer protegerte, estar contigo.-Dijo Edward susurrando. Mis manos temblaban ante sus palabras. Mi corazón latía rápidamente. Nadie me había dicho nada igual, nunca. -Edward…-De nuevo. Mis palabras no salían. -No has respondido mi pregunta Bella.-De verdad sonaba muy preocupado. -Edward, yo no…puedo decírtelo. -¿Por qué Bella? ¡¿Por qué?!.-Me preguntó, tomándome de los brazos. -Es… un secreto Edward.-Le respondí citando su expresión anterior.- Pero no te preocupes. No es nada malo-Mentí. Pero quería salir de ahí, me iba a seguir preguntando. Le sonreí lo más que pude y me di la vuelta. En un instante me paró y me acorraló contra la pared, fue algo increíblemente rápido. Se acercó a mí, lentamente. Mirándome a los ojos, con dulzura, ternura. Estuvo a punto de colocar sus labios sobre los míos. Mis mejillas ardían por su enrojecimiento. Estaba paralizada. Sentía que el corazón se me salía del pecho. Tan rápido cómo me arremetió sobre la pared, se separó de mí. -Esto no puede pasar Bella.-Dijo Edward mirando al suelo con expresión de dolor. El pensaba lo mismo que yo. No podía pasar. Así lo pensaba yo desde un principio. -No deberíamos ser amigos, tienes que alejarte de mí. Antes de que sea demasiado tarde.-Dijo Edward.
  • 3.
    -Lo sé Edward.-Ledije en un susurro de dolor. -No quiero que sea tarde. Si no me separo de ti ahora… No sé que podría pasar. -No...- Le dije, mientras… ¿Mis lágrimas caían? -No hagas esto mas difícil de lo que ya es, prometo no enamorarme de ti Isabella Swan.-Colocó una mano sobre mi mejilla, apartando las lágrimas y se apartó totalmente de mí. Desapareció corriendo. Iba a seguirlo pero… Sonó la campana. Ya debía entrar a clases. Caminé por los pasillos del colegio con mucha lentitud, mi mirada era vacía y desganada. En ciencias me tocaba con Ángela. Ella era la mejor que me había caído. No molestaba, aunque por su expresión en clases, se veía que quería saber que me pasaba. Manejé precipitadamente por la carretera, con sólo una mano al volante y la otra estaba pero secar mis lágrimas. Era así cómo se supone que debería pasar, no podía haber un más allá entre nosotros. Él lo decidió también, aunque no sé la razón. El prometió que no se enamoraría. No importa lo que pase, el nunca me vería llorar. Al estacionarme fuera de mi casa, estaba Jacob esperándome, sentado en la entrada. Él me había prometido que me iría a visitar pronto, pero no dijo nunca cuando. Y hoy no estaba en las mejores condiciones. Se acercó a la puerta de mi pick-up, mientras yo la apagaba, disimuladamente me quitaba las lágrimas. -Bella ¿Qué… qué tienes?-Me dijo Jacob dulcemente, ayudándome a bajar de la camioneta. -Jacob…-Lo miré, mordiéndome el labio, tratando con todas mis fuerzas, de no romper en llanto. -Bella, dime qué te pasa, puedes contarme lo que quieras.-Me dijo acariciando mi mejilla. -Jake es…-Alcancé a decir seguida por un llanto repentino, llevé mis manos a la cara y Jake me rodeó con sus brazos. Le conté todo a Jacob. Jamás había hecho esto, bueno en realidad nunca me había sentido así, y menos con necesidad de desahogarme con alguien. A mi criterio, Jake era un muy buen amigo, todo el rato que pase contándole me escuchó completamente, sólo cuando le dije "Edward Cullen" cambió a una cara de rabia y dolor al mismo tiempo, pero aún así siguió escuchando con atención. Después me sentí tan a gusto con él. También me había contado sus cosas personales, pero me confesó que jamás había estado enamorado. Me alegré no ser la única.
  • 4.
    -¿Después de estoqué pasará Bella? ¿Es que piensas andar por el colegio sin hablarle?-Me preguntó Jake. -No lo sé Jacob, haré mi mayor esfuerzo, pero el tendrá que cooperar-Le dije levantando mis hombros al suspirar.-Gracias Jacob.-Le dije, fijando mi vista en él con agradecimiento y dedicándole la mejor sonrisa que pude. -Para eso están los amigos ¿No?-Me dijo, devolviéndome una sonrisa de ánimo. Pasé toda la tarde riendo, contando anécdotas del pasado, cosas sin sentido. Pero yo me sentía bien. Gracias a Jake. Se fue por la noche y me asomé por la ventana, me despedí con la mano. Me había dado fuerzas para seguir adelante, estar de pie. ¿Sería lo mismo a la mañana siguiente? No, mañana era sábado. Me dedicaría a leer, o cualquier cosa, con tal de distraerme. Había recordado que había quedado en una parte curiosa de mi libro. "Haz una lista de cosas que tienes que hacer, ya sean metas, sueños, viajes… Por ejemplo: Lázate por una caída de agua. Haz camping…" Tomé una hoja de papel y un lápiz, sólo por pasar el tiempo, escribí: "Cosas que hacer: 1. …" No se me venía nada a la mente. En realidad en mi mente no, pero en mi corazón… Comencé a escribir sin parar. Hice veinte en total. Sostuve el papel en mis manos unos cuantos segundos, lo doble y lo guardé en la mitad del libro. Tenía varias tareas acumuladas. Las adelanté rápidamente y bajé a desayunar. Me dediqué a cocinarme unos panqueques, ya que era raro en mi tener apetito, me degustaba haciendo platos más elaborados que un plato de cereal. Mi mamá había guardado unas salsas para pasta en el congelador, me había dejado una nota diciendo que comiera y que el resto lo guardara. De repente sonó el teléfono. ¿Quién podría llamar a mi casa? -Aló…-Dije en un susurro. -… ¡BELLA!-Dijo Jessica, haciendo que apartara mi oído del teléfono.
  • 5.
    -Jessica ¿Qué tepasa?-Había gritado cómo si se estuviera muriendo, la chica esa estaba loca. -¡Bella! Eres tú, gracias a dios. Necesito un favor-Me dijo en voz de súplica, hablando muy rápido. ¿Cómo consiguió mi teléfono? Jamás se lo di. -Dime, ¿Necesitas ayuda con alguna tarea?- -¿Ah? ¡No!, mira, es… ¡Mike! Me invitó a salir con él, y le dije que si. Pero no quiero ir sola.-Ya sabía a donde quería llegar. -¿Y quieres que vaya contigo?-Le pregunté expectativa. -¡Si! Por favor Bella, no sabes cuánto te lo agradecería. -No lo sé Jessica, no me gusta salir. Además mis padres aún no llegan…-Intenté darle excusas para no ir a su velada. -Mi madre llamó a la tuya, le dijo que no había problema, pero me dijo que te preguntara a ti.-Renee estaba enterada de que socializar no era una de mis cosas favoritas. -Está bien. ¿Dónde nos encontramos?-Le dije resignada. -No te preocupes Bella, yo te paso buscando a las siete. Gracias de nuevo.-Me dijo Jessica finalizando la llamada. Ahora debía prepararme para salir con Jessica. Nunca había sido muy dotada de ropa, ya que con lo poco que salía, no necesitaba de la moda, además nunca fue un hobby ir de compras. Busqué entre mi ropa y encontré unos blue jeans, una camiseta de tiros, aunque no sea muy nueva. Y obviamente mi chaqueta. Tomé un baño de agua caliente, y en menos de lo que pude darme cuenta ya faltaban treinta minutos para las siete de la noche. Bajé y le dejé la cena lista a Charlie y a Renee con una nota: "Regresaré pronto, voy a sobrevivir, no se preocupen. Los Quiero, Bella" Tan pronto cómo coloque la nota en la nevera, sonó la corneta del carro de Jessica. Apagué las luces y salí de la casa, caminando lentamente hacia el carro, Jessica me esperaba con una sonrisa expectativamente. Venía repitiéndome a mi misma "¿Por qué aceptaste, por qué aceptaste?" -Hola Bella, gracias por acompañarme.-Me dijo Jessica sonriéndome. -De nada.-Le dije con indiferencia.- ¿Se puede saber que vamos a hacer?
  • 6.
    -Vamos al cine. -Ah,que emocionante.-Le dije sin ganas. El camino fue largo, obviamente en una locación cómo Forks, no hay cines. Fuimos a Port Angeles. Llegamos y esperamos un rato a Mike que no tardó en llegar. Cuando se acercó a Jessica no se había percatado de mi presencia, al verme su expresión fue de sorpresa. -Bella ¿Qué haces aquí?-Dijo Mike desconcertado. -Pues ella vino a acompañarme.-Dijo Jessica respondiendo por mí y colocando su brazo sobre mis hombros. -Me alegra mucho que hayas venido. Entramos al cine y Jessica había salido un rato al baño. De verdad tenía un trauma con su apariencia personal, iba a verse al espejo y a retocarse el maquillaje, en vez de estar con Mike. Habían escogido una película de comedia, ya que yo me rehusaba a ver la de romance. No era una película muy buena, en realidad Mike pasó todo el rato riendo, mientras Jessica se molestaba por que él no le ponía atención. Me frustré y salí del cine a la mitad de la película. Quise buscar una librería, pero todas estaban cerradas. Caminé por la calle, no había mucha gente. Había luna llena y el bosque se veía absolutamente oscuro. De pronto, todo Port Angeles quedó sin luz. Y yo estaba en el medio de la nada, sin haberme dado cuenta, había caminado muchísimo. Tenía que regresar al cine, de seguro la función se habría cancelado. De pronto un chico me saludó desde lejos, estaba como a una cuadra de mi, pero empezó a caminar hacia mi, lentamente, tenía cara de necesitado, pero no de malicia, sino de tristeza. Ya estaba al lado del cine cuando el chico se me acercó. Aún estaba todo oscuro y no había nadie más. Era un poco más alto que yo, de cabello castaño oscuro y de ojos verdes. -Hola…-Me dijo en voz baja y tímidamente. -Hola. ¿Te puedo ayudar en algo?-Le pregunté inocentemente. -De hecho sí.-Me dijo sonriendo. Colocó una mano en su espalda, cómo si estuviera buscando algo en su bolsillo trasero. Al instante, con su otra mano me tomó sorpresivamente por el cuello, y llevó mis manos detrás de mi espalda. Pegándome a la pared y asfixiándome. -Necesito que me des todo lo que tienes. ¡Ahora!-Me gritó el chico con fuerza.
  • 7.
    Lamentablemente no traíaabsolutamente nada, había traído el dinero justo para la entrada y más nada. Había dejado mi cartera en la parte delantera del carro de Jessica. Que oportuno. -No tengo… nada-Le alcancé a decir, me estaba asfixiando, no podía articular las palabras. -Que lástima. De verdad que eras bonita.-Susurró colocando su boca en mi cuello, su nariz me rozaba la parte baja de mi mejilla, podía sentir como me olía. Sacó su mano de atrás y en ella tenía una navaja. La acercó a mí y la llevó a mi cuello. Sentí el frío filo posándose sobre mi piel. Sangre. -¡Quítale las manos de encima!-Gritó… Edward. El chico lo empujó, pero parecía cómo si no hubiera hecho ningún esfuerzo. Edward lo tomó por la camisa y lo lanzó con mucha fuerza al piso. -¡Vete ahora!-Le gritó al chico. Sin darme cuenta estaba sangrando muchísimo, pero estaba tan pendiente de Edward que no puse atención a mi herida. Edward se veía diferente. Sus ojos, eran negros totalmente, no eran los que yo recordaba, sus dorados. Mi herida sangraba sin parar, aunque había sido sólo un roce, el cuello es un lugar donde circula demasiada sangre. Para mi mala suerte… Edward se acercó a mí, mientras yo colocaba mi mano en la herida, "como si eso fuera a parar la sangre". Estuvo a unos pasos de mí, con sus manos extendidas, me quería ayudar, su expresión era de dolor. Después desapareció. Hacia el bosque. -¡Bella!-Escuché la voz de Jessica entre la multitud que salía de una de las salas. -¿¡Bella!? ¿Qué te paso?-Me preguntó Jessica colocando su mano sobre la mía, que se posaba en mi cuello. -Es… intentaron robarme.-Dije en voz baja, aún con mi vista pérdida en el bosque. -¿Qué? ¿Bella? ¿Por qué? ¿Estabas sola? ¿Te hicieron esto?-Empezó a preguntar Mike, desesperadamente. -Si, la calle estaba oscura y pues, estaba regresando al cine y éste chico me tomó por el cuello-Les expliqué en voz baja.
  • 8.
    -Vamos Bella, hayque llevarte al hospital.-Me dijo Jessica tomándome por el brazo. -No, no importa, ya deje de sangrar. Necesito sólo una venda y ya. Vamos, ahí hay una farmacia.-Le dije señalando la esquina. Fuimos a la farmacia mientras Mike y Jessica me insistían en llevarme al Hospital, yo hacía caso omiso de sus palabras. Edward me había defendido, increíblemente, apareció de la nada. Muchas preguntas rondaban por mi mente. ¿Qué hacia Edward en Port Angeles esa noche? Estaba sólo, sin su coche. ¿Por qué escapó hacia el bosque? ¿Viviría cerca de Port Angeles? Sus ojos, eran diferentes hoy, eran negros ¿Por qué habían cambiado? Pero algo que me desconcertaba totalmente. ¿Por qué me había dejado? Sólo cumplía su parte del tratado… "No me enamoraré de ti Isabella Swan" Capítulo VI Confesión Al llegar a mi casa, no pude pasar desapercibida, Charlie y Reneé notaron la venda en mi cuello y me atormentaron en preguntas. Tuve que excusarme diciendo que me apoyé a una pared que tenía un alambre afilado. Ya lo sé, es una muy mala excusa, pero no tuve tiempo de pensar un accidente creíble. De todas formas, con mi fama de torpeza, ellos creerían cualquier cosa. -Bueno Bella, tu madre y yo estuvimos hablando en la mañana.-Me dijo Charlie con un tono de voz como para que no lo interrumpiera.-Hablamos con el doctor en Phoenix, y dijo que enviaría algo para ti.-En sus manos sostenía un aparato pequeño, de color negro, tenía una pantalla. Miré algo extrañada a Charlie y a Reneé, mientras tomaba el objeto en mis manos. -¿Qué es esta… cosa?-Pregunté con curiosidad. -Bella, es un Beeper.-Me dijo mi madre tomándome de la mano. -Si, pero no entiendo, ¿Para qué lo necesito?-Pregunté con presión. -Hija, verás, sabes que el Doctor te puso un límite de tiempo tentativo, éste aparato sonará…-Mi papá seguía hablando explicándome, mientras la expresión
  • 9.
    de mi madrese tornaba triste, llevando sus manos a la cara y empezando a llorar. Charlie seguía hablándome, también con expresión de dolor. Me quedé unos minutos en silencio, escuchando el llanto de mi madre y ordenando las ideas en mi mente. -Y… ¿Qué pasa si yo… y aún no ha sonado…?-Le pregunté a Charlie con voz quebrada. -Ese es el riesgo hija. No sabríamos qué hacer.-Me dijo Charlie con ojos sollozantes. Después me dio un fuerte abrazo. Yo aún seguía con mi mirada vacía, recostada sobre el hombro de mi padre, mis lágrimas cayeron repentinamente. Sabía que era pronto, pero el tiempo pasó rápido. -Creo que subiré a mi cuarto, necesito descansar.-Le dije a mi padre apartándolo sutilmente de mí, mientras besaba la frente de mi madre, ella tomaba mis manos y articulaba las palabras "Te Amo". Entré a mi habitación, cerré la puerta de espaldas, mientras posaba mi cabeza sobre la puerta, me senté en el piso, a llorar silenciosamente. Estos últimos días, habían sido difíciles para mí. Empezaron los truenos, más tarde la lluvia caía. Pasaron horas y yo seguía en el piso sentada, con mis rodillas en mi pecho. Salí de mi cuarto rápidamente, bajé las escaleras y abrí la puerta. Las gotas me salpicaban, la lluvia era imparable. El bosque frente a mí, oscuro e infinito. Sentí un impulso de ir, y así lo hice. Corrí hacia el bosque, lo único que lo iluminaba era la luna. En pocos segundos, ya mi ropa estaba totalmente empapada. No tenía curso, sólo corrí con mis ojos llenos de lágrimas. -¡¿Por qué?!- Grité desesperadamente. -¿Por qué, por qué a mi?-Miré hacia arriba y las gotas caían precipitadamente. Después regrese la vista y mire a los lados, árboles, árboles, árboles. Estaba pérdida. -¿Qué haces aquí sola? Podrías enfermarte, y no sabrías cómo volver a tu casa.- Me preguntó una voz, que por muy dulce que fuera, no podía reconocer por el sonido de los truenos y la lluvia. No quise voltear, por lo menos ya no estaba sola. Pero me mataba de curiosidad. ¿Cómo alguien llegaría a parar al medio de la nada, a esas horas de la noche y se encontraría conmigo? Volteé mi vista. Edward.
  • 10.
    Traté de ordenarmis preguntas por prioridad. -Debería hacerte la misma pregunta.-Le dije volteando de nuevo hacia la luna. -Yo pregunté primero.-Me dijo seriamente. -¿Por qué te tengo que responder esa pregunta? -Porque hoy te salve la vida.-Me dijo al oído. ¿En qué momento se movió? -Gracias. Pero… Tienes que responder muchas dudas que tengo. ¿Cómo es que sabías donde estaba? -Bella, tengo una necesidad de protegerte. Siempre andas en algún problema.- Me dijo tiernamente. Solté una pequeña risa, estaba en lo cierto. -Pero, ¿Me persigues? Es imposible llegar aquí sin guiarse-Le pregunté desconcertada. -No.-Me negó rotundamente. -¿Por qué tus ojos son dorados? Hace dos horas eran negros, y cambiaron.- Busqué una posible explicación.- ¿Cómo fue que desapareciste por el bosque de repente?-Le empecé a preguntar sin parar. -Bella, si te digo, después tendré que matarte.-Me dijo sonriendo. -¿Serías capaz?-Lo reté acercándome a él. -No, jamás. He querido, pero no tengo la fuerza para alejarme de ti -Dijo acercándose a mi y colocando su helada mano en mi mejilla. -No podemos estar juntos Edward -Dije mirándolo profundamente a los ojos. -Yo no debo, pero estoy dispuesto a romper la barrera. Todo sea por estar junto a ti. -Déjame tranquila por favor.-Le dije con mucho dolor, él sentía algo por mí y yo no podía aceptarlo, mis lágrimas salían de nuevo. -Bella… Quiero estar contigo-Tomó mi mano con dulzura. Ya no aguantaba más, no podía seguir ocultándolo, yo también sentía necesidad de estar junto a él. Era especial. Diferente. No lo soporté más… -Edward, estoy enferma.-Le dije con voz quebrada.
  • 11.
    -Bella, sea loque sea, lo podemos superar, mira mi padre es…-No dejé que continuara. -No Edward, por favor, escúchame. Insuficiencia cardíaca, me lo diagnosticaron hace cinco años, necesito una donación de corazón.-Le explique entre llanto. -¿Cuál es el problema? Siempre hay donantes…-Me dijo Edward con una rápida sonrisa nerviosa que se tornó preocupada de nuevo. -Ese es el problema Edward, mi tipo de sangre es demasiado raro, y va a llegar un momento que ya mi corazón no bombeará sangre…-Le dije mientras le daba la espalda. Se quedó unos cuantos minutos en silencio. No respiraba. No sentí que se movió. -¿Cuánto tiempo?...-Me preguntó Edward con voz sollozante. No pude responderle, tenía un nudo en la garganta. -¿¡Cuánto tiempo Bella!?-Me gritó Edward con dolor. -Tres meses… o menos.-Le susurré. Sus ojos se abrieron como platos, su cara se quedó fría, estaba sollozando, pero nunca salió alguna lágrima de alguno de sus dorados ojos. Daba vueltas con sus manos en la cabeza cómo si estuviera buscando una solución… una cura. De pronto Edward se acercó a mí lentamente y tomó mi cara suavemente por el mentón. Acercándome a él. Mi respiración se torno acelerada. -¿Por qué no querías decirme lo de tu enfermedad? -Porque quiero llevar una vida normal, no quiero que la gente sienta lástima por mí. -¿Sin decirme nada a mí? -Preguntó Edward indignado. -Especialmente a ti-Le dije acariciando su cara.-Voy a morir Edward, no quiero enamorarme. Mi vida era normal, ya había aceptado mi sentencia y entonces tú apareciste.-Me di la vuelta evitando su mirada de pánico y dolor. Se quedó mudo por unos segundos. -Yo sé que soy la chica enferma, pero ¿Quién eres tu Edward Cullen?-Le pregunté, rompiendo su silencio y cambiando el tema. -Yo… -Te dije mi secreto, ahora tú debes decirme el tuyo.-lo presioné. -Pronto lo averiguarás, pero debes prometer que no le dirás a nadie…
  • 12.
    -Lo prometo.-No lediría a nadie. Pero ¿Cómo lo averiguaría? -Bella, está lloviendo, tengo que llevarte. No quiero que te dé un resfriado. -Si, pero si estamos perdidos.-Le dije irónicamente. -Tú lo estás, yo no.-Me dijo sonriéndome. Me tomó por los brazos y me subió delicadamente a sus brazos. -Sujétate fuerte. No tenía ni la menor idea de lo que iba a hacer, pero me sujeté. Hice una respiración y sentí que estaba volando, Edward corría rápida y ágilmente por el bosque. No era una velocidad humana, y menos con alguien trepado en tu espalda. Otra duda más. Pero estaba traumada, cómo era posible alcanzar tal velocidad. Pude visualizar mi casa desde lejos y no había pasado ni un minuto. -Ya llegaste.- Me dijo con una sonrisa en su cara, cómo si no hubiera corrido, no tenía aceleración cardíaca ni respiración rápida. Nada. Era sobrehumano. Me bajé de su espalda y mi cara era de trauma. -De verdad, tienes que decirme ¿Cómo lo haces?-Le pregunté realmente sorprendida. -Adiós Bella. Nos vemos pronto.-Dijo riendo y besando mi frente. ¿Pronto? Entré con mucho cuidado, pero el ruido de la lluvia aun era fuerte, así que no me costó cerrar la puerta sin hacer ruido. Entré al baño y mi aspecto era horroroso, estaba empapada, tuve que darme un baño con agua caliente. Me sequé el cabello con una toalla, lo más que pude. Me cambié de ropa, me peiné precipitadamente, estaba totalmente cansada. Al llegar a mi cuarto, mi ventana estaba abierta, no recuerdo haberla dejado así. Me acerqué y la cerré, asomándome al ver que la lluvia no estaba tan fuerte cómo lo había estado en el bosque. Me sumergí en un sueño profundo, pero me sentía envuelta por algo frío, mientras escuchaba una melodía dulce, lenta, tarareada por una mágica voz. Mi mente divagó en la mañana, permanecí despierta en mi cama pero no quería levantarme. Las imágenes de la noche anterior, llenaban mi mente, su cara a pocos centímetros de la mía, su mirada al confesarle mi enfermedad, los árboles pasando rápido al lado de nosotros, la luna llena. "Nos vemos pronto".
  • 13.
    Mi madre sequedó en casa, arreglando, nos habían invitado los Black a almorzar a su casa, en La Push. La ayudé un poco, mientras ella se encontraba lavando ropa, mientras esperábamos que Charlie nos buscara. -¿Bella, puedes venir un momento?-Me dijo mi mamá desde la parte trasera de la cocina. -Si Reneé, dime. -¿Por qué tu ropa de ayer está húmeda?-Me preguntó Reneé intrigante. Jamás las excusas había sido una buena cualidad de mí. No sabía qué inventar. -Bueno, verás… Yo… Fui a buscar… un cuaderno a la camioneta y cómo estaba lloviendo, me mojé y dejé la ropa húmeda ahí.-Me excusé inocentemente. -¿Estás loca Bella? Te pudiste haber resfriado. Ven y tómate esto, no queremos que te enfermes.-Me dijo Renee reaccionando preocupada, se acercó a la cocina y me dejó una vitamina. -Gracias mamá. Charlie había comprado unas gaseosas y unas cervezas para llevarlas, de seguro harían el ritual de, terminar de comer y sentarse a ver ESPN. Yo aún no me había cambiado ni nada, me vestí con lo primero que vi. La Push es la reserva donde vive Jacob, el recorrido fue agradable, pasamos por el lado de una playa, aunque el clima no era cálido, había gente surfeando. Pero algo que llamó mi atención, un grupo de chicos que se lanzaban por un acantilado, al principio fue un poco preocupante para mí, pero después todos se lanzaban al vacio. Se veía divertido. La casa de los Black es una pequeña cabaña de madera, al lado de la casa había un garaje con gran cantidad de piezas y cosas de autos. Había una moto y un viejo Volkswagen con el capó abierto. Apenas estacionamos el carro y ya Jacob estaba afuera. -Bella, ¿Cómo sigues?-Me dijo Jacob con sus brazos extendidos, mientras mis padres entraban. -Mucho mejor, gracias por preocuparte.-Le dije sonriendo. -Me alegra, pero es un cambio de humor muy repentino. ¿Hay algo que tienes que contarme?-Me dijo curioso. -Es… Edward-Le dije con voz emocionante.
  • 14.
    Salimos a darun paseo cerca, mientras le contaba mi experiencia de la noche pasada, me hacía preguntas comunes, pero jamás le mencione las cosas sobrehumanas que había hecho Edward, le dije que yo estaba en el bosque pero muy cerca de mi casa y le dije él que había venido en su carro, cosas normales. Había prometido no decirle nada a nadie. -Bella, tengo que decírtelo, no puedo más.-Me dijo Jacob cambiando su actitud normal a rabia.-No quiero que andes con él, es peligroso. -Jake, ¿Qué pasa?-Le pregunté intrigada. -Edward, es alguien… Diferente. Lo sabía. ¿Pero él sabría toda la verdad, la verdad que yo no sé? -¿Cómo diferente? ¿Cómo lo sabes? No te entiendo. -Se supone que yo no le debería contar esto a nadie, pero te lo cuento a ti. Sabes que los quileutes, son la tribu de aquí, pues, se supone que éstos son descendientes de los lobos. Bueno la familia de Edward, los Cullen, son descendientes de ésta tribu "enemiga", una día los encontraron cazando cerca de aquí y tuvieron que hacer un trato, ellos no pisarían nuestras tierras más nunca para que pudiéramos dejarlos tranquilos. Actualmente, de hecho ellos no vienen por aquí. Son peligrosos Bella, ellos no son… humanos-Me dijo Jake seriamente preocupado. -¿Qué…?-Jacob había dicho que ellos no eran humanos… ¿Entonces qué eran? -Trata de alejarte de él.-Tarde, muy tarde. -¡Dime Jacob! ¿A qué te refieres con que no son humanos?-Lo presioné. -¡Bella. Jacob, el almuerzo está listo ¡vengan a comer!-Dijo Reneé esperándonos en la puerta. -No puedo Bella.-Dijo Jacob dándose la vuelta y caminando hacia su casa. Me quedé con la intriga. Pasé al lado de Jake molesta. Me senté en la mesa sin decir una sola palabra, a nadie, menos a Jacob. Después de que acabó todo, tenía que inventar una excusa, estaba muy aburrida. -¿Quieres que te lleve a tu casa Bella?-Se ofreció Jacob. -¿Te cuesta mucho decirme?-Le pregunté en voz baja. -No soy el indicado para decírtelo. Te dije demasiado.-Me aclaró Jacob con pena.
  • 15.
    -Esta bien, llévame.-Ledije resignada. Mi mirada estuvo hacia la ventana todo el camino, aún seguían los chicos en el acantilado, parecía muy divertida la actividad, ninguno se veía mal herido. Llegamos, me bajé del carro, sin voltear cerré la puerta. -Gracias por traerme, y por lo demás.-Le dije secamente de espaldas a él. -No hay de qué Bella, eres mi mejor amiga, siempre estaré aquí para cuidarte, recuerda lo que te dije, aléjate de ellos.-Me advirtió Jake. -Si, lo que digas. Mi mentalidad se centraba en encontrarle una respuesta a la pregunta que rondaba por mi mente. Si Edward no era un humano ¿Qué era? Tenía que mentalizarme, podría ser cualquier cosa y no tenía que reaccionar de una mala forma. Entré a mi casa vacía y subí a mi habitación a hacer algunas suposiciones. Mi cabeza no podía unir los factores, rapidez sobrehumana, piel pálida y fría, sus ojos cambiaban de color, aparecía en lugares inesperadamente cuando yo necesitaba de su ayuda y no era humano, pero aparentaba ser uno, según Jake. Yo jamás podría averiguar eso, tenía que decírmelo, yo le dije mi enfermedad, el tenía que decirme su secreto. Me senté de espaldas a mi ventana, recostada de mi cama, llevé mis manos a mi cabeza, cómo si eso ayudaría. Sentí el frío del aire entrando por la ventana, rozando mi espalda, pero, no recordaba haberla dejado abierta. Escuché el golpe cuando se cerró y el miedo invadió mi cuerpo, tuve miedo, pero volteé bruscamente para ver que cosa había producido éste sonido. Capítulo VII Conociendo Me levanté de un tiro, pero al ver que no había nadie, mis latidos se volvieron regulares, me acerqué a ver afuera, se veía el crepúsculo que se ocultaba bajo las montañas, me encantaba admirar tal espectáculo. Cuando ya no quedó rastro del sol, suspiré y miré hacia la calle, estaba el Volvo plateado frente a mi casa.
  • 16.
    -Es hermoso ¿Noes así?... Pegué un brinco al subir mi mirada y escucharlo hablar. Edward tenía una agilidad de aparecer en los momentos y lugares menos esperados. -¿Qué haces aquí?-Pregunté en shock. -Vine a verte.-Respondió sonriendo. -¿Quieres matarme antes de tiempo verdad? -No me parece gracioso tu chiste-Su expresión se tornó seria. -A mi tampoco me hace gracia que llegues así a mi casa, a mi cuarto.-Le dije furiosa.-Espera-Cambié mi expresión a duda.- ¿Cómo entraste aquí? -La ventana.-Me dijo muy tranquilamente. -Y ¿Cómo se supone que llegaste a mi ventana, pudiendo tocar y entrar por la puerta de abajo? -Otra de mis habilidades Bella. -Me tienes harta con tus habilidades.-Estaba reaccionando normal, cómo si no me hubieran advertido que él no era humano.- Viniste a verme ¿No? -Si, en realidad, vine a buscarte.-Me dijo sutilmente. -¿A buscarme? ¿Puedo saber para qué? -Quiero que conozcas a mi familia. -Edward, no puedo salir de mi casa, Charlie y Renee aún no llegan.-Le dije nerviosamente. Sólo la idea de conocer a los Cullen me daba pena, ¿Me presentaría ante ellos cómo quién? ¿Su novia? -Están por llegar Bella.-Me dijo muy confiado de sí mismo. -¿Cómo lo sabes?-Le pregunté. Mi pregunta vino seguida de un sonido de corneta en la calle. No aparté mis ojos de él mientras me asomaba por la ventana y al voltear hacia fuera vi cómo Renee se bajaba de la patrulla de Charlie. -Mejor esperaré abajo.-Me dijo Edward, desapareciendo rápidamente por mi puerta. Claro, Charlie y Renee se darían cuenta de la presencia del carro y me preguntarían. Edward fue muy inteligente, pero después de pensarlo yo también debería bajar, mis padres se encontrarían a un extraño en su casa. Mientras escuchaba cómo Charlie y Renee hablaban mientras se acercaban a la puerta,
  • 17.
    bajé lo másrápido que pude, claro mi torpeza no permitió que fuera muy ágil y resbalé en un escalón pero Edward estaba ahí para atraparme entre sus brazos. Subí mi mirada y quedamos muy cerca, él uno del otro. Ya la puerta se había abierto. Charlie y Renee nos vieron y quedaron totalmente pasmados, tenían un estado de Shock. -Hola Charlie, hola Renee.-Les dije cómo si nada hubiera pasado mientras Edward me colocaba de pie. -¿Qué esta pasando aquí?-Preguntó Charlie molesto. -Papá, mamá, les presento a Edward Cullen.-Dije entrecortadamente, estaba nerviosa. -Mucho gusto, es un placer conocerlos.-Dijo Edward cortésmente. -Hola Edward, ¿Eres amigo de Bella?-Preguntó mi madre curiosamente, se le notaba felicidad en su expresión. -Si, muy buenos amigos.-Le respondió Edward sin apartar la vista de mi. -¿Y para qué viniste Edward?-Preguntó mi padre, que al parecer se había calmado un poco. -Vine a pedirles permiso para que Bella conozca a mi familia. Charlie y Renee hicieron un corto contacto visual y después regresaron sus miradas a nosotros. -Ah, esta bien hija, cuídate.-Me dijo mi madre dulcemente mientras me daba una gran sonrisa y me besaba en la frente. Mi padre hizo una mueca de duda, frunció el ceño hacia Renee y ella asintió. Mi padre jamás se había encontrado con algo de este estilo. -Bueno, con su permiso. Bella ¿Nos vamos?-Me preguntó expectativo. Dudé un poco ante su pregunta, estaba totalmente asustada. -Si, déjame buscar mi chaqueta.-Logré articular en voz baja. -Aquí la tengo Bella.-Dijo Edward levantando la chaqueta que tenía en su mano. -Ah, gracias. -Adiós Bella, que se diviertan.-Dijo mi madre cuando la dejábamos atrás. Admirar el Volvo plateado tan cerca, era impresionante, un auto hermoso. Edward se posó a mi lado y abrió la puerta por mí. Pude admirar el lujoso auto por dentro. Estaba frío, pero tenía un olor particular, a él.
  • 18.
    -¿Lista?-Me preguntó Edwardmientras tomaba el volante. -Si, claro.-Dije con nerviosismo. Edward empezó a manejar a una velocidad muy rápida, me asustaba un poco, pero noté su expresión mientras volteé un poco a verlo, era tranquila cómo si nada. No tenía ganas de hablar, así que permanecí callada todo el camino, mientras Edward me veía con curiosidad, sentí en un momento sus ojos clavados en mí y me preocupaba que a su velocidad, despegara la vista de la carretera. -¿Qué piensas Bella? -Nada, tengo un poco de miedo. ¿Podrías bajar la velocidad? -¿No confías en mí?- Me preguntó y soltó una risa baja. -Si, pero por lo menos coloca tu vista en la carretera.-Mi voz sonaba entrecortada y asustada. El se detuvo a verme un poco más mientras bajaba un poco la velocidad. -Me tiene muy frustrado no saber qué piensas.-Dijo el con voz de decepción. -Ni que pudieras averiguarlo.-Le respondí con tono de gracia. -Si puedo, pero eres a la única persona que no consigo cómo hacerlo.-Me dijo con el mismo tono de decepción. -Espera, ¿Hay algo malo en mi?-Pregunté preocupada. Edward empezó a reír. Seguramente algo le había causado mucha gracia. -¿No te parece extraño que yo pueda leer mentes? -En realidad, ya nada me sorprende de ti.-Le dije con voz indiferente. Permaneció metido en sus pensamientos, su vista era recta pero vacía, cómo si estuviera pensando en otra cosa. -Tu madre se alegra de que salgas…conmigo-Dijo Edward apenado. -Ah, ¿En serio?, en realidad no me sorprende, es que yo jamás he salido con… nadie, así de ésta forma.-Le respondí en voz baja mientras mis mejillas se tornaban rojas. -Si, aunque Charlie tiene un poco de duda, él sólo quiere que tú seas feliz. -Lo soy.-Le dije a Edward en un susurro, dándole una media sonrisa.
  • 19.
    El camino asu casa se me hizo eterno, subíamos una colina donde había altos pinos y no había muchas casas alrededor. El frío era peor de lo normal. -Aquí estamos.-Dijo Edward apresurándose a abrir mi puerta. Subí mi vista, su casa era excepcionalmente preciosa, era grande, con ventanales altos, una estructura muy sofisticada. Era blanca, con detalles en piedras. Me quedé de pie, atónita, con mi vista detallando cada esquina de esa maravillosa casa. -¿Qué pasa?-Preguntó Edward dando unos pasos hacia mi. -Es…Tu casa es… Hermosa.-Le dije entrecortadamente. -…Gracias-Respondió Edward apenado. Me tomó de la mano dulcemente, era la primera vez que lo hacía. Tenía un sentimiento muy extraño, pero se sentía tan bien tenerlo a mi lado, tomando mi mano. Abrió la puerta y lo primero que noté fue el dulce olor a rosas. Mis ojos quedaron impresionados ante tal espectáculo, toda la casa estaba decorada con rosas, de varios colores, en floreros, en adornos de las cortinas, era hermoso. En mi se clavaron los ojos de tres personas del interior de la casa. -Hola Bella, no sabes cómo nos alegra que estés aquí.-Dijo Alice, dándome un emotivo abrazo. Les alegraba mi presencia. -Gracias por aceptar nuestra invitación, es un placer tenerte aquí.-Dijo una mujer, que me imaginé que sería la madre de Edward pero, era muy joven para ser madre. Su cabello era ondulado y su tez era blanca al igual que todos. -Gracias a ustedes.-Contesté apenada, aun quita en la entrada de la casa. -Bella, ella es mi madre Esme y él es mi padre Carlisle.-Un hombre muy apuesto, su cabello era claro.-Y creo que ya conoces a Alice.-Dijo Edward señalando a cada uno respectivamente, mientras ellos respondían con una amable sonrisa. -¿No falta alguien?-Pregunté por los demás miembros de la familia. -Los demás están arriba, no deben tardar.-Dijo Carlisle dándole un rápido vistazo a Edward.-Por favor Bella, pasa adelante, tenemos una sorpresa para ti.- -¿Una sorpresa?-No formaba parte de mi lista de favoritos las sorpresas, ni hacían el intento. -Sí te hemos preparado una cena, la hicimos entre todos, esperemos que te guste.-Dijo Alice, tomándome del brazo y guiándome hacia el comedor. Pero sólo había un plato y una variedad de comida, también había postre.
  • 20.
    -¿Voy a comeryo sola?-Pregunté apenada. -No, por supuesto que no. Nosotros te acompañaremos, tengo unas preguntas que hacerte.-Me dijo Carlisle. -Esperen, me refiero, ¿Yo voy a ser la única que va a comer? Todos se miraron entre sí y después fijaron su vista en Edward que permaneció en silencio unos pocos segundos. -Aún no le he dicho Carlisle.-Respondió Edward a una pregunta no formulada. Cierto, lee las mentes. Supe instantáneamente a qué se refería. Pero no quise adentrarme más al tema. Escuché los pasos de tres personas bajando por las escaleras, eran Rosalie, Emmett y Jasper. Ya había escuchado su nombre en el colegio. Algo raro había en Jasper, sus ojos eran negros pero tenían un tono rojizo en el borde de sus pupilas. Se me quedó viendo con expresión petrificada. Mientras nos acercamos a las escaleras, tomé una rosa mientras le sonreía a Edward. De pronto Alice gritó con su vista en blanco, gritó mi nombre. ¿Por qué me había gritado? Del grito me pegué a la pared, colocando mis manos detrás de mí. Sentí una pequeña puya en la palma, pero fue una de las espinas del tallo de la rosa. No presté atención. Pero en un pestañear de ojos, Jasper corrió hacia mí, empujándome al suelo. Edward se colocó alrededor de mí, mientras pude ver cómo los demás hacían una barrera al frente de mí, sosteniendo a Jasper. -Lo siento.-Me susurró Edward al oído. No supe lo que ocurría. Todos desaparecieron, menos Alice, que se acercó rápidamente a mí. -Bella ¿Estas bien?-Dijo Alice preocupada. -Si, estoy bien, un poco confundida. -Vamos Bella, te llevaré arriba.-Dijo Edward, cargándome suavemente. Subió las escaleras, mientras yo volteaba a la parte trasera de la casa veía cómo Jasper me veía apenado y los demás hablaban con el. Entramos a una habitación, que supuse que sería la de él. Pero no había cama. Sólo un mueble blanco que no se veía del todo cómodo para dormir. Había montones de CD en los estantes blancos, era un cuarto muy iluminado, la luz de la luna entraba sutilmente. Había demasiadas ventanas y ¿Una puerta al exterior? -Bella, te he arriesgado demasiado al traerte aquí.
  • 21.
    -Es que noentiendo, todo se me hace más confuso.-Tartamudeé mientras buscaba respuestas. -Alice lo vio, vio tu sangre, yo debí reaccionar más rápido. Edward paseaba por todo el cuarto, diciendo cosas en un tono de voz muy bajo, pero molesto. -Edward, ¿me puedes explicar? Él no ponía atención a lo que yo decía, cosa que me molestaba demasiado, era cómo si yo no estuviera ahí. Retomando los hechos, yo había sangrado, ¿Por qué Jasper habría de arremeter contra mí? Si ellos no son humanos… son pálidos, fríos. No comen comida y la sangre les produce un efecto… -Está bien, te lo diré. Confío en ti. Nosotros somos… -Vampiros…-Lo interrumpí con un hilo de voz, mis ojos estaban fijos en el piso, sentía cómo mi sangre me hormigueaba las venas, un escalofrío recorrió mi cuerpo, de pies a cabeza, pero era de sorpresa, no de miedo. Había tenido a mi lado, alguien que pudo y aún puede acabar con mi vida, y simplemente me parece placentero estar al lado de Edward y del resto de su familia. ¿Cómo no lo había pensado antes? Edward quedó paralizado totalmente ante mi respuesta, y yo seguía son respirar ni moverme. -¿Cómo… quién te lo dijo?-Preguntó Edward con su voz cortada. -Lo acabo de averiguar-Respondí moviendo sólo mis labios. -Me imagino que quieres irte de aquí, déjame… sólo buscaré las llaves y…- Dijo Edward con voz triste y vacía. -¿Irme? ¿Por qué querría irme?-Le pregunté volviendo mi mirada molesta por lo que había dicho, encontrándome con sus ojos dolidos y dorados. -¿No… tienes miedo?-Me preguntó inocentemente. Vamos, ¿Miedo a él? -No. En absoluto. -¿No te da miedo pensar que en sólo pocos segundos podríamos acabar con tu vida?-Preguntó con curiosidad. -Sé que no serían capaces, se que tú no lo harías.-Le dije confiada, acercándome a él.
  • 22.
    Coloqué una manosobre su frío pecho. Quería sentir sus latidos. Pero no podía oír nada. Escuche una risita baja por su parte, creo que se había dado cuenta de lo que intenté hacer. -Bella, mi corazón no late, ni respiro, lo hago cuando lo necesito para hablar y para parecer normal entre los humanos.-Me dijo cómo si me contara una historia normal. Me quedé pasmada ante su confesión. -¿Cómo es posible?-Pregunté atónita. -Bueno Bella, es algo de los Vampiros.-Rió ante su respuesta. -¿Cuánto tiempo… llevas así? -Un poco más un siglo…-Respondió con una media sonrisa. ¿Un siglo? ¿Cien años? ¿Cómo era posible vivir tanto tiempo aparentando unos dulces diecisiete años? Fruncí mi ceño, en respuesta de duda. Se hizo un silencio largo, pero después sonó algo fuertemente en mi interior… Capítulo VIII El león masoquista y la oveja enferma Ya era de noche y no había comido nada desde el mediodía, en realidad no comí mucho ya que estaba tratando de ignorar a Jacob, tratando de averiguar lo que era Edward, cosa que ya no me preocupaba, pero debería. Era un vampiro. -Tengo que atender tus necesidades humanas.-Dijo Edward colocando mi mano sobre mi abdomen, el cual producía un sonido muy molesto en protesta por el hambre. Era penoso. -No, puedo resistir hasta mi casa.-Le mentí, seguramente me iba a desmayar en el camino. -Bella, ¿Piensas despreciar la cena que preparó mi familia?-Preguntó Edward dramáticamente ofendido. -Lo siento Edward, es que me da muchísima pena bajar, después de todo el escándalo que se for...-Un dedo frío y suave se posó sobre mis labios. -Nada de esto es tu culpa, además. ¿Quién te dijo que bajarías a comer? Yo te traeré la comida.-Me dijo riendo y desapareciendo sin permitir que se lo impidiera.
  • 23.
    Era tan cortésy amable. Me volteé a ver su colección de música, la mayoría era clásica e instrumental. Desde décadas pasadas hasta música actual. Edward tenía un siglo de vida, y por lo que pude suponer, su cultura en general debe estar increíblemente avanzada. Mientras tomé un CD al azar, lo solté al instante sintiendo un pinchazo en mi dedo, levanté mi mano para visualizarlo, había un punto marcado en la parte superior de mi dedo índice. Solté un bajo gemido de dolor al presionar el punto rojo. -¿Te duele?-Apareció Edward sorpresivamente atrás de mi. Colocando una mano alrededor de mi cintura y con la otra tomando mi débil dedo. -No, sólo es un punto Edward.-Repliqué. -Bueno, si tú lo dices.-Dijo mientras fruncía un poco los labios, aparentando seriedad para no soltar su risa. Mis ojos recorrieron el cuarto, había traído una pequeña mesa desplegable, tenía comida de todo tipo de la que había en el comedor, pero estaba delicadamente adornado con pétalos alrededor, formando un mantel de colores pasteles, que me dejaron totalmente fuera de mí. -Alice es definitivamente obsesiva.-Suspiré. -En realidad… No fue Alice, fue mi idea.-Susurró en voz baja, si hubiera podido sonrojarse, apostaría lo que sea porque lo hubiera hecho. Su postura se convirtió en incómoda, probablemente pensó que no me había gustado su tierno detalle. -¿Tú…? Esto, Edward… Es…-Me había quedado sin palabras totalmente. -Si te molesta, puedo quitarlas.-Repuso con la cabeza baja mientras se acercaba a la mesa a quitar los pétalos. -No.-Me acerqué e impedí que las quitara.-Iba a decir que es muy dulce… En serio, me encantó.-Me encontré con su mirada, mientras aparté suavemente su mano de la mesa. Mis latidos empezaron de nuevo, apenas podía contarlos. Llevé su mano al lugar superficial de mi corazón. -Eso es increíblemente maravilloso. Si el mío estuviera funcionando, te aseguro que sería mucho peor que eso-Dijo refiriéndose con sus ojos a mi corazón. -Es así cómo me siento cuando estoy contigo. Me dirigió una mirada suave, que después se tornó confusa y dolorosa, su cara se movió lentamente a un lado y quedó mirando algo atrás de él.
  • 24.
    -Creo que deberíascomer algo, no quiero que desmayes.-Repuso cambiando el tema, pero sin dejar el dulce tono de voz. -Yo creo también.-Murmuré colocando instintivamente mis manos alrededor de mi estómago de nuevo. Me senté en su sillón de cuero blanco, y el procedió a hacer lo mismo después de colocar la mesa al frente de mi. A pesar de que me apenaba muchísimo comer "sola", no podía evitar probar esa comida que se veía exquisita y más aún cuando mi estómago tenía una sinfonía desde hace media hora. Me observó, siempre sonriendo, sus ojos se posaban en mí cómo si yo fuera una escultura de arte, una reina, algo fascinante, esto me incomodaba un poco, pero trataba de no poner atención a sus ojos dorados. Me pasé todo el rato hablando de lo deliciosa que había quedado esa comida, para ser "Vampiros", el arte culinaria humana lo tenían muy bien avanzado. Terminé mi tartaleta de fresas con una sonrisa de satisfacción en mi cara. -Gracias, ha estado delicioso. -Si me lo vuelves a decir de esa manera, me lo voy a creer. -Repuso mientras tomaba la mesa y la llevaba abajo. No se tomó más de tres segundos en regresar. -¿Te importa si bajamos ahora?-Le pregunté con voz de súplica. Frunció las cejas, pensando. -De verdad me interesaría hablar con tu familia, a eso vine. ¿O prefieres llevarme a casa?-Traté de sonar lo más convincente posible para quedarme. -Está bien Bella, pero sólo un momento. Debo llevarte a tu casa temprano.- Refunfuñó rindiéndose. Caminó delante de mí, aún permaneciendo en guardia, pero no creía que fuera necesario el protocolo extracurricular de guardaespaldas. Todo estaban en la sala acomodados cómo si nos estuvieran esperando, todos me dedicaron una sonrisa, no me sorprendió que Rosalie fuera la única que no sonrío, además de Jasper que mantenía la mirada baja. Nos sentamos y después de extensas disculpas por parte de Carlisle, nuestra conversación se volvió interesante. Él me explicaba las sensaciones de los Vampiros al oler sangre humana, me parecía increíble, eran de otra especie y tenían que sobrevivir entre nosotros como alguien más del montón. Según sus descripciones la sangre era cómo una droga, un olor delicioso y exquisito, único. En cambio para mí, me parecía la cosa más desagradable del mundo, era saborear óxido y sal combinados. Edward permanecía a mi lado con una cara inexpresiva, al parecer el tema le aburría un poco. Esme y Alice se extendieron a preguntarme acerca de mis intereses personales, mi vida cotidiana, cosas básicas, pero tenían la misma expresión de admiración que tuvo Edward mientras yo cenaba, me escuchaban
  • 25.
    con paciencia yse interesaban en un tema tan inútil cómo mi comida preferida o mi música favorita. El tema humano sería tan interesante para ellos, cómo para mí sería el de los vampiros. Mi relación con Edward se había tornado realmente seria, para el poco tiempo que llevábamos conociéndonos. Me percaté por uno de los grandes ventanales de la casa, que el cielo se había vuelto completamente negro, una noche oscura iluminada sólo por la luna. Se me había ido completamente la noción del tiempo, y es que con esa familia me sentía tan cómoda que no me importaba nada, me la pasaba maravillosamente bien. Sentí un poco de pena al observar disimuladamente mi reloj, a lo mejor se sentirían mal. Pero tuve que hacerlo, noté que eran un poco más de las nueve de la noche, ya que no presté atención a los minutos. -Creo que se ha hecho un poco tarde-Inquirió Carlisle. -Ha sido un placer tenerte aquí con nosotros Bella, espero de verdad que vuelvas a visitarnos pronto.-Me dijo esperanzada Esme, mientras tomaba mis manos entre las suyas, que por muy frías, eran suaves y delicadas. -Ella estará aquí muy seguido-Le aseguró Alice a Esme, propiciándole una sonrisa de felicidad y seguridad. ¿Lo haría? -Gracias por todo, me he sentido muy bien en su compañía-Admití con mis mejillas un poco rojas. -Disculpa por lo malo-Dijo Emmett divertidamente, mientras golpeaba en broma a su hermano Jasper. -Nos vemos Bella-Escuché a mis espaldas de una voz que nunca me imaginé escuchar esa noche. Rosalie. Sonreí como respuesta ante sus palabras. Edward dejó que caminara al frente, aún seguía protegiéndome, ya me estaba haciendo sentir un poco incómoda. Manejó precipitadamente por la carretera cuando mi celular comenzó a sonar. Sólo vi que era mi madre, no quise contestar para no hacer que Edward manejara más rápido, si es que podía. Se estacionó al frente de mi casa después del "corto" viaje. Volteé por la ventana, viendo mi casa, esperando un regaño de Charlie o algo por el estilo, suspiré profundamente y coloqué mi mano sobre la manilla del carro.
  • 26.
    -Tu madre noestá precisamente molesta-Repuso Edward conteniendo una risa. -¿De qué hablas? -Ya lo verás. Después de intentar pensar a qué se refería con lo que había dicho, fruncí el ceño con duda. -Gracias por todo, en serio, la pasé increíble.-Inquirí con pena. -No te preocupes, no fue nada.-Respondió levantando sus hombros en señal de insuficiencia. Me dio una dulce sonrisa, mientras cerraba la puerta de su auto. Se quedó detenido hasta que mi madre me abrió en cuestión de segundos, su cara era… ¿Emoción? -¡Bella!-Dijo mi madre mientras sonreía despidiéndose del carro que arrancaba a mis espaldas.- ¿Cómo te fue?-Me preguntó interesada. -Me fue…Increíble-Traté de usar las palabras correctas. -Cuéntamelo todo, ¿Cómo es su familia? ¿Te tratan bien?-Dijo mi madre aumentando su tono de interés. -Todos son muy buenos, me prepararon…-Recordé que no debía dar sospechas.-Prepararon una cena fabulosa. -Me alegra que te hayas divertido hija. Pero necesito saber algo.-Dijo Renee con voz seria. -¿Qué? -¿De verdad te gusta ese chico? Te veo diferente, te veo feliz-Respondió con sinceridad. -Mamá, el es increíble… Me siento tan bien cuando estoy a su lado, jamás me había sentido así.-Confesé finalmente, era la primera vez que mi madre se interesaba en mis relaciones amorosas, y primera vez que respondía a sus preguntas, sentía ganas de contárselo, estaba muy feliz. A Reneé empezaron a brotarle sutilmente unas cuantas lágrimas de los ojos, me acarició suavemente la mejilla, mientras intentaba sonreír. -¿Mamá qué pasa? ¿Por qué lloras?-Pregunté preocupada. -Es sólo que… Me hace tan feliz verte así, sonriendo, alegre. No sabes cuanto hemos luchado Charlie y yo para que seas feliz, y ahora que lo eres, me emociona muchísimo.-Replicó con dulzura.
  • 27.
    -Me siento comootra persona. Él ha llegado a cambiar mi vida madre.- Murmuré, sintiendo cómo involuntariamente mis lágrimas brotaban. Llorábamos de felicidad. El día que supe que moriría pronto, mis padres prometieron que harían lo posible porque el resto de mis días fueran felices, pero simplemente yo no exigí nada, ni Renee ni Charlie están al alcance de proporcionarme grandes regalos, ni maravillosos viajes, así que yo hacía de mi día a día, lo más normal posible. Era tan satisfactorio sentirme así. Renee permitió que subiera después de un abrazo emotivo. Entré al baño, escuchando los ronquidos de Charlie desde la otra habitación. Mis ojos estaban un poco hinchados por las lágrimas, lavé mi cara y me cambié de ropa. Estaba totalmente exhausta. Hacía mas frío de lo común, así que tomé un sweater grueso de mi clóset. Me cubrí totalmente con mi cobija y cerré mis ojos. No faltó mucho para que me empezara a asfixiar debajo de la sábana y me la quité de encima. No podía dejar de pensar en él. Pero no podía esperar a que se hiciera de día, quería verlo. Me levanté apenas con el primer rayo de sol. No supe la hora, pero quería llegar lo más rápido al colegio. Me tardé un poco escogiendo que ropa usar, nunca me había importado mi apariencia, pero de nada valió el esfuerzo, tomé la primera camisa que vi. Al bajar las escaleras, Charlie me vio con sorpresa. -¿Qué haces tan temprano despierta?-Preguntó él. Generalmente no nos topamos en las mañanas, ya que el sale mucho más temprano que yo. -Tengo… hambre-Respondí con una sonrisa. -Ah, entiendo-Murmuró con una expresión de duda en su frente.-Tu madre me contó lo de…éste chico, Edward.-Charlie inquirió, cambiando de tema. -¿Qué te dijo?-Pregunté asustada. Renee era capaz de colocar en mi boca palabras que jamás he articulado. -Me dijo que eres feliz, ¿Es así?-Preguntó mi padre con duda e interés. -Es cierto.-Susurré. Quedó un rato en silencio. -Bueno Bells, eso es lo importante, sólo queremos lo mejor para ti.-Replico Charlie dándome un beso de despedida en la frente. Pensé que iba a reaccionar diferente, pero no podía, no debía. Llegué al colegio lo más rápido que pude. ¿Para qué? Para notar que ni el Volvo plateado, ni el Mercedes Rojo ni el Jeep Blanco estaban ahí. Me sentí decepcionada de mi esfuerzo de llegar temprano, pero no perdí mis esperanzas y
  • 28.
    esperé unos minutosmás en el estacionamiento. No hubo señales de los Cullen. -No van a venir-Aseguró Jessica al acercarse a mí. -No sé de que me hablas-Respondí con sequedad, tratando de enfocarme en el libro de matemática que traía en mi mano. -Los Cullen, si no llegan a la misma hora, significa que no vienen.-Inquirió ella cómo si los conociera demasiado. -Nunca pregunté nada.-Mentí literalmente. En cierta parte me frustraba que ella supiera más información que yo. -Bueno, sólo te aviso.-Murmuró ella un poco molesta. Regresé mi vista una vez más por encima del estacionamiento. Ninguna señal. Entré a clases con mi mente nublada y llena de dudas que me frustraban. Contesté algunas preguntas en estado inexpresivo en clases de Biología, mientras miraba a la mesa vacía de mi compañero de clases. Revisé mi celular repetidas veces. Nada aún. El día pasaba en segundos para mi, lento. Cuando creía que había pasado una hora completa, sólo eran cinco minutos. No podía creer lo mal que me sentía sin Edward, ¿Eran así mis días antes de conocerlo? Tristes, lentos y sin sentido. Mientras caminaba por el pasillo, la gente corría rápidamente afuera, más desesperados de lo normal, ¿O era que mi velocidad era muy lenta? -Bella, ¿Por qué caminas tan lento?-Me preguntó Mike, respirando rápidamente después de haber corrido un poco, las gotas de sudor brotaban por su frente. -¿El colegio se está cayendo o algo por el estilo?-Pregunté con ironía. -No, aunque es uno de mis deseos más profundos-Bromeó. -Entonces, ¿Qué está pasando? -Míralo por ti misma.-Respondió Mike mientras alzaba uno de sus brazos hacia el exterior del colegio. Mis sentidos se agudizaron en busca de alguna anormalidad. Mi vista se deleito con un sol brillante, alumbrando cada hoja en los árboles, mi oído escuchaba a los chicos gritando de emoción, quitándose los sweaters y tirándolos al suelo y mi tacto se percató del calor delicado que rozaba mi cara. Fue la única cosa que me pudo alegrar el día, ¿Tendría esto algo que ver con la ausencia de los Cullen? Las pocas películas de vampiros que conocía me relataban que ellos sólo salían de noche, ya que la luz del sol los "derretía", siempre me había parecido ridículo, claro obviando el hecho de que los vampiros no existían. Ya no sabía que otras
  • 29.
    conclusiones, pero eldía era simplemente hermoso para desperdiciarlo, además por la actitud de los chicos, esto no era algo muy común aquí en Forks. Me senté en el árbol de la vez pasada. Coloqué mi mente en blanco. No quería mostrar mi incomodidad. El resto de las clases pasaron rápido, en comparación con la primera. Entregué unas cuantas actividades y salí más temprano. Ya empezaba a hacer calor, así que me quité el sweater, agradeciendo que la camisa que me había puesto, no fuera muy vieja. Busqué las llaves de mi camioneta mientras bajaba las cortas escaleras, cuándo escuché cómo un carro frenaba, pasando horizontalmente al frente de mí. Después de que mi corazón volviera a latir, y de que mi cuerpo reaccionó, subí mi vista lentamente, dando respiraciones profundas y entrecortadas, había estado muy cerca. Un Volvo. Plateado. Edward... -Hola Bella-Me susurró al oído al bajarse de su flamante carro. Estaba clara de que casi me pudo haber arrollado con el carro, y que aún así me hablaba cómo si nada. Pero lo que más me frustraba era su cara de simpatía y dulzura, sentía mis rodillas débiles, incapaces de sostener mi peso. Su sonrisa era brillante y delicada. Pero me había dejado todo el día sola, una "eternidad" diría yo. Lo miré fijamente a los ojos, tratando de que mi mirada fuera molesta y de rabia, intentando no distraerme al verlo penetrándome con sus ojos. Aun llevaba puesto su sweater con el clima cómo estaba, aunque se había nublado un poco el cielo. Había desaparecido el rastro del sol. Me volteé bruscamente hacia mi camioneta, pasando por al lado de su carro, donde se encontraba Alice en el copiloto, dándome una dulce sonrisa que era incapaz de no responder. Caminé más rápido. No pude observarlo, pero de seguro estaría extrañado de mi reacción, no faltó más para que se situara al frente de mí. -¿Qué ocurre? ¿Pasa algo?-Me preguntó preocupado. Solté una risa irónica, mientras subía una ceja en señal de impertinencia. -¿Por qué no viniste hoy?-Pregunté- -Vine a buscarte Bella, te lo explico todo después.-Me dijo con una sonrisa de alivio en su rostro ante mi pregunta. -¿Sólo así? ¿No te pasó por la mente avisarme que no vendrías hoy?-Estaba actuando muy exageradamente. Pero era involuntario. Vomitaba las palabras. -¿Bella, cuál es el problema? Es sólo un día.-Replicó con nervios ante mi tono de voz.
  • 30.
    - ¿Sabes cuáles el problema Edward? No soy como tú, ni cómo cualquier otro humano. Tú vives por una eternidad, un humano vive varias décadas, pero yo…yo tengo que vivir día a día cómo si fuera el último, aprovechando cada segundo que pasa.-Me sorprendí ante mi revelación, le hablé firme y honestamente. La realidad de mis palabras me abrumaba y me llenaba de melancolía, a su lado se me había olvidado mi maldición. Mis ojos se llenaron de lágrimas-Ahora que llegaste, sin ti siento que pasa una eternidad, para ti son solo segundos sin mi.- Mis palabras empezaban a sonar entrecortadas.- ¿Sabes qué? Olvídalo, sólo… sólo déjame ir a mi camioneta.-Murmuré con un nudo en mi garganta y mis mejillas con unas cuantas lágrimas. Su expresión era pálida, literalmente, más pálido no podría ser, pero me veía cómo si le hubieran dado la noticia de la muerte de alguien cercano. Podía leer su mirada. Dolor, tristeza, pena… No se movía, parecía petrificado, congelado. -Nos vemos Edward-Susurré rompiendo su silencio y avanzando por su lado. -Por favor Bella, no te vayas…-Dijo con voz sollozante a mis espaldas. El dolor de sus palabras me hicieron sentir mal por lo que le había dicho. Limpié rápidamente mis lágrimas y volteé mi vista. Se acercó a mi de forma inmediata y me abrazó fuerte, pero dulce y delicadamente a la vez, con el calor que estaba haciendo, la piel de sus brazos rodeándome y tocando parte de mi espalda descubierta por mi camiseta. Se sentía tan bien, pero así fuera, con o sin calor, todo con Edward era perfecto, su olor era penetrante, delicioso. Le devolví el abrazo en forma de respuesta, mis brazos rodearon su cintura y coloqué mi mejilla sobre su pecho. -Nunca más te dejaré, tienes toda la razón, jamás lo pensé de esa forma… soy un total desconsiderado.-Refunfuñó hacia sí mismo. -No te preocupes, sólo vámonos de aquí.-Repliqué mientras miraba la gente a nuestro alrededor que se nos quedaban viendo con una expresión de sorpresa. Mike permanecía con su boca en forma de "o". Jessica sólo comentaba al oído de muchas chicas de las cuales sólo reconocí a Ángela. Todos miraban hacia nosotros. Incómodo. -Vamos Bella, yo te llevaré.-Insistió. -Pero, si tengo mi camioneta aquí, no es necesario, de verdad. -Confía en mí. Yo te llevaré, Alice se encargará de llevar tu camioneta a tu casa.- Replicó sospechosamente.
  • 31.
    En menos dedos segundos, Alice apareció detrás de mí, y propiciándome una dulce sonrisa, tomó las llaves de mi mano y se dirigió a la camioneta. Levanté mi mano en señal de que esperara, pero ya era tarde. -¿Nos vamos?-Preguntó abriendo la puerta del copiloto. Lo miré con duda, tratando de averiguar por qué querría llevarme. Era lo mismo a que yo fuera con mi Pick-up. Miré el camino, era el mismo hacia mi casa, así que no tramaba nada, aunque su expresión mostraba lo contrario. Mordía su labio inferior, conteniendo una sonrisa. -¿Me vas a decir por qué faltaste hoy?-Pregunté. -¿Ya viste el clima?-Respondió riendo. -Si, pero ¿Qué tiene que ver? ¿Es que ustedes no pueden salir a la luz del sol, como en las películas? Soltó una gran carcajada. -No Bella, es sólo un mito, si podemos salir a la luz pero, no debemos. -¿Por qué? -Ya verás.-Dijo misteriosamente. Se estacionó al frente de mi casa y abrió mi puerta caballerosamente. -¿Podrías acompañarme un momento?-Me preguntó caminando hacia el otro lado de la calle, hacia los árboles. -¿A dónde vas Edward? No creo que… -No te preocupes, será sólo un momento. ¿Confías en mí? -Si, claro. Colocó una mano en el bolsillo de sus pantalones, sin dejar de sonreírme se acercó lentamente y se colocó detrás de mí. -Cierra los ojos-Me susurró al oído dulcemente. Accedí a su extraña petición y colocó sobre mis ojos una venda, obviamente de un color negro, la amarró y me tomó por la cadera, cargándome totalmente, coloqué mis brazos alrededor de su cuello y me acerqué a él lo más que pude. Comencé a sentir la extraña sensación de aquella noche de lluvia en el bosque, el viento rozando mi piel velozmente, las manos frías de Edward alrededor de mí. El azote de los árboles paró repentinamente.
  • 32.
    Mi vampiro mecolocó en el suelo con cuidado, mientras me retiraba la venda de mis ojos. -Espero que te gusté-Dijo expectativo. Respiré profundamente, olor a flores y grama. Quedé sorprendida al ver un suelo de diversos colores brillantes y hermosos a la vista. Flores, muchas flores vestían el prado a donde me había llevado Edward. El pasto era verde en todo el sentido de la palabra. Un paisaje que jamás había deleitado, hermoso, increíble. ¿Cómo existían lugares así? -Esto es… único. ¿Por qué me trajiste aquí? -Quería compartir éste lugar contigo. Es especial.-Me respondió con ternura. -Gracias, de verdad no sé qué decirte.-Repliqué con pena. -No tienes que decir nada. Sólo con verte feliz me basta y me sobra.-Inquirió en voz baja. Hubo un momento de silencio entre los dos, mientras el sol aparecía tenuemente entre las nubes, Edward se acercó a la parte más iluminada. -Ésta es la razón de mi ausencia hoy.-Dijo mientras abría lentamente su camisa. Su físico era impactante, músculos pronunciados. Su piel brillaba cómo si estuviera hecho de diamante, parecía una escultura, una obra de arte, los diamantes estaban esparcidos por cada espacio de su cuerpo. Era hermoso. -Edward, ¿Cómo…?-No lograba articular las palabras. -¿Lo ves? La gente se daría cuenta. -Ya entiendo, es increíble.-Me acerqué a él, a tocar su pecho desnudo, parecía una ilusión óptica, una alucinación. Al principio sonrió, pero después su mirada se tornó preocupada. Tomó mi mano dulcemente y la apartó. -Tengo miedo.-Confesó con pena. Estamos claros, Edward es un vampiro, con increíbles agilidades, con unas cuantas décadas más de vida que yo y aún así ¿Le temía a algo? -¿Tú experimentas ese sentimiento? -Lo estoy empezando a desarrollar. -¿A qué le temes?-Pregunté acercándome más a él. -Tengo miedo a dos cosas, la primera es… No poder controlarme contigo, estar cerca de ti es cómo pecar, jugar con tu muerte; no quiero hacerte daño Bella.- Replicó con melancolía, colocando su mano debajo de mi mejilla.
  • 33.
    -Confío en ti.Nada va a pasar.-Le aseguré. -Espero tener la fuerza…-Murmuró para sí mismo. -¿Cuál es tu segundo miedo? -No quiero perderte, no sabes cuánto tiempo he esperado por ti.-Susurró con tristeza mientras acariciaba mi mejilla. El cielo estaba nublado de nuevo, en realidad ya no había señales de un día soleado cómo el de la mañana, se había tornado gris y frío. Pegó una fuerte ráfaga de viento helado que pasó sobre mí, hizo que mi piel se erizara y me hizo temblar un poco, expresé un poco de incomodidad en la cara. -Ten.-Inquirió él, quitándose su sweater y colocándolo alrededor de mí. Aunque no estaba caliente me cubría un poco. -Gracias…-Respondí sonrojándome. Comenzaron a caer unas cuantas gotas de lluvia. Aún seguíamos cerca el uno del otro. Nuestras miradas estaban conectadas totalmente. De repente él se volteó, dándome la espalda y el diluvio comenzó a caer fuertemente. -No me vas a perder.-Dije en voz alta cuando me daba la espalda. Entre la lluvia que mojaba mi rostro le grité la respuesta a su segundo miedo. Volteó lentamente su cara de tristeza y me propició una linda sonrisa. Se acercó una vez más a mi. Tomó rápidamente mi rostro entre sus manos y posó sus dulces y suaves labios sobre los míos, fue difícil asimilarlo al principio, pero después todo fue muy romántico, me besaba lentamente, nunca había sentido esto que sentía, era felicidad. Mi primer beso. Tuve que separarme un poco de él para tomar aire, pero no quería terminar todo ahí coloqué mis brazos alrededor de su cuello, abrazándolo y besándolo enseguida. -Te Amo Isabella Swan.-Me susurró con sus labios a pocos centímetros de los míos. Me confundió la realidad de sus palabras. -Tú… prometiste que no te enamorarías de mi.-Le dije sollozando. -Fue algo inevitable.-Replicó con una sonrisa. -Lo sé.-Reí con mis lágrimas confundidas entre las gotas de lluvia. -Así el león se enamoró de la oveja…-Susurró. -¿La oveja enferma?-Pregunté graciosamente. -El león que estaba peligrosamente enamorado.-Respondió con una media sonrisa.
  • 34.
    Tomó mis manosy las entrelazó con las suyas. -Número cinco.-Cité. -¿A que te refieres con eso?-Preguntó intrigado. -Mi deseo número cinco, que mi primer beso fuera debajo de la lluvia…- Respondí con pena. -¿Tienes una lista de deseos? -Si, pero son sólo unos pocos.-Confesé -Te prometo, los haré realidad, para ti. Por ti Bella, daría lo que sea. Tú eres mi vida ahora… Capítulo IX Deseos El día más maravilloso de todos se me había cumplido en ese prado, mi primer beso, con el verdadero amor, Edward Cullen, un vampiro. Al día siguiente, tomé un pequeño resfriado, donde todo me daba calor, sudaba a montones. Pero era normal, no cómo los usuales, que con mi enfermedad se incrementaban. Quizás mi situación estaría mejorando con Edward apoyándome. Mi padre se veía más optimista, mi madre me veía con una sonrisa a la mañana. Me había dicho que faltaría a clases el martes ya que iría de cacería con su familia, uso el término "Nos daremos un pequeño banquete", el cual me hizo visualizar a mí… a mí… ¿Novio? Podría decirse que sí. Yo lo amaba y él me amaba, fácil. A pesar de todo, la fuerza no era suficiente, mi mente se llenaba de dolor y tristeza de pensar que en unos meses, todo acabaría. Mi enfermedad estaba arruinando la poca felicidad que poco a poco iba construyendo. Le prometí a Edward que no me separaría del él, pero sin ninguna seguridad. Me levanté temprano, sin poder dormir, recordando ese beso… Busqué mis libros encima de mi escritorio y se cayó entre ellos un objeto, negro. Mi Beeper. El objeto que me avisaría el día de mi operación, o de "mi muerte". Aún no sabíamos nada, pero por ahora, eso era mi final. Mis manos temblaban con el objeto, y sentía como golpes en mi abdomen. Lo guardé en una de las gavetas rápidamente. Allí junto al Beeper se encontraba mi libro, en el cual había guardado esa lista, la lista de deseos. La leí, concentrando mi vista en el número cinco. Lo taché ya que se había hecho realidad…
  • 35.
    -"-5.Primer beso, bajola lluvia" Di un largo suspiro, vi la hora y me sorprendí de que ya fuera tarde. Me fui al colegio rápidamente, dejando todo desordenado. Al estacionarme, podría jurar que todo el colegio miraba hacia mí. Efectivamente, al subir mi mirada, me encontré con muchas miradas, lo cual hizo ruborizarme al instante. Salí de la Pickup con la mirada baja. Escuche unos cuantos "Ella es…", "¿No lo viste ayer…?" "Isabella Swan…", pero el que más llamó mi atención: "Es novia de Edward Cullen…". Ya se habían enterado y estaban haciendo suposiciones por mi encuentro de ayer en el estacionamiento. Sentía que alguien saltaría sobre mí. -¡No lo puedo creer!-Insinuó Jessica a mi lado. -¿Qué?-Pregunté inexpresivamente. Sabía que me hablaría de Edward. -Estás saliendo con Edward Cullen, eso es algo que nadie había intentado, sólo por el hecho de que nadie lo había logrado.-Replicó Jessica con admiración. -Pues creo que hay que arriesgarse un poco siempre-Inquirí, concentrando mi vista en la puerta del aula. No podía negar algo que ya sería obvio en unos cuantos días. -Debes contármelo todo, ¿Cómo fue? ¿Ya se dieron su primer beso?-Dijo entonando un poco más su voz en la última pregunta. -Mira, hablamos después, no tengo ánimos. -Esta bien, pero seguro.-Me presionó ella. Asentí con desgana mientras me volteaba hacia las mesas del aula, frunciendo un poco el ceño. La voz de Edward revoloteaba en mi mente, mientras mis compañeros me veían sin colocar atención a la clase. Suspiré unas cuantas veces. Mike me llamó unas cuantas veces desde el otro pasillo, pero no presté atención, sacaría a relucir la misma conversación que había establecido con Jessica, de la cual escapé ágilmente. Llegué a mi casa un poco cansada, lavé un poco de ropa, hice mis tareas. Sonó el teléfono y crucé mis dedos, deseando que fuera la persona más pensada de la tarde. -¿Bella?-Habló con voz dulce. -Ah, ¿Cómo estás?-Pregunté un poco desilusionada. -Parece que esperabas a alguien más, si quieres llamo… -No, Jake, disculpa, he estado un poco distraída los últimos días.
  • 36.
    -No te preocupes,llamaba sólo para saber de ti. ¿Cómo te ha ido?-Preguntó con curiosidad. -Bien, todo perfecto. ¿Cuándo vas a venir de visita? -De hecho, pensaba en ir, sólo si quieres claro. -Por supuesto, eso sería genial-Repliqué con emoción, la compañía de Jacob nunca estaba demás, el era un muy buen amigo. -Estaré allá en unos pocos minutos.-Aseguró colgando el teléfono. Colgué el mío también y me eché una ojeada de pies a cabeza, estaba hecha nada, tenía que darme un baño urgente. Subí precipitadamente. El agua estaba caliente, relajó mis músculos, lavé mi cabello, lo peiné y sequé instantáneamente para no resfriarme, aunque el día anterior me había mojado bajo la lluvia y había salido ilesa. Mi ropa ya daba dolor, pero jamás había tenido la voluntad de ir un día de compras, me parecía aburrido y poco productivo. Justo en el momento, se oyó un carro llegando a la entrada de mi casa. Bajé a abrir la puerta. -¡Jake!-Saludé con ánimos. -¡Bella! Hoy estás… preciosa.-Confesó ruborizándose un poco. -Sólo tomé un baño, Jacob.-Repliqué con desgana.-Pasa adelante. -He venido para hablar contigo-Murmuró entre dientes. -¿Hablar? ¿De qué?-Pregunté ansiosa. -No me habías contado lo de tu enfermedad-Su voz se tornó seria. -Claro que sí, lo hice hace una semana ¿No recuerdas? -Lo que no me dijiste… era que ibas a morir posiblemente-Replicó con tristeza. -No me gusta hablar de eso, por favor.-Inquirí con un poco de molestia. -¿Pero te costaba demasiado contármelo?-Preguntó decepcionado. -Jacob, me cuesta hablar sobre mi muerte ¿Está bien?-Repliqué subiendo mi tono de voz. -Pero hay posibilidades… tú… eres joven, debe haber algo…-Tartamudeó. -Vamos, mi tipo de sangre es muy rara. Sólo pocas personas podrían donarme el corazón.-Respondí con desgana.
  • 37.
    Permaneció un minutopensativo. En ese minuto recordé que había dejado mi celular arriba, debía avisarle a Renee que trajera una pizza o algo comestible para cenar. -Ya vengo. Casualmente, mi celular comenzó a vibrar encima de mi escritorio. Era mi madre, le avisé de nuestra necesidad alimentaria y accedió a comprar algunos embutidos y la pizza, me advirtió que Charlie iría un poco tarde ya que tuvo complicaciones en la policía. Sonó un corto aviso de que me estaba quedando sin batería así que decidí buscar el cargador en las gavetas, cuando abrí la primera mis ojos captaron "7. Lanzarme de un acantilado" Era el momento perfecto para decírselo a mi amigo, el era el indicado y el era el que me cumpliría ese deseo. Sonreí para mi misma y salí de mi cuarto. Cuando bajé, Jacob no se había movido un centímetro, su mirada era pensativa y aislada, cómo si estuviera rompiéndose la cabeza en un problema complejo de matemáticas. Hasta que su mirada se tornó iluminada seguida de una sonrisa hacia mi. ¿Qué estaba pasando en ese momento por su mente? -Tengo que decirte algo-Dijo reaccionando de de su silencio. -No, primero voy yo-Dije con voz firme. Asintió para que comenzara a hablar. -Jacob, sabes que estoy enferma…-Empecé a hablar con un tono de convencimiento. -Si ya lo sé…-Dijo bajando su mirada. -Bueno es que… yo quiero hacer algunas cosas antes de… Por no decir morir, mejor operarme. Quiero cumplir unos cuantos deseos, y quiero que tú me ayudes a cumplir uno de estos deseos.-Supliqué. -Claro Bella, sabes que podría hacer lo que quieras. Sólo por hacerte feliz.- Replicó con dulzura, acercándose a mí. -Bueno, cuando iba para tu casa, al pasar por la playa, habían éstos chicos que se divertían, ellos… se lanzaban por el acantilado…-Dije con voz baja. -¿Tú… quieres lanzarte?-Preguntó consternado. -Es que se ve tan emocionante, y ellos parecían divertirse. Vamos. Lo prometiste-Le supliqué. -No sé… Es muy arriesgado, además así cómo es una diversión, también más de uno ha salido herido… muerto, de ahí-Replicó con miedo.
  • 38.
    Mi cara setornó tensa, jamás lo había pensado de esa forma. Pero aún así la idea me parecía magnífica. -Si pero voy a estar contigo, nada malo me va a pasar.-Le aseguré. -No puedo arriesgarte de esa forma. No por ahora. -¿Por qué lo dices? -Ésta semana ha habido muchos accidentes por las fuertes olas, en unos cuantos días desaparecerán y lo consideraré, sólo por hacerte feliz. -¡Gracias!-Exclamé saltando sobre él. Acto reflejo. Cuando me alejé un poco, noté sus mejillas ruborizadas. -¿Entonces… qué era lo que me ibas a decir?-Pregunté interesada. -Bella, no puedo más… Me gustas.-Admitió con pena. Me quedé helada en mi posición. Mis ojos lo veían atemorizada pero confundida y el esperaba una respuesta, pasé unos minutos sin articular ni una sola palabra, abrí mi boca unas cuantas veces pero la cerraba, no lo quería hacer sentir mal, pero jamás se me había pasado por la mente ver a Jacob… de esa forma. Lo veía cómo un amigo, más nada. -Es el momento cuando deberías decir algo.-Me dijo con optimismo. -Jacob, no puedo… no te veo de esa forma. Eres mi amigo, además, yo amo a otra persona. Rechino los dientes. -¿Ya es oficial lo de ustedes?-Bufó. Asentí sin decir nada. -El te puede hacer daño.-Me advirtió. -No le temo a nada, moriré dentro de poco tiempo. -¡No digas eso!-Gritó. -Jake, no hagas esto más difícil. Por favor-Susurré con dolor. -Muy bien, haz lo que quieras. No puedo obligarte. Será mejor que me vaya.- Inquirió aproximándose a la puerta. -Pero si acabas de llegar-Refunfuñé entre dientes.
  • 39.
    -Pero ya mevoy. Adiós Bella, cuídate.-Dijo susurrándome al oído, produciendo un cosquilleo. Me dio un beso en la mejilla, pero muy cerca de los labios. Lo miré con rabia y me respondió con una sonrisa burlona. -Recuerda, éste fin de semana.-Le dije. -Ajá.-Respondió mientras se volteaba hacia la calle. Un momento. Uno, dos… Dos carros estacionados afuera de mi casa. El Volkswagen y… No era la patrulla de Charlie. El Volvo. Me quedé igual de petrificada como hacía unos cinco minutos, al igual que Jacob a mi lado. Oh, oh. La expresión de Edward no era precisamente buena, ni de felicidad. Miraba con rabia, odio, celos a Jacob, al cual no pude ver la expresión, ya que me daba la espalda, pero estaba rígido. -¿Qué haces aquí?-Edward le dijo con voz amenazante. -Vine a ver a Bella. ¿Tienes algún problema con eso?-Refunfuñó pegándose a Edward. -De hecho, si lo tengo. ¿Podrías guardar tus pensamientos?-Le replicó con furia a Jacob mientras lo agarraba por su chaqueta, cerrando sus manos en puños. Iban a pelearse. Me preocupé de que se hirieran mutuamente y empecé a gritar sus nombres, pero al parecer, no recordaban mi presencia, no me prestaban atención, mientras se veían con odio y desprecio. Parecía que entre sus miradas había una electricidad escalofriante. Mi expresión era de miedo, mientras intentaba ingeniar qué hacer para que dejaran la pelea. Jacob empujó a Edward con fuerza, pero sin resultado. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? Pensé para mis adentros. Ya sé. Comencé a mover mi cabeza un poco, a colocar mi mirada de dolor fingido, puse mi mano derecha en mi pecho y con la otra tapé medianamente mis ojos, dejando un pequeño espacio entre mis dedos para ver si reaccionaban con mi actuación de ataque de dolor. Vi que cambiaron sus expresiones, de rabia a preocupación y dos pares de ojos se posaron sobre mí. Como aun no se movían, me dejé caer sobre mis rodillas, no me salió muy bien, dolió un poco, pero sirvió para que Jacob se colocara delante de mi, seguido por Edward que se puso entre nosotros dos, cerca de mi, extendiendo sus brazos con preocupación. -¿Bella?-Gritaron al unísono. -Estoy bien… es sólo un mareo. Se me pasará.-Murmuré fingiendo.
  • 40.
    Jacob se meacercó intentando cargarme, pero Edward se movió y le dio una mirada de rabia. -Es mejor que te vayas, yo me quedaré con ella. -Bella, ¿Estás bien?-Me preguntó Jake ignorando al vampiro. -Si. Ya estoy bien. -Bueno... Entonces, Nos vemos luego.-Dijo acercándose a su auto, sin apartar la vista de Edward, ni éste de él. El miedo me invadió, jamás había visto a Edward actuar de esa forma tan amenazante. De repente volvió su mirada hacia mí, cuando el auto de Jacob desapareció de la vista. Volteé mi vista hacia el piso. Se acercó lentamente, con la mandíbula tensa. -¿Qué hacía "ése" aquí?-Preguntó con un tono de voz fuerte e imponente. -"Ése", tiene nombre, sólo estaba pasando a visitarme.-Respondí con el mismo tono de voz que él. Me miró con duda. -¿Visitarte? -Si, es mi amigo. ¿Tienes algún problema con él?-Le pregunté con voz desafiante. -Si, él no te ve precisamente cómo una amiga.-Refunfuñó. -Ya lo sé. Pero yo no lo veo de esa forma… así que, despreocúpate.-Su ataque de celos me había sacado de mis casillas. -Me molestan sus pensamientos. -Inquirió con rabia. -Pues no los oigas.-Respondí volteando mis ojos. -¿Qué van a hacer el fin de semana?-Preguntó curiosamente, pero por su expresión estaba un poco celoso. No me convenía decirle lo que ingeniaba hacer, si Jacob reaccionó mal, Edward explotaría y querría matar a Jacob. -Eh… iremos a la playa, nada más.-Mentí. En teoría. -Morirías de hambre si estuvieras en actuación.-Replicó, soltando una risa baja. -Es en serio, no te miento, vamos a la playa.-Insistí, no le mentía, sólo le ocultaba una parte de mi plan.
  • 41.
    -De acuerdo, tecreo. ¿Cómo estuvo tu día?-Preguntó con voz dulce y aterciopelada, la que me encantaba escuchar. -Lento. Sin ti.- Respondí con tristeza. -El mío también lo fue.-Admitió dándome un dulce beso en la mejilla. -¿Qué tal es eso de cazar, me refiero, es… emocionante?-Pregunté con curiosidad. -Lo era, al principio, pero después de un siglo, ya es algo rutinario.-Respondió con indiferencia. -Ah, claro, se me olvida tú largo tiempo de vida. -¿Estás libre en la semana? -Si, ¿Por qué lo preguntas? -Te llevaré a mi casa, Carlisle y yo tenemos unas cuantas proposiciones para ti.- Dijo Edward con voz incómoda. No recordaba que estábamos afuera, así que lo hice pasar, olvidando su expresión de incomodidad por la invitación. ¿Unas proposiciones? Miré de reojo la planta baja de mi casa. -¿Subimos?-Le pregunté. -Si eso quieres.-Respondió sonriendo y llevándome arriba cargada en sus brazos. -Gracias-Susurré apenada después de que me dejó en el piso con cuidado. -Así que Jacob…-Inquirió. -¿Podrías dejar el tema atrás? ¿Estás celoso o algo por el estilo?-Pregunté desafiante. -¿Por qué habría de estarlo? Confío en ti.-Me respondió acercándose a mi. Se acercó más aún. Pero antes de hacer contacto con mis labios, volteó su cara hacia la ventana. -Renee.-Respondió con una sonrisa burlona, alejándose de mí. Mi madre no podía llegar un minuto mas tarde. Bajamos rápidamente, encendí el televisor y nos sentamos a ver el primer canal que apareció en la pantalla. -¿Bella?-Dijo Renee entrando por la puerta.
  • 42.
    -Aquí estoy-Grité ylevanté mi mano. Ella se acercó y se sorprendió al ver a Edward sentado a mi lado, pero le propició una alegre sonrisa. -Hola Edward, no sabía que venías. ¿Cómo están?-nos preguntó. -Bien, esperando a que usted llegara.-Respondió Edward cortésmente. -Por favor, dime Renee, el "usted" me hace sentir un poco vieja.-Bromeó ella. -Como quiera.-Replicó Edward sonriendo. -¿Chicos… están viendo ESPN?-Preguntó, mirando hacia mi dirección. Sabía que esa sería la última cosa que vería, ya que Charlie permanece toda la noche viéndolo y es algo frustrante. -No… de hecho, ya íbamos a cambiarlo.-Dije apagando el televisor. -Aquí traje pizza, siéntense a comer.-Inquirió mi madre dulcemente, mientras nos servía la pizza en la mesa. -¿Tu no vas a comer verdad?-Le susurré en el oído a Edward. -No puedo despreciar la comida de tu madre.-Respondió con ternura en mi oído. -Vamos, es una pizza, no tienes por que comerla.-Insistí. -Puedo soportarlo.-Murmuró con asco. -Renee, el ya comió, así que guardaremos esto.-Le dije en voz alta, sin apartar la vista de Edward, tomé el plato y lo dejé en la cocina. -Ah, que pena.-Dijo Renee. Edward se quedó mientras comíamos, en realidad era como si yo no existiera, mi madre estaba fascinada con él, mientras le contaba de sus intereses y habilidades, cuando dijo que tocaba el piano, me sorprendí muchísimo ya que jamás lo había mencionado y eso me parecía simplemente fascinante. -Algún día deberías tocar algo para Bella, de seguro le encantará-Dijo Renee. Mis ojos se abrieron como platos mientras la miraba, y después bajé la cara hacia el plato, escondiendo mis mejillas ruborizadas. -Tenía planeado invitarla mañana a mi casa. ¿No hay problema?-Le preguntó Edward a Renee. -No, claro que no, pero debe regresar temprano.
  • 43.
    -Sin problemas.-Le replicóseguro.-Creo que mejor me voy, me esperan en casa. Ha sido un placer compartir con ustedes.-Dijo él, levantándose de la mesa. -Pero…-Llegué a susurrar y él me guiñó el ojo a escondidas. -Bueno Edward, no dejes de visitarnos. Nos vemos-Dijo Renee dándole un fuerte abrazo. Lo acompañé hasta la puerta ya que llovía afuera y el insistió a que no me mojara. Me dio un corto beso, pero igual fue increíble. Tomé su mano y se separó de mí. Cada vez que lo veía me costaba más despedirme de él. Entré de nuevo a mi casa. -¿Se está tornando muy serio, verdad?-Me preguntó Renee con dulzura. -Si, demasiado.-Confesé con pena. -Es un muy buen chico.-Me animó. -Si, lo es.-Repliqué y subí las escaleras hacia mi habitación. Lavé mis dientes y peiné mi cabello y me metí a la cama, mis pies estaban fríos, así que me acurruqué. Sentí un escalofrío por mi espalda, pero no en la piel, por encima de mis sábanas. Sus brazos me rodearon suavemente, mientras se posaba a mi lado. Con mis ojos cerrados, soñaba con él, lo sentía a mi lado. No quise abrir mis ojos para no despertar y que esa sensación desapareciera. Un trueno sonó afuera y de acto reflejo abrí mis ojos. Capítulo X Felicidad Mis ojos veían unos musculosos brazos, pálidos y fríos. Me volteé bruscamente, aún no sabía quién era aunque lo podía suponer, nunca se sabe… La vida da demasiadas vueltas. La mía ya había dado un gran giro, y no fue precisamente el día que me pronosticaron mi enfermedad, fue el momento cuando conocí a Edward Cullen. -¿Te desperté?-Me susurro suavemente al oído, colocó su barbilla entre mi oreja y mi cuello. -No, todavía estoy soñando.-Le respondí dulcemente sin moverme.
  • 44.
    -No, soy realBella.-Inquirió con un tono de voz burlón. -Siento que no lo eres.-Dije con sentimiento. -¿Tan malo soy?-Preguntó con tristeza. -Al contrario, eres perfecto.-Admití con pena, volteando completamente hacia el. La cama se me hacia diminuta, yo estaba tan cerca de él. Mis brazos encontraron su pecho, iluminado por los relámpagos. Me estremecía cada pocos segundos por el sonido tan ruidoso que producía el fenómeno natural y el sólo me rodeaba y me apretaba más fuerte contra el. -¿Dónde está tu auto?-Pregunté consternada al pensar que Charlie podría verlo al llegar. -Lejos de aquí.-Respondió con tranquilidad. -¿Haces esto a menudo?-Pregunté con curiosidad. -¿Qué?-Preguntó con una media sonrisa. -Entrar por las noches… Por mi ventana, me imagino. -De hecho sólo lo he hecho unas tres veces, me encanta verte dormir, eres tan delicada y tu forma de dormir es increíblemente hermosa, fascinante.-Admitió, acariciando mi cabello. -Mi forma de dormir es igual a la de cualquier humano.-Repliqué en broma. -Podría ser, sólo el método. Pero hay una gran diferencia. -¿Cuál es? -Que no estoy enamorado de cualquier humano, estoy enamorado de Isabella Swan.-Susurró con ternura. Nuestras miradas se encontraron, su mano estaba en mi mejilla, la tome y la besé suavemente, dejando que mi aliento rozara la palma. Miro su mano, la entrelazo con la mía. Empezó a acariciar mi cara y además de producirme un leve escalofrío, me pesaban los ojos, era casi medianoche. Estaba agotada de haber tenido un día agitado y una tarde llena de emociones. -¿Te quedarás conmigo ésta noche?-Le pregunté, recostándome sobre su pecho. -Bella, me quedaré hoy, mañana y siempre…-Susurró dulcemente, tomó mi cara por mi barbilla y me propició un dulce y largo beso, el de la supuesta despedida de esa noche no tenía comparación con la extraña, pero, increíble sensación de éste. Lo último que recuerdo esa noche fueron sus labios fríos conectados a los míos.
  • 45.
    De no habersido por Edward, hubiera pasado la noche bajo el cobertor de mi cama. En vez de hacer esto, me cubrí la cara en su pecho y dormí profundamente mientras escuchaba la misma melodía de una semana atrás. Moví mi mano alrededor de la cama, estaba sobre algo suave, pero no era precisamente el cuerpo de Edward… Se había ido. Me levanté de un golpe, no sabía que hora era. Perfecto, las siete. Me vestí muy rápido, me aseé a la misma velocidad. Cuando iba a tomar las llaves de mi escritorio, tenían una nota debajo de ellas… "Asómate a la ventana. Te Quiero. Edward" Mi corazón se paró un segundo y después de leer la última frase, latió cómo un colibrí batiendo sus alas. Incontrolable. Me acerqué lentamente a la ventana. Sobre el Volvo plateado, una obra magnífica y única de la naturaleza. Aún mi mente no concebía que ese ser maravilloso se fijara en mí, yo soy normal, neutral, en vez de tener a una belleza imponente a su lado, decidió escogerme a mí, y lo que lo complica más aún. Yo moriré. Me dio una linda sonrisa y me motivo a bajar las escaleras precipitadamente, inhalé aire unas cuantas veces, tratando de no hiperventilar salí de mi casa. -¿Hacia donde la llevo señorita Swan?-Dijo Edward, entonando un tono de voz un poco más grave de lo normal y extendiendo el brazo. -Al colegio, por favor-Respondí dándole una sonrisa y con un tono de voz educado y señorial. Reímos juntos y me monté en el auto. Tenía un olor a un perfume delicioso. -¿No me reprocharás que te vine a buscar?-Preguntó asombrado. -En realidad, no. Durante más…tiempo pasemos juntos, no importa dónde… ni cuándo, todo estará perfecto.-Repliqué con un poco de pena. -Es mi propósito. Leíste mi mente-Replicó en un tono de voz baja. Antes de bajarnos del auto, tomó mi mano. -No prestes atención a los comentarios de la gente, cómo yo ignoro sus pensamientos. Sólo me importas tú y nadie más.-Susurró con voz de terciopelo. Me quedé sin palabras. Edward siempre tenía algo que decir. -Edward, yo…-Alcancé a decir.
  • 46.
    Colocó uno desus suaves y fríos dedos sobre mis labios y me dio una sonrisa de ánimo. "Bella, por lo que más quieras no subas la mirada"-Supliqué para mis adentros. Al bajarme, todo el colegio quedó en silencio, sólo se escuchaban algunos pasos que paraban lentamente. Nada se movía. Cerré mis ojos pero los abrí de nuevo ya que podría tropezar con algo. Edward colocó su brazo alrededor de mi. -Si las miradas mataran.-Mascullé entre dientes. -Estaríamos muertos, pero aún así juntos.-Rió en voz baja. Esto de ser el centro de atención me estaba poniendo un poco nerviosa, y me estaba hartando también. -Ya vengo, espérame aquí.-Dijo Edward entrando a la oficina de administración del colegio. No dejó que hablara. Sólo entro y ya. Me dejo afuera con la cantidad insuperable de miradas sobre mí. Regresa, regresa, regresa-Murmuraba para mí misma. -Hola Bella.-Me emocioné al escuchar esa voz. Me abrazó el ser con olor a lavanda, vainilla y muchos olores dulces. -Alice, ¿Cómo estás?-Respondí con ánimos ante su llegada. A su lado estaba Rosalie, ella me miró un poco y sonrió con desgana, le devolví la misma sonrisa. -Bien. Oye, ¿De casualidad tienes idea de qué está haciendo Edward?-Preguntó Alice en un tono misterioso. -No ¿Tú…? -Silencio.-Me tapó precipitadamente la boca. -No puedo creer que Edward esté haciendo esto, de verdad.-Dijo Rosalie con los brazos cruzados, parada detrás de Alice, su expresión era de burla. Se le soltó un carcajada baja. -¿Alice de qué se trata todo esto?-Hablé con voz baja. -Edward está intentando…-Dejó de hablar y su vista se posó en la puerta. -Alice, Rosalie. ¿Podrían dejar a Bella sola por favor?-Inquirió Edward con una expresión molesta. -Si. Adiós Bella nos vemos ésta noche.-Se despidió dulcemente Alice, Rosalie no volteó ni un poco.
  • 47.
    -Edward ¿Qué…? -Ya loverás.-Dijo con una mirada perspicaz. Caminamos juntos el pasillo. Miraba con duda a Edward y el sólo sonreía al vacío, ignorando mi expresión. Llegué al aula de geografía y me quedé apoyada a la pared. -¿No vas a pasar?-Me preguntó. -No hasta que me digas que hiciste en administración.-Le hablé con tono autoritario. -¿Quieres averiguarlo? Entra al salón.-Dijo haciéndome una invitación con la mano. -No, porque tú te irás y yo no… -Te equivocas-Me interrumpió. Entró pasando por mi lado y le entregó al profesor una hoja, intercambiaron unas palabras y el profesor le invitó a sentarse en el salón. ¿Edward vería geografía conmigo? -Señorita Swan, debería pasar adelante, la clase está por comenzar.-Me dijo el profesor. -Si.-Entré y me senté al lado de Edward. Rió un poco y fingió fijar su mirada en la pizarra. Nos había asignado una tarea en parejas, pero yo no sabía quién era mi pareja, Edward no pertenecía a ésta clase y obviamente no haría el proyecto conmigo, volteé a mi alrededor y todos se estaban acomodando con sus respectivos compañeros de trabajo. El proyecto consistía en escoger un país o un lugar… ahí llegaron mis oídos mi concentración se tornó toda alrededor de Edward. -¿Vas a tomar geografía conmigo?-Le murmuré en voz baja, pero con un toque de emoción en mi voz. -Si, geografía, matemáticas, física, química, biología… y las demás. Es decir, todas.-Replicó con una suave voz. Me tomó unos cuantos segundos procesar su respuesta en mi mente. Estaba claro, Edward había ido a administración a cambiar sus clases, reemplazarlas por las mismas clases que las mías. -¿Pero… por qué?-Pregunté cómo si no supiera la respuesta. Al principio me vio con inocencia. -"Durante más tiempo pasemos juntos, no importa donde, no importa cuando, no importa el por qué, todo estará perfecto" ¿No es así?-Citó las palabras que yo había articulado en su auto, pero dicho por él, sonaba cómo una melodía.
  • 48.
    -Si… si loes.-Respondí con un nudo en la garganta. Me senté a su lado sin reproche y tomó mi mano delicadamente. El resto de la clase la pase en blanco, no ponía atención desde que conocí a Edward y ahora me distraería más aún con el a mi lado. Terminó el día y me dirigía al auto con Edward cuando empezó a sonar el teléfono. -¿Si?-Contesté. Era mi madre y decía que necesitaba un favor. Debía hacer la cena y si iba a salir con Edward, la tenía que dejar lista. Siguió preguntándome por Edward cuando se colgó la llamada… Me había quedado sin batería… -Edward, creo que tendré que hacer una parada antes de ir a tu casa.-Dije viendo mi celular. -¿Qué pasó?-Preguntó preocupado. -Caprichos de mi madre, vamos.-Le respondí con una sonrisa burlona. Su expresión se tornó triste por un momento y después sonrió hacia mí mientras nos dirigíamos al carro. -¿Segura no quieres que te acompañe? Puedo quedarme.-Dijo Edward en tono de súplica. -No.-Mentí.-Yo iré en un rato, no te preocupes. -Bueno, si así lo quieres.-Dijo con un tono de desilusión. No quería hacer esperar a Edward mientras me bañaba, me cambiaba, hacia la cena, etc… Además quería tratar de adivinar para qué sería la reunión de hoy. Hice todo con un poco de lentitud, mientras pensaba no podía preparar la cena al mismo tiempo. Me vestí con unos jeans y una camisa de manga larga de color pastel. Recordé que no tenía batería en mi celular y que ayer mientras Jacob estuvo en casa, no estuve atenta a cargar mi celular, así que fui en busca de mi cargador de nuevo. Estaba donde lo dejé, pero había algo extraño en el cajón de mi escritorio, algo faltaba… Mi lista-Pensé para mis adentros. De seguro Charlie o Renee la había encontrado y estarían hablando, no, no… Empecé a buscarla por todas partes y la encontré un poco arrugada entre mis libros y suspiré de alivio. La escondí entre mi ropa y fui al baño a peinarme mientras mi celular cargaba. Esperé unos minutos, cuando me mareé de dar vueltas por mi habitación, tomé las llaves y me fui. El tiempo estaba un poco nublado, pero no habían indicios de lluvia, sólo un frío
  • 49.
    escalofriante que mehacía poner la piel de gallina con mi mano al volante. Recordé fácilmente la dirección de la mansión de los Cullen, estuve muy atenta en la trayectoria anterior. Iría a ese lugar seguidamente. Llegué y Edward me esperaba afuera, con una sonrisa torcida apoyado a la pared de la entrada. Se veía magnífico. Cómo siempre. Me intimidaba. Me hacia sentir el ser más horrible del planeta. -Pensé que no vendrías.-Murmuró sin quitar la sonrisa de su expresión. -¿Por qué no habría de hacerlo? Tengo mucha curiosidad.-Confesé. En la sala sólo me esperaba Carlisle, los demás se encontraban ausentes. La expresión de su cara era de miedo y temor. Cómo si lo que me fueran a proponer no era muy bueno. -¿Dónde están los demás?-Pregunté con duda. -Están de caza y haciendo algunos negocios para unos planes que tenemos en poco tiempo.-Respondió dándole un vistazo a Edward. -Gracias por venir Bella, toma asiento por favor.-Inquirió Carlisle haciendo señas con su mano hacia el mueble de cuero blanco detrás de mi. -De nada, bueno… ¿Para qué la reunión?-Pregunté curiosa. Edward y Carlisle se dieron un rápido vistazo nuevamente, pero éste no fue muy seguro por lo que vi. Quedaron en silencio unos segundos. -Bella…-Comenzó Carlisle.-Ya me has contado lo de tu enfermedad, y su riesgo. Pero…-Se le cortó el habla y me quedé con expresión de expectativa. -¿Pero…?-Pregunté con mi mirada hacia los dos vampiros.-Díganme ya, me estoy empezando a preocupar… Dio un suspiro y habló. -¿Has considerado la idea de que puedas vivir? Me refiero, sobrevivir después de tu tiempo límite.-Preguntó Carlisle con interés. Pensé un poco la respuesta, y la verdad, es que no la tenía. -Bueno… en realidad, no. Charlie y Renee han tenido mucha fe, y aún la tienen, dicen que yo también la debería tener, pero es que creo que ya me han dicho tantas cosas, que no había tenido una meta en sí, sabía que iba a graduarme, pero más nada. Me dolía tener que separarme de mis padres, pero yo no sería la que sufriría mi pérdida, serían ellos. Aunque les insistiera que se acostumbraran a la idea para que después no fuera… tan doloroso, ellos se negaban.-Mi voz sonaba entrecortada y vacía.-Pero creo que ahora se me hace más difícil asimilarlo... ahora… conocí a Edward y el tiempo que me queda es corto. Tener que estar con Edward, es más doloroso de lo que se pueda imaginar, tener que pensar que un día todo acabará…-Susurré con voz triste y tomé su fría mano
  • 50.
    suavemente. -Bella, tenemos unaposible pero complicada solución a tu enfermedad. Tenemos algunas dudas y problemas, que aún no sabemos cómo resolver, pero debemos consultarte a ti primero.-Dijo Carlisle con voz serena. Edward frunció el ceño, cómo si lo hubieran golpeado y lo hubieran dejado si aire. Lo miré un poco con duda. -¿Algo para… que yo viva?-Pregunté con ilusión. -No vas a vivir… cómo humana.-Replicó Carlisle, viendo la expresión de Edward, que aún permanecía callado. No viviría cómo humana… pero viviría, como… Vampiro. -¿Ustedes me van a convertir en vampiro?-Pregunté con dificultad. -Es con tu aprobación.-Inquirió. De sólo pensar que sería unos de ellos, todo era perfecto. Tener alguna habilidad, cómo la de Edward o la de Alice, increíble. Esa belleza inigualable de todos los vampiros. Pero lo mejor de todos era la idea de pensar que viviría para siempre, con Edward, el amor de mi vida. Oh, oh… tres problemas. Charlie, Renee y Jacob. -¿Cómo es eso? Me refiero a… cómo es el proceso.-Pregunté confusa. -Bueno Bella, es doloroso. Principalmente, la conversión se hace cuándo el humano está a punto de morir, así lo hago yo. Éste proceso no es satisfactorio para nada, una gran cantidad de dolores por unos tres días, y tu corazón dejará de latir, con la diferencia de que vivirás con una sed intranquila. Siempre querrás la sangre humana, más que a nada. Y lo que nos trae dudas, será difícil para ti relacionarte con tus padres.-Dijo con dolor en su voz. -¿A qué te refieres? ¿Podría llegar a atacarlos?-Pregunté desconcertada. -Es lo más probable. -Entonces, ¿Cómo les diríamos que yo viviría si…? O sea, me refiero a que el día de mi operación…-Dije confusa. -Ese es el problema. Ya tus padres saben lo de tu enfermedad y también sabrían en la clínica si tienes un donante o no. Lo mejor sería hacer la conversión aquí, pero tendríamos que engañar a tus padres de un modo que me parece que seria imposible. Tendrían demasiadas dudas y se opondrían a que tu cirugía fuera aquí, teniendo una clínica cerca. -Es verdad…-Admití con decepción.
  • 51.
    -Pero aún nopodemos perder las esperanzas Bella, no hay que llegar a éste punto, podría aparecer.-Habló Edward con ilusión, rompiendo su frío silencio, tomó mis manos. -Pero tampoco debemos ilusionarnos Edward, además me parece una idea magnífica.-Admití con alegría. A Edward no le parecía lo mismo. Su expresión lo delataba. -Bella, por favor, no hagas esto más difícil de lo que ya es.-Dijo con voz molesta. -Discúlpame, pero es una buena idea, asegura mi vida de cualquier forma, ¿O es que no te importa?-Le pregunté subiendo mi tono de voz. Estaba actuando mal, pero así es cómo sus palabras me hacían reaccionar. -Si me importa.-Dijo con voz inexpresiva, quitando su mirada de mi. Ya entendía mi reacción, estaba molesta, furiosa. No… Estaba desilusionada y triste por su falta de interés en mi método de salvación. No le importaba que fuera a morir. Eso era lo que me hacía ver. Carlisle nos miraba tratando de calmarnos. Sentí cómo mis ojos se iban a tornar lagrimosos, así que fije mi mirada en el piso en silencio, suspiré y me tranquilice por el momento. -Gracias…Carlisle, hablamos en otro momento, intentaré pensar en ideas.- Hablé con voz sollozante. -¿Ya te vas?-Preguntó sorprendido. Dudé un poco ante su pregunta. -Si.-Respondí seca y dándole una mirada fría a Edward. -Bueno, no te preocupes, sabes que eres bienvenida aquí, cuando quieras.-Dijo Carlisle levantándose al mismo tiempo que yo y colocando una mano sobre mi hombre, dándome una sonrisa. Le devolví una rápida sonrisa mientras me volvía hacia la puerta. -Adiós.-Le susurré sin percatarme si había escuchado o no. Sentí la falta de aire en mi pecho. Cuando quieres romper en llanto pero no quieres hacerlo ahí. Cuando te tiembla el corazón. Cuando… Las lágrimas salen sin previo aviso. Estaba afuera al frente de mi Pickup, con esperanza alguna de que Edward viniera a mí, a suplicarme que no me fuera. Pero ya mis fantasías estaban yendo un poco más allá de la realidad. No vino, ni se asomó por la ventana. Manejé precipitadamente, más de una persona frenaba hasta casi chocarme, pero es que mi mente estaba en otra parte y mis ojos estaban totalmente borrosos de lágrimas. Me estacioné en una estación de servicio cerca de mi casa,
  • 52.
    miré mis ojoshinchados por el espejo del retrovisor y quité el resto de mis lágrimas. Lamentablemente, nunca había sido muy vanidosa, pero en éstos momentos necesitaba maquillaje urgente. Recosté mi frente sobre el volante y cerré mis ojos, respirando profundamente una y otra vez. Varios fuertes golpes a mi ventana me distrajeron de la oscuridad de mis pensamientos. Capítulo XI Peleas Volteé ante el estruendo, y un hombre con cara de insomnio, de piel oscura y con uniforme lleno de manchas negras, de gasolina. Bajé mi ventana. -Niña, por favor, ¿Podrías mover tu pickup? Estás impidiendo el paso de los carros.-Dijo el hombre, con un tono incómodo en su voz. -Si… disculpe, yo… ya estaba por irme.-Tartamudeé. -Chicos…-Dijo el hombre suspirando y moviendo sus ojos cómo órbitas, mientras se volteaba. Arranqué la camioneta sin mirar atrás. Llegué a mi casa y estaba la patrulla estacionada. -Bella-Murmuró mi padre en voz bajo mientras me daba un vistazo. -Hola Charlie-Respondí con la mejor voz que pude. -¿Cómo te fue donde los Cullen?-Preguntó Charlie intentando mirar mi semblante triste. -Maravillosamente, siempre me tratan bien.-Mentí.- ¿Te importa si subo a mi habitación?-Pregunté en un hilo de voz antes de que el pudiera hablar. -No te preocupes, estuvo deliciosa la cena.-Replicó con ánimos. -Gracias.-Respondí con desgana. Subí y mi cuarto estaba hecho un desastre, en la tarde se me había olvidado
  • 53.
    arreglarlo, por ira la reunión que terminó en una pelea. Aunque realmente nunca peleamos me dolía demasiado la actitud que había tomado Edward. Si de verdad me amaba cómo tanto quería, cuál era el problema de ser una más de ellos, me habían ilusionado y no me quitarían eso de la cabeza. Aunque sin Edward, de verdad no me importaba morir en ése mismo momento. Me molestaba cada vez que me imaginaba mi vida eterna junto a él y que el no deseara eso, partía mi corazón totalmente. Podría jurar que estaba hinchada, lloraba en silencio, sobre mi cama, me movía de un lado para el otro. Me levanté de un tiro, me sentí eléctrica por un momento, ya tenía mis piernas dormidas, lo que hizo que me tambaleara un poco, pero no me caí, milagrosamente. Mis ojos captaron la carta que sobresalía entre mis dos camisas preferidas. La tomé y me quedé viendo. Mis manos se cerraron, formando duros puños y arrugando completamente el papel. Lo rasgué en pedazos y lo lancé por la ventana. Dejé que la suave brisa se llevara los restos de lo que algún día fue una ilusión de metas. ¿Para qué? Para nada. Esta primera pelea entre Edward y yo, había sido extraña, pero fuerte. Para mí lo era, de un segundo a otro la felicidad se tornó oscura… -Demonios-Exclamé para mis adentros. Colegio. Edward y los Cullen. Éste pensamiento trajo más dolor a mi cuerpo y a mi corazón, si me moría ahí mismo no sería sorpresa. O peor aún, en el colegio. Aunque lo que me había molestado en estos días de la semana habían sido las miradas penetrantes de la mayoría de los estudiantes, ahora sería peor, ya que no me verían con Edward y empezarían a hacer suposiciones de un posible rompimiento entre nosotros. Cierto. Mi piel se erizó involuntariamente al pensar la palabra Rompimos. Traté de usar todas mis fuerzas para mentalizarme de que el día siguiente sería… Normal, o mejor aún, Edward se daría cuenta de que hizo mal en reaccionar así… Si, claro. La noche la pasé en vela, pero fue rápida, vi el primer rayo de sol y me dispuse a tomar una ducha. Estaba tan desconcentrada que no me percaté cómo se había derramado un poco del jabón líquido y me resbalé casi cayendo al suelo, hubiera sido una caída dolorosa, pero aún así mis brazos se llevaron un fuerte golpe, sobre todo mi antebrazo derecho, éste se había golpeado a la pared de manera que pudiera frenar la caída. Mi piel es tan blanca, que hasta el más mínimo golpe, se notaría hoy y al día siguiente estaría mucho peor. Me coloqué una manga larga para disimularlo pero aún no se veía muy morado, sólo un poco, no me preocupé en colocarme nada, ya que gracias al casi accidente, se me había hecho tarde. Milagrosamente estaba cayendo un diluvio, eso me daría ventaja ya que nadie estaría afuera en el estacionamiento. Una preocupación menos. Lo otro era que
  • 54.
    Edward veía esemismo día la clase de biología… No, de hecho veía todas las clases conmigo. Perfecto. Mi semblante era pálido al volante del miedo. ¿Me vería de nuevo con rabia? ¿Tal cómo el primer día? Buenas noticias. ¿O malas para mí? El deslumbrante volvo plateado, no estaba en el estacionamiento… Mi expresión era… neutra. Triste pero aliviada, pero triste de nuevo. Tenía la esperanza de que pudiéramos arreglar las diferencias, llegar a un acuerdo, conversar, no lo sé. Cualquier cosa que pudiera devolver alegría a mi vida. Sentía cómo si Edward Cullen hubiera sido un producto de mi imaginación. ¿Por qué?-Preguntaba para mis adentros mientras caminaba por el pasillo. Mirando a todas partes cómo si me fuera a encontrar con los ojos dorados, con la escultura perfecta. Con Edward Cullen. Eso no iba a pasar... Sentía que era la primera vez que iba a ese colegio, sentí que sería la última, el miedo y el dolor me consumían y de no ser porque esa noche había llorado tanto, estaría partida en lágrimas. Vamos, tienes que ser fuerte.-Me animé para mis adentros. No podía seguir así. Subí mi vista y entré con optimismo al salón. Nadie volteó hacia mí. Buen indicio. La clase estuvo interesante, al fin algo que no vi en Phoenix, además teníamos las pruebas finales en unas semanas ya que venían algunas festividades y tomarían una semana de vacaciones. Vacaciones, en Forks… Sonaba divertido. No tenía ni la más mínima idea de lo que haría en esos días, pero tampoco tenía planeado hacer algo. Saludé a Jessica y me invitó a comer con ella, respondí que sí por educación y porque tenía que sacarme a Edward de la cabeza. Volteé hacia la esquina donde solían sentarse la familia de los vampiros y estaba Rosalie con Emmett. Ni Alice, ni Jasper habían asistido a clases hoy, así que me alivió un poco el saber que a lo mejor Edward tuvo un problema o no lo sé. -¿Ya tienen problemas?-Preguntó Jessica con un tono de extrema curiosidad. -No, el está…de viaje, con Alice y Jasper.-Mentí. Jessica miró de reojo a la mesa de los Cullen y miro a sus amigas, después fijo la mirada en mí. -Bella, no sé si lo que dices es verdad, o que Edward te mintió. Pero en el tiempo que ellos llevan aquí, cuando se van de viaje, se van todos juntos.-Replicó ella
  • 55.
    con voz baja. Bueno Edward no me mentía, ya que yo ni siquiera sabía de su paradero. -Ah, es que, ésta vez fue diferente.-Tartamudeé. -Ay Bella…-Dijo Jessica dando un largo suspiro. Empecé a congeniar un poco más con los de su grupo, ya conocía a Ángela, pero me presentaron a Tyler, que me veía con un poco de pena y Eric, que fue todo lo contrario. Ambos comenzaron a pelear, por algo que no supe y no quise saber; Las chicas empezaban a murmurar y a curiosear qué usarían para mañana. Que inútiles. ¿Mañana? Todos me rodeaban, haciendo señas y Jessica me empezó a ver un poco extraña, pero como… no lo sé, con ¿Lástima? ¿Pena? Todo me parecía tan confuso ese día. Llegando a la casa, vi el auto de… Jacob. Estaba estacionado a un lado de mi casa. Me pregunté qué estaría haciendo ahí, pero no lo vi afuera, así que ¿Estaría adentro? No era hora de que ni Renee ni Charlie volvieran del trabajo. ¿Cómo se supone que había entrado? Entré a mi casa cómo si no hubiera notado el carro de Jake afuera. No oí nada. Me acerqué a la cocina y ahí estaba el, contemplando una pequeña caja, de… chocolates. Lo miraba con rabia. Tenía un detalle de dos pequeñas flores, un poco golpeadas y tristes, pero aún así eran preciosas. -Debí recordar que no podías comer chocolates.-Dijo con voz entrecortada. -Jacob, ¿Qué…?-Pregunté apenada. -Yo sabía que había algo mal. Por favor, discúlpame ¿Sí?-Preguntó tomando mis manos entre las suyas y con mirada de tristeza, hubiera jurado que estaba a punto de derramar lágrimas. -¿Por qué tengo que me pides disculpas? No has hecho nada malo que yo sepa… -Soy un inútil. Traté de hacerte un detalle y sólo empeoré las cosas.-Dijo dando un vistazo a la caja que se encontraba al lado de nosotros. -¿Esto es para mí?-Indiqué tomando la caja entre mis manos. -Lo es…-Replicó con pena. -¿Puedo saber por qué… por qué el detalle? -No te gusta verdad…-Dijo en un hilo de voz.
  • 56.
    -No, no… Está precioso. Pero sólo por saber.-Lo tranquilicé. -Es… mañana no podré venir, el colegio me tiene atareado y pues te regalo esto de manera adelantada.-Murmuró. ¿Mañana? Estábamos en el mes de febrero y no era precisamente mi cumpleaños, y mucho menos navidad. -¿Mañana?-Pregunté con duda. -Feliz San Valentín adelantado.-Inquirió con una dulce sonrisa con sus mejillas sonrojadas, me dio un fuerte abrazo. ¿Ah? ¿Qué? ¿San qué? En mi vida había celebrado tal fecha, recibía regalos de mi madre, y muy raramente de algunas compañeras en Phoenix que lo hacían por educación. Obviamente, sabía que era el 14 de febrero, pero siempre la pasaba cómo un día cualquiera, no compartía con nadie, me enteraba por los escandalosos afiches, carteles y cartas que se entregaban ese día, y también el exceso de mejillas sonrojadas en las alumnas de mi antiguo estado. Promociones en las tiendas con grandes osos de peluche y coloridos globos, me hacían poner la piel de gallina. Era un día muy anormal. -Ah, claro, san Valentín. Gracias Jake, en realidad, yo no sabía… no te he comprado nada.-Repliqué con pena. -¡No! Ni se te ocurra, es sólo un detalle, no tienes que regalarme nada. Sólo que muestres una sonrisa, me haces más que feliz. -Si. Gracias.-Sonreí con el mejor ánimo que pude. -¿Tienes planes para mañana?-Preguntó con curiosidad frunciendo el ceño. -Yo… ¿No dijiste que no podrías salir mañana? -En realidad lo pregunté por… tu sabes, el vampiro…-Murmuró gruñendo al pronunciar la última palabra. Gracias por recordarlo. Ya estaba acostumbrándome a la idea. -No, Edward está de viaje.-Mentí igual que en el colegio. -Ah, entiendo.-Replicó sin ganas. -Espero que no hayas planeado otra cosa para el sábado.-Lo amenacé. -¿Bella, sigues con eso?-Dijo llevando una mano a su cabeza. -Si, no pienso quitarme la idea de la cabeza. -Bueno, si así lo quier…-Inquirió interrumpiendo su frase.
  • 57.
    -¿Qué pasa? Jacob me dio una leve sonrisa, sacó de uno de los bolsillos de su pantalón un celular, quedó mirándolo un rato. Yo no había escuchado nada, ni siquiera había vibrado. -Es… Embry, me está escribiendo para que vaya a La Push, tengo que ayudarlo a hacer unas cosas para el colegio, perdí una apuesta con él y… bueno. -Ah, entiendo.-Repliqué con tristeza. -Bueno Bella, no quiero que sigas llorando-Replicó, pero abrí mi boca para negar lo que decía-Y no me digas que no, porque hasta un ciego lo notaría. Prometo venir por ti el sábado.-Prometió, dándome un dulce beso en la mejilla. -¡Espera!-Grité. -¿Qué?-Preguntó asustado. -¿Cómo diablos entraste a mi casa?-Pregunté alterada. -Adiós Bella…-Dijo Jacob soltando una audible carcajada mientras sonaba la puerta hasta la cocina. Aunque me había hecho exasperarme un poco al no decirme cómo entro a mi casa, me había alegrado un poco el día. En cierto modo tenía razón de lo de los chocolates, no los debería comer, no "debería", pero eran sólo unos pocos, no me harían daño. Además tenía mucho tiempo sin probar uno. Serían buenos para la depresión. Comencé a comerlos sin parar, me subí a mi cama y me senté con las piernas cruzadas. San Valentín. San Valentín… Amor… Ay no. Me sentía peor que nunca. Ahora que pasaba a ser un día importante para mí, ni siquiera sabía si estaría con él. La pasaría sola, porque ni siquiera mi mejor estaría conmigo. Cambié mi ropa, hice mis deberes y me metí a la cama, el estómago me empezó a doler… Me faltaba la respiración. -No debí haber comido esos chocolates-Gritaba para mis adentros, mientras estaba acostada. El dulce bajaba la frecuencia de mi respiración, al igual que las grasas, sólo unas pocas, pero los dulces eran lo peor. Por eso llevaba mi "dieta". Jacob la habría visto en el mesón de la cocina. La puerta sonó abajo y me hice la dormida después de que Charlie me llamara por mi nombre unas tres veces, después murmuró algo a Renee y subió las escaleras. Oí cuando abrió la puerta rápidamente y suspiro de alivio.
  • 58.
    -Sólo está dormida.Seguro tuvo un día pesado.-Replicó Charlie bajando las escaleras. Si le contaba a mis padres la gracia que había cometido, seguramente me estrangularían o peor aún, me llevarían al hospital. Mi garganta ardía, la tenía seca y estaba empalagada. Tuve que bajar a buscar un vaso de agua, fingiendo un largo sueño, despeiné un poco mi cabello y me levanté. Todo me dio vueltas. Estuve mucho tiempo en la misma posición y del brusco movimiento me mareé. Bajé cuidadosamente las escaleras. -Hola Renee, hola Charlie.-Saludé fingiendo voz soñolienta. Me salía pésimo. -Hola hija.-Dijeron los dos al mismo tiempo, estaban cómo extrañados, quedaron viéndome. Seguramente dudarían de mi largo sueño. Me asusté a que me descubrieran así que hice un bostezo fingido que paró a la mitad. Algo en mi estómago se había revuelto y había subido hasta mi garganta, llevé mi mano a tapar mi boca. Corrí al lavamanos del baño y vomité un poco del dulce que había comido, mas atrás me siguieron Charlie y Reneé. -¿Chocolates?-Preguntó Reneé molesta. Hice una mueca de inocencia con mis hombros, usé la pasta dental y me cepillé rápido. -Vamos Bella, hay que llevarte al hospital, no estamos para que te enfermes, y menos ahora.-Dijo Charlie limpiando mi cara húmeda. No, el hospital no… Iba con la ventana abajo, sudaba increíblemente y me pesaban los ojos, apoyé mi cabeza en el brazo que descansaba sobre la puerta de la patrulla, Reneé volteaba con cara de preocupación a cada dos segundos que pasaban. Las luces en la calle me mareaban más aún así que cerré mis ojos. Me sentí un poco mejor así. El viento se paró así que abrí mis ojos de nuevo. Ya habíamos llegado y Charlie me cargó y escondí mi cara en su pecho. Oí las voces de la gente, el frío típico del hospital me hizo temblar. Escuché cómo mi papá intercambiaba frases con algunas mujeres, que supuse, serían las enfermeras. -Bells, ya vengo, voy a buscar un doctor que te atienda.-Dijo mi padre sentándome en una silla en la sala de espera. -¿Quieres que te compre algo hija?-Preguntó Renee preocupada aún. -Un agua, la sed me está matando.-Supliqué en voz baja. En menos de un segundo estaba sola. Mis padres estaban socorriéndome. La luz blanca de ese lugar era cegadora. Pero me permitía examinar cada detalle de las
  • 59.
    personas. ¿Jacob? Mi amigo estabacaminando hacia la puerta cerca de mi, venía con una cara de dolor y con una venda sobre la mitad de su brazo. -Jacob, ¿Qué haces aquí?-Pregunté desesperada. -Nada Bella… ¡¿Qué haces tú aquí?!-Preguntó con un tono de voz alto. -Hm… un dolor de cabeza muy fuerte. Estuve leyendo después de que te fuiste- Mentí. Obviamente no le diría que había vomitado por comer sus chocolates. Se sentiría de lo peor. -¿Jacob Black?-Preguntó una mujer de tez morena, pequeña y uniformada de enfermera. -¿Si?-Respondió él, volviéndose a ella. -Aquí están los resultados de su prueba de san…-Dijo ella, siendo interrumpida al final por Jake. -Gracias.-Replicó molesto. -¿Pruebas de sangre? ¿Para qué…? -La piden en mi colegio… todos los años.-Inquirió con desgana. -Ah… entiendo. -Bella aquí está el agua.-Dijo mi madre obviando a Jake.-Adiós Jacob disculpa, estamos apuradas.-Me tomó por el brazo. -Adiós Bella, que te mejores. -Gracias…-Repliqué sin ánimos. Cada vez estaba más mareada. -Tu padre ya habló con el Dr. Cullen. Te atenderá ahora mismo.-Dijo mi madre en un susurro. Carlisle Cullen, padre de Edward Cullen, el que le contaría de mi visita al hospital. Me senté en una de las camillas de emergencias, donde el ambiente era poco convencional y me hacía sentir más enferma de lo que ya estaba. Toda mi vista se iluminó al ver cómo una figura cruzaba la puerta de la sala, iluminando mi panorama. -Charlie, Reneé.-Saludó Carlisle con una amable sonrisa que se borró al tornarse
  • 60.
    a mi conpreocupación.-Bella ¿Qué ha pasado?-Preguntó sosteniendo un lapicero y un formulario. Miré como los ojos de Renee y Charlie se clavaron en mí esperando una respuesta. Me coloqué firme. -He comido chocolates.-Admití con orgullo.-Ya se qué no debía, pero fue algo inevitable.-Murmuré al ver las expresiones de todos, mordiendo mi labio inferior. -Bella, nosotros no te compramos chocolates, ¿Por qué los compras si sabes que no puedes?-Preguntó Reneé. -De hecho… No los compré. Me los regalaron-No quería dar una conferencia de mi vida personal-Después les cuento.-Murmuré hacia mis padres, sonrojándome con Carlisle. Me hizo una serie de preguntas, de los síntomas, que había ingerido las últimas horas. Me examinó físicamente. Al escuchar mi pecho, su expresión se tornó seria. Sus labios formaban una línea recta mientras anotaba unas cosas. -¿Qué pasa Carlisle?-Preguntó Charlie con preocupación. -Creo que Bella tendrá que quedarse por hoy.-Dijo con voz seria mientras me miraba de reojo. -¡No! Por favor, no me quiero quedar, ya me siento bien.-Grité exasperada.- Prometo que…-Fue entonces cuando me faltaba aire en el pecho y aun se me revolvía el estomago de la náuseas. Mis padres alzaron sus brazos instintivamente y yo respiré de nuevo. -Por esa razón no puedes irte.-Replicó Carlisle. -Nosotros podemos cuidarla bien doctor Cullen.-Dijo mi madre en tono de súplica. Ella sabía el odio tan masivo que le tenía a los hospitales y ella siempre había preferido quedarse cuidándome en casa…Cuando fuera posible. -No podemos arriesgarla de esa forma. Aunque haya sido una simple indigestión, esto te ha influenciado en todo el cuerpo. Se te dificulta el paso de aire por las vías respiratorias, las náuseas… Aquí estaremos pendientes de ti las 24 horas.-Inquirió Carlisle con intenciones fallidas de darme ánimos. -¿Es necesario que se quede?-Insistió mi padre. -No queremos que nada malo le pase a Bella y aquí estará sana y salva.- Respondió con seguridad. -Bueno Bella, ya oíste al Doc. Te quedarás aquí sólo por ésta noche. Tu madre y yo iremos en busca de tus cosas y ya regresamos. No cometas nada estúpido.-
  • 61.
    Inquirió Charlie. -¿Sólo por ésta noche Carlisle? Promételo.-Le dije. -Te lo prometo-Dijo, agarrando delicadamente una de mis mejillas. Sus dedos fríos me hicieron estremecer. Había olvidado lo frío que eran sus manos. Una enfermera de expresión amable me ayudó a cambiarme y preparó mi habitación. Habitación número 26. Era tal cual y cómo las recortaba, blancas, pequeñas y me producían miedo y escalofríos. Un recuerdo de mi primer ataque volvió a mi mente, estuve hospitalizadas unos días y fue lo peor para mi, ahora tenía que vivir en un Hospital casi siempre, no precisamente por mi corazón, sino por mi mala suerte. -Bueno aquí está todo, si necesitas algo, toca éste botón chica.-Dijo la enfermera amablemente. -Gracias-Respondí sin ganas, ya sabía la función de cada botón en la cama. Me senté en la cama y quedé viendo al piso, mientras esperaba a que algo pasara. La enfermera salió, dejando descuidadamente la puerta abierta. "No te había visto en todo el turno de la noche"-Decía una voz masculina. "He estado ocupada, espero que mañana me traigas lo que me prometiste"- Respondió mi encargada, soltando una carcajada, "Si unas bellas y hermosas flores para ti"-Respondía con dulzura el hombre. Maravilloso, en cualquier parte me atormentaba la palabra amor y su día, que yo lo pasaría tristemente en un Hospital. Ellos demostraban su amor, unos simples enfermeros me hacían sentir mal. Mis minutos, mis segundos, eran horas y días a mi parecer. Me cambié cómodamente y no tenía nada que hacer. El único medio de entretenimiento era un pequeño televisor que preferí no encender. Esperaría a que Renee utilizara su inteligencia para traerme algún buen libro. Cuando llegaron con mis cosas, trajeron lo menos que hubiera querido, la ropa que menos usaba, eso podía esperarse, pero no me quejé porque seguramente la habrían hecho deprisa. Me cambié para algo cómodo. Después de una hora vomité dos veces más, pero iba mejorando, me darían una pastilla para hacerme dormir toda la noche, de seguro no serviría, no podría sacar a Cullen de mi cabeza. Afuera se escuchaban los pasos de la gente al pasar, mi madre en la habitación estaba sentada a mi lado, sin pegar un ojo; Lo contrario a Charlie que estaba acostado en el mueble plegable, roncando cómo nunca. Ya me empezaba a molestar un poco, y me sentía culpable al verlo en tan incómoda posición. -Renee, ¿Podrías llevarte a Charlie? Debe estar muy cansado.-Insinué viendo hacia él, con lástima. -Si, yo creo que debería llevarlo, mañana tiene que ir a trabajar.-Dijo Renee también volviendo su mirada hacia el.-Regreso en un minuto.-Inquirió tomando mi mano.
  • 62.
    Mientras ella salíade la habitación y Charlie se despedía de mí, entró la enfermera con una bandeja plateada, con un vaso de agua y dos pequeñas pastillas blancas. -Toma nena, esto te hará descansar toda la noche.-Dijo, alzando su mano hacia mí. -Gracias.-Tomé las pastillas y todo el vaso de agua.- ¿Esto es cien por ciento efectivo?-Pregunté esperanzada. -Claro, si no lo hace te daré una a la medianoche.-Sonrió y salió con la bandeja bajo su brazo. Los pocos colores que estaban iluminados en la habitación iban volviéndose opacos a mi vista. Todo se veía borroso ahora y los párpados me pesaban, pero luchaba por que no se cerraran. Imposible… Caí rendida en una oscuridad infinita... Capítulo XII El Despertar Entre olores sutiles y colores brillantes, mi sueño era una composición de alegría y perfección, mi corazón latía normal, mi piel brillaba con el radiante sol de las colinas verdes. -"Éste sitio… yo he venido aquí, he estado aquí"-Sonaba mi voz, proveniente de un lugar desconocido, mis pensamientos retumbaban por todo el lugar. Miré mi alrededor, todas las flores eran amarillas, unas margaritas… Pero había una que resaltaba del montón, una que mi olfato notaba. Rosa. Estaba ubicada a sólo unos pasos de mí, solitaria en su tipo. Roja cómo la sangre. Era la que más me atraía, así que me acerqué a ella por instintos. Sin darme cuenta ya estaba a un centímetro de ella, me agache a detallarla, me di cuenta de que yo vestía un largo vestido blanco, primaveral. Llamó mi atención las espinas que resaltaban de ésta, eran más puntiagudas de lo normal, filosas y estaba minada de ellas. No me parecía riesgoso, tenía intenciones de tocarla, así que lentamente acerqué mi mano a la rosa, cuando unos delicados dedos se posaron sobre mi mano. Temperatura helada y palidez en la piel. En mi cara se dibujó una sonrisa de satisfacción y alivio por unos tres segundos. Con desesperación subí mi mirada, pero no estaba, había desaparecido… Cerré mi mano en un puño y bajé de nuevo la mirada con tristeza. El sol había desaparecido, siendo tapado por una repentina oleada de nubes grises, los relámpagos retumbaban en el paraíso floral, que se había vuelto opaco, todo era blanco, negro y gris. Pero ahí seguía, la rosa bañada en sangre. Mi mano se movió violentamente hacia ella, abriendo mi palma totalmente, la tomé por
  • 63.
    el tallo, puyandotoda mi mano, no había dolor, pero había sangre… Salía sin parar y durante más sangraba, mas duro cerraba mi puño en torno de la flor. Estaba expresando mi dolor, mi pena, mi tristeza. Mi sueño estaba dibujando mi vida en estos días, después de que todo fue hermoso, un segundo pasó para que todo se convirtiera en lo opuesto. Infelicidad total. En ese momento me di cuenta de que estaba incontrolablemente enamorada de Edward Cullen, y que ya formaba parte de mí… Exaltada de la combinación de sueño con pesadilla, me levanté de la cama… Quiero decir, camilla, rodeada de los cables conectados a mi mano. Estaba cegada de una luz blanca. Tres desconocidos y un conocido. Eran dos mujeres y dos hombres, reconocí a uno de los hombres. Carlisle Cullen. -Gracias a dios.-Suspiró colocando su mano en su pecho en señal de alivio, una de las mujeres que reconocí por la voz, era mi enfermera en cargo. La otra hizo casi el mismo movimiento, pero sin articular una palabra, también era enfermera. -¿Estás bien chica?-Preguntó el hombre que parecía viejo al lado de Carlisle, que me miraba en espera de una respuesta. Los vi con dificultad e intenté articular una palabra, pero no lo logré. -Yo sabía que le afectaría. No debiste haberle dado el medicamento sin mi permiso.-Habló Carlisle a mi enfermera, ella bajaba su mirada con absoluta pena. -No pensé…-Murmuró ella. -Espero que no vuelva a pasar.-Exigió el otro doctor con voz molesta. -Bueno, dejemos a Bella.-Dijo Carlisle.-Ya vengo, voy a avisar que ya estás bien.- Inquirió hacia mi. Me dio pena por la mujer, ya que no había sido su culpa… ¿Qué me había pasado para que armaran tal escándalo? Todos fueron retirándose poco a poco. -¿Qué me pasó?-Pregunté soltando las palabras. La enfermera, aún con la mirada baja, suspiró profundamente. -Las pastillas que te di… ocasionaron efectos secundarios en ti.-Murmuró con pena. -¿Efectos secundarios? ¿A qué se refiere con eso?-Pregunté curiosamente. -¿No sentiste nada? Tu corazón… paró de latir aproximadamente tres segundos.-Admitió la mujer. Me quedé pasmada al oír sus palabras. Tres segundos… en tres segundos pude haber muerto. Tres segundos estuve muerta.
  • 64.
    Fue el tiempoque sentí la mano fría de Edward sobre la mía en el sueño. Eso quería decir que llegué al paraíso, no cuando vi las flores, sino cuando estuve con Edward. Pero reviví y eso me alejó de el. -No… no sentí nada-Dije con mirada vacía y voz entrecortada. -Lo siento tanto, nena. Es que me distraje y no vi que había algo que estaba contraindicado para ti. Soy tan inútil…-Se culpó con rabia. -No, no digas eso. Fue un accidente, eso pasa, eres humana. Los humanos cometemos errores…-La última frase también se refería a mí. Mi error había sido, dejar que Edward se enamorara de Isabella Swan, porque al final la hizo sufrir. -Supongo que sí, pero casi… mueres por mi descuido. -Bueno, el destino.-Inquirí con tristeza. Dos toques a la puerta me hicieron saltar. -Pase adelante-Respondió la enfermera por mi, sabiendo que mi voz no estaba en estado normal. -Bella, mi amor… hija ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes?-Dijo Renee con voz maternal y sus mejillas impregnadas en lágrimas. -Ya… Reneé.-Se me hacia cada vez difícil articular las palabras. -Estaba tan preocupada por ti… entré a tu habitación y estabas pálida y… No, no.-Comenzaba a vomitar palabras entre sollozos. -Chica, ya vengo. Buscaré algo y ya regreso. No te quedes dormida, por favor.- Dijo la enfermera. -Claro…-Murmuré sin saber si sería capaz de resistir al sueño que aún tenía. El aspecto de mi madre era horrible, entre los ojos hinchados, resaltaban las ojeras por la falta de descanso. Me daba pena que durmiera ahí en esa habitación tan incómoda. -¿Mamá? ¿Si te pido un favor me lo haces?-Pregunté con un tono de inocencia. -Si claro Bella, sabes que sí. -¿Puedes ir a la casa a dormir? Renee quedó viéndome por un momento, al principio con sorpresa pero su expresión se tornó seria. -Bella, como estas ahorita, no puedo dejarte…
  • 65.
