Arzobispado de Arequipa
Domingo 12
de junio
de 2016
CENTINELAS
Hace algunos años invité a los jóvenes de las
parroquias y movimientos de Arequipa a
participar conmigo en una convivencia de un fin
de semana. Participaron alrededor de 250
jóvenes y varias decenas se quedaron sin poder
hacerlo porque no había más espacio en la casa de
retiros que nos acogió. La convivencia resultó tan
buena para todos, que quedamos en hacer otra al
año siguiente. Desde entonces lo venimos
haciendo cada año y cada vez terminamos más
contentos. Los muchachitos de ese entonces,
varones y mujeres, han ido creciendo con los
años y algunos incluso ya se han casado y ahora
asisten con sus cónyuges. Todos ellos participan
activamente en sus parroquias o movimientos a
lo largo del año y guían grupos de jóvenes como
verdaderos líderes, además que dan un serio
testimonio de vida cristiana en su familia, en su
barrio, centro de estudios o de trabajo. Ante esos
buenos resultados, el año pasado convoqué a otra
convivencia similar, para nuevos adolescentes y
jóvenes. Fueron también más de 200. De esta
manera, ahora tenemos dos grupos a los que
denominamos Centinelas 1G (primera
generación) y Centinelas 2G (segunda
generación), que suman cerca de 500 jóvenes,
detrás de los cuales hay varios miles de jóvenes
católicos de las tres provincias que conforman
nuestra Arquidiócesis: Arequipa, Caylloma e
Islay. Con los Centinelas 2G hemos tenido hace
poco la segunda convivencia anual, mientras que
con los Centinelas 1G nuestra próxima
convivenciaserádentrodeunos meses.
Las convivencias de Centinelas son tres días de
oración, estudio, trabajo en equipos y momentos
de esparcimiento. La seriedad con que los
jóvenes participan esos días, incluso en los ratos
de silencio y meditación, es digna de elogio y son
la mejor respuesta a quienes piensan que los
jóvenes de hoy viven de un modo superficial y
frívolo. Mi experiencia de más de treinta años
acompañando pastoralmente a los jóvenes me
dice todo lo contrario. Los jóvenes aspiran a
metas altas y tienen verdadera sed y hambre de
vida eterna. Si se les indica el modo de
alcanzarlas y se les guía con cariño y seguridad,
hacen cosas verdaderamente grandes. Pero si los
adultos no alimentamos esa atracción hacia lo
auténtico, si no los escuchamos, no les
dedicamos tiempo ni los orientamos, entonces
pueden verse arrastrados por esas ideologías que
banalizan el sexo y promueven el aborto, las
drogas, la destrucción de la familia y de su propio
bienestar.
Como hace poco ha escrito el Papa Francisco: “Si
la madurez fuera sólo el desarrollo de algo ya
contenido en el código genético, no habría
mucho que hacer (…) La educación entraña la
tarea de promover libertades responsables, que
opten en las encrucijadas con sentido e
inteligencia; personas que comprendan sin
recortes que su vida y la de su comunidad está en
sus manos y que esa libertad es un don inmenso”
(Amoris laetitia, 262). Esta educación compete a
los padres en primer e indelegable lugar. Con su
amor y su entrega, los buenos padres y madres
saben ganarse la confianza y el respeto afectuