LA MUÑECA
Esta historia transcurre en un día muy feliz para mí. Era el cumpleaños de mi
hermana.
Este suceso empezó el día 11 de enero a las cinco de la tarde. Todos los amigos de mi
hermana y todos mis amigos vinieron a mi casa. Todos nos juntamos en una mesa y
estuvimos merendando. Después nos fuimos a jugar y a ver la televisión a una habitación.
En esta habitación había una estantería en la cual teníamos una muñeca de cuerda con dos
trenzas a los lados de la cabeza y con una diadema rodeada de flores, con unos ojos negros
muy bonitos y una sonrisa que la caracterizaba. También sostenía un saco lleno de pétalos
de flores y llevaba un vestido muy mono y alegre. Unos amigos de mi hermana fueron y la
cogieron. Ellos le dieron cuerda y la muñeca empezó a cantar una preciosa canción y a mover
la cabeza. Entonces fue cuando empezó todo.
Se le acabó la cuerda y dejó de sonar. La dejamos exactamente en el sitio donde estaba y
pusimos la televisión. Al cabo de un rato, además de la televisión, sonaba una sintonía que a
todos nos parecía conocida; el sonido venía de la estantería. Nosotros bajamos el volumen
de la televisión y nos dimos cuenta de que la muñeca era la que hacía el sonido y a la vez
giraba la cabeza. Todos nos moríamos de miedo. Mis amigos se fueron. La música paró y
nosotros, al cabo de un rato, nos fuimos a dormir. De repente, a medianoche, empezó otra
vez a sonar. Todos nos levantamos pero el sonido no venía de la estantería, sino del sillón.
Allí estaba la muñeca; todo había cambiado. Al día siguiente la guardamos en una bolsa y la
tiramos a un contenedor. Nosotros volvimos a casa tranquilos, como si fuera un día normal,
pero al entrar por la puerta a todos nos dio una extraña sensación de oscuridad…., y, al cabo
de un rato nos pasó una cosa muy rara: la canción es como si nos persiguiera. Sonaba todo el
rato en la cabeza y además cada vez más fuerte. Llegué a la habitación donde habían
ocurrido los hechos y….., allí estaba, esperándome en el suelo. Su cara era maligna. El
vestido era de color negro, y en la bolsa sujetaba un par de huesos pequeños.
Yo tenía miedo, pero la cogí, rompí su cabeza y salió un humo negro que inundó toda la
casa….
2ºC
MADELENE
Era un 24 de febrero, un día antes de mi cumpleaños. Ya iba a cumplir dieciséis años y
estaba deshaciéndome de todas mis muñecas, porque nos acabábamos de venir de casa de
mis primas pequeñas y pensé que sería una buena idea darles todas las cosas con la que
jugaba de pequeña. Todo lo metí en cajas para dárselas, excepto mis nancys de colección;
nancys antiguas que tenía desde pequeña y que me encantaban.
Esa misma noche, a las doce, mis padres me dieron mi primer regalo: ¡Una moto! El mejor
regalo de todos. No sabía cómo agradecérselo.
Me fui a dormir y sobre las seis de la madrugada oí un ruido; algo o alguien golpeaba la
ventana. Me despertó y me di cuenta de que la ventana estaba empañada y estaba escrito:
“ve a abrir la puerta”. Abrí la ventana y miré a ambos lados, pero no vi a nadie; solo una caja
de cartón cerrada y una carta en un sobre. Cogí la caja y la llevé a mi cuarto. Abrí el sobre y
decía: “Felices 16 años”. Me asusté muchísimo. ¿Quién podría ser? No me conocía nadie allí
y no le había dado mi dirección a nadie…. Era muy extraño….
Después cogí la caja y la puse sobre la cama, la abrí y vi una muñeca, una Nancy, de esas
antiguas que tanto me gustaban; pero ésta daba miedo. Estaba sucia y tenía una mirada
como de pánico, muy intimidante. El caso es que me sonaba de algo, pero no sabía por qué.
Estuve más de dos horas pensando, dándole vueltas a la cabeza sin poder dormir… Hasta que
volví a mirar la muñeca y me di cuenta…. Era Madelene Mccam, aquella niña de unos seis
años que desapareció hace tanto tiempo…
Me quedé petrificada. No sabía qué hacer ni qué pensar. No sabía de dónde había salido esa
muñeca ni por qué la persona que la había dejado allí sabía que era mi cumpleaños …Nada
tenía sentido.
Al amanecer le pregunté a mi madre si habían sido ellos quienes la habían dejado allí, pero
ellos, extrañados, negaban con la cabeza, no sabían de qué hablaba. Entonces les conté todo
y les enseñé la muñeca. Mi madre, asustada, casi lloró al darse cuenta de que era Madelene
hecha muñeca. Mi padre al ver la escena cogió la muñeca y salió a tirarla a la basura.
Decidimos olvidarlo y pasar un buen cumpleaños y, además, al día siguiente nos íbamos en
coche a Canadá, a casa de mis abuelos. A la mañana siguiente me desperté la primera, como
de costumbre, y fui a la cocina. Sobre la mesa había una nota que decía: “Por qué no te
gusto?” Asustada miré bajo la mesa y allí estaba: la muñeca de Madelene con esa mirada
tan cortante. Grité de terror y subí corriendo las escaleras para avisar a mis padres. Ellos,
asustados, bajaron y la vieron tal y como la vi yo. Quedaron tan impresionados como yo. Ya
pensaban que alguien estaba acosándome, que alguien se metía en nuestra casa para
asustarme, asustarnos, pero, ¿por qué? Y sobre todo, ¿quién?
Mi padre cogió la muñeca y la tiró a la chimenea. Cuando ya nos calmamos todos hicimos las
maletas y nos fuimos al coche para empezar nuestro trayecto. Uno que jamás olvidaré.
Era un día con niebla y una suave lluvia. Iba a ser un largo viaje…
Estábamos a medio camino, cuando de repente mi padre se quedó dormido conduciendo.
Algo que jamás le había pasado, pero que, de todos modos, tampoco nunca le volvería a
pasar….
Pasó todo muy rápido y no puedo afirmarlo con claridad, pero juraría que antes de que el
coche cayera bruscamente por la ladera vi la silueta de una niña pequeña que se quedaba
quieta mirando. Pero puede que fuese solo un reflejo, una visión debido a todo lo que había
pasado con esa muñeca de Madelene. Después de eso recuerdo que desperté con un pitido
de oídos y la vista borrosa. Nos habíamos estrellado contra un árbol de frente. Tenía mucho
miedo, había mucha sangre. Mis padres no reaccionaban y yo no podía mover las piernas. Al
rato llegó la ambulancia y nos llevó al hospital donde me sedaron y me hicieron una
operación muy larga o eso me pareció a mí. Recuerdo que desperté sola en una habitación,
tumbada en la cama y vi a mis abuelos llorando y gritando de lamento. Pasaron unas horas y
entró una doctora que se sentó al borde de la cama para contarme lo que había sucedido.
Dijo que habíamos sufrido un terrible accidente de coche en el cual mi padre había fallecido.
Mi madre entró en un coma del que no sobrevivió y que yo había perdido la movilidad de
mis piernas para siempre….
No supe cómo reaccionar. Miré a la ventana sin decir nada, derramando lágrimas sin hacer el
más mínimo movimiento.
Los próximos siete meses los pasé yendo al psicólogo porque no hablaba: tenía un trauma.
Volví con mis abuelos hasta cumplir los dieciocho años en Canadá. Después me compraron
un piso en San Francisco pues pensaron que era hora de que volviese a mi lugar natal.
Llegué al piso y estaba lleno de cajas de mudanza con cosas de mi antigua casa en la que
vivía con mis padres antes del accidente.
Abrí una y vi una foto de pequeña con mis padres. Sonreí. Después la limpié y la coloqué en
una estantería. Al cabo de unos meses ya estaba instalada, apenas quedaban diez cajas sin
colocar. Y un día abriendo las últimas di con una pequeña, distinta a las demás. La abrí
y….Allí estaba….Madelene. Esa muñeca que mi padre había quemado hacía más de dos años.
Junto a ella había una carta que decía: “¿me echabas de menos?”
Me desmayé. Cuando recuperé la consciencia levanté la cabeza y la muñeca ya no estaba en
la caja.
Nadie nunca me creyó. ¡Ojalá pudieran haber estado mis padres para hacerles saber que no
mentía! Ellos también la habían visto. Exactamente igual que yo.
Y ahora estoy aquí, sentada en una silla de ruedas escribiendo mi pasado desde la habitación
117 del psiquiátrico de San Francisco, junto a personas enfermas mentales.
¿Y qué hago aquí? Aunque la verdad me siento segura. Algo me dice que si salgo ella va a
estar allí, esperándome, esperando para volverme aún más loca.
Bueno, nunca sabré si aquella muñeca, Madelene, estaba maldita o algo así; si fueron
simples coincidencias o solo me volví loca de verdad…
EL ESPEJO DEL FONDO DEL PASILLO
Mis padres se fueron a Madrid por lo que yo me tuve que quedar el fin de semana en casa de
mi abuela. Me gustaba mucho quedarme con ella, pero me daba un poco de miedo su casa.
Hay un pasillo muy largo y, al fondo, hay un espejo. Es un espejo cuadrado, como otro
normal. Por el día, no ocurría nada, pero por la noche ocurren cosas terribles. El viernes por
la noche decidí ir al salón. Pasé por el pasillo oscuro. Una vez allí me miré en el espejo y vi un
montón de siluetas negras con un montón de ojos que me miraban. Decidí coger lo que
necesitaba de allí y volver a mi habitación. El sábado por la noche volví a ir. Esta vez para ver
si seguían esas siluetas, pero no estaban. Me quedé mirando un rato al espejo. No había
nada. Decidí volver a mi habitación cuando una gran mano salió del espejo y me metió
dentro. Cuando abrí los ojos me di cuenta de que estaba en otro lugar. Era oscuro. Allí
estaban todas esas sombras que vi el viernes. Grité que quién había ahí y me contestó un
hombre vestido de negro con un cuchillo en la mano. Me dijo que no volviese ninguna noche
más al espejo o me mataría. Contesté que no iba a hacerle caso, por lo que el hombre me
hizo un corte en el brazo y me empezó a salir sangre. Dolía mucho. Vino a por mí, y le dije
que no iba a volver más, pero que me sacase de ese lugar. Así lo hizo.
Cuando salí vi que en mi brazo no había ningún corte. Fui corriendo a dormir.
Por fin llegó el domingo por la noche. Al día siguiente estaría en mi casa. Decidí que no
volvería en mucho tiempo a casa de mi abuela e ir a ver el espejo por última vez.
Esta vez no salió nadie. Me miré y vi cómo se me ponían los ojos blancos y giraba el cuello
completamente. Me moví y fui inconscientemente a la terraza. Me subí y justo cuando
estaba a punto de caerme dijo:
-No me hiciste caso.
Pero sin darme cuenta volví y estaba en mi cama, sin saber cómo llegué.
El lunes por la mañana me recogieron mis padres y me fui a mi casa.
Desde ese momento no tengo espejos en mi habitación.
EL RELOJ DE PARED
Eran las vacaciones de Navidad e íbamos a casa de mis abuelos a pasarlas. Un día
empecé a oír ruidos extraños. Al principio creí que venían de los vecinos, pero a medida que
iba pasando el tiempo descubrí que venían del sótano. Quise ver qué era, así que bajé perola
luz del sótano se fundió, así que volví a por la linterna. Resulta que era el depósito de agua,
aunque no sabía qué le pasaba. Entonces decidí avisar a mis abuelos, pero cuando estaba
subiendo las escaleras me tropecé y caí. En ese momento mis ojos se quedaron mirando a un
extraño y antiguo reloj de pared. Estaba muy desgastado y con mucho polvo, pero lo que
más me extrañó es que funcionaba. Me quedé asombrado hasta que empecé a oír de fondo
unas voces. Eran las de mis abuelos, que al verme tirado en las escaleras se asustaron. En
seguida me levanté y les dije que estaba bien; solo me había tropezado; y también les dije
que el depósito de agua estaba estropeado. Mi padre estuvo ayudando a mi abuelo a
arreglarlo ya que se había congelado, pero al final tuvimos que llamar al fontanero. El
trabajo le llevaría un buen rato, así que no pudimos bajar hasta que nos avisase. Pero yo
seguí pensando en aquel reloj que me produjo una sensación bastante extraña, como de
miedo. Tenía tanta curiosidad que quise preguntarle a mi abuela, ya que ella llevaba
viviendo aquí prácticamente toda la vida. Así lo hice, pero me quedé extrañado y confuso ya
que me dijo que ella nunca había tenido ningún reloj de pared.
Cuando el fontanero terminó, le dije a la abuela si quería verlo, pero cuando fuimos a bajar,
el reloj, sorprendentemente no estaba. Yo no me lo podía creer. La abuela me dijo que me
habría confundido con otra cosa. Estaba furioso y a la vez rabioso. Aquella noche no pude
dormir; los siguientes días no quise volver a mirar. Hasta que una noche empecé a oír ruidos
que también venían del sótano. Tenía mucho miedo. Respiré hondo cuatro veces, cogí la
linterna y bajé, y sin saber por qué ¡el reloj volvía a estar! Pero ya no oía nada.
Volví a la cama, aunque ya no pude dormir.
Al día siguiente bajé a desayunar; estaba mi padre, mi madre y mi abuelo, pero mi la abuela
no estaba. Me dijeron que había ido a por huevos y pan, pero pasaban las horas y la abuela
no venía. Entonces decidimos ir a buscarla pero no la encontramos. Llamamos a la policía,
más dijeron que ya se ocuparían ellos de encontrarla, que volviésemos a casa. Cuando
llegamos serían las once de la noche. Aquella noche ninguno pudimos dormir. Durante esos
días todos lo pasamos mal. No había noticias.
Un día mis padres y mi abuelo decidieron salir a ver si la veían. Me dijeron que me quedara.
Al poco de irse, volví a oír ruidos. Quise volver a bajar pero la puerta estaba cerrada. La
última que tuvo las llaves del sótano fue mi abuela. Estaba nervioso, así que tuve que salir.
Cuando volví ya había llegado mis padres, pero el abuelo no. Me dijeron que el abuelo
quería mirar en un sitio más y como sabían que estaba nervioso decidieron venirse ellos.
Llegó la noche y faltaban dos días para Nochevieja. El abuelo no venía y yo ya no sabía qué
hacer. Ese mismo día la policía llamó para decirnos que habían encontrado un gorro. Era el
mismo con el que salió la abuela el día que desapareció. Mis padres también les comentaron
que ahora también desaparecido el abuelo. La policía dijo que haría todo lo posible para
intentar encontrarlos.
Aquella noche tuve un sueño en el que aparecía un halcón con ojos de reloj que no paraba
de sonar. Me dijo que aquel reloj estaba maldito y que debía deshacerme de él. Al día
siguiente no sabía qué hacer. Se lo dije a mis padres.
Además del reloj que encontré, empecé a pensar que el reloj tenía algo que ver con las
desapariciones. Así que decidí buscar información, pero no saqué nada. La noche antes de
Nochevieja tomé una difícil pero segura decisión. Como no podía abrir la puerta cogí el
hacha que utilizaba el abuelo para cortar madera y abrí la puerta a hachazos. Luego cogí el
reloj y lo metí en un carro y lo llevé rápidamente a un punto limpio para asegurarme de que
no lo volvía a ver. Entré con los ojos cerrados y lo tiré; no quería saber dónde caía.
Serían las seis de la mañana cuando volvía a la cama.
Cuando bajé a desayunar oí a mi madre en la cocina llamándome. Mi padre ya no estaba.
La policía llamó para decir que habían encontrado a mi padre inconsciente en el punto
limpio. Lo ingresamos en el hospital y allí estaría como mínimo dos meses.
Eran las once y media de la noche y apenas faltaba media hora para cambiar de año. Mi
madre y yo no sabíamos qué hacer. Mi madre se echó a dormir y yo aproveché para ir a tirar
la basura. Cuando volví, ya no estaba. Yo empecé a llorar. Faltaban cinco segundos para que
tocaran las campanadas.
De repente empecé a oír campanadas, pero no eran las de la tele. Bajé al sótano y el reloj de
pared estaba allí, sonando al mismo tiempo que tocaban las campanadas en la tele. Cuando
terminaron de sonar subí arriba y ,sin saber por qué, allí estaban todos: el abuelo, la abuela
y más padres con los cuencos y sus doce uvas. En aquel momento estaba muy
desconcertado, pero a la vez contento. Era como si nada hubiese pasado; de hecho la puerta
del sótano volvía a estar bien y el hacha en su sitio, pero el reloj no volvió a aparecer.
Los próximos días fueron normales y yo nunca quise contarles lo sucedido. Todo se quedó en
un gran secreto.
ARACNOFOBIA
Era una lluviosa tarde. Me disponía a volver a mi casa después de un partido de
fútbol en el parque. Sin embargo llovía tanto que no podía ir a mi casa sin paraguas debido a
lo lejos que estaba.
Mientras me refugiaba debajo de un árbol, pensaba en lo desdichada que era mi vida desde
que tenía aracnofobia, o lo que es lo mismo, miedo a las arañas. Quizá importan en su
ecosistema, pero yo pienso que son los seres más repugnantes del planeta. Seguro que si me
enfrentas con cualquier otro ser no tendría miedo, pero con las arañas simplemente no
puedo.
La lluvia cada vez se volvía más intensa y decidí refugiarme en un edificio abandonado. Una
vez dentro busqué el interruptor de la luz, pero no lo encontraba por ninguna parte. Iba
andando a oscuras por el edificio y pensando en mis cosas, con lo que no me di cuenta de
que mi cabeza entraba en contacto con decenas de repugnantes telarañas.
Del susto me caí al suelo y notaba como ocho patitas peludas se movían por mi espalda. Di
un grito que se debió de oír en la mismísima luna, pero no era un grito de dolor; era de
pánico a la vez que empezaba a sudar y a ponerme cada vez más nervioso.
Arañas y arañas se acercaban hacia mí y yo, que no sabía si llorar del miedo del sufría.
Después, sin poder evitarlo, me desmayé. No supe lo que pasó a continuación, pero al
parecer alguien me oyó y consiguió rescatarme de ese horrible lugar.
No sabía si conseguiría reponerme de la peor experiencia de mi vida, pero mis padres, más
que por mí se preocupaban por encontrar un psicólogo a buen precio.
LA CAJITA DE MÚSICA
Y bien, si el miedo es psicológico, que me extraigan el cerebro, por favor.
27 de enero de 2008
Mi abuela era una señora refinada y tenía aspecto generoso. Vivía sola y eso le
gustaba. No se molestaba en buscar compañía por el simple hecho de que una persona con
demasiados misterios debía ocultarlos.
Cada 27 de enero se celebra un año menos de mi vida. Al soplar las velas solo deseaba que
mi asquerosa vida acabase. Ellos sólo aplaudían y se pensaban que como los repugnantes
adolescentes de hoy en día pedían un Iphone o algo parecido, yo deseaba algo similar.
Volvamos al caso.
Lo típico, se llenaban los vacíos de cariño con regalos que intentaban cubrir la molestia que
les producía aquel encontró que ni les iba ni venía…
Aquella caja de música no me gustaba. Puse cara de emocionada y sorprendida para no
hacerle el feo a mi abuela.
Me sentí desconcertada porque cualquier persona que escucha un ruido estando sola en
casa, se asusta. Sentí un escalofrío perturbante al escuchar aquella melodía: nininininiiini-
…….ninininin……nininini. no se me ocurría de qué se podría tratar. Pasé por los oscuros
pasillos en los que descubrí que la melodía satánica venía de mi cuarto. Y allí lo vi. Aquella
escalofriante caja de música sonaba.
Su pequeño espejo me incomodaba. Pensé que aquello se me estaba metiendo en la cabeza.
Me acerqué y la cogí en manos.
Los focos de mi cuarto empezaron a parpadear mientras la melodía sonaba:
niniiiininini….niiniininini….
De repente, en medio de la oscuridad, sentí una presencia; algo me rozó el brazo. Llegó mi
hora, se cumplió mi deseo, pensé.
La caja de música cayó al suelo y en ese momento entré en un profundo sueño.
Bueno, tendréis que tener cuidado cuando llegue la hora, porque formaréis parte de esa
pesadilla…

2ºc

  • 1.
    LA MUÑECA Esta historiatranscurre en un día muy feliz para mí. Era el cumpleaños de mi hermana. Este suceso empezó el día 11 de enero a las cinco de la tarde. Todos los amigos de mi hermana y todos mis amigos vinieron a mi casa. Todos nos juntamos en una mesa y estuvimos merendando. Después nos fuimos a jugar y a ver la televisión a una habitación. En esta habitación había una estantería en la cual teníamos una muñeca de cuerda con dos trenzas a los lados de la cabeza y con una diadema rodeada de flores, con unos ojos negros muy bonitos y una sonrisa que la caracterizaba. También sostenía un saco lleno de pétalos de flores y llevaba un vestido muy mono y alegre. Unos amigos de mi hermana fueron y la cogieron. Ellos le dieron cuerda y la muñeca empezó a cantar una preciosa canción y a mover la cabeza. Entonces fue cuando empezó todo. Se le acabó la cuerda y dejó de sonar. La dejamos exactamente en el sitio donde estaba y pusimos la televisión. Al cabo de un rato, además de la televisión, sonaba una sintonía que a todos nos parecía conocida; el sonido venía de la estantería. Nosotros bajamos el volumen de la televisión y nos dimos cuenta de que la muñeca era la que hacía el sonido y a la vez giraba la cabeza. Todos nos moríamos de miedo. Mis amigos se fueron. La música paró y nosotros, al cabo de un rato, nos fuimos a dormir. De repente, a medianoche, empezó otra vez a sonar. Todos nos levantamos pero el sonido no venía de la estantería, sino del sillón. Allí estaba la muñeca; todo había cambiado. Al día siguiente la guardamos en una bolsa y la tiramos a un contenedor. Nosotros volvimos a casa tranquilos, como si fuera un día normal, pero al entrar por la puerta a todos nos dio una extraña sensación de oscuridad…., y, al cabo de un rato nos pasó una cosa muy rara: la canción es como si nos persiguiera. Sonaba todo el rato en la cabeza y además cada vez más fuerte. Llegué a la habitación donde habían ocurrido los hechos y….., allí estaba, esperándome en el suelo. Su cara era maligna. El vestido era de color negro, y en la bolsa sujetaba un par de huesos pequeños. Yo tenía miedo, pero la cogí, rompí su cabeza y salió un humo negro que inundó toda la casa…. 2ºC
  • 2.
    MADELENE Era un 24de febrero, un día antes de mi cumpleaños. Ya iba a cumplir dieciséis años y estaba deshaciéndome de todas mis muñecas, porque nos acabábamos de venir de casa de mis primas pequeñas y pensé que sería una buena idea darles todas las cosas con la que jugaba de pequeña. Todo lo metí en cajas para dárselas, excepto mis nancys de colección; nancys antiguas que tenía desde pequeña y que me encantaban. Esa misma noche, a las doce, mis padres me dieron mi primer regalo: ¡Una moto! El mejor regalo de todos. No sabía cómo agradecérselo. Me fui a dormir y sobre las seis de la madrugada oí un ruido; algo o alguien golpeaba la ventana. Me despertó y me di cuenta de que la ventana estaba empañada y estaba escrito: “ve a abrir la puerta”. Abrí la ventana y miré a ambos lados, pero no vi a nadie; solo una caja de cartón cerrada y una carta en un sobre. Cogí la caja y la llevé a mi cuarto. Abrí el sobre y decía: “Felices 16 años”. Me asusté muchísimo. ¿Quién podría ser? No me conocía nadie allí y no le había dado mi dirección a nadie…. Era muy extraño…. Después cogí la caja y la puse sobre la cama, la abrí y vi una muñeca, una Nancy, de esas antiguas que tanto me gustaban; pero ésta daba miedo. Estaba sucia y tenía una mirada como de pánico, muy intimidante. El caso es que me sonaba de algo, pero no sabía por qué. Estuve más de dos horas pensando, dándole vueltas a la cabeza sin poder dormir… Hasta que volví a mirar la muñeca y me di cuenta…. Era Madelene Mccam, aquella niña de unos seis años que desapareció hace tanto tiempo… Me quedé petrificada. No sabía qué hacer ni qué pensar. No sabía de dónde había salido esa muñeca ni por qué la persona que la había dejado allí sabía que era mi cumpleaños …Nada tenía sentido. Al amanecer le pregunté a mi madre si habían sido ellos quienes la habían dejado allí, pero ellos, extrañados, negaban con la cabeza, no sabían de qué hablaba. Entonces les conté todo y les enseñé la muñeca. Mi madre, asustada, casi lloró al darse cuenta de que era Madelene hecha muñeca. Mi padre al ver la escena cogió la muñeca y salió a tirarla a la basura. Decidimos olvidarlo y pasar un buen cumpleaños y, además, al día siguiente nos íbamos en coche a Canadá, a casa de mis abuelos. A la mañana siguiente me desperté la primera, como de costumbre, y fui a la cocina. Sobre la mesa había una nota que decía: “Por qué no te gusto?” Asustada miré bajo la mesa y allí estaba: la muñeca de Madelene con esa mirada tan cortante. Grité de terror y subí corriendo las escaleras para avisar a mis padres. Ellos, asustados, bajaron y la vieron tal y como la vi yo. Quedaron tan impresionados como yo. Ya pensaban que alguien estaba acosándome, que alguien se metía en nuestra casa para asustarme, asustarnos, pero, ¿por qué? Y sobre todo, ¿quién? Mi padre cogió la muñeca y la tiró a la chimenea. Cuando ya nos calmamos todos hicimos las maletas y nos fuimos al coche para empezar nuestro trayecto. Uno que jamás olvidaré. Era un día con niebla y una suave lluvia. Iba a ser un largo viaje… Estábamos a medio camino, cuando de repente mi padre se quedó dormido conduciendo. Algo que jamás le había pasado, pero que, de todos modos, tampoco nunca le volvería a pasar…. Pasó todo muy rápido y no puedo afirmarlo con claridad, pero juraría que antes de que el coche cayera bruscamente por la ladera vi la silueta de una niña pequeña que se quedaba quieta mirando. Pero puede que fuese solo un reflejo, una visión debido a todo lo que había
  • 3.
    pasado con esamuñeca de Madelene. Después de eso recuerdo que desperté con un pitido de oídos y la vista borrosa. Nos habíamos estrellado contra un árbol de frente. Tenía mucho miedo, había mucha sangre. Mis padres no reaccionaban y yo no podía mover las piernas. Al rato llegó la ambulancia y nos llevó al hospital donde me sedaron y me hicieron una operación muy larga o eso me pareció a mí. Recuerdo que desperté sola en una habitación, tumbada en la cama y vi a mis abuelos llorando y gritando de lamento. Pasaron unas horas y entró una doctora que se sentó al borde de la cama para contarme lo que había sucedido. Dijo que habíamos sufrido un terrible accidente de coche en el cual mi padre había fallecido. Mi madre entró en un coma del que no sobrevivió y que yo había perdido la movilidad de mis piernas para siempre…. No supe cómo reaccionar. Miré a la ventana sin decir nada, derramando lágrimas sin hacer el más mínimo movimiento. Los próximos siete meses los pasé yendo al psicólogo porque no hablaba: tenía un trauma. Volví con mis abuelos hasta cumplir los dieciocho años en Canadá. Después me compraron un piso en San Francisco pues pensaron que era hora de que volviese a mi lugar natal. Llegué al piso y estaba lleno de cajas de mudanza con cosas de mi antigua casa en la que vivía con mis padres antes del accidente. Abrí una y vi una foto de pequeña con mis padres. Sonreí. Después la limpié y la coloqué en una estantería. Al cabo de unos meses ya estaba instalada, apenas quedaban diez cajas sin colocar. Y un día abriendo las últimas di con una pequeña, distinta a las demás. La abrí y….Allí estaba….Madelene. Esa muñeca que mi padre había quemado hacía más de dos años. Junto a ella había una carta que decía: “¿me echabas de menos?” Me desmayé. Cuando recuperé la consciencia levanté la cabeza y la muñeca ya no estaba en la caja. Nadie nunca me creyó. ¡Ojalá pudieran haber estado mis padres para hacerles saber que no mentía! Ellos también la habían visto. Exactamente igual que yo. Y ahora estoy aquí, sentada en una silla de ruedas escribiendo mi pasado desde la habitación 117 del psiquiátrico de San Francisco, junto a personas enfermas mentales. ¿Y qué hago aquí? Aunque la verdad me siento segura. Algo me dice que si salgo ella va a estar allí, esperándome, esperando para volverme aún más loca. Bueno, nunca sabré si aquella muñeca, Madelene, estaba maldita o algo así; si fueron simples coincidencias o solo me volví loca de verdad…
  • 4.
    EL ESPEJO DELFONDO DEL PASILLO Mis padres se fueron a Madrid por lo que yo me tuve que quedar el fin de semana en casa de mi abuela. Me gustaba mucho quedarme con ella, pero me daba un poco de miedo su casa. Hay un pasillo muy largo y, al fondo, hay un espejo. Es un espejo cuadrado, como otro normal. Por el día, no ocurría nada, pero por la noche ocurren cosas terribles. El viernes por la noche decidí ir al salón. Pasé por el pasillo oscuro. Una vez allí me miré en el espejo y vi un montón de siluetas negras con un montón de ojos que me miraban. Decidí coger lo que necesitaba de allí y volver a mi habitación. El sábado por la noche volví a ir. Esta vez para ver si seguían esas siluetas, pero no estaban. Me quedé mirando un rato al espejo. No había nada. Decidí volver a mi habitación cuando una gran mano salió del espejo y me metió dentro. Cuando abrí los ojos me di cuenta de que estaba en otro lugar. Era oscuro. Allí estaban todas esas sombras que vi el viernes. Grité que quién había ahí y me contestó un hombre vestido de negro con un cuchillo en la mano. Me dijo que no volviese ninguna noche más al espejo o me mataría. Contesté que no iba a hacerle caso, por lo que el hombre me hizo un corte en el brazo y me empezó a salir sangre. Dolía mucho. Vino a por mí, y le dije que no iba a volver más, pero que me sacase de ese lugar. Así lo hizo. Cuando salí vi que en mi brazo no había ningún corte. Fui corriendo a dormir. Por fin llegó el domingo por la noche. Al día siguiente estaría en mi casa. Decidí que no volvería en mucho tiempo a casa de mi abuela e ir a ver el espejo por última vez. Esta vez no salió nadie. Me miré y vi cómo se me ponían los ojos blancos y giraba el cuello completamente. Me moví y fui inconscientemente a la terraza. Me subí y justo cuando estaba a punto de caerme dijo: -No me hiciste caso. Pero sin darme cuenta volví y estaba en mi cama, sin saber cómo llegué. El lunes por la mañana me recogieron mis padres y me fui a mi casa. Desde ese momento no tengo espejos en mi habitación.