    -Por favor, eslo único que te pido, me hace sentir mal verte tan cansada.- Supliqué. Volvió a callar por unos segundos, pero al parecer se había resignado a mi súplica. -Esta bien, pero sólo porque me lo pides. Estaré aquí en unas horas. Saldré a hablar con Carlisle para avisarle que me voy. Cuídate mucho, hija; tómate todo lo que te indiquen. Te quiero Bella.-Dijo mi madre acariciando mi mejilla y mi cabello. -Adiós mamá, gracias-Susurré. Mientras mi madre cerraba la puerta, aún no se me había quitado el sueño. Me preguntaba por la hora, volteé por la habitación y un pequeño objeto negro, con números alumbrados en rojo, indicaba que eran las once de la noche. Un poco temprano para el sueño que tenía. Los parpados iban cayendo poco a poco… -¡No Bella!-Gritó alguien entrando por la puerta. Alice Cullen, la voz melodiosa que podría escuchar todo el día sin cansarme. Abrí mis ojos precipitadamente al asimilar que aquí estaba ella, con preocupación cerca de mí. -Alice… Estás aquí.-Susurré con alegría. -Si ya estamos aquí Bella, vinimos en el primer avión cuando tuve la visión. ¿Cómo te sientes?-Dijo Alice con voz desesperada. -Cansada…-Respondí con tristeza. "Ellos" habían llegado, ¿A qué se refería con que "habían llegado"? ¿De verdad estaban de viaje cómo yo lo había supuesto? Tenía tantas preguntas por hacerle, pero no tenía energías. -Ya viene la enfermera, no te duermas.-Suplicó ella. Efectivamente, entró la enfermera con una jeringa y una pequeña cápsula de un líquido trasparente. Soy fóbica de las agujas. Se acercó a mí y tomó la intravenosa que había en mi mano derecha, colocó la jeringa con la sustancia adentro y la inyectó en mis venas. -Vas a sentir un cosquilleo caliente por unos minutos, si te duele me avisas. Esto es para que puedas dormir normalmente, cancelando el efecto de la pastilla anterior.-Me indicó la enfermera. -Gracias…-Dije con dolor. -Bella, debes descansar, mañana te tengo que contar, compré muchas cosas para ti en Los Ángeles.-Inquirió con emoción. -¿Para mí? Alice yo…-Iba a responder pero me tapo la boca.
  • 66.
    -No me agradezcas,sólo duerme.-Susurró en voz baja, con su canto melodioso. Mis ojos estaban cerrándose, en mi mente escuchaba los latidos de mi corazón marcándose en la máquina, eran variables, extraños, inconsistentes, vacíos… -Bella…-Susurró con agonía, Edward. Ya había cerrado los ojos cuando el había llegado a mi. Volviendo a mí ser, a mi todo, me sentía llena de nueva, pero incompleta al mismo tiempo. Lo tenía cerca, pero el sueño profundo no dejaba que saliera a abrazarlo, tocarlo, tan sólo verlo. Sentía la oscuridad tan pegada a mi cuerpo, intentaba zafarme de ella, pero simplemente no me dejaba y no tenía fuerzas para ello. Estaba atada al efecto de el líquido trasparente que entró por mis venas, haciéndome caer totalmente dormida. Sin embargo llego un momento que sentía despierta mi mente, pero mis brazos y mis piernas estaban flojas y cansadas. No podía averiguar si aún seguía en la habitación. Escuchaba unos susurros, pero no llegaba a detallar lo que decían. Cada vez se hacían más claras las palabras, ya podía reconocer las voces, Carlisle, Alice, pero la que me daba más ansias de abrir mis ojos era la de Edward. Quizás habrían pasado un par de horas, pero ya no soportaba más. Hubo unos minutos en silencio, Edward le agradecía a alguien, o a varias personas, escuchaba cosas de vidrio encima de las mesas. No tenía ni la menor idea. Escuché unos pasos hacia mi camilla, sus manos frías rodearon mi mano derecha. La besó con delicadez y la cruzó con la suya. En ese momento estaba recobrando todas mis fuerzas, el me daba ánimos de seguir, de luchar, de abrir mis ojos. Sonó fuertemente un aviso de despertador o algo por el estilo, retumbó en mis oídos ya que había agudizado todos mis sentidos, ya que carecía de la vista, y además Edward se movía silenciosamente por la habitación, así que fue un sonido desprevenido. -Feliz San Valentín… Te quiero-Susurró a mi oído, colocando su cara sobre mí cabello. Su respiración recorría cada terminación y cada rincón de mi cuello. Fría… Gélida cómo siempre. Esa frase hizo que mi sangre hirviera, mi corazón se aceleraba, rápido. Lo necesitaba demasiado para ser verdad. Pero aún así me debía una explicación de su repentino y absurdo viaje. Me dejó sola, sin previo aviso. Dormí el resto de la noche sin dificultad. Ya me había rendido de luchar contra la infinidad. Si… Te quiero hoy, mañana y siempre.-Repetía una y otra vez en mis sueños.
  • 67.
    Como cada díade mi vida, los rayos claros que entraban por la ventana despertaban todos mis sentidos. Suspiré profundamente y al fin abrí mis ojos con lentitud, pero con impaciencia de encontrarme con su perfecta silueta. Pero él no fue lo primero que llamó mi atención, seguramente aún estaría sumida en mis sueños y estaría alucinando, porque a mi vista se encontraban grandes y vistosos… Ramos de flores, de todos estilos y colores, podría reconocer algunas, pero las otras eran simplemente únicas, hermosas. Toda la habitación estaba repleta de globos rosa y blanco. Un gran peluche estaba colocado en el centro de los ramos que me rodeaban. -Bella, al fin despiertas-Gritó mi madre exaltada. -Si… estaba realmente cansada.-Murmuré con desconcierto, aún viendo las flores. Mi madre volteó y me dio una sonrisa. -¿Qué…?-Pregunté pero mi madre no me dejó terminar. -Edward está increíblemente arrepentido. Ese chico de verdad que está enamorado de ti. No ha dormido en toda la noche.-Mi madre articulaba las frases cómo si estuviera definiendo a una divinidad, y en realidad, era cómo un dios. -¿Y donde está?-Pregunté con impaciencia. -Fue a buscarte el desayuno. -Ah…-Contesté con desgana. Con ganas de verlo ya. Y aunque hubiera preferido verlo a él, antes de hacer cualquier cosa, mi hambre era anormal. -Vine a ver si habías despertado, para decirte que en unas horas ya vas a poder salir.-Dijo mi madre en un intento de animarme, pero hasta que yo no viera a Edward Cullen, nada me haría feliz. Volví a dar una mirada a los ramos de mí alrededor. Jamás me habían hecho algo así, ni siquiera un ramo pequeño en mi cumpleaños. Los regalos de mis padres eran sencillos y no se morirían en unos cuantos días. Por esa razón la idea de grandes regalos, no encabezaba la lista de mis deseos personales. Pero esto podría hacerme cambiar de idea, todo era perfecto. La escultura de un ser perfecto apareció debajo del arco de la puerta de mi habitación. Sostenía en sus manos una bandeja blanca con un plato, cuya comida no quise detallar al fijarme en sus ojos dorados, su pecho medianamente descubierto, con una camisa a botones color azul. Sentía cómo si fuera la primera vez que lo veía… Lo extrañé tanto, para mi habían sido un infierno éstos días. -Hola…-Susurró cómo si quisiera decir muchas cosas a la vez y esa fue la única palabra que le salió.
  • 68.
    -Bueno creo quelos dejo solos.-Sugirió mi madre dándome una suave palmada en la pierna y sonriéndole a Edward al salir. -Has venido…-Dije con su mismo tono de voz, cortado y nervioso. -No tenía pensado dejarte.-Dijo él, colocando mi desayuno sobre una mesa. -Pero aún así lo hiciste…-Murmuré con dolor. -Fue una emergencia.-Habló con seriedad. -Y me imagino que era muy difícil avisarme.-Hablé con sarcasmo. -Te recuerdo que estabas molesta, imaginé que no te importaría mi ausencia.- Dijo con desgana. Sus palabras me provocaron una rabia insoportable. Me sacó totalmente de mis casillas. Pude jurar que hasta enrojecí de lo molesta que estaba por semejante estupidez que había dicho. -¿Yo estaba molesta? ¿Y tú no lo estabas? Ah, tampoco me importaba tu ausencia. ¿Con esa idea fue con la que te fuiste de paseo?-Pregunté furiosa. -Yo jamás…-Dijo con voz cortada. -¿Sabes que…? Olvídalo.-Sollocé. -Bella… Discúlpame. Seguramente si no me hubiera ido no estarías aquí, pero también hubiera perdido una gran oportunidad. Fui a Los Angeles porque me llamaron por una solicitud que hice hace unos días… Buscaba donantes de corazones.-Respondió con pena. Con mi rabia, abrí mi boca ignorando cualquier escusa que hubiera usado, pero después detalle lo que había dicho, y procesarlo fue totalmente impactante… Ya no sabía que esperar de Edward. Ahora nada en el mundo me sorprendería. -¿Tú… tú?-Tartamudeé. -Si Bella, soy un completo inútil, cuando Alice vio esto, quise…-No dejé que soltará una palabra más en son de disculpa. Lo rodeé rápidamente con mis brazos y lloré sin parar en su hombro. ¿Cómo se me ocurría hablarme así? El esfuerzo que había hecho en ir hasta allá, sólo por mí, era algo demasiado noble de su parte y me llenaba de total pena. -Bella, yo lo siento tanto… insistí en todas las clínicas y hospitales, pero hay pocos donantes… cómo tú lo repetiste una y otra vez.-Se delató cómo resignado. En realidad no me sorprendía que regresara sin nada, era de suponerse. Por esa razón yo había dejado de luchar desde hace ya varios meses.
  • 69.
    -Si hubiera sabidoque… harías eso, no te hubiera dejado.-Dije entre sollozos. -Es que aún tengo la esperanza, quiero que compartas tu vida humana contigo, no quiero darte ésta vida, el dolor.-Dijo en tono de voz de súplica, me hizo sonrojar porque inclinó su cara hacia mí, quedando muy cerca.-Voy a extrañar esas mejilla rojas, ese calor en tu piel. Tú eres sencillamente auténtica.-Susurró a mi oído. -¿Y es que no quieres que yo sea feliz?-Pregunté con dolor y mis ojos impregnados en lágrimas. -Si, pero de la mejor manera. No quiero pelear contigo, y menos hoy. Quiero sacarte de aquí, llevarte a un lugar donde podamos compartir, hablar. Te he extrañado estos días, sonará algo raro pero se me han hecho una total eternidad. Y lo menos que sonaba era extraño, porque me había sentido de la misma forma. -Para mi fue más que infinito cada segundo que pasaba.-Confesé colocando mi mano en su mejilla. -Por cierto, ¿Te gusto mi detalle?-Volteó su mirada hacia las flores. -¿De… detalle? Bueno… en realidad jamás me habían hecho algo así, tan hermoso…-Tartamudeé con voz baja. -Es lo mínimo que podía hacer por ti. Pero quiero saber ¿Cómo llegaste aquí? Ya se que fue a causa de unos chocolates pero… No los habrás comprado tú, ¿Verdad?-Preguntó con presión. -No quiero decirte. Sé que actuarás de mala forma y yo no quiero que sea así. -Te prometo que no lo haré.-Replicó con una expresión de total seriedad. No pude resistirme a su promesa y estaría insistiendo hasta sacarme la información. Mordí mi labio inferior con duda y lo miré. -Fue… Jacob.-Murmuré.-Pero el sólo quería hacerme un detalle y no sabía que estaba contraindicado para mi y…-Intenté excusarlo. Su expresión cambio de seriedad total a molestia y rabia. Estuvo así unos segundos, seguidamente cerró sus puños y se volteó bruscamente hacia la pared. Pegó fuertemente uno de sus puños contra ella, haciendo una leve abolladura y un gran estruendo. -Edward, harás que venga alguien preocupado por el sonido que acabas de hacer.-Susurré molesta. -Te lo juro que lo mataré cuando lo vea, ese perro me las va a pagar.-Escupió las
  • 70.
    palabras. -Prometiste que noreaccionarias mal.-Murmuré. -En ésta situación es diferente. No respondí ante su actitud, seguiría prometiéndome cosas que no cumpliría. Volteó ante mi silencio pero yo no devolví mirada, la mía estaba fija en la ventana, conteniendo las lágrimas de nuevo. Pero de reojo vi que desaprensó sus manos, colocándolas relajadas al igual que su expresión, que se volvió preocupada. -Disculpa Bella, lo prometí. -Si, así que por favor cúmplelo. Unos toques en la puerta me hicieron voltear. -¿Puedo pasar?-Preguntó Carlisle del otro lado de la puerta. -Adelante.-Dije cambiando mi ánimo. Carlisle entró seguido por Alice que me sonreía con emoción. -¿Cómo te sientes hoy?-Preguntó Carlisle. -Muchísimo mejor, lista para irme.-Inquirí tratando de convencerlo, ya me había hartado del hospital. -Nos alegra mucho, queríamos verte de buen ánimo. Hoy te espera un gran día.- Replicó Alice guiñándome el ojo y mirando a Edward. Algo tramaban entre manos. -Pues sí, te haré unas pruebas más y te podrás ir. Tu madre está afuera firmando unas cuantas cosas. Vendrá en unos minutos a despedirse.-Dijo Carlisle. -¿Despedirse? ¿Por qué habría de despedirse? ¿No estás diciendo que ya podía irme?-Empecé a actuar nerviosa y desconcertada. -Si Bella, el problema es que no te irás precisamente con ella.-Inquirió la pequeña vampiro. -¿Entonces?-Pregunté aún sin entender. -Te irás conmigo, he planeado pasar el resto del día contigo.-Respondió Edward dulcemente y dándome una leve media sonrisa que me hacía temblar de los escalofríos…
  • 71.
    Capítulo XIII Amor Vs. Amistad Mis exámenes de sangre salieron mejor de lo esperado. Mi semblante era mejor cada minuto, los dolores estomacales y los mareos desaparecieron. Estaba completamente segura de que las medicinas que me habían propiciado habían sido la mágica cura a mi enfermedad. Había sido el regreso de Edward, y de Alice. Me llenaba de pena que su plan de viaje hubiera sido algo que era en vano, yo sólo podía esperar una respuesta de mis médicos. No dejaba de mirarme desde que llego, tomaba mi mano al caminar por el pasillo, hablaba con mi madre una que otra vez pero manteniendo el contacto visual conmigo. Renee parecía contenta y emocionada por mi plan de san Valentín. A lo mejor ella estaba enterada del recorrido, o del punto de llegada, pero algo sabía que no quería contarme. -Tu padre no está muy contento de ésta idea. Yo creo que está celoso.-Comentó mi madre, en frente de Edward. Sostenía en sus manos uno de los ramos más grandes, lo llevaría hasta la casa de recuerdo. -Mamá…-Musité entre dientes. -No hay problema Bella, es una actitud normal por parte de la figura paterna.- Replicó Edward con una sonrisa de satisfacción en la cara. -Bueno chicos, espero que se diviertan. Cuídala mucho Edward, mira que ya está bien de hospitales.-Inquirió Reneé.-Te quiero Bella.-Dijo hacia mi, abrazándome fuertemente. Se volteó hacia la salida, mientras se despedía ondeando su mano. -¿Estás preparada Bella?-Preguntó Alice, apareciendo por mis espaldas con exagerada emoción. -¿Debería estarlo?-Mi voz sonó terrífica. -Creo que si.-Dijo Edward viendo hacia Alice y volteando sus ojos. Al parecer me esperaba algo mil veces peor que los ramos del hospital. Nos dirigimos a la casa de los Cullen con extrema velocidad, al parecer Edward quería aprovechar al máximo éste día. Mientras Alice desde el asiento delantero me hablaba de una cantidad de tiendas de Los Ángeles, cuanto había comprado…
  • 72.
    Bueno cuanto "mehabía comprado". Hablaba de vestidos, tacones y todo lo demás y yo sentía cómo si me estuviera contando una historia de miedo, sádica y sangrienta. No podía rehusarme a rechazar sus regalos ya que ellos habían sido muy complacientes conmigo y de la única manera que podría agradecerles todo era conformándome. Le sonreía una que otra vez mientras hablaba sin parar, Edward estaba conteniendo la risa mientras veía por el retrovisor mi cara de espanto. Al parecer se lo estaba disfrutando. Bajé del auto y al cerrar la puerta, vi mi reflejo en la ventana. Si en ese momento estaba masacrada, no me imagino mi semblante en el hospital. Tenía que tomar un baño urgente, tenía que cambiarme de ropa, algo cómodo y normal, cosa que Alice no permitiría. -Es mejor que tomes un baño primero.-Sugirió Alice. -Yo pienso lo mismo… Pero ¿Don…?-Pregunté sin terminar la frase. -Ven, ya te preparé el baño.-Dijo ella, jalándome por el brazo, conduciéndome hacia las escaleras, en su otra mano llevaba mi bolso del hospital con mis cosas de aseo personal, al parecer había desechado la ropa por completo. Edward se quedó paralizado en el pie de las escaleras. Yo volteé con una expresión que suplicaba ayuda y él simplemente estaba por romper su labio inferior por aguantarse una carcajada. -Ahí esta la toalla, te dejé el jabón a la izquierda, tienes varias fragancias para lavar tu cabello.-Decía mi "hermana" señalando cada envase respectivamente repartido por el baño. Ya sentía una afinidad con Alice parecida a la de una hermana. -Gracias Alice, no es para tanto…-Repliqué con pena. -Cuando quieras.-Respondió con su tono de voz de campanillas, sonrió y cerró la puerta. Le devolví la sonrisa y volteé lentamente hacia mi escenario. El baño era extremadamente amplio, cubierto con una cerámica blanca y detalles en plateado. El piso era muy brillante, cómo mármol blanco y brillaba con los rayos de sol que entraban por la ventana francesa al fondo. Era una bañera moderna y grande a su vez. Suspiré con desgana y pensé mucho en quitarme la ropa. La idea de que Edward estuviera por ahí merodeando y yo en su baño era extremadamente intimidante. Fui desprendiéndome de mi ropa lentamente. Abrí poco a poco la llave del agua en la bañera y entré. No sacaba de mi mente la idea de que hace unas pocas horas no era nada y ahora lo era todo. Y tampoco se quedaba atrás la duda de los planes. El agua estaba a una temperatura caliente, así me sentía bien, provocar humo empañando los espejos y ventanas me fascinaba.
  • 73.
    No use ningunafragancia especial en el cuerpo aunque la de vainilla llamó mi atención ya que era uno de mis olores característicos, porque me encantaba. Lo rocié en mi cuerpo y olía exquisito. No me arrepentí del riesgo. Salí de la ducha tomando una bata blanca guindada a la esquina. Oí unos pasos y me tapé rápido con la bata. Pero al parecer pararon en un lugar. No oí nada después así que me despreocupé. Lavé mis dientes con mi cepillo que estaba en el bolso, peiné mi cabello y lo sequé un poco ya que había bajado la temperatura. Un frío horrible entraba por debajo de la puerta. -¿Ya estas lista?-Preguntó Alice del otro lado de la puerta. Su repentina voz me tomó desprevenida. -S… si.-Tartamudeé. -En el clóset a tu derecha está la ropa que escogí para ti. Cuando acabes me avisas para entrar ¿Está bien? Volteé hacia el escalofriante clóset. Lo abrí con sumo cuidado y una cantidad incontable de vestidos estaban en mi panorama. Uno que otro conjunto con faldas, pero aun así eran extremadamente formales. -Alice… ¿Estás segura de que esto es mío?-Pregunté con voz incómoda. -Si Bella, ¿No te parecen hermosos? -Claro.-Mentí. -Bueno date prisa que no puedes pasar todo el día en el baño. Aún tengo muchas cosas que hacer contigo. -Salgo en un momento.-Dije con nervios mientras veía con miedo hacia el clóset. Pasé una y otra vez mi mano entre los vestidos. Descarté unos cinco vestidos, y dos conjuntos, por los colores, ya que eran extremadamente llamativos. Me tenía que decidir entre dos vestidos. Uno era color vinotinto con cuadros, y el otro era negro de puntitos blancos, con una fina cinta debajo del busto de color blanco, pero los dos eran strapless, a las rodillas y abombados de la cintura hacia abajo. Hice al azar y tomé el negro. Me lo puse y volteé hacia el espejo con los ojos cerrados. No era precisamente tan feo cómo lo imaginaba, podría decir hasta que me veía bien. Pero miré hacia mi bolso, donde sobresalían mis deportivos de goma, no serían precisamente lo más indicado. -Los zapatos están en la gaveta de abajo. Busca los tacones negros.-Sugirió Alice del otro lado de la puerta.-Ni se te ocurra usar esos zapatos deportivos.-Inquirió molesta.
  • 74.
    -¿Cómo…?-Pregunté con desconcierto.¿Edward no era el lector de mentes? Seguramente Alice me vería saliendo con un vestido y unos deportivos. Me reí en voz baja ante tal imagen. Recogí los zapatos de tacón que sugirió y me los puse. Me tambaleé un poco por no estar acostumbrada a andar en tacones, era probable que tropezara unas cuantas veces. Ya estaba lista para la acción. Si esto había sido difícil, lo que me esperaba sería peor. -Bueno Bella tu sólo quédate tranquila, ahora estas en mis manos.-Dijo Alice entrando por la puerta con un pequeño bolso. La vampira tardó unos cuantos minutos sacando cosas del bolso, entre ellas maquillaje y cepillos del cabello, fijadores. Después de insistirle demasiado de que no quería nada elegante, sólo me recogió la mitad del cabello e hizo unas suaves ondas en él. Me colocó un poco de maquillaje natural. Me hablaba de cuán bella quedaría mientras experimentaba conmigo como un conejillo de indias. Cuando acabó me empujo hacia el espejo e hizo un gesto de satisfacción para sí misma, repitiendo una y otra vez que yo debería vestirme así diariamente. Una idea fatal. Ahora me veía muchísimo mejor con maquillaje, aunque era poco cómo lo había pedido, me hacía lucir diferente. Rocío un dulce perfume en mi cuerpo. Cada vez me temblaban más los pies del miedo a salir, vestida de esa forma. ¿Qué pensaría Edward? Salí del baño, suspirando profundamente. Mi vampiro se encontraba al inicio de las escaleras, de espaldas a mí, con una posición derecha y tensa. Dudó un poco antes de voltear, pero lo hizo lentamente mientras Alice me daba un pequeño empujón. Me avergoncé un poco y me encontré con sus ojos dorados. Bajó lentamente la mirada, con una expresión fría y congelada... Salí del baño, suspirando profundamente. Mi vampiro se encontraba al inicio de las escaleras, de espaldas a mí, con una posición derecha y tensa. Dudó un poco antes de voltear, pero lo hizo lentamente mientras Alice me daba un pequeño empujón. Me avergoncé un poco y me encontré con sus ojos dorados. Bajó lentamente la mirada, con una expresión fría y congelada. Pestañeó innecesariamente unas cuantas veces antes de hablar, abría la boca repetidas veces sin soltar una palabra. -¿Verdad que está hermosa?-Preguntó Alice a su hermano. Edward seguía sin responder a la pregunta de Alice, lo cual me daba un poco de nervios ya que no había reaccionado cómo pensé que lo haría. -Alice creó que no le gustó.-Murmuré en el oído de ella. -¿De qué hablas Bella?-Preguntó Edward molesto.
  • 75.
    -Es tu expresión…además no has dicho nada.-Dije en voz baja con tristeza. Se acercó a mí precipitadamente tomándome de la barbilla, me besó suavemente, llegando a cada uno de los sentidos de mi cuerpo. Extrañe sus gélidos labios. En ese momento me había tomado de sorpresa. Me tomó con autoridad por la cintura, presionándome fuertemente hacia él. Al parecer estaba en busca de una excusa para salirse con las suyas, y yo estaba totalmente feliz acerca de su decisión. Me separé de él por pura necesidad, de no ser que mis pulmones pedían a gritos que respirara de nuevo, me hubiera quedado ahí toda la eternidad. -Eso es lo que pienso.-Musitó él entre dientes, dejando escapar una baja risita. Me sonrojé al verlo, y empeoré cuando vi que Alice seguía atrás de mí con una sonrisa de felicidad que parecía que nadie se la quitaría. -Ya deberían irse, se les hará tarde.-Sugirió ella. -Yo creo que si.-Edward sonrió y me tomó delicadamente por la mano, conduciéndome hacia las escaleras. Mientras caminaba veía que Edward no estaba igual que cuando me metí a bañar, no de su comportamiento, sino su ropa. Se había cambiado de ropa mientras yo me duchaba. Traía unos pantalones de vestir negros, una camisa de color azul claro y llevaba su abrigo en su otro brazo. Claro, el siempre se veía bien así que no noté la diferencia al instante, el caso contrario a mi. -Te ves increíblemente hermosa, Bella.-Susurró en mi oído. -Gracias… Tu también.-Inquirí con pena. -No es nada. Espero que no estés molesta porque Alice haya cambiado por un día tu forma de vestir. -No, para nada.-Mentí un poco. No estaba mal, pero preferiría que sólo fuera por san Valentín. Me acerqué al Volvo y Edward se montó rápidamente, prendió el motor y yo ni siquiera había abierto la puerta del carro. Me confundí un poco ante su desesperación. Generalmente abría la puerta por mí, y con más razón lo haría hoy, pero simplemente no lo hizo. -Bella, no vamos en el Volvo, espera aquí, lo guardaré en la cochera.-Dijo él, asomándose por la ventana. -Está bien.-Respondí con confusión.
  • 76.
    Me quedé paradaal borde de la acera, crucé mis brazos sobre mi pecho, esperando a que Edward regresara. ¿Acaso iríamos a pie? No era precisamente la mejor idea con los centímetros demás que tenía en mis pies. A mis espaldas el rugido del volvo desapareció, cerró la puerta del auto y oí que al instante abrió otra puerta, imaginé que era la del copiloto, ¿Estaría buscando algo? Sólo oí que se cerró de nuevo. No quise voltear a ver si traía algo en sus manos. Pero otro rugido aún más fuerte me exaltó, no sonaba precisamente cómo el Volvo, así que volteé a curiosear el causante de tal ruido. Un flamante convertible, color negro salió por la puerta del garaje, haciendo una impactante entrada. Con una hábil maniobra, Edward se estacionó al frente de mí de nuevo. Corrió a abrirme la puerta, y yo no podía dejar de ver el auto que tenía frente a mí. Esperó un poco con paciencia a que yo reaccionara, mientras sostenía mi puerta, pero yo no articulaba ni una palabra. Ese carro era excesivamente lujoso. -¿Qué pasa?-Preguntó Edward preocupado. -El ca… carro está increíble.-Tartamudeé sin aire. -Ah, si… es una nueva adquisición. Lo uso sólo en ocasiones especiales. Además, hoy servirá de mucho.-Replicó cómo si hablara de algo común. -Está increíble.-Repetí. Soltó una risa y volvió su mirada hacia mí. -¿Podrías subirte? No quiero que pierdas tú velada. -¿Mí velada? Es de los dos. -No, tú siempre serás lo más importante para mí.-Concluyó. Siempre lograba decir unas palabras tan dulces, incomparables. Edward era una perso… un vampiro único. El asiento era demasiado cómodo para ser verdad. Comenzamos el recorrido a mucha velocidad. El viento azotaba mi cara. Y el frío no era muy complaciente. Intenté esconder mi incomodidad de temperatura, pero mi piel reaccionaba involuntariamente, se me ponía la piel de gallina cada dos segundos. Mi novio volteó unas tres veces hacia mi dirección. Se estacionó a un lado de la carretera. -¿Qué haces? ¿Ya llegamos?-Pregunté con intriga. Nos rodeaba la carretera y los altos pinos que la rodeaban. -Ten, colócate esto por favor. No quiero que te enfermes, ni mucho menos que estés incómoda.-Dijo colocándome su grueso abrigo. El aroma que provenía de él, me causaba una cantidad de emociones inexpresables. Era delicioso, cómo siempre, pero éste era más concentrado.
  • 77.
    -Gracias.-Murmuré con vergüenza.-¿No me vas a decir a donde vamos? -No. Ya verás. Falta poco. Tomó un atajo después de unos diez minutos de carretera. Era un camino de tierra, ni siquiera estaba asfaltado. ¿Cómo se le ocurre meter el convertible en tal camino? Agudicé mi vista y había una casa a lo lejos, ésta era de ladrillos, rodeada de enredaderas, aunque no era muy grande, tenía un aspecto moderno. Parecía estar abandonada. Mientras admiraba la casa, Edward ya se había bajado del auto y estaba abriendo mi puerta. Bajó sus brazos y colocó uno detrás de mis rodillas y el otro detrás de mi espalda, sosteniéndome en el aire sin ningún esfuerzo. Fijó su mirada en mí por un rápido segundo, seguidamente cerró la puerta con un pie. Yo no hubiera hecho eso, dañaría la pintura. Pero al parecer no le importaba mucho. Caminó hacia la casa que había supuesto que era el punto de llegada y me bajó en la orilla de unos cortos escalones de madera. Dos ventanas al lado de la lujosa puerta de dos partes, no pude ver nada adentro por unas cortinas internas de color vinotinto. Edward sonreía con satisfacción. Su sonrisa me hipnotizó. La puerta se abrió en la mitad por un hombre. Era alto, uniformado de mesonero de restaurant extremadamente lujoso. -Bienvenidos.-Dijo con voz cortés.-Señor Cullen.-Asintió con una leve reverencia hacia Edward.-Permítame.-Inquirió hacia mi, alzando una mano. Me quedé paralizada sin saber que quería que le diera. -El abrigo, Bella.-Susurró en mi oído. -Ah, claro, disculpe.-Reaccioné y se lo di. Ante mi estaba, la imagen de algo… impresionante. Un lujoso piano de color blanco se encontraba al fondo. Una mesa para dos personas en medio del espacio, con dos velas y posadas sobre unos candelarios plateados, habían más de dos cubiertos en la mesa, pero no era precisamente distribuidos dos para cada uno, sólo había un plato y diferentes estilos de tenedores, pequeñas cucharillas. Una de las cosas que más llamó mi atención… El piso estaba impregnado en pétalos de rosas. El aroma a flores estaba por todo el salón. Mi corazón se aceleró, rompiendo el silencio que se había creado en la habitación. El hombre había desaparecido detrás de una puerta de madera al fondo. -¿No te gusta? Yo sabía que tenía que…-Lo callé, coloqué un dedo sobre sus labios. Me acerqué a él, quedando con su cara a pocos centímetros de la mía. Quedé mirándolo fija y seriamente a los ojos. Coloqué mis labios casi encima de los suyos, pero desvié mi boca por su mejilla hasta llegar a su oreja. -Me encanta.-Le susurré con dulzura.
  • 78.
    Se quedó paralizadounos segundos y después me propició una media sonrisa. Caminamos hasta la mesa y el me invitó a sentarme. No me había dado cuenta, hasta que vi el plato en la mesa, de que me estaba muriendo de hambre. -¿Qué vas a pedir?-Me preguntó después de oír un vergonzoso ruido desde mi estómago. -No lo sé… ¿Qué puedo pedir?-En mi mente se dibujaba un plato italiano de pasta. -Pide lo que quieras, yo ordené a que estuvieran abiertos a tu apetito. Lo que desees comer, aquí te lo prepararán. Me daba mucha vergüenza ordenar la cantidad de platillos que me hacían la boca agua, pero decidí por uno sencillo. Por la puerta de madera apareció el hombre uniformado. Tomó mi orden de comida y de bebida opté por una gaseosa. Estuvo todo el rato mirándome firme pero con dulzura a la vez, no sé cómo podía lograr expresar tantas cosas con tan sólo una mirada, pero era tan seductora. Nuestras manos estaban juntas en la mitad de la mesa. El ambiente era un poco frío pero las velas mantenían mis manos tibias, a pesar de que estaba junta a la de él. Mientras llegó mi comida, me sentí de nuevo incómoda tal cual cómo en su casa de que el no comería, sólo me detallaría. Trataba de evitar su mirada que me tenía ruborizada, me distraía viendo hacia la ventana y me percaté de que ya estaba oscureciendo. Comí lo más rápido posible para aprovechar mi tiempo con Edward, quién no dejaba de preguntar acerca de la comida, mi comodidad… entre otras cosas. Estaba más atento de lo normal. Después de que retiraron el plato de mi mesa, el se levantó y se acercó a mi puesto, me jaló con cuidado hacia el… -¿Bailamos?-Dijo ofreciéndome su mano. -¿Sin música?-Pregunté. Me dio una rápida sonrisa. -Ven conmigo.-Me tomó por la mano y la pasó por mi cintura. Se acercó a un perchero en la esquina y tomó su abrigo. Nos dirigimos a unas puertas altas del lado izquierdo del salón, eran de vidrio, pero con textura, así que no podía ver nada hacia fuera. Abrió las puertas y un viento helado me hizo temblar, vi cómo Edward alzó su abrigo y lo colocó encima de mí. El frío se me pasó instantáneamente cuando mis ojos se deleitaron con un escenario hermoso. Un patio con una grama verde navidad, en el centro había un escenario de piso de madera y tenía un techo totalmente iluminado, lleno de rosas y luces blancas. De los pilares que sostenían el techo, guindaban unas delicadas telas blancas de un lado a otro. Al fondo se encontraban unas cuatros personas, dos mujeres y dos hombres, los cuatro sostenían instrumentos musicales, violines de diferentes tipos para ser exactos. Había dado dos pasos antes de ver tal escena, después de eso me quedé pasmada en el mismo sitio. Aún
  • 79.
    Edward sostenía mimano. La apreté con fuerza de manera de reacción. -De verdad estás tratando de matarme.-Musité sin apartar mi vista del escenario. -¿Por qué lo dices?-Preguntó soltando una risa baja. -¿Cómo lo haces? Esto es tan mágico. Cada vez me impresionas más.-Repliqué volteando hacia él. -Tú lo haces mágico, tú eres la razón.-Dijo acariciando mi mejilla. Caminamos hasta el centro de la "pista de baile" e instantáneamente comenzaron a tocar una suave melodía. -Soy muy mala bailando.-Confesé con una expresión de broma. -No importa, sólo déjate llevar.-Susurró. Lo miré con una sonrisa pintada en mi expresión. Volvió su mirada, tratando de averiguar lo que pasaba por su mente, por su expresión estaba frustrado de no poder adivinarlo. -¿Quieres saber qué pienso?-Le pregunté. -No tienes una idea… -Aun no concibo cómo es posible que yo esté aquí, contigo. Para mí, eres un sueño hecho realidad y siento que yo no soy ni la mitad de lo que eres tú, me siento insuficiente…-Dije con depresión. -Estas aquí, porque eres tú la mujer con la que había querido estar toda mi vida.-Dijo con voz de terciopelo. -Sabes… todos los días me pregunto ¿Por qué yo? ¿Por qué no otra? Es que siento que te mereces mucho más… Siento que necesitas alguien mejor que yo. -¿Eso es lo que quieres? ¿Qué esté con otra?-Preguntó con tristeza. -No.-Respondí al instante.-No me refería a eso, es que… eres cómo un milagro para mí. ¿Por qué dices que soy yo la indicada? -Tengo tres palabras para ti… Yo te amo. No hay más nada que decir. Mi corazón se acelero ante el potencial de tales palabras. -Y yo a ti.-Concluí. La melodía seguía y nosotros danzábamos en nuestro escenario. Se me fueron borrando lentamente las cosas a mí alrededor, las personas, las luces, las flores… Sólo me quedé con los ojos de mi amado vampiro.
  • 80.
    Iba bajando lavelocidad de la música, metió su mano suavemente entre mi cabello y acercó mi cara a la suya para darme un beso. Cómo ningún otro. Fue más apasionado, lo hacía con ternura pero aún así era cómo si fuera el último… -Vamos… aún tengo una sorpresa más para ti.-Dijo después de un largo momento, separándose un corto centímetro de mí. -¿Más?-Pregunté atónita. Edward quería sobrepasar la perfección. Sólo el estar con el, ya es lo mejor para mí. Corrimos sobre la grama, tomados de la mano, riéndonos… de la felicidad, alcancé a recorrer unos cinco metros antes de que Edward me cargara de nuevo. Me colocó en el asiento con cuidado. La noche estaba iluminada por unas estrellas impactantes. En el camino subió el techo para que no muriera congelada y colocó la calefacción. Subía más y más, entre colinas y árboles. Pensé que nuestro recorrido nunca acabaría. Hasta que estacionó en lo sería el tope de la colina. Estacionó el auto casi al borde del precipicio. Al instante vi hacia abajo. No se veía nada, todo era negro, eran árboles. Pero ¿Cuál era la sorpresa? ¿Nos lanzaríamos juntos por el precipicio? El se acostó sobre la parte delantera del carro mientras yo estaba a su lado sin ninguna idea de lo que estaba intentando. -Ven, acuéstate conmigo, ya va a comenzar y no quiero que te lo pierdas.-Sugirió Edward, fijando su vista en el cielo que ahora estaba nublado. -¿Qué es todo esto?-Pregunté acostándome a su lado y colocando mi cabeza sobre su pecho. -Sólo mira… Subí mi vista y las nubes empezaron a despejar el panorama, dejando salir una enorme y dorada luna. Jamás había visto tal aspecto de la luna, jamás me había parecido más bella. La luz que alumbraba ésta, se reflejaba en el perfecto rostro de Edward. -Que hermoso.-Repliqué con un nudo en la garganta. -Me alegra que te guste. Dentro de poco comenzarán las estrellas fugaces. -¿Pedirás algún deseo?-Pregunté con cierta duda. -No puedo pedir más, te tengo a ti… Eso lo es todo.-Replicó con ternura. No podía amar más a Edward Cullen, porque mi corazón no tenía tanta capacidad, sentía que me iba a explotar. Pasaron unos pocos segundos antes de que comenzara el espectáculo de las estrellas…
  • 81.
    -Quiero quedarme parasiempre con él.-Deseé para mis adentros, cerrando mis ojos fuertemente. Los abrí de nuevo para volver mi vista hacia el vampiro sobre el que tenía recostada mi cara. -¿Sabes que los deseos se piden en silencio?-Preguntó, soltando una baja risita. -¿Lo dije en voz alta?-Pregunté con mucha vergüenza. -No en voz alta, pero si audible por la cercanía de tus labios. -Lo siento…-Musité mientras me sonrojaba. Se quedó en silencio mientras contemplaba la luna sobre nosotros. -¿Has pensado en el futuro?-Me preguntó rompiendo con el silencio. -¿A qué te refieres con eso? -Si llegas a vivir… Lo que pasará después.-Replicó con dolor en su expresión. -No… en verdad no. ¿Acaso tú has pensado un futuro para mí? -Si lo he hecho, me rehúso a pensar que no estarás conmigo dentro de dos meses… Guardé silencio esperando a que completara su idea. -Quiero pasar el resto de mi eternidad contigo. Estoy dispuesto a darte todo lo que necesites, pagaré tus estudios en la Universidad… Pero más que todo quiero que algún día te cases conmigo… Capítulo XVIV Saltando Acantilados ----------------------------Flashback------------------------------------ -Quiero pasar el resto de mi eternidad contigo. Estoy dispuesto a darte todo lo que necesites, pagaré tus estudios en la Universidad… Pero más que todo quiero que te cases conmigo… --------------------------------End of Flashback------------------------------
  • 82.
    Me senté automáticamente.En mi mente se nublo todo, se convirtió en un espacio blanco y vacío. Mis ojos se quedaron abiertos y mi cuerpo estaba totalmente estático. Pero después de unos cuantos segundos me empecé a reír. -¿Estas bromeando verdad?-Pregunté con unas cuantas risas bajas. Edward se sentó también, me miró con desconcierto y después bajó su mirada con nostalgia. -En realidad no…-Murmuró entre dientes, con tristeza en su expresión. Mi sonrisa se fue borrando lentamente y fui escondiendo mi cara debajo de mis brazos que se recostaban en mis piernas, estaba totalmente avergonzada de haberme burlado de la seria proposición de Edward. El había hecho de todo para hacerme feliz, ese día lo habría planeado desde hace tiempo y yo lo había arruinado por completo tan sólo con unas palabras. Edward de verdad iba en serio conmigo, ya tenía planes a futuro. Jamás consideré la idea de que pudiera llegar a casarme, y menos con él, por razones obvias, jamás querría casarse con alguien como yo y además, mi destino me había hecho una corta vida, en la cual nunca podría llegar a casarme, por el simple hecho de que nunca pensé enamorarme así. -Yo… siento haber pensado que estabas jugando.-Admití con pena. -No te preocupes, estaba preparado a una reacción parecida. -Es que… ¿No te parece algo precipitado?-Le pregunté -No.-Dijo seriamente mirándome a los ojos. -Pues yo creo que sí…-Le respondí con la misma seriedad. -¿Es que acaso no quieres casarte conmigo?-Preguntó con miedo en su cara. Imaginé que pensaría la respuesta. Pero no fue así. -Si.-Contesté al instante. Con un tono de emoción que me confundió un poco. Una hermosa sonrisa se dibujo en su rostro. -¿Y entonces? ¿Cuál es el miedo?-Preguntó aun sonriendo. -No es miedo, es sólo… muy apresurado, aún me quedan cosas que hacer antes que casarme. Claro todo dependiendo de…-Mi voz se fue apagando poco a poco. -Bella, no comiences por favor.-Dijo con un tono molesto. -¿Qué quieres? Que me case sin saber si mi matrimonio durará más de un mes.- Pregunté molesta también. Cada cambio de su humor lo copiaría.
  • 83.
    -No digas eso.De alguna u otra forma vivirás… ya lo decidí.-Murmuró. ¿Cómo que viviré? El le sacará el corazón a alguien o… Ah, no. Nuestra última pelea, nuestro último adiós se resumía en el tema de que él no quería convertirme. Pero al fin y al cabo se dio cuenta de que no hay otra salida. Es eso o nada. -Eso… eso quiere decir que… ¿Estás dispuesto a hacerlo?-Aunque me daba un poco de miedo, la emoción lo superaba todo. -Sólo si no puedes seguir viviendo. Del resto quedarás humana para siempre.- Habló con tono autoritario. Ahora que me había ilusionado, me había quitado la idea de mi cabeza cómo si a un niño le arrebataran el dulce de las manos. -¿Para siempre? ¿No quieres la eternidad conmigo?-Pregunté con tristeza y dolor. -Sólo quiero lo mejor para ti.-Susurró con ternura. Intentó acariciarme la mejilla, pero volteé mi cara con indignación. Estaba a punto de romper en llanto pero opté por no hacerlo. -Tu quieres lo mejor para mi… Quieres que yo sea una anciana y tu aún estés con tus fabulosos diecisiete años.-Repliqué sin mirarlo. Se quedó callado por un minuto. Más indignación recorrió mi cuerpo al no escuchar una respuesta de su parte. -Aún así, siempre seguiré amándote.-Me susurró al oído. -Pero yo seré infeliz.-Murmuré en voz baja. -¿Por qué? -Porque no es lo que quiero. ¿No es lo que quieres? ¿Hacerme feliz? Bueno hazlo, conviérteme ahora.-Exigí, recogiendo de lado mi cabello para dejar una parte de mi cuello desnuda. Me miró y arqueó una ceja, dándome una media sonrisa. -No sabes lo que quieres.-Bufó. -¿Acaso lo sabes tú?-Pregunté. Se quedó callado, sabiendo que yo tenía la razón. -Lo ves.-Dije revirando mis ojos. -Bella, sólo se que de verdad eso no es lo que deseas.
  • 84.
    -¿Qué pasaría simuero la semana que viene, mañana… hoy? Me refiero a que… no resisto llegar a la clínica- ¿Es que me convertirás?-Pregunté con dolor. -No pasará eso, estaré a tu lado siempre.-Prometió. -Me has complacido con demasiadas cosas… ¿No puedes concederme eso? -Todo esto han sido pequeños detalles, lo que me pides es algo fuera de nivel.- Tomó mi mentón y subió mi cara de tristeza.-Bella… Por favor, deja de pedirme eso. No quiero pelear contigo.-Me acunó entre sus brazos y yo escondí mi cara entre ellos. -Podría decir lo mismo del matrimonio. Pero la diferencia es que yo si me quiero casar contigo.-Susurré tratando de subir su ánimo. Subió mi cara con delicadeza y sus ojos se habían iluminado con ilusión. -Eso quiere decir que aceptas-Dijo con emoción. -Si. Me quiero casar contigo-Me ruboricé. Y sonrió, resaltando el máximo de su belleza. -No tienes una idea de cuanto te amo.-Murmuró acercándose a mis labios para propiciarme un dulce beso. Una sensación irremediable de deseo me recorría por las venas, e involuntariamente tome su cara entre mis manos y me pegué fuertemente a él. Me abrazó por la cintura con la misma fuerza. Pero de pronto me despegó de sin tener previo aviso. De seguro estaba cruzando la barrera. -No puedo…-Susurró. -Lo siento, fue mi culpa. Creo que me deje llevar por mis instintos-Inquirí con vergüenza. -Yo no puedo dejar llevarme por los míos. Creo que debería llevarte a tu casa.- Sugirió. De hecho se me había olvidado todo con Edward a mi lado, todo era tan perfecto, que mi vida normal se convertía en una ilusión. -Si, Charlie debe estar preocupado, no lo veo desde que me dejó en el Hospital. Me ayudó a bajarme y me subí al asiento. Colocó la radio, pero no presté atención a la música, tenía mi brazo apoyado en el respaldo de mi ventana, veía los árboles pasando, pero tampoco tenía mi mente ahí. Estaba tratando de averiguar si lo que estaba viviendo era un sueño o era realidad. Mi otra mano descansaba sobre mi pierna. Edward miraba de reojo hacia mí. Una sonrisa de satisfacción y felicidad se me escapó.
  • 85.
    -¿Qué te parecegracioso?-Preguntó Edward. -No me rió porque algo me haya causado gracia, bueno en realidad si me parece gracioso el hecho de que todo esto me haya pasado. -¿A qué te refieres con "esto"?-Preguntó resaltando la voz en la última palabra. -Tú.-Susurré. Rió bajito y regresó la vista a la solitaria carretera, así que yo también la regresé cómo antes. Movió su mano en dirección a mi pierna pero yo hice cómo si no lo estaba viendo, cosa que de seguro me salió pésimo. Empecé a sentir un cosquilleo en el estómago cuando se acercó más y tomó mi mano suavemente. Suspiré, dejando que la tensión se fuera. Entrelazó sus dedos entre los míos. Apreté mi mano con la de él, con fuerza. Para no dejarlo ir jamás... ¿Dejaría él que yo me fuera? Al llegar a mi casa, quise devolver el tiempo, o por lo menos recortarlo, para hacer ese día más largo, ese día especial y único se acabaría. Cada vez me bajaba el ánimo más y más… -¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?- Preguntó Edward con una cara de preocupación muy común el él. Claro, al pasar el día perfecto y que a mi me diera algún ataque o cualquier cosa que lo arruinara, el se sentiría de lo peor. -No, no… Estoy un poco deprimida.-Confesé, pero antes de que pudiera decir una palabra le aclaré la razón.-Es porque ya se va a acabar éste día. Fue tan maravilloso que…-Me callé en busca de las palabras correctas-No tengo palabras para expresarlo. Gracias.-Subí mi mirada de nuevo hacia él y sonriendo me acerqué a besarlo, para lo cual el no estaba preparado. Al principio sus labios estaban tensos, cómo sorprendidos ante mi acto, pero después se volvieron tan deseables cómo siempre. Dulces. Después de un largo beso de despedida y de agradecimiento, se separó bruscamente de mí, lo cual me desconcertó un poco y en mi cara se marco la duda. Articulé la mitad de la palabra "qué" y me puso sus helados dedos sobre mis labios. -Charlie está a punto de salir, estoy muy seguro de que no le será complaciente verte besándote conmigo.-Sonrió rápidamente y bajó a abrirme la puerta del carro. Detrás de mí oí la puerta abrirse y una tos fingida de mi padre me bajó de la nube de felicidad. -Hola papá. No tenías porque salir, ya yo me estaba despidiendo de Edward.- Repliqué con molestia. -¿Cómo la pasaron?-Le preguntó seriamente Charlie a Edward, ignorando mi rabia por completo.
  • 86.
    -Espero que Bellala haya pasado bien, es lo único que me importa.-Comentó viendo hacia mi. -De hecho fue excelente.-Inquirí ignorando a Charlie. -Bueno, si es así, es hora de que te despidas.-Dijo mi padre en tono autoritario.- Edward.-Inquirió asintiendo en modo de despedida hacia el aludido. -Adiós Bella.-Dijo Edward con un poco de tristeza en la voz. -Adiós…-Respondí separándome melancólicamente de el. Mi padre me alejó de sus manos frías que estaban entrelazadas con las mías. No estuve mostrando mi rabia en ese momento ya que mi tristeza superaba la rabia, al menos así era al frente de Edward. Tristeza por tener que despedirme del día más maravilloso de todos, y rabia porque Charlie lo acortará más aún. Pero al entrar a la casa la rabia me invadió por todas mis terminaciones sanguíneas y le di una mirada fría a mi padre y el me la devolvió con seriedad ya que sabía la razón de mi cara, pero seguramente el haría cómo si no lo sabría, lo que me haría molestar mucho más, así que reflexioné un poco, y antes de explotar algún problema pensé algo mejor. -Buenas noches Charlie.-Dije caminando hacia las escaleras. -¿Para donde crees que vas?-Preguntó colocando una mano al frente de mi. -A dormir. -¿No piensas conversar conmigo? -¿Acerca de…? -¿Cómo te fue hoy?, ¿Cómo te has sentido? -Bien, ya te dije, perfectamente.-Contesté secamente.-Buenas noches papá.-Me despedí dándole un beso en la mejilla y subí corriendo las escaleras. Dormí cómo una total princesa, soñé con Edward toda la noche, en nuestro día. Lo reproducía una y otra vez en mi mente tal cual cómo si fuera una película. Me desperté de buen humor, aunque el clima no fuera el de mi preferencia. Cuando estaba guardando los libros vi el de geografía y recordé que teníamos una asignación para ese día. Oí el Volvo llegando abajo. Empecé a inventar alguna buena excusa por la cual no podría presentar hoy la exposición de los países. Además mi compañero de trabajo era Edward y el no me había recordado. Daba vueltas alrededor de mi cuarto sin resultado alguno, pero no quería hacer esperar más a Edward así que corrí al auto.
  • 87.
    -¡Edward!-Grité exasperada llegandoal auto. -¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué tienes?-Empezó a preguntar desesperadamente. -La exposición de geografía… No la hicimos, yo la olvide por completo…y no sé que vamos a hacer…-Empecé a vomitar las palabras y el me paró con un beso. ¿Qué estaba pensando? Yo le hablaba de una asignación en el colegio y el pensaba en besarme. Por supuesto no era algo que me molestara, dejé de quejarme por unos segundos y el sólo tomaba mi cara entre sus manos. Su temperatura corporal se volvía cada vez más fría, pero no me molestaba, en vez de eso me gustaba. -Buenos días Bella.-Murmuró a mi oído. -Edward, tengo unas asignaciones de qué preocuparme. Yo no me he graduado más de cincuenta veces y a mi sí me importan mis notas. ¿Por qué no me lo recordaste? -Ya lo hice. No tienes de qué preocuparte.-Comentó con tranquilidad. -¿Ah? ¿Cómo que lo hiciste? Yo no ayudé en nada Edward, no hice nada del trabajo. Además es una exposición, si yo te hubiera ayudado, sabría lo que voy a decir hoy, pero cómo no lo s…-Me calló de nuevo dos de sus fríos dedos. -No te preocupes, será fácil. Te ayudaré a la hora de almuerzo y estudiaremos juntos. Ahora sube al auto si no quieres llegar tarde.-Me abrió la puerta. Me quedé unos segundos pensativa y abrí la boca para especular algo, pero la cerré de nuevo, sabiendo que no saldría ganando. Efectivamente cómo lo prometió, a la hora de almuerzo, nos sentamos juntos y me ayudó. El no traía ningún material de apoyo, por lo cual le pregunté que qué haríamos sin información, me respondió con una sonrisa sínica y empezó a explicarme lo que yo diría. Estudiar con Edward era tan complicado y a la vez tan fácil. Era fácil porque te hacía parecer las cosas tan simples y su forma de hablar era tan perfecta, manejaba el tema en su totalidad, no se le olvidaba nada. Pero era tan difícil oír las cosas que decía, su belleza era totalmente distractora. Repetía una y otra vez algunas cosas que le pedía sin problema alguno. En menos de diez minutos pude aprenderme algo, que por mi cuenta, no me lo aprendería en un día. Llegamos al salón y se apagaron todas las luces, los pupitres estaban en dirección a la pared donde se reproducirían las diapositivas, unos tres grupos expusieron delante de nosotros, en esos minutos Edward no prestaba atención, sólo me agarraba de la mano desde el pupitre de al lado y con su otra mano
  • 88.
    dibujaba trazos ensu cuaderno. Yo disimulaba atención e interés a las presentaciones, pero no hacía más que ignorarlas. Edward rasgó sordamente un papel de su cuaderno y lo colocó en mi mesa. Miré el papel y me quedé sin aire. "Te Amo"-Decía el papel. Dos palabras con perfecta caligrafía. Tomé mi lápiz y coloqué abajo… "Te amo más". Con una torpe letra escribí y lo coloqué de vuelta en su mesa. Vi de reojo su expresión, bufó y soltó una risa bajita. Escribió algo y lo colocó de nuevo en mi mesa. "Si, por supuesto. Eso es lo que tu crees". El profesor se acercó a nosotros, así que maniobre lo más rápido que pude para guardarlo debajo de mi camisa. Edward lo distrajo con una pregunta para que no sospechara nada, entonces me tranquilicé. Fue nuestro turno de exposición. Hablábamos de Italia. Un país extremadamente maravilloso y bello, nunca había tenido la oportunidad de visitarlo, pero Edward me había hablado tantas cosas en el receso que se me hicieron unas imágenes preciosas en la mente. Una presentación pulcra de su parte, hablaba fluidamente. No tenía ni un pequeño rasgo de nervios en su expresión. En cambio yo, me trababa en las palabras aunque supiera lo que iba a decir, él me ayudó en algunas frases para completar la exposición y a todo el mundo le pareció interesar. Mi novio se acercó al profesor a comentarle algo en secreto, lo cual me extrañó. Me ocultaba algo. Me acerqué disimuladamente a escuchar y dijo algo cómo "estaré allá unos cuantos días". Se me llenó la cabeza de dudas, pero después lo tomé cómo si no fuera nada del otro mundo, de seguro le estaría mintiendo acerca de algún viaje, o me estaba mintiendo a mí, que por supuesto era imposible. Creo. -¿Nos vamos?-Preguntó colocando su brazo alrededor de mi. -¿Qué le decías al profesor? -Nada, sólo cosas sin importancia. Caminamos hasta el auto, en el pasillo se nos incorporaron los demás Cullen. Todos me saludaron con mucho ánimo, menos Jasper y Rosalie. Cómo siempre. En el auto sólo se montó Alice, la cual no paraba de hacer preguntas un poco vergonzosas acerca de la velada de anoche. -Vamos Bella, cuéntame… Edward no me cuenta, así que lo harás tú. ¿Cómo fue todo? ¿El lugar era bonito?-Sus preguntas eran un poco confusas, ¿Es que ella no sabía ningún detalle de nuestro día de san Valentín. -Alice ¿Tu no viste ni organizaste nada?-Pregunté.
  • 89.
    -Hubiera querido, peroEdward no me dejó.-Comentó con tristeza.-Sólo los vi bailando, pero no pude detallar bien la decoración del sitio, así que no lo he podido criticar. -¿Tú… tu no… no hiciste nada?-Tartamudeé hacia Edward. No respondió, tenía su mirada fija en la carretera, pero expresaba incomodidad con vergüenza a la vez. Así que me devolví hacia Alice y ella sólo asintió una vez, con una sonrisa pícara cómo si estuviera confesando algún crimen. Me quedé pasmada algunos segundos, porque lo menos que pensaba es que a Edward se le había ocurrido tal plan, sin ayuda de nadie. El día de San Valentín... -Todo fue simplemente perfecto y hermoso Alice.-Reaccioné y respondí. -Bueno me alegro mucho. Espero verte mañana Bella.-Se despidió y yo no me había dado cuenta de que ya estábamos a la entrada de mi casa. -Igual Alice. Adiós Edward, nos vemos.-Al instante que vi que no reaccionaba, abrí mi puerta para salir y la cerré de nuevo. Caminé a la entrada de la casa y el Volvo arrancó precipitadamente, sonando los frenos del carro con violencia. Que cambio tan brusco de humor por parte de Edward. Es que le molestaba que yo me enterara de su detalle. Pero que estupidez. Cuando abrí la puerta me encontré con alguien. Jacob estaba a pocos centímetros de mi, menos de un paso entre nosotros, lo cual me hizo saltar del susto. -¡Jacob!-Exclamé. -Bella… ¿Cómo te sientes? Estoy severamente molesto contigo. -Mejor, pero… ¿Por qué estás molesto?-Pregunté con desconcierto. -No sabía que te habían hospitalizado, ¡Y mucho menos que fue por mi culpa! Ni siquiera tuve la delicadeza de alejar los chocolates de ti. Pero que idiota soy. Tu también, ¿Cómo se te ocurre comértelos? ¿No sabes que son malos para ti? No puedo creerlo.-Empezó a culparse a si mismo, gritando de vez en cuando. Gruñó después de terminar de hablar. -Jacob, ya, tranquilízate. Ya estoy bien, sólo fue una indigestión.-Le oculté lo de mi "casi muerte" ya que si se entera, podría haber un suicidio en la casa de los Swan. -Bueno, espero que no lo hagas de nuevo.-Me amenazó.- ¿Con quien viniste? ¿Con Drácula?-Bufó al final de la frase.
  • 90.
    -Se llama Edwardpara tu información.-Inquirí con rabia.-Y si vine con el.-Pero se había molestado y yo no tenía ni una idea del por qué. -¿Tu camioneta está dañada o algo así? -No, Edward me lleva al colegio en las mañanas y me trae. -Pues no me parece. Para algo está la Pick-up ¿No? -Si ya lo sé. Pero me gusta que me venga a buscar.-Alcé la voz en la conjugación del verbo "gustar". Volteó los ojos en señal de desaprobación. -¿Has venido por algo en especial? Además, ¿Quién te trajo? No vi tu auto afuera-Pregunté colocando mis cosas al pie de la escalera. -De hecho me trajo Seth. Y si, he venido a preguntarte si aún quieres hacer lo del acantilado. Estamos a jueves y vi en las noticias que pronosticaron mal tiempo para el sábado. Así que he pensado que mañana, después del colegio… Podríamos ir. -¿Mañana?-Me parecía ayer cuando le rogué lo del acantilado, pero sonaba más tentador aún que hace unos días.-Claro, ¿Podrías pasarme buscando después del mediodía por aquí?-Debía fingir en el colegio un malestar de gripe para salirme de las clases de última hora, y aunque la actuación no era mi fuerte, mi semblante me ayudaba muchísimo. -Claro, cómo quieras. Pero te tengo otra proposición.-Dijo seriamente.-Lo he hecho unas cuantas veces y es divertido, no sé si quisieras acampar conmigo en la playa. El atardecer en la playa es una de las cosas más hermosas que he visto. ¿Quieres?-Preguntó animándome. Mordí mi labio inferior en señal de duda. Yo hubiera aceptado al instante… Si no existiera Edward, pero yo sabía que haría mal acampando, sola, con Jacob. -No lo sé… Suena divertido. Pero lo de acampar, nosotros dos solos… Creo que Edward no estará de acuerdo con eso.-Contesté con duda. -Vamos Bella, Edward no tiene que enterarse. Además, él no es nadie para decir lo que tú puedes o no puedes hacer con tu vida. Y si se trata de mi, ¿No te tiene confianza?-Sus palabras me hicieron reflexionar un poco, era cierto lo que decía Jacob… en parte. El si es alguien para decirme que hacer o no con mi vida. El es mi novio, mi muy futuro esposo. -Creo que tienes razón, pero de todas maneras pienso decírselo. -Si eso prefieres…-Contestó con desgana.
  • 91.
    La expresión deJacob cambió de un segundo a otro. Su nariz empezó a olfatear en el aire, cómo si estuvieran preparando alguna comida cerca, o algo por el estilo. -Vampiro. ¿Es que no se cansa?-Escupió la palabra con rabia y me apartó del camino con rabia, abrió la puerta con brusquedad a mis espaldas. ¿Vampiro? ¿Se refería a Edward? La expresión de Edward no era nada normal, su rabia no era normal. Juraría que tenía ganas de matar a Jacob. Se movió velozmente y pegó a Jacob contra la pared. Mi amigo no mostró dolor alguno en la expresión, se miraban con asco. El musculoso brazo de Edward estaba tensó contra el cuello de Jacob. Todo fue tan rápido y repentino, que yo no reaccioné para pararlos, y si no lo hacía ahorita iba a haber en vez de un suicidio, un asesinato. -¡Ya Edward, suéltalo!-Exclamé. Coloqué mi mano sobre el brazo de Edward, haciendo presión hacia abajo, pero era imposible luchar contra él. Jacob empezaba a toser por falta de aire. -Bella, por favor vete de aquí. Éste tipo tiene que aprender a cambiar sus pensamientos acerca de ti. -Exclamó presionando fuertemente sus dientes.- Además no me gustan para nada tus intenciones.-Dijo hacia el. -Edward Cullen por favor suéltalo ya.-Grité con desesperación.-Podemos resolver esto de otra manera. -No veo otra solución.-Seguía estrangulando a Jake sin piedad y éste intentaba con sus dos manos, alejar el brazo de el vampiro. Pensé lo más rápido que pude. Iban a volverme loca con sus estúpidas peleas de superioridad. La primera vez me había salido bien lo del desmayo, pero volverlo a hacer sería una total pérdida de tiempo, y lo menos que tenía era eso. Instintivamente busqué a mí alrededor algo, cómo si me fuera a ayudar. Vi mi perfecta salida, la perfecta amenaza, aunque la idea no era lo que esperaba, era lo mejor que podía conseguir. Gracias a dios, Charlie había dejado unas cuantas botellas de cerveza al lado de la pick-up. La tomé y la rompí contra la pared, quedaron unos cuantos perfectos filos. Edward me siguió con la mirada, también lo hizo Jacob, sólo movió sus ojos hacia mi. Tomé la botella con la mano y la posé sobre el revés de mi codo, donde mis venas azules resaltaban más. Los ojos del vampiro y del lobo se abrieron cómo platos. Pero Edward expresaba horror y miedo, a Jake no podía leerle la expresión, empezó a cerrar los ojos. -¡Bella! ¡No lo hagas!-Exclamó desesperadamente Edward. -Entonces suelta a Jacob.-Lo amenacé.
  • 92.
    Instantáneamente lo soltóy me quitó de las manos la botella rota. Me miró con dolor, cómo si estuviera a punto de llorar. -¿En qué estabas pensando?-Preguntó en voz baja, molesto. -¿En que estabas pensando tú, Edward Cullen?-Lo miré molesta y me aparté de su vista, agachándome para ayudar a Jake, que estaba rojo apoyado sobre la pared.- ¿Estás bien?-Murmuré. -Si… Be… Bella, ¿En qué pensabas?-Dijo con mucho esfuerzo mi mejor amigo, tosió unas cuantas veces. Estaba ahogado. -¿Qué querías? ¿Qué me quedara viendo cómo Edward te ahorcaba? -No… Pero yo estaba por zafarme de su brazo. -Si claro, deja de hacerte el rudo y vamos adentro para que tomes un poco de agua.-Lo ayudé a levantarse. Edward estaba aún en la misma posición corporal, de espaldas a mí, pero con la cara levemente volteada hacia nosotros. La botella aún seguía en su mano. -Tú y yo tenemos que hablar. Creo que tenemos una conversación pendiente-Le murmuré a Edward. -¿Sí?-Preguntó con agonía.-Pues yo creo que no, ya todo me quedó muy claro a mi.-Inquirió con la misma tristeza y desapareció de mi vista, perdiéndose entre los altos pinos del bosque. Capítulo XV Descubrimiento Miré con tristeza hacia el bosque. ¿No estábamos felices un día atrás? ¿No lo éramos todo hace una noche? Ignoré el panorama para dedicarme a atender a Jake. Le serví un vaso de agua fría, mientras se recostaba en el mueble de mi sala. Aún estaba un poco mareado por la falta de oxígeno y pude jurar que estaba desmayado en un momento. Quedé mirándolo por un rato y en su cuello aún tenía las marcas perfectamente formadas de las manos de Edward. Aunque la piel de Jake no era muy clara, aún así se marcó. No puedo imaginar cómo se vería en una piel cómo la mía. Pasé mi dedo delicadamente sobre la marca de los de Edward y Jacob hizo un gesto de incomodidad, pero ni siquiera lo había tocado.
  • 93.
    -¿Te duele? -No, essólo que me da cosquillas.-Inquirió con un intento de sonrisa. El aspecto de Jacob no era el mejor, y no quería ni imaginar la cara de Reneé y la de Charlie cuando lo vieran en tales condiciones. Tenía que llevarlo a La Push para que pudiera descansar en su casa. -Vamos Jacob, te llevaré a tu casa. -No Bella, no te molestes… Yo me voy sólo.-Inquirió con esfuerzo y se levantó del mueble. Se fue un poco de lado, casi se caía de no ser porque lo sostuve desde atrás. -¿Crees que te irás así?-Alcé una ceja. Se quedó callado por un momento y dio una señal de resignación al caminar hacia la puerta. Todo el camino hasta su casa estuvo callado, ya había caído la noche en La Push. Cuando pasamos al lado de la playa, la luna estaba llena y se posaba encima del mar. Jake veía el paisaje cómo si no fuera la primera vez que lo hiciera, podía decir hasta que no le parecía ni bonito, pero soltó una risa baja, lo cuál me desconcertó un poco por su actitud de hace cinco segundos atrás. ¿Qué era tan gracioso? -¿De que te ríes?-Le pregunté -De tu actitud en la casa.-Volvió a reír. Hice una mueca de vergüenza. -No entiendo lo gracioso.-Murmuré bajito. -No es gracioso, me río de la estupidez que casi cometes, de verdad tienes problemas serios en la cabeza.-Cambió su expresión a seria.-Además tu noviecito no se veía muy feliz que digamos. ¿El está molesto? -Yo no tengo problemas, ustedes los tienen. Siempre andan con esa rivalidad estúpida.-Con lo que dijo de Edward, me recordó cómo desaparecía por el infinito bosque. Hice una mueca de incomodidad, sin dejar de ver la carretera solitaria-¿Se veía muy molesto? -No sé si se veía, pero si se escuchaba triste y a la vez molesto. ¿Qué le pasa? -No lo sé…-Contesté con decepción. -¿Tu le contaste acerca de tus planes de mañana?-Preguntó con curiosidad. Cierto. Edward el vampiro lector de mentes. Hubiera deseado que hace días
  • 94.
    leyera la míay que averiguara mi plan, a lo mejor se molestaría conmigo pero yo le habría explicado. Se me había olvidado por completo ese detalle. -No le he contado aún. -Pues ya se enteró, apuesto a que lo leyó en mi mente. Pero además de eso, creo que está molesto por otra cosa…-Dio una rápida sonrisa. -¿Qué? ¿Otra cosa? -Creo que está muy celoso. ¿Celoso? ¿Por qué estaría celoso Edward… de Jacob? Personalmente creo que no tiene nada que celarle a mi amigo. El lo tenía todo… Me tenía a mí por completo. -¿Estás emocionada por lo de mañana?-Preguntó cambiando el tema, me imagino que para animarme. -Si, no tienes una idea.-Sonreí con expectativa. Me concentré en llegar a casa de Jake lo más rápido posible para poder recostarme en mi cama y pensar las cosas con calma, para ordenar mis ideas y pensamientos. La Pick-up hoy estaba más lenta de lo normal, sonaba más fuerte y… extraña. De seguro tenía una conexión con mis sentimientos. -Adiós Jake, espero que te mejores, nos vemos mañana.-Lo besé en la mejilla y el tomó mi cara entre sus manos y la acercó a la de él. Pude reaccionar rápido para apartarme. -¿Qué haces?-Pregunté furiosa. -Nada. Sólo te pongo a prueba.-Sonrió.-Nos vemos mañana. ¿A prueba? ¿Pero que le pasa a la gente hoy? Cerró la puerta del auto y entró a su casa. Billy se había acercado a la entrada a despedirse de lejos. Le di una leve sonrisa y arranqué. Apretaba el volante con fuerza. Bufé. -¿Celos? Por favor… ¿Es que no me tiene confianza o qué?-Estaba hablando sola de lo desconcertada que me sentía. Había pasado más de la mitad del camino cuando la Pick-up empezó con un ruido más extraño que el de antes. Sonaba cómo un rugido ahogado, no aceleraba mucho, pero tampoco frenaba. Empecé a preocuparme, no tanto por la camioneta, sino porque estaba en el medio de la nada y no podía pedir ayuda. A nadie… humano.