  • 5.
    EL RELOJ DEPARED Eran las vacaciones de Navidad e íbamos a casa de mis abuelos a pasarlas. Un día empecé a oír ruidos extraños. Al principio creí que venían de los vecinos, pero a medida que iba pasando el tiempo descubrí que venían del sótano. Quise ver qué era, así que bajé perola luz del sótano se fundió, así que volví a por la linterna. Resulta que era el depósito de agua, aunque no sabía qué le pasaba. Entonces decidí avisar a mis abuelos, pero cuando estaba subiendo las escaleras me tropecé y caí. En ese momento mis ojos se quedaron mirando a un extraño y antiguo reloj de pared. Estaba muy desgastado y con mucho polvo, pero lo que más me extrañó es que funcionaba. Me quedé asombrado hasta que empecé a oír de fondo unas voces. Eran las de mis abuelos, que al verme tirado en las escaleras se asustaron. En seguida me levanté y les dije que estaba bien; solo me había tropezado; y también les dije que el depósito de agua estaba estropeado. Mi padre estuvo ayudando a mi abuelo a arreglarlo ya que se había congelado, pero al final tuvimos que llamar al fontanero. El trabajo le llevaría un buen rato, así que no pudimos bajar hasta que nos avisase. Pero yo seguí pensando en aquel reloj que me produjo una sensación bastante extraña, como de miedo. Tenía tanta curiosidad que quise preguntarle a mi abuela, ya que ella llevaba viviendo aquí prácticamente toda la vida. Así lo hice, pero me quedé extrañado y confuso ya que me dijo que ella nunca había tenido ningún reloj de pared. Cuando el fontanero terminó, le dije a la abuela si quería verlo, pero cuando fuimos a bajar, el reloj, sorprendentemente no estaba. Yo no me lo podía creer. La abuela me dijo que me habría confundido con otra cosa. Estaba furioso y a la vez rabioso. Aquella noche no pude dormir; los siguientes días no quise volver a mirar. Hasta que una noche empecé a oír ruidos que también venían del sótano. Tenía mucho miedo. Respiré hondo cuatro veces, cogí la linterna y bajé, y sin saber por qué ¡el reloj volvía a estar! Pero ya no oía nada. Volví a la cama, aunque ya no pude dormir. Al día siguiente bajé a desayunar; estaba mi padre, mi madre y mi abuelo, pero mi la abuela no estaba. Me dijeron que había ido a por huevos y pan, pero pasaban las horas y la abuela no venía. Entonces decidimos ir a buscarla pero no la encontramos. Llamamos a la policía, más dijeron que ya se ocuparían ellos de encontrarla, que volviésemos a casa. Cuando llegamos serían las once de la noche. Aquella noche ninguno pudimos dormir. Durante esos días todos lo pasamos mal. No había noticias. Un día mis padres y mi abuelo decidieron salir a ver si la veían. Me dijeron que me quedara. Al poco de irse, volví a oír ruidos. Quise volver a bajar pero la puerta estaba cerrada. La última que tuvo las llaves del sótano fue mi abuela. Estaba nervioso, así que tuve que salir. Cuando volví ya había llegado mis padres, pero el abuelo no. Me dijeron que el abuelo quería mirar en un sitio más y como sabían que estaba nervioso decidieron venirse ellos. Llegó la noche y faltaban dos días para Nochevieja. El abuelo no venía y yo ya no sabía qué hacer. Ese mismo día la policía llamó para decirnos que habían encontrado un gorro. Era el mismo con el que salió la abuela el día que desapareció. Mis padres también les comentaron que ahora también desaparecido el abuelo. La policía dijo que haría todo lo posible para intentar encontrarlos. Aquella noche tuve un sueño en el que aparecía un halcón con ojos de reloj que no paraba de sonar. Me dijo que aquel reloj estaba maldito y que debía deshacerme de él. Al día siguiente no sabía qué hacer. Se lo dije a mis padres.
  • 6.