  • 95.
    Busqué mi celularentre mis bolsillos. Genial, sin señal. Subí mi mirada al frente y la parte delantera de la camioneta botaba humo increíblemente. Lo que me faltaba. ¿No podía caer una tormenta ahora? Metí el freno de mano y me estacioné a un lado de la carretera. Por primera vez no quise que Edward apareciera por ahí, sería muy incómodo que me viniera a salvar de mi mala suerte, ya que e estaba molesto y celoso y yo aún le debía explicaciones. Pero con la actitud que tomó hoy en la tarde, de seguro ni se preocuparía cuando Alice le dijera que me vio aquí, sola, accidentada… Los truenos retumbaron arriba de mí. Además, empapándome de lluvia. Vi hacia todas partes, en busca de ayuda, pero ni siquiera se escuchaba un carro. Todo era callado. Me bajé del auto y me recosté sobre la puerta. ¿Qué había hecho yo para merecer tales cosas? Del otro lado de la carretera había unos árboles, pero eran unos pocos. Detrás de ellos se escondía la luna, que aún las nubes no habían tapado. La crucé a paso lento, cómo si tuviera miedo. Pero ya esa palabra era historia en mi diccionario personal. No le tenía miedo ni a la muerte. El olor al mar se concentraba más y más con mi paso. Cerré mis ojos y respiré profundamente. Me topé con una pequeña piedra en el camino, con el buen sentido de la frase, porque caí al piso, frenando con mis manos y mis rodillas. Mi corazón se paró de repente y comenzó a latir frenéticamente de nuevo al ver que estuve a punto de caer por el precipicio con el cual había estado soñando todos estos días. Tragué sintiendo un nudo enorme en la garganta. Las olas chocaban contra el acantilado, muchos metros debajo de mi. Ese no era el de mis sueños, era mucho más alto y precipitado. El mío se encontraba unos kilómetros más hacia la derecha, justo antes de llegar a la playa de La Push. De nuevo tronaron los relámpagos de la tormenta que se avecinaba. Con mis rodillas en la húmeda tierra, y mis manos raspadas sobre mis piernas, comenzó a llover. No quería que Edward llegara, pero no existía nadie más que pudiera salvarme… sólo él. Pero no vendría. Estuve inmóvil unos quince minutos, menos o más… ni siquiera lo sé. No llevaba la cuenta del tiempo después de los cinco minutos, porque si Edward no había llegado aún, no llegaría nunca. Empecé a llorar sin ganas, me refiero a que mis lágrimas salían sin parar, pero yo no las controlaba, salían por si solas. ¿Por qué? Tendría que acabar lanzándome por el precipicio, sería mejor que nada.
  • 96.
    Sentí una manosobre mi abrigo y un paraguas sobre mi cabeza, impidió que las gotas de lluvia se confundieran entre las lágrimas que caían por mis mejillas. Suspiré de alivio al sentir que no moriría en ese lugar… ni tan pronto. -¿Bella? ¿Estás bien verdad?-La voz aguda de Alice me decepcionó, pero me alegró al mismo tiempo. -Ahora estoy a salvo.-Le sonreí en modo de agradecimiento. -Vámonos, tus padres piensan que estamos de compras. -¿Y qué les diremos de mi camioneta? -Ya pensaremos algo. Vamos, traigo una toalla para que te seques en el auto. A ver esas manos…-Inquirió mostrando mis palmas raspadas y llenas de tierra.- Hay que curar eso, también traje el bolso de primeros auxilios, porque cuando te vi aquí, me imaginé que algo tenías roto. Pero pudo haber estado peor si yo no venía. -¿Cómo peor? ¿A qué te refieres?-Le pregunté mientras caminábamos hacia la carretera. -¿Pensaste en saltar por el acantilado verdad?-Preguntó con seriedad. -Bueno, no lo pensé… eso sólo pasó por mi mente. ¿Por qué? ¿Tú… me viste saltar?-Pregunté con nervios. -No precisamente, te vi intentándolo, pero al parecer algo te lo impedía… y no era precisamente el miedo. -¿También sabes los sentimientos de la gente?-Le pregunté. -No, pero los tuyos son muy fáciles de adivinar. El Volvo de Edward estaba estacionado al lado de la Chevy, haciendo un contraste fuerte de un modelo viejo, feo y dañado a un modelo moderno, pulcro y en perfectas condiciones. Los carros se parecen a los dueños. Tenía la esperanza de que por lo menos Edward estuviera en el auto, esperando por mí… Pero me decepcioné más aún al ver que ni siquiera estaba ahí. Alice me vio de reojo y se montó en el auto, lo hice seguidamente para no seguir mojándome. La chica vampiro buscó entre bolsas algo desconocido por mí. Después se volvió hacia delante y en su mano tenía un bolso negro. El de los primeros auxilios. Sacó unas vendas, un algodón y una pequeña botella de agua oxigenada. Dolor y ardor.-pensé. Hice una mueca de incomodidad cuando Alice había terminado de preparar todo. -Seré muy cuidadosa, te lo prometo.-Comenzó a limpiar las heridas, pero por
  • 97.
    muy cuidadosa quehubiera sido, el ardor era incómodo. El agua oxigenada tornó la sangre en espuma blanca, por la cantidad de tierra, se había infectado mucho más. Después me vendó las dos manos, dejando la mitad de mis dedos al aire. Parecía que usaba guantes blancos. -Gracias… -De nada Bella. Toma, llama a tu madre. Avísale que estás bien. -¿No debería decirle que voy de regreso a casa? -¿Quieres regresar a tu casa? -¿A dónde más podría ir?-Pregunté con curiosidad. -Si quieres ir a la casa, allá te prepararemos la cena y te quedas un rato con nosotros. ¿Te parece? -Alice… creo que no lo sabes aún, pero Edward está molesto, triste, celoso, raro… no lo sé. Alguno de esos o todos juntos. En fin, lo más seguro es que no querrá verme. Ella puso cara de confusión, de seguro no entendió, o Edward no le ha contado. Así que le conté mi versión de la historia la cual entendió totalmente. Pero también le agregué el detalle de mi plan de mañana, el cual no le había mencionado a Edward, sólo por puro descuido y ella cambió su expresión a más confusión aún. -No entiendo Alice, siento que desconfía mucho de mí. No tiene porque estar celoso de Jacob. -Bueno Bella, no es por defender a mi hermano, pero creo que tiene derecho a estar… lo que sea que esté. No es él, el de la desconfianza, el siente que eres tú. Si le hubieras dicho lo de Jacob, esto no estaría pasando. Puede ser que el piense que tu sientes algo por Jacob, porque ocultas la salida con el, y bueno pues… su duda se incrementó cuando hiciste la maniobra de suicidio con la botella, para salvar al perro. -Jacob.-Corregí. -Bueno… a él. Aunque en parte tú tienes la razón ya que tu reacción fue buena, no podías dejar morir a tu amigo. Alice entendía totalmente mi punto de vista y aclaró el de Edward para mí. Ahora se había ido la niebla en mis pensamientos… aunque no significara el fin de la tormenta. Lo que quedaba era hablar con Edward y convencerlo de que con la única persona con la cual estaré por siempre, será con él. -¿Podrías llevarme a tu casa?-Pregunté después de unos segundos de reflexión.- Necesito aclarar las cosas con él.
  • 98.
    Alice asintió yme sonrió con satisfacción. -Espera.-Exclamé.- ¿Qué haremos con mi camioneta?-Pregunté viendo hacia ella, cómo si fuera un perro callejero. Mi "hermana" rompió en carcajadas y arrancó por la carretera. -En serio Alice, no pensarás dejarla ahí. -No Bella… si quieres hacemos una fogata con ella.- Volvió a reír bajito. -No me parece gracioso. -Está bien, mañana llamaremos una grúa para que la recoja.-Me aseguró. Manejó a la misma velocidad que solía hacerlo Edward, es algo increíble, les encanta la adrenalina. No me opuse a la velocidad porque yo quería resolverlo todo cuanto antes. Mi ropa estaba empapada. Me quité el abrigo y usé una toalla que había puesto Alice a mi lado. Me arropé y no sé por qué tenía ese olor tan particular a él, divino, combinado con el dulce aroma floral de Alice. La tibia temperatura que adquirí abrazada a la toalla me volvió débiles los párpados. Fui cayendo poco a poco… olvidándome de todo lo demás. -¿Bella?-Fue lo penúltimo que escuché. Porque lo último se dice antes de morir. ¿Pasó tan rápido mi siesta? Pensé que había cerrado los ojos sólo un segundo, cuando unas heladas manos rozaron mi espalda. -¿Bella? Ya llegamos… a tu casa.-Concluyó Alice bajito. -¿Cómo? ¿Qué? Alice… No. Yo quería ir a tu casa. Habíamos acordado eso.- Empecé a exasperarme. -Bella…. Te he traído porque te veo muy cansada y tu madre me ha llamado de nuevo. Además, vi que ustedes peleaban y no quiero que pase eso… A lo mejor ahora no es el momento adecuado, tal vez lo será mañana.-Replicó con tristeza. -¿Peleábamos? ¿Muy mal? Dudó un poco ante lo que respondería pero al final asintió sólo una vez, con decepción. -Bueno, creo que será mejor mañana. Gracias de nuevo… por salvarme y traerme.-Le sonreí y ella me dio un abrazo.
  • 99.
    -Tranquila Bella, yohablaré con él para que pueda entenderte. -¿En serio lo harás? Te lo agradecería muchísimo. -Sólo pon de tu parte, no te arriesgues a cosas cómo caerte por las escaleras o rodar por la acera de la calle.-Rió bajito. -Está bien, haré mi mayor esfuerzo. Me despedí cuando estaba entrando a mi casa. Hablé unas cuantas cosas con Reneé, ella me preguntó acerca de mi ropa, la camioneta, lo que habíamos hecho… entre otras cosas sin importancia, le dije unas cuantas mentiras que se tragó por completo. Me preguntó si cenaría, y le dije que no ya que había comido con Alice, cosa que era mentira porque no tenía apetito. De nuevo, comenzaría el diluvio de lágrimas en mi habitación. Cuando se acabaría el conflicto existencial entre Edward y Jacob. ¿Sería por siempre? ¿O hasta que yo muriera? Tomé mi celular y marqué su número, con la esperanza de que atendiera la llamada… aunque no tenía ni la menor idea de lo que le iba a decir. Un repique… Dos, tres, cuatro… contestadora. Lamentablemente había colocado sólo la operadora cuando no caía la llamada, hubiera sido una total fortuna poder escuchar su voz. Volví a llamar un par de veces más, pero nada. ¿Habría Alice hablado con él, cómo prometió? Al parecer no, y si lo hizo él no le prestó atención. Me coloqué unos shorts de algodón, porque de alguna forma estaba haciendo mucho calor, en comparación con las frías noches de Forks. Una camiseta me sirvió para terminar de vestirme. No tuve cuidado en que estuviera protegida porque Edward no iría a mi habitación esa noche, ni se le ocurriría. Mi cuerpo descansaba boca abajo y enterré mi cara en mi almohada. Las gotas de sudor bajaron por mi espalda lentamente. Me sentía bien, así que no era la común fiebre. Era solo calor. Pero unos segundos después el una ráfaga de viento helada lamió mi espalda, haciéndome temblar. La cobija me cubrió de repente hasta el cuello, calentándome de nuevo. No había escuchado a Reneé entrando por la puerta, generalmente siempre era un poco torpe con los pasos cuando trataba de no despertarme. -Aquí estoy… ¿Hay algo que quieras hablar conmigo?-Preguntó Edward. Me volteé bruscamente pensando que eran alucinaciones mías, que definitivamente ya me estaba volviendo loca. Pues no. Aun me quedaban unas neuronas. Ahí estaba el, cómo petrificado, veía debajo de mi cuello...
  • 100.
    Capítulo XVI Que confusión -¿Te molestaría ponerte un poco más de ropa?-Tartamudeó con nervios. -S… Si.-Respondí al igual de nerviosa. Parecía cómo si fuera la primera vez que nos hubiéramos visto. Busqué entre mis cosas y no encontraba un abrigo, de casualidad todos estaban sucios. Empecé a pensar que no me podía cambiar con Edward ahí y que no le diría que me cambiaría ahí mismo. -Ten.-Volteé a ver que me iba a dar y empezó a quitarse su largo abrigo gris. Me lo colocó con delicadeza y el olor de la prenda era el de él, pero más fuerte y concentrado. La camisa de botones que traía estaba abierta por la mitad, tenía el pecho desnudo. Que deseable podía ser ese vampiro jamás lo había visto de esa manera. Me empecé a dar cuenta de cuánto deseaba a Edward Cullen, pero eso sería algo que jamás podría pasar. Sólo para besarnos fue un largo proceso.-He venido porque Alice… me contó tu versión. ¿Podrías repetirla para mí, a ver si en realidad es la misma? Accedí a contarle mi versión, arriesgando la pena que cargaba encima. Y el pareció entenderlo todo, pero aún parecía confundido y deprimido. -Necesito que confíes en mí, tienes que creer el todo el amor que te tengo.-Le supliqué tomando sus manos entre las mías. Él reaccionó extrañado y sorprendido ante mis palabras. -No dudo eso. Dudo de Jacob, pienso que el es un mejor prospecto para ti. -¿Qué?-Bufé.- ¿Has perdido la cabeza? Yo no quiero a más nadie… sólo a ti.- Entrecerró los ojos cómo expresando insuficiencia.-Bueno, tienes razón… También lo quiero a el, pero es un amor diferente Edward, entiéndelo. Tus ataques de celos me van a terminar matando. Hizo un gesto de molestia ante mi mal chiste, pero después sonrió. -Nunca he dudado de nuestro amor. Es que no quiero perderte, quiero que seas mía, y de nadie más. Jacob está haciendo su mayor esfuerzo, y de verdad que lo hace bien. -¿Por qué lo dices?
  • 101.
    -El plan dela playa-Arqueó una ceja cómo para esperar a que yo cayera en cuenta.-Pero no es sólo eso, también hay algo más. -Ah… Disculpa que esperé a que te enteraras por ese medio.-Murmuré avergonzada.-Pero ¿A qué te refieres con ese algo más? -No tengo el permiso de decirlo, es un secreto que robé de la mente de tu amigo. No cambies el tema de conversación de tus planes. Hubiera preferido que me lo dijeras tú misma. -Yo lo sé. Pero es que no se me había presentado la oportunidad. Contigo no tengo mente para nadie más.-Me acerqué y coloqué mi mano sobre su pétreo pecho.- ¿A qué se refería con lo de la otra cosa? ¿Me lo diría? Empezó a ponerse nervioso ante mi aceleración de hormonas. -Bella, ¿Qué haces?-Preguntó molesto. -Me preguntaba si… ¿Me dejarías ir…?-Cambié el tema.- Me refiero a lo de mañana. -No tengo confianza en ese perro. Ya viste lo que te hizo cuando lo dejaste en su casa.-Gruñó con furia. -Bueno, te prometo que nada pasará. Sabes que yo no lo permitiría nunca. -Eso espero, yo confío en ti. -¿Entonces por qué saliste corriendo hacia el bosque? -Por el secreto de Jacob. Preferiría que no me preguntaras de ello. -Está bien.-Me resigné porque sabía que no me diría nada.- ¿Podrías quedarte conmigo ésta noche? -Por supuesto.-Se acercó y me besó. Cada vez aumentaba mi deseo hacia Edward. Mordí mi labio para ocultar mis pensamientos locos y para que no preguntara. Pero podía intentarlo, aunque no tenía muchas esperanzas de ser deseable para él. -Creo que ya no tengo frío.-Me empecé a quitar su abrigo y sus manos se posaron sobre mí, deteniéndome. -Preferiría que no te lo quitaras.-Su tono de voz se concentro en la negación. -Pero si tengo calor.-Mentí.
  • 102.
    -Bueno, acércate.-Extendió susbrazos hacia mí. Me sonrojé y lo abracé fuertemente, mi mejilla tocó su frío pecho. Introduje mis manos en su camisa y el me miró con total duda sin entender mi movimiento. Me subí de puntillas al verlo tan inocente le di un beso, al cuál no respondió mucho porque sentía la tensión en sus labios, así que introduje mis manos un poco más. -¿Qué intentas?-Preguntó separándome de él. -Nada… sólo te besaba. -No, ¿El acto de las manos es extra? Empecé a reírme nerviosamente, olvidé mi intento en vano y me arrastré hacia la cama y el me siguió, con la pequeña diferencia de que él se sentó en el borde. Después de unos segundos me empezó a dar sueño, el tarareaba la canción que tocaron los músicos la noche de san Valentín. Jamás olvidaría ese ritmo, pero empecé a recordar que la había escuchado varias veces atrás, de su angelical voz salía esa melodía que tanta intriga me traía. -¿Por qué siento que he escuchado esa canción en otra parte?- Pregunté fingiendo absoluta intriga. -Porque de hecho la escuchas todas las noches que vengo.-Replicó con una media sonrisa. -¿Y esa canción? Me refiero… ¿De donde la sacaste? Quedó un minuto pensativo, imagino que en su mente se batallaba la idea de decirme o no. -No quería que te enteraras así, pero la compuse para ti. Es una nana muy simple ¿Te gusta? -Me encanta…-Murmuré con un nudo en mi garganta, de suerte pude articular esas palabras. No había nadie en el mundo dan complaciente cómo Edward. Todo era perfecto a su lado, nada me faltaba. -Si quieres pasas el domingo en mi casa, y la puedo tocar para ti. -Cla… claro.-Asentí con vergüenza. -¿Estás emocionada por lo de mañana? -De hecho sí…-Contesté con pena. -Voy a estar pendiente de ti, a pesar de todo pienso que Jacob no tiene la suficiente responsabilidad cómo para cuidarte a ti y a él al mismo tiempo.-Se rió bajito y yo lo hice con él.
  • 103.
    Lo tomé delbrazo y lo jalé para que se acostara conmigo, un reemplazo de cualquier peluche que alguna niña siempre quiso. Dormí a su lado rápidamente mientras escuchaba mi melodía tarareada por él. A la mañana siguiente desperté con la esperanza de encontrar a mi vampiro del otro lado de la cama. Pero no fue así, sólo encontré una blanca margarita, con una nota debajo de ella… "Espero que tengas un buen día, diviértete, voy a estar muy pendiente de ti. No iré al colegio hoy, estaré de caza unas horas. Recuerda que Te Amo… ' Edward" Escuché la puerta y reaccioné inmediatamente a esconder la carta, coloqué la cobija encima de todo y era Renee a la puerta. Tuvo curiosidad de preguntarme acerca de mi carro y lo que había hecho con Alice. Le mentí acerca de que salimos de compras, pero yo no compré nada, eso era fácil de creer. A pesar de que Edward no estuvo a mi lado como de costumbre, pasé el día rápido esperando al día de diversión con Jacob. Había empacada mi traje de baño, porque aunque no me fuera placentera la idea del agua fría, sería incómodo lanzarme al agua con ropa. Jake me pasó buscando al colegio con la pick up de Billy, la que me trajo recuerdos de mi incidente con mi camioneta la noche anterior. -Hola Bella, ¿Preparada? ¿Ya tienes todo?-Preguntó mientras se erguía por estar recostado sobre la camioneta. -Si, todo listo.-No dejaba de ver la pick up. El volteó la mirada para averiguar el final de la mía y se volvió hacia mí. -Es tu camioneta, la extrañas… ¿No? Me quedé sorprendida y volteé hacia el con curiosidad. -¿Cómo es que lo sabes? -Bueno, he hablado con Edward en la mañana, y me ha contado lo que te paso.- Inquirió con pena.-He revisado la camioneta, la remolcaron a la casa de los Cullen pero… creo que no tiene arreglo. De verdad ya le había tomado mucho cariño a la camioneta, pero mi concentración se centró en la visita que había hecho Jacob a la casa de los
  • 104.
    Cullen, lo inspeccionéde pies a cabeza para ver si había alguna señal de golpe, rasguño o algo parecido y al parecer no. Mi amigo me veía como si yo fuera una demente viéndolo por todos lados. Lo miré extrañada. -¿Dijiste que fuiste a casa de los Cullen? -Si eso dije, ¿Por? -¿No se pelearon ni nada?-Pregunté asombrada. -No, de hecho hablamos sin problemas. Mi boca se abrió automáticamente y empecé a reír. Pero mi risa se desvaneció porque me acordé de la Chevy. Era tan útil. -¿Estas seguro que no tiene arreglo? -Si, muy seguro. Y si lo tiene, es muy posible que te puedas accidentar en algún sitio. -Ah… entiendo.-Repliqué con tristeza. -Bueno, vámonos porque ya nos empiezan a ver de una mala forma.-Volteó hacia varios sitios detrás de mí como con rabia. La costa de la playa de La Push era increíblemente hermosa, y había un sol realmente radiante. Éste sería mi día de suerte… El primero de toda mi vida, no… El primero y todos han sido desde que conocí a Edward Cullen. Estacionó la camioneta al borde del acantilado. Todas las ganas y el deseo que tenía por lanzarme de ahí… se habían esfumado cuando asomé mi cabeza hacia abajo. -Aquí estamos, cómo tanto deseaste. ¿Quieres hacerlo ya?-Preguntó colocándose detrás de mi. No sabía que responder, pero aún me quedaba toda la tarde para compartirla con Jacob, así que mis opciones eran: pasar el resto del día, divirtiéndome con Jacob, pero con la preocupación de que me lanzaré al final; la segunda opción era saltar ahora, para salir de dudas de una sola vez, lo bueno sería que saldría de preocupaciones pero lo malo es que no sabía los riesgos ni las consecuencias de tal acto; y la última opción era retractarme acerca de mi deseo y no hacerlo, pero eso sería un acto de total cobardía. Descarté la primera opción porque no disfrutaría de mi día, y la tercera, porque tengo valor… y no le temo a la muerte. -Hagámoslo.-Sonreí macabramente. Jacob comenzó quitándose la camisa desesperadamente y la lanzó hacia la
  • 105.
    camioneta. Me causómucha gracia y empecé a reírme, el empezó a hacer unas poses burlonas para hacerme reír más, cosa que logró. Se acercó al borde, se inclinó para tomar impulso y me desesperé totalmente. -¡Espera!-Le grité. -¿Qué pasa?-Preguntó pegando un salto del susto. -¿Ya te vas a lanzar? -Si, estaba por hacerlo. ¿Por qué? ¿Quieres hacerlo tú primero? -No, no, no.-Moví mis brazos con negación.-Es que no sabía que sería tan rápido. Hazlo, creo que tengo que poner mucha atención a tus movimientos. Rió bajito y se volvió hacia el mar. -Te agachas un poco, para tomar el impulso. Cuentas… tres, dos…-Miró rápidamente hacia mí. -¿Uno? Ya el lobo se había lanzado al vacío. Corrí a verlo pero ya se había sumergido al agua. Se veía un círculo de burbujas blancas del impacto de él contra el agua. No salía aún. Empecé a preocuparme, pero al instante lo vi saliendo de las profundidades, con una cara de satisfacción notable y una sonrisa amplia. -¡Tu turno!-Gritó, pero no se escuchaba con tanta fuerza aquí arriba. -¡Esta bien!-Grité con duda. -¡Vamos Bella, salta ahora! Me quité la ropa, pero preferí dejarme la camisa. Intenté imitar sus movimientos pasados, mientras el se partía de la risa. Respiraba inconsistentemente del pavor que tenía. No podía ocultar el miedo que tenía, mis piernas y mis manos temblaban. Inspiré lentamente el aire con el salitre pegándose a mi cara. Cerré los ojos y me lancé al vacío de mi deseo. Fue más largo de lo que imaginé, pero a la vez fue corto en relación con la distancia que se visualizaba desde arriba. La sensación en mi cuerpo fue algo inexpresable, sentía que no pesaba nada, me sentía cómo una pluma, el viento me azotaba la cara y sentía mariposas en el estómago. Me abracé las piernas para caer cómo Jacob lo había hecho, entonces impacté en el agua, cómo rompiendo una capa de frío hielo. El agua estaba helada,
  • 106.
    aunque había unpoco de sol, no quería ni imaginar cómo sería en un día lluvioso. Caí muy profundamente, así que ya entendía la razón por la que Jacob no salía, miré hacia arriba y vi lejana la superficie, nadé con el oxígeno que tenía, supuse que me sería suficiente… Maniobré por hacerlo lo más rápido posible, pero nunca me había dignado a hacer alguna práctica de nado ni nada por el estilo. Así que mientras más me movía, más oxígeno y fuerzas perdía. Empecé a sentirme débil cuando estaba llegando al final, las piernas no me daban porque el aire no circulaba por mis pulmones. Tragué un poco de agua y estuve a punto de quedarme inconsciente. Vi los brazos de Jake a mí alrededor. Me sacó a la superficie demasiado rápido y yo regresé a la realidad. Desde el pecho subió algo hacia mi garganta y empecé a toser ahogada, con agua en mis pulmones, aun mi vista era borrosa. A pesar de todo el inconveniente en mi aterrizaje, había sido una de las cosas mas divertidas que había hecho en toda mi vida. -Bella, Bella. ¿Estás bien?-Jacob me había arrastrado hasta una roca cercana. -Ok, eso fue divertido.-Empecé a reírme sin parar. -¿Divertido? ¿Divertido?-Empezó a subir su tono de voz.-Estuviste a punto de ahogarte y ahora estás riéndote, no sé por qué pero es lo que estás haciendo. De verdad no consigo nada gracioso de todo esto.- Me miraba molesto. -Pues a mi sí.-No aguantaba la risa, y yo tampoco sabía porque. Había sido divertido el salto pero no era para tanto, me reía idiotamente. De repente oímos las olas rompiendo a nuestro lado y volteamos para quedar petrificados con una ola que sin duda nos bañaría de pies a cabeza. Jacob se unió a mí empezando a reír sin parar. Tenía todo el cabello en la cara, al igual que yo. Después de unos minutos, decidimos que ya era suficiente de agua, ya teníamos frío así que nadamos… nadé con ayuda de Jacob a la orilla. El subió de nuevo y pensé que se lanzaría pero me dijo que iría en busca de algunas cosas. Decidí sentarme en la arena, las olas rompían a mis pies. El sol iluminaba toda la playa, tenuemente, ya que no podía conseguir un sol cómo el de una playa de Hawaii.
  • 107.
    La playa estabasolitaria, no había ni un alma cerca. Mi amigo tardaba bastante en regresar y ya empezaba a hacer un poco de frío, mi camiseta estaba totalmente mojada y adherida a mi piel. Me abracé las piernas y repose mi barbilla sobre mis brazos. Temblé con un viento frío del norte de la playa y Jacob había llegado para colocar una toalla encima de mis hombros. -Llegaste.-Inquirí viendo cómo cargaba una gran cantidad de bolsas, toallas y ropa.- ¿No era más fácil traer un bolso grande? -Eso traía.-Se agachó para respirar del cansancio.-Pero se rompió a la mitad del camino.-Admitió con pena. Volví a carcajear con ganas. -Pobre, déjame ayudarte. Arreglamos todo, colocamos dos pares de toallas en la arena, sacamos la comida y la bebida de las bolsas. Era un estilo de "picnic playero", pero sin la canasta de sándwiches. Empezamos a comer las bolsas de comida que había comprado, hablamos de todo, cosas del pasado, anécdotas graciosas y estúpidas. Jamás en mi vida me había reído tanto cómo lo había hecho ahí con Jacob. Se burlaba de mi, cómo yo de él. Me hacía sonreír y sonrojarme de vergüenza. Podía quedarme ahí todo el día y el tiempo me pasaba volando. -Mira, ésta es una de las razones por las cuales te quería traer aquí.-Se acercó y se sentó muy cerca de mi, lo cuál me intimido un poco. A nuestra vista, un atardecer totalmente naranja, se esparcía en todo su esplendor. Tal cual cómo el de las pinturas. El sol se escondía detrás del mar lentamente, para ese momento iba a la mitad, y se reflejaba en el agua. Era un paisaje espectacular, uno de los deseos que formaban parte de mi lista, ahora la pregunta era ¿Jacob lo sabía, o fue por pura casualidad? -Que hermoso.-Miraba atónita al frente. -Sí que lo es.-El habló cómo si fuera la primera vez que lo hubiera visto.-No quiero que te vayas, estaría dispuesto a dar mi vida por ti.-Murmuró. Me quedé fría y paralizada, no sabía que decirle. Mientras estábamos inmóviles, me tomó la mano de la arena y la entrelazó entre la de él. No sé pero me daba la impresión de que no lo hizo con intención de amistad, pero lo que más me extrañó era que no me molestó para nada, ni siquiera pensé en quitarla ni reclamarle ni nada. Estaba sintiendo algo… extraño por Jacob Black.
  • 108.
    Capítulo XVII No partas tu corazón, sólo defínelo. Empezaba a sentirme extraña, cómo cuando estaba con Edward al principio, pero no con tanta fuerza, y era algo diferente. No sé cómo explicarlo. Aun veía cómo el sol desaparecía, sólo quedaba una larga línea naranja sobre el borde del océano. Me empecé a poner nerviosa cuando Jacob posó sus ojos en mí, no dejaba de verme fijamente, y yo reaccioné cómo si no me hubiera dado cuenta de lo que estaba haciendo, pero mis mejillas me delataron sin culpa. -Bella… quiero que me confieses algo. -¿Qué?-Me volteé bruscamente hacia él. -Quiero que seas sincera conmigo, ¿Estás enamorada de Edward? Me refiero… totalmente. ¿No me darías una oportunidad? Porque lo que yo siento por ti, es algo muy fuerte.-Tomó mi mano y la colocó sobre su corazón.-Siéntelo, pareciera que estuviera a punto de explotar cada vez que estoy así de cerca de ti. Me quedé sin palabras… pero es que hizo la pregunta en un momento donde mis deseos no estaban ordenados. -Jacob, yo no quiero herirte… -No te preocupes por los demás, sea lo que sea, estaré dispuesto a escucharlo. -Es que… No sé que decirte, en serio. Estoy demasiado confundida, sé que cualquier decisión que pueda tomar, puede herir a alguien. -¡Deja de pensar en los demás! ¿Podrías pensar sólo en ti, y en lo que de verdad quieres para tu vida?-Exigió. -No es tan fácil Jacob. Debo encontrar las palabras indicadas para decírtelo. -Pues entonces te daré el resto de la tarde para que lo pienses.-Se levantó y me dio la espalda.
  • 109.
    -¿A dónde vas? -Acaminar… y a pensar. Regreso pronto. Me digné a volver mi mirada al horizonte, pensativa y aislada. Lo que le debía decir a Jacob tenía que ser sutil, pero es que su compañía se había vuelto muy reconfortante y seguramente si le decía que no podía tener una oportunidad con él, podría alejarse, y eso era lo que yo no quería. También había aparecido este sentimiento raro hacia el… Escuché unos pasos lejanos después de unos minutos de pensamiento, y volteé a ver de quién se trataba. Edward posaba una pierna al borde del acantilado. Me veía con dulzura y seguridad. Sonrió con suficiencia y corrió velozmente hacia el sur… desapareciendo. Ese sentimiento que me llenaba cada vez que veía a Edward, era simplemente incomparable, nada se le podía igualar… ni siquiera cuando veía a Jacob. Justamente mi amigo regresaba de su caminata, yo lo veía cómo más que un amigo… mi confusión se había resuelto por completo. Es un amor diferente. El de un mejor amigo, de esos que no se olvidan jamás y de los cuales con los que no puedes pasar tiempo peleada. De esos únicos. El amor de Edward… Yo jamás sentiría ese tipo de amor por Jacob. Le sonreí y me levanté de la arena, el abrió sus brazos hacia mi y salí corriendo hacia ellos. Me abrazó fuertemente. -Discúlpame Jacob, pero no puedo quererte de la manera que tú quieres, te veo cómo mi mejor amigo. Pero es algo especial, en serio no podría vivir sin ti, te has vuelto indispensable para mi.-Dije con mis ojos impregnados en lágrimas, mientras explicaba mis sentimientos. -Estoy dispuesto a quererte de la manera que quieras.-Me susurró dulcemente al oído. -Prométeme que no te sentirás mal, porque si llegara a pasar, eso sería lo peor. -Te lo prometo Bella. Siempre voy a estar para ti cómo tú mejor amigo. Te entiendo perfectamente, y al principio tuve una mala expectativa de Edward, pero yo sé que puede cuidarte y amarte tan bien cómo yo lo haría, así que no me preocupo… sólo quiero tu felicidad. -¿Ustedes hablaron en la mañana, verdad?-Pregunté con curiosidad ante su cambio repentino con Edward y viceversa. -Si, en realidad hablamos demasiado. Se podría decir que ya nos llevamos bien, sólo por el hecho de que los dos nos dimos cuenta de que así era mejor para ti…
  • 110.
    y para tusalud. -No sabes cuanto me alegra escuchar eso. Pensé que esto jamás pasaría. -Nada es imposible, Bella.-Murmuró. -Si… espero que no sea imposible conseguirme un donante.-Bajé mi mirada con tristeza. Tomó mi cara entre sus manos y quitó el resto de mis lágrimas. -Estoy muy seguro de que eso no va a pasar. -¿Cómo puedes estar tan seguro? -Porque tengo fe y creo que no te fallaríamos, Edward y yo haríamos lo que sea con tal de que tú sigas viva. -Gracias Jake… cosas cómo éstas son las que te hacen especial. Te quiero.-Le susurré con dulzura mientras me apoyaba en su pecho. -Yo también te quiero.-Me besó la cabeza, me apartó suavemente de mí, y colocó su brazo encima de mis hombros.-Es hora de irnos, ya es tarde y va a empezar a hacer frío, no quiero que te enfermes. Además, le prometí a Edward que regresarías temprano. -¿Le prometiste? -Si… me puso un límite.-Comenzó a carcajear. Seguidamente lo hice yo. Recogimos todo de la arena y subimos a la camioneta. El resto del camino nos la pasamos hablando y riendo. Tal cual cómo lo habíamos hecho en la tarde, pero me sentía más abierta y confiada con el. Ya no más rencor, bienvenida la felicidad… para mis últimos días de vida. Me bajé de la Pick-up al llegar a mi casa. -Gracias Jake, la he pasado genial, de verdad… uno de los mejores días de mi vida. -Para nada Bella. Sabes que cuando quieras, estaré para ti. Me alegra mucho que te haya gustado. -Sobretodo el atardecer… es una de las cosas que más había querido hacer antes… bueno, tu sabes.-Me miró con tristeza.-Pero definitivamente no hubiera sido igual sin ti.-Me quedé viéndolo y recordé algo que tenía que preguntarle. -¡Espera!-Exclamé.-Necesito preguntarte sobre algo que me está matando la cabeza. Edward me habló anoche acerca de un secreto que tú me estas
  • 111.
    guardando…-Pareció dudar.-Me sentirémuy decepcionada si mi mejor amigo no me cuenta sus secretos.-Lo amenacé con una cara de tristeza fingida. Empezó a reír por mi mala actuación y se puso serio de nuevo. -Era lo de la pregunta de hoy. Ese era el secreto, tenía la esperanza de que dirías que sí, pero olvídalo… -Ah, entiendo.-Comenté con insuficiencia. Pensé que era algo peor.-Buenas noches Jacob, te llamo pronto.-Me asomé a la puerta y con mucho esfuerzo le di un beso en la mejilla. Hablé con Charlie y Renee acerca de mi día con Jacob y parecieron muy felices de que mi amistad con el se hubiera desarrollado de tal forma. También les había contado cómo la relación entre Jake y Edward había dado un giro total, de lo cual se sorprendieron tanto cómo yo lo hice la primera vez, porque aún me parecía increíble. Les pedí permiso para cenar mañana en casa de los Cullen, y no se pudieron negar. Me dieron las buenas noches después de la cena y fui directamente a tomar un baño. Casi caigo dormida en la ducha, el agua caliente relajó totalmente cada milímetro de mi cuerpo. Un día largo, y lleno de emociones. Sentía cómo que si cada día que pasaba era esencial y único, cómo… si se unieran todas las cosas que pasarían en un mes. Cómo si fueran los últimos… Fui a mi cuarto a cambiarme. -¿Estás muy cansada para contarme cómo te fue hoy?-Preguntó sorpresivamente apareciendo en mi cuarto. -¿Podrías avisarme cuando vengas a mi casa?-Pregunté agarrando mi toalla precipitadamente antes de que se me cayera. -Disculpa… no sabía.-Admitió con pena y se dio la vuelta. -Bueno espera afuera un momento a que me cambie. Yo te aviso cuando esté lista. -De acuerdo.-Asintió y salió por la ventana. Aun me daba vergüenza cambiarme, sabiendo que aunque Edward se encontraba afuera, estaba sólo a unos pasos de mí. Hice unas cuantas maniobras lo más ágil posible para cambiarme rápido. Me enredé un poco con la camisa pero al final terminé de vestirme. -Puedes entrar de nuevo.-Me asomé por la ventana, le sonreí y el lo hizo de
  • 112.
    vuelta con ladiferencia de que me dio un corto beso. -¿Entonces? ¿Me vas a contar o prefieres descansar? -En realidad estoy muy cansada, pero hay algunas cosas que quiero hablar contigo. -Bueno, ¿De qué quieres hablar? -Estoy atónita, de verdad, de cómo cambio la relación tuya con Jacob… o la de él contigo. Es algo impresionante. ¿Cómo llegaron a eso? -Sencillo Bella, es lo mejor para ti, no queremos que nada te pase, por ejemplo el otro día que estuvimos a punto de pelearnos tu desmayaste, me refiero también a que tu serías más feliz si Jake y yo nos llevaríamos bien. -Jacob me contó que estuvo en tu casa en la mañana. -Es cierto, pasó por allá a revisar los restos de tu camioneta…-Dijo con tono burlón. Bufé. -Es una muy buena Pick-up, sólo que es un poco vieja. Aunque ya Jacob me dijo que no tiene arreglo.-Dije con tono triste. -Bella, lo siento… es la verdad, definitivamente tuviste que llegar a éste punto para poder cambiar de auto. Es deprimente, de verdad. -¿Cambiar? Edward, no entiendes… es la Pick-up o nada. ¿De donde crees que sacaré dinero para comprar un auto nuevo? Ah, cierto, a mi me llega el dinero en un sobre bajo la puerta.-Inquirí con ironía. -¿Por qué lo tienes que comprar tú? Cuando te lo puedo regalar yo.-Dijo sonriendo. En vez de traumarme por su mal chiste, empecé a reírme sin ganas, mientras lo miraba un poco molesta. El dio un vistazo rápido detrás de mí y me empujó hacia la cama, aunque fue veloz, no dejo de ser sutil. Volteé hacia la ventana pero ya se había escapado. -Queda pendiente tu mal chiste.-Murmuré bajito y escuché una corta carcajada lejana. Mi puerta se abrió y la mirada de Reneé me tranquilizó un poco, ya que si era Charlie me pondría muy nerviosa. -¿Con quién hablas Bella?-Preguntó mi madre con un tono de sospecha y una mirada curiosa.
  • 113.
    -Y… ¿Yo? ¿Hablar?¿De que hablas mamá? Estoy… cantando una canción.- Demonios… -¿Una canción? Vamos Bella, tu madre sabe que odias la música. ¿No se te podía ocurrir algo mejor?-Pensé para mis adentros. -¿Si? ¿Desde cuando te gusta la música?-Yo sabía que se daría cuenta. -Jacob estuvo toda la tarde cantándola… y la repetía muchas veces en la camioneta. -Ah… entiendo.-Dijo con poca voz de convencimiento.-Bueno Bella, que tengas buenas noches, y deja de cantar porque no quiero vidrios rotos en la casa.-Rió bajito y cerró la puerta. -Ya puedes salir.-Susurré con cuidado. Esperé unos segundos y no se escuchaba nada, una suave brisa contra los árboles del bosque… más nada. Bueno, seguramente querría dejarme descansar, pero lo hubiera hecho mucho mejor si hubiera estado a mi lado. Me acosté sin dejar de ver la ventana con nostalgia. Cerré los ojos e instantáneamente me sumí en los sueños. -Hija, despierta. Tienes visita…-Escuché lejanamente por parte de Reneé. Después me empezó a mover desesperadamente, pero no me podía despertar, estaba demasiado cómoda y aún tenía ganas de seguir durmiendo. -¿Qué? ¿Quién? ¿No podría venir más tarde?... Estoy que muero del sueño.-Dije con voz soñolienta, colocando la almohada sobre mi cabeza. -No seas dormilona. Es Alice… y está con Edward.-Inquirió con emoción. Me levanté de un segundo a otro, me enredé entre las sábanas y caí al suelo, produciendo un sonido aparatoso que seguramente llamó la atención abajo al humano y a los dos vampiros, que seguro ya sabrían que yo me caería. Mi mamá extendió los brazos un poco tarde, pero de todas maneras me levanté, peiné mi cabello lo más veloz posible, cepillé mis dientes y lavé mi cara. Cuando bajé las escaleras tres pares de ojos me miraban desde la sala de mi casa. Todos me veían con preocupación y me examinaban de pies a cabeza, para ver si tenía algo roto, un golpe, o algo por el estilo… Me reí y terminé de bajar las escaleras. Los saludé a todos… y miré con tristeza a Edward. -Bueno Bella… ¿Sabes a qué vinieron ellos?-Preguntó mi padre, dando una sonrisa… ¿De felicidad? Empecé a asustarme, porque eso es algo que no pasa
  • 114.
    muy frecuentemente, asíque el motivo por el cual los Cullen se encontraban en mi casa a tempranas horas de la mañana tenía que ser uno muy bueno. -De hecho… no-Hice el esfuerzo, pero no pude evitar bostezar, estaba muy cansada. -Nos han invitado hoy a almorzar a su casa. Para formalizar su relación.-Dijo Reneé apareciendo detrás de mí, con el triple de la emoción que tenía Charlie. -¿Nos? ¿Ustedes también van?-Pregunté con desconcierto -Si Bella, será magnífico reunirnos cómo familia.-Alice me tomó las manos y me vio con esperanza. -Bueno… esta bien. Nos vemos allá.-Me volteé para dirigirme a la suave y cómoda cama que esperaba por mí arriba. Después de haberlo hecho la mirada de extrañado de Edward me dio remordimiento de consciencia, pero ya estaba a un paso de mi cama, me resigné y volví a dormir como una bebé… Pero su llegada por la ventana no me impidió el sueño, sólo lo hizo más seguro. Capítulo XVIII Quiero tu vida junto a la mía, por siempre El remordimiento de que Edward se había quedado esperando a que yo hablara con el no me dejaba descansar totalmente, era cómo si estuviera soñando con los ojos cerrados pero aún seguía despierta. Sentía sus dedos entrelazados con los míos, después acariciaba mi cabello, pasaba su mano delicadamente por mi mejilla. Me tenía totalmente distraída. La otra cosa que rondaba por mi cabeza era la idea del encuentro familiar entre los Cullen y los Swan. No imaginaba la incomodidad que iba a sentir en esa casa, sólo con Edward yo estaba siempre avergonzada, más aún lo estaba con su familia y todo empeoraría con Charlie y Reneé. No tenía otra opción, sólo podía salir a enfrentar lo que me esperaba. Esos fueron los obstáculos… esos fueron los últimos días de mi vida… eso es lo que debo afrontar con valor si quiero estar con Edward. Abrí lo ojos sin esfuerzo, ya no tenía sueño, sólo el peso en mi espalda de una gran preocupación. -Ya era hora de que despertaras. Todos se han ido al almuerzo, pero yo decidí quedarme a esperarte, pero no quise molestarte, así que dejé que durmieras un poco más.
  • 115.
    -Gracias por quedartehoy… Pero hubiera preferido que te despidieras ayer.-Dije con voz triste. -Lo siento, problemas familiares… y debía resolver algunos asuntos de última hora. Además tú estabas muy cansada y tenías que prepararte para hoy. -¿Prepararme? ¿Es que hay algo que yo no sepa?-Pregunté con un poco de desconcierto. -Te lo diré en el almuerzo. Pero si no te das prisa, probablemente llegarás para la cena.-Me sonrió. -¿Qué hora es?-Pregunté cuando me acerqué al clóset en busca de una atuendo adecuado para la ocasión. -Son más de las cuatro de la tarde, debes estar hambrienta. -¿Es broma? ¿Cuatro de la tarde?-Con respecto a su pregunta de mi necesidad humana, no me había percatado del hambre que tenía.-Tengo que vestirme, rápido.-Empecé a revolotear sin ver nada bonito ni presentable y paré de buscar sin éxito. Volteé a ver a Edward, porque no podía parar de reírse. -¿Qué es tan gracioso?- Pregunté alzando una ceja. -Creo que Alice te dejó algo aquí.-Se volteó y puso su mano del otro lado de mi cama, subió una bolsa de color blanca, un poco brillante para mi gusto. Me la entregó soltando una última carcajada. Lo miré con duda y tomé la bolsa. Al abrirla saqué unos pantalones de tela de jean, color negro, una camisa blanca de algodón, y un sweater con cuello en "V" color negro, de manga larga. También habían unas zapatillas de cuero blancas y un collar plateado con la forma de un corazón, de color negro, en el extremo de la fina cadena. -¿Puedo dejar el collar?-Pregunté con duda, no quería hacerlo sentir mal. -Cómo te sientas mejor. Te esperaré abajo mientras te alistas.-Se colocó de pie y besó mi frente. La ropa no era nada mi estilo, parecía una combinación de un maniquí en una tienda de alta costura. Pero era un regalo de Alice, otra de las cosas por las cuales tenía que pasar. A pesar de todo no me molestaba recibir regalos de ella, porque esa era una de sus formas de expresar su aprecio hacia mi, como novia de su hermano. Y yo podía corresponderle agradeciéndole por los regalos y, por supuesto, usándolos. Cuando me fui a bañar, escuché la televisión cambiándose de canal una y otra vez, no pasaban ni cinco segundos para que mi novio lo cambiara de nuevo. Pobre, debe estar harto.
  • 116.
    Me bañé ycambié lo más rápido posible, y a pesar de todo, la ropa no me quedo tan mal del todo. Edward me esperaba al pie de las escaleras, estaba impaciente, se le notaba en la expresión. -Vamos.-Dijo con voz seria y sonrió de vuelta colocando su mano alrededor de mi cintura. Cómo siempre tan educado abrió la puerta de su Volvo para mí, pero me dio un poco de nostalgia recordar que no tenía mi camioneta. Me quedé parada frente al asiento del copiloto mientras Edward sostenía la puerta, me veía con curiosidad, intentaba averiguar la razón de mi tristeza. -¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?-Su cara se tornó de tranquilidad a total preocupación mientras sostenía mi cara entre sus manos, yo no dejaba de ver al suelo. -Extraño mi camioneta… demasiado para ser exactos.-Cambié la dirección de mi vista, ahora se fijaba en sus ojos.-Me incomoda tenerte cómo un chofer. Además, no tienes porque hacerlo. -Claro que si, tengo, debo y quiero hacerlo. A mi no me molesta llevarte ni traerte, el auto es un capricho. Sabes que yo puedo movilizarme por otros medios. Pero tú necesitas alguien que te pueda llevar, ¿No es así? ¿Y quién más que yo?-Sonrió y alzó una ceja esperando mi respuesta. -Sólo tú.-Me coloqué en puntillas y le besé la punta de la nariz. Siempre quería hacerme sentir bien. Por lo menos me olvidaría del tema en el día. La patrulla estaba estacionada afuera. Suspiré y bajé del auto. Todos estaban esperándonos, pareciera cómo si fuéramos los personajes principales de la historia. -A buena hora que llegaron.-Refutó Charlie molesto. -Discúlpenme, estaba totalmente cansada.-Inquirí con pena. -Fue mi culpa.-Edward me vio y volvió la vista al frente.-No quise despertarla. -Se nota que acabas de despertar hija, aún sigues hinchada.-Todos empezaron a reír bajito. Mis mejillas se ruborizaron y me escondí en el pecho de Edward. El dudó en colocar su mano en mi espalda, pero al final lo hizo y mi padre tosió en gesto de incomodidad, así que nos separamos un poco. -Creo que esto será más difícil de lo que pensé.-Me susurró Edward al oído.
  • 117.
    -¿Más difícil?-No teníala menor idea de lo que se refería. -Si… y mucho. Quedé en la misma confusión, y veía con duda a Edward que estaba sentado a mi lado en la mesa, aunque todo parecía normal, la tensión incómoda abundaba. La cara de los Cullen al comer, no era de hambre precisamente, el silencio incómodo que abundaba era insoportable. Pero lo peor era la mirada de odio que le propiciaba mi padre a mi Edward, que tenía su mano entrelazada con la mía debajo de la mesa y estaba más fría de lo normal, estaba tensa… Estaba nervioso. La razón, sólo la sabe él. Los comentarios mientras comíamos eran sólo de mi madre hacia Esme y Carlisle, los felicitaba por tener una casa tan hermosa, por la comida deliciosa y por los maravillosos hijos que tenían. Mi padre sólo asintió en los dos primeros comentarios, comía con mucho placer. La verdad la comida era suculenta. -Entonces… Edward.-Dijo mi padre al terminar de comer. Colocó la servilleta arriba de la mesa y se acomodó en la silla.-Creo que debe haber alguna razón por la cual nos hayamos reunidos todos aquí. ¿No es así?-Y lo miró con curiosidad. El dudó en articular alguna palabra y vio hacia mí, después, temeroso, volteó de nuevo hacia mi padre. -Usted está en lo cierto, si hay una razón.-Se levantó, aclaró su garganta, sus padres y hermanos los vieron y asintieron, entonces prosiguió.-Este punto es a donde he querido llegar desde que conocí a su hija. Les confieso que para mí ella ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, no creo que exista alguien que pueda llenar más mi corazón que Bella. Es una persona perfecta para mí. Charlie… estoy dispuesto a cuidar de ella por siempre, de ahora en adelante le aseguro que nada malo le va a pasar.-Mi mamá sollozaba a mis espaldas, pero yo no apartaba la vista de Edward, aún no llegaba al punto donde decía la razón principal.-Bella Swan.-Se dio la vuelta hacia mí.-Te Amo y te respeto, te cuidaré en la salud y en la enfermedad, sólo… hasta que la muerte nos separe.-Buscó entre sus bolsillos y se agachó, fue ahí donde lo entendí todo y me sonrojé de la forma más exagerada posible.-Quiero que te cases conmigo. Sentí cómo mi padre se levantó bruscamente y pegaba un fuerte golpe con los puños a la mesa. -¡No!-Gritó cómo nunca lo había hecho… Coloqué mis manos suavemente en las de Edward y las besé. Me levanté de mi asiento y miré con furia a mi padre. -¿Acaso la proposición fue dirigida a ti?-Pregunté con ironía.-No verdad, entonces no decidas lo que yo quiero o no quiero hacer con mi vida.-Subí el tono de voz, haciéndolo sorprenderse por mi molestia.
  • 118.
    -Isabella Marie Swan,jamás vuelvas a dirigirme la palabra de esa forma. Yo soy tu padre y debes respetarme.-Su cara se tornaba más roja con cada palabra que decía. Lo peor de todo es que los Cullen presenciaban nuestra pelea, de diferentes formas, a Rosalie y a Emmett les parecía increíblemente fascinante, cómo si vieran una película; Jasper y Alice intentaban calmarnos, y así lo hicieron, lo que mi padre no sabe es que Jasper le bajo un poco los humos, y por supuesto Carlisle, Esme y Edward estaban apenados y serios a la misma vez. No podía creérmelo yo misma, jamás le había hablado así a Charlie y mucho menos el me había subido tanto el tono de voz. Mi madre lo tomaba por el brazo, el miraba a mi novio cómo si tuviera ganas de saltarle encima y ahorcarlo. -Vamos a calmarnos un poco, lo mejor será discutirlo… sin peleas-Carlisle habló con tranquilidad y se refirió a nosotros dos. -Disculpa que me entrometa Edward, pero sinceramente creo que estás siendo muy precipitado con lo del casamiento. Apenas son jóvenes, ni siquiera han cumplido la mayoría de edad. ¿No pueden esperar unos años?-Preguntó Reneé con voz de súplica. Otra persona a la cual no le parecía la mejor idea de vestidos blancos y anillos de compromiso era a mi madre, ni el adolescente ni el adulto. Siempre me recordaba que para ella es simplemente una estupidez, sólo gastas dinero en una ceremonia que siempre arruina tu relación. Aunque tenía razón, aun yo estoy muy joven y literalmente me queda mucho por vivir. -Con todo mi respeto Reneé, le expreso mi punto de vista. Aunque usted tiene mucha razón en lo que dice, también tengo cosas que agregarle. Sabemos la situación en la que se encuentra Bella, no podemos abstenernos a pensar que tendrá una vida larga, pero tampoco sabemos si será corta. Lo que yo le prometí hace unas semanas es que sería la persona más feliz del mundo a mi lado, nada le faltaría y siempre estaría cuidada por mi familia y yo, no necesitará nada. Lo que hice fue sólo una proposición, yo no sé que es lo que pasará por la mente de ella en estos momentos, no sé la respuesta que me dará. Yo solo quiero hacerla feliz, y si ésta puede ser alguna de esas formas, pues que lo diga.-Edward hablaba con toda fluidez y las palabras le salían naturales, pero todo lo que dijo era tan hermoso que me sumergí en un margen entre fantasía y realidad. Se volteó hacia mí y me vio fijo a los ojos. -Tu respuesta tiene que ser sincera Bella, no importan los demás, no importo yo, la única que importa eres tú y lo que tú sientas es lo que debes expresar. Sea cual sea tu decisión, estaremos dispuesto a escucharla.-Me dio una rápida sonrisa y se alejo un paso de mí. Todas las miradas en el salón del comedor se posaban sobre mí. Cosa que era más incómoda para pensar. Por un lado tenía a mi madre y a mi padre, obviamente se oponían pero lo
  • 119.
    expresaban de diferentesmaneras. Por el otro lado tenía a la familia de los Cullen, todos me veían con expectativa y esperanza de que respondiera que sí. Desde el primer día que los conocí me habían tratado de una forma incomparable, y me habían aceptado ya cómo parte de su familia desde el momento que me confiaron su secreto, que por supuesto estaría bien guardado. Y por último… Edward, ahí estaba, nervioso cómo nunca lo había visto, si hubiera podido sudar lo hubiera hecho, tenía una posición tensa y me veía con desesperación disimulada. Pero más que todo nervioso… nervios de que lo rechazara, nervios de que le dijera que no quería casarme con él. Pero… ¿Cómo decirle que no? La idea del casamiento no formaba parte de mis últimos deseos, aunque el lo hacía ver considerable. Pero era horrible tener que imaginarme vestida de banco a los diecisiete. Lo que empeoraba todo era mi enfermedad, es que nuestro matrimonio duraría un mes máximo. Edward quedaría viudo, a menos de que el no se opondría a convertirme. Él estaba enamorado de mí y yo de él, el quería casarse conmigo y yo… -¿Bella? ¿Responderás ahora?-Preguntó Alice con impaciencia. Eso lo debe saber ella. -Yo… Bienvenidas las nuevas lectoras, recuerden comentar si son nuevas y comenten sobre cada capítulo, estoy editando la historia y me gustaría saber si esta bien por ahora ^^, Besos a todas. Les quiere, Mafe.
  • 120.
    Capítulo XIX Clase CL Mercedes-Benz -Yo… Todos se acercaron más a escuchar mi respuesta. -No… no…-Dije con un nudo en la garganta. -¿No?-Dijeron todos al unísono, pero con diferentes tonos de voz, algunos denotaban tristeza y decepción, pero otros alivio y alegría. En algunos oí confusión. -No digo que no.-Aclaré.-Sólo digo que no quiero tener problemas con Renee y Charlie. Lo haré sólo si encuentro alguna forma de seguir viviendo, no quiero casarme contigo sin saber si llegaré viva al altar, o sí llegaré a pasar más de una semana siendo Isabella de Cullen.-Hablé con dolor y me acerqué a Edward, que tenía la mirada vacía y baja, tomé su cara entre mis manos y lo obligué a verme.- Se que te decepcioné, pero no quiero hacerte daño, no quiero que te ates de esa forma a mí, porque no sabemos mi destino, cuando pasemos la frontera te juro por nosotros que me casaré contigo sin pensarlo. -No me has decepcionado Bella, sólo me estoy dando cuenta de que no pensé en ningún momento estar lejos de ti. -¿Eso quiere decir que si se casarán?-Preguntó Charlie, que al parecer no estaba molesto, sino arrepentido de haberse comportado así. -Eso quiere decir que sí, pero lo pensaré de aquí hasta que nos reunamos de nuevo...-Dije con orgullo y dándole una sonrisa de felicidad a la familia Cullen y a mis padres. Edward me respondió con una sonrisa también y sin importarle los demás me cargó y me beso dulcemente. A nuestro alrededor empezaron a aplaudir con ganas. Después de que Edward me bajó miré en dirección de los Swan con esperanzas de que sus miradas no fueran de odio, pero al contrario, mi madre sostenía una sonrisa, mordiéndose el labio inferior y con los ojos llenos de lágrimas se acercó a abrazarme. -Entonces… ¿Ya no serás más mi niña pequeña?-Dijo mi padre entre sollozos, pero frunciendo el ceño para disimular las lágrimas que se estaba conteniendo. -Siempre seré tu niña pequeña, malcriada, llorona y todo lo que quieras que sea.-Respondí con dulzura y lo abracé. Al principio no me correspondió, pero después empezó a asfixiarme de lo fuerte
  • 121.
    que lo hacía,por supuesto, no le dije nada para no hacerlo sentir mal. -Te quiero mucho Bells, si éste tipo te llega a hacer daño alguna vez, te juro que…-Mi padre volvió a su cara de molesto y Edward se acercó y le colocó su pálida mano sobre el hombro. -Nada pasará Sr.Swan, eso se lo aseguró.-Dijo con seriedad y me guiñó el ojo. Mi padre pareció suavizarse y dio una leve sonrisa con mucho esfuerzo. -Bueno propongo hacer un brindis, vuelvan todos a sus asientos por favor.- Sugirió Carlisle.-Emmett fue con Rose a buscar la champagne y las copas, esperemos un momento. Después de un momento de incomodidad aparecieron Rose y Emmett con los artículos que había nombrado Carlisle. Sirvieron pequeñas cantidades para los Cullen y en la de mis padres sirvieron el doble, que sería lo normal en un brindis. -Por los futuros novios y su hermosa relación.-Dijo Esme alzando su copa e invitándonos a imitarla. -Esperen, quisiera decirle algunas palabras a Bella.-Dijo Rosalie con una voz avergonzada. Me sorprendió que se refiriera a mí en este momento.-Desde el primer momento no he sido muy… ¿Cómo decirlo?... Muy servicial ni cortés contigo, a diferencia de el resto de mi familia que lo hizo siempre con mucha educación y cariño, porque ellos te aceptaron desde el primer momento y de verdad me avergüenza mucho tener que confesarlo, porque me di cuenta desde hace tiempo que tu mereces estar y ser parte de la familia, Edward de verdad te ama y el es un muy buen chico, necesitaba alguien perfecto y creo que ya lo ha encontrado.-Me sonrió amablemente y alzó la copa hacia mi.-Felicitaciones para ustedes. Me quedé sin palabras porque jamás pensé que Rosalie se retractaría por su actitud hacia mí. -Rosalie… yo. -No digas nada Bella, no tienes por qué.-Respondió Rose con dulzura. -¿Alguien más quiere agregar algo más?-Preguntó Esme educadamente. -Bueno no tengo más nada que decir, creo que ya Rosalie lo ha hecho por mí. Eres maravillosa y sabes que ya formas parte de nuestra familia, te hemos tomado mucho cariño. -Así es, eres cómo una hermana para todos.-Dijo Alice con una linda sonrisa. -Cómo la hermana que todos estamos dispuestos a cuidar.-Dijo Jasper.
  • 122.
    -Porque es unpoco despistada.-Bromeó Emmett. Todos rieron ante el chiste y terminamos de alzar las copas. -¡Felicitaciones!-Exclamaron todos con alegría. Sirvieron varios tipos de postres después de la comida y parecía cómo si hubiera sido otro día, otra situación… cómo si nada hubiera pasado. Mis padres hablaban con confianza y reía junto a Carlisle y Esme. Al igual que nosotros, también estábamos muy unidos, Alice y Rosalie me hablaban de los planes de la boda, el vestido, decoración, flores… Edward y sus hermanos hablaban, pero no sé de qué, al parecer Edward también se encontraba aislado. Mi mente no se encontraba ahí, aunque fingía estarlo. Sonreía con esfuerzo, tratando de ocultar lo mal que me sentía. Ya no me faltaba nada más, todos me veían alegres y optimistas, pero mi mente no dejaba de darle vueltas a la idea de no sobrevivir al mes siguiente, de no cumplir mi promesa de casarme con Edward, de decepcionarlo, de dejarlo. Nos levantamos de la mesa y nos reunimos todos en la sala, menos Emmett que salió afuera, por una razón que desconocía. En un momento Alice se acercó a Edward y le susurró algo al oído, pero la expresión de felicidad en sus caras no era algo normal, cómo si se hubieran ganado la lotería… En realidad eso no es un buen ejemplo ya que ellos no lo necesitan, pero imaginando que son gente común. Hice un gesto de duda, para que me aclararan la razón de tanta felicidad y me respondió con un gesto de manos que denominaba "Espera". Se acercó a Charlie y lo llevó un poco lejos de ahí, la idea no me pareció lo mejor, ¿Qué querría hablar Edward con mi padre? Decidí enfatizar mi vista, ya que mi oído no sería capaz de llegar a donde ellos estaban. Al igual que Alice, Edward le contaba algo al oído y hacia gestos de entendimiento con las manos, Charlie quedó pensativo en un momento pero después le dio una rápida sonrisa y unos cuantos golpes en la espalda, y miró hacia mi dirección, también sonriendo. Algo andaban tramando. -Ven Bella, hay algo que quiero mostrarte.-Dijo Edward tomándome del brazo y llevándome afuera. Emmett venía en dirección contraria, se dirigía al interior de la casa y me guiñó el ojo como si intentara decirme algo, cosa que me confundió más aún. No hice gesto ni sonido alguno ya que quería llegar al punto de todo esto.
  • 123.
    Caminamos debajo dela luna hacia la parte trasera de la casa… hacia el estacionamiento. ¿Tenía que esconderme para decirme algo? Definitivamente era un lugar privado y oscuro, no creo que lo que quisiera incluía hablar precisamente. No estaba preparada, no pensé que fuera así, en ese momento, no estaba lista pero no sabía cómo responder. Cuando llegamos a la entrada, la gran puerta del garaje estaba abierta y no había luz adentro, así que me quedé petrificada mientras el caminó unos pasos más que yo. -¿Qué pasa Bella?-Preguntó Edward, acercándose a mi. -No sé Edward, jamás esperé que pasaría eso hoy.-Dije con inseguridad. -¿Sabías que esto pasaría?-Preguntó sorprendido. -Pues, creo que es obvio.-Dije apenada. Su cara se tornó a una expresión de decepción. -Pensé que sería una sorpresa para ti…-Dijo con tristeza.- ¿No te molesta verdad? -No, para nada… ya me había pasado por la mente unas cuantas veces…- Confesé. -Jamás pensé…-Dijo, pero yo lo callé al instante con un beso. Lo empujé poco a poco al interior del estacionamiento, pegándolo a la pared. Parecía un poco confundido, pero ¿No era eso lo que quería? El levantó su mano cómo buscando algo en la pared y encontró el encendedor de luz. Las luces blancas me cegaron por un momento pero después vi su sonrisa de satisfacción. -¿Preparada?-Preguntó sonriendo. -Creo que sí…-Repliqué nerviosa. Esperaba que me empezara a besar de nuevo pero lo que hizo fue voltearme tapando mis ojos con sus manos. No entendí la técnica. -Creo que te lo mereces.-Me susurró al oído y quitó las manos de mis ojos. Ordenando la confusión en mi mente, lo entendí todo. No se refería a "eso". Se refería a un muy, pero muy lujoso carro en su estacionamiento… Que era para mí. Con mis pocos conocimientos de carros y sus respectivas marcas, reconocí que ese logo pertenecía a un Mercedes, un modelo muy moderno, atrás señalaba con letras plateadas "CL-Class", color blanco. Es el carro con el que alguien siempre hubiera soñado. Pero el precio no era precisamente accesible para
  • 124.
    cualquier persona, cualquiercarro de ese estilo no parecía de los muy baratos. Mientras pensaba en cualquier cantidad de dinero, habían pasado unos cinco minutos mientras Edward esperaba respuesta alguna de mi parte. -¿No te gusta?-Preguntó, tratando de romper el incómodo silencio.-Estabas pensando que era algo diferente, ¿No es cierto? -De hecho… Es… Es… demasiado para mí Edward. Creo que te has sobrepasado de la línea.-Dije sin dejar de mirar el auto. -Nada es suficiente para ti, hasta el auto más caro del mundo queda corto. Por favor, no te molestes, me pareció un regalo necesario, tú necesitabas y querías un auto. Pues bien, aquí lo tienes. -Te has gastado demasiado en esto… -Ya dije, no importa el precio, además, Alice lo escogió. -Voy a matar a Alice.-Susurré. -¿No quieres verlo por dentro? ¿O es que no te gusta? -No lo sé Edward… me sigue pareciendo una exageración. -Bueno… si quieres lo podemos cambiar, puedo ir a New York y…-Dijo un poco triste, o fingía estarlo. -¡No! Ni se te ocurra irte.-Le dije molesta. -¿Quién dijo que me iría… sólo?-Dijo con voz sospechosa. ¿No se iría sólo? ¿Cuál es el caso? Aun así se iría, estaría lejos de mí… A menos de que… -¿Eso es una invitación para viajar contigo?-Pregunté emocionada. -Si quieres… ¿No hay problema? -Yo no soy el problema, el problema es Charlie y Reneé, y el colegio. Son muchas cosas Edward, además viajaremos por algo muy insignificante. Me encantaría hacerlo, pero creo que no se va a poder, no hay una buena razón.-Inquirí con decepción. -Creo que tienes razón… ¿Segura que no quieres entrar a verlo? -Si, claro.-Repliqué con poca emoción. Abrió la puerta del piloto para mí y se sentó al otro lado, me explico algunas… muchas funciones que mi Pick-up no tenía. El carro era increíblemente lujoso en su interior, asientos de cuero color beige. Con muchas cosas de tecnología. Como dije antes, el carro que cualquier persona hubiera soñado. -Gracias.-Le dije sinceramente, viéndolo a los ojos. El se acercó y me besó la
  • 125.
    frente, lo cualme decepcionó un poco. Ya venía con la otra idea en la mente, y al parecer el nunca me vería de esa forma. -Creo que deberíamos irnos, aún queda una sorpresa más. -¿Más sorpresas? Desde que estamos juntos me haces sorpresas.-Bromeé. El rió y me tomó de la mano para llevarme de nuevo con nuestras familias… a anunciar la otra inesperada sorpresa.