    Además del relojque encontré, empecé a pensar que el reloj tenía algo que ver con las desapariciones. Así que decidí buscar información, pero no saqué nada. La noche antes de Nochevieja tomé una difícil pero segura decisión. Como no podía abrir la puerta cogí el hacha que utilizaba el abuelo para cortar madera y abrí la puerta a hachazos. Luego cogí el reloj y lo metí en un carro y lo llevé rápidamente a un punto limpio para asegurarme de que no lo volvía a ver. Entré con los ojos cerrados y lo tiré; no quería saber dónde caía. Serían las seis de la mañana cuando volvía a la cama. Cuando bajé a desayunar oí a mi madre en la cocina llamándome. Mi padre ya no estaba. La policía llamó para decir que habían encontrado a mi padre inconsciente en el punto limpio. Lo ingresamos en el hospital y allí estaría como mínimo dos meses. Eran las once y media de la noche y apenas faltaba media hora para cambiar de año. Mi madre y yo no sabíamos qué hacer. Mi madre se echó a dormir y yo aproveché para ir a tirar la basura. Cuando volví, ya no estaba. Yo empecé a llorar. Faltaban cinco segundos para que tocaran las campanadas. De repente empecé a oír campanadas, pero no eran las de la tele. Bajé al sótano y el reloj de pared estaba allí, sonando al mismo tiempo que tocaban las campanadas en la tele. Cuando terminaron de sonar subí arriba y ,sin saber por qué, allí estaban todos: el abuelo, la abuela y más padres con los cuencos y sus doce uvas. En aquel momento estaba muy desconcertado, pero a la vez contento. Era como si nada hubiese pasado; de hecho la puerta del sótano volvía a estar bien y el hacha en su sitio, pero el reloj no volvió a aparecer. Los próximos días fueron normales y yo nunca quise contarles lo sucedido. Todo se quedó en un gran secreto.
  • 7.
    ARACNOFOBIA Era una lluviosatarde. Me disponía a volver a mi casa después de un partido de fútbol en el parque. Sin embargo llovía tanto que no podía ir a mi casa sin paraguas debido a lo lejos que estaba. Mientras me refugiaba debajo de un árbol, pensaba en lo desdichada que era mi vida desde que tenía aracnofobia, o lo que es lo mismo, miedo a las arañas. Quizá importan en su ecosistema, pero yo pienso que son los seres más repugnantes del planeta. Seguro que si me enfrentas con cualquier otro ser no tendría miedo, pero con las arañas simplemente no puedo. La lluvia cada vez se volvía más intensa y decidí refugiarme en un edificio abandonado. Una vez dentro busqué el interruptor de la luz, pero no lo encontraba por ninguna parte. Iba andando a oscuras por el edificio y pensando en mis cosas, con lo que no me di cuenta de que mi cabeza entraba en contacto con decenas de repugnantes telarañas. Del susto me caí al suelo y notaba como ocho patitas peludas se movían por mi espalda. Di un grito que se debió de oír en la mismísima luna, pero no era un grito de dolor; era de pánico a la vez que empezaba a sudar y a ponerme cada vez más nervioso. Arañas y arañas se acercaban hacia mí y yo, que no sabía si llorar del miedo del sufría. Después, sin poder evitarlo, me desmayé. No supe lo que pasó a continuación, pero al parecer alguien me oyó y consiguió rescatarme de ese horrible lugar. No sabía si conseguiría reponerme de la peor experiencia de mi vida, pero mis padres, más que por mí se preocupaban por encontrar un psicólogo a buen precio.
  • 8.
    LA CAJITA DEMÚSICA Y bien, si el miedo es psicológico, que me extraigan el cerebro, por favor. 27 de enero de 2008 Mi abuela era una señora refinada y tenía aspecto generoso. Vivía sola y eso le gustaba. No se molestaba en buscar compañía por el simple hecho de que una persona con demasiados misterios debía ocultarlos. Cada 27 de enero se celebra un año menos de mi vida. Al soplar las velas solo deseaba que mi asquerosa vida acabase. Ellos sólo aplaudían y se pensaban que como los repugnantes adolescentes de hoy en día pedían un Iphone o algo parecido, yo deseaba algo similar. Volvamos al caso. Lo típico, se llenaban los vacíos de cariño con regalos que intentaban cubrir la molestia que les producía aquel encontró que ni les iba ni venía… Aquella caja de música no me gustaba. Puse cara de emocionada y sorprendida para no hacerle el feo a mi abuela. Me sentí desconcertada porque cualquier persona que escucha un ruido estando sola en casa, se asusta. Sentí un escalofrío perturbante al escuchar aquella melodía: nininininiiini- …….ninininin……nininini. no se me ocurría de qué se podría tratar. Pasé por los oscuros pasillos en los que descubrí que la melodía satánica venía de mi cuarto. Y allí lo vi. Aquella escalofriante caja de música sonaba. Su pequeño espejo me incomodaba. Pensé que aquello se me estaba metiendo en la cabeza. Me acerqué y la cogí en manos. Los focos de mi cuarto empezaron a parpadear mientras la melodía sonaba: niniiiininini….niiniininini…. De repente, en medio de la oscuridad, sentí una presencia; algo me rozó el brazo. Llegó mi hora, se cumplió mi deseo, pensé. La caja de música cayó al suelo y en ese momento entré en un profundo sueño. Bueno, tendréis que tener cuidado cuando llegue la hora, porque formaréis parte de esa pesadilla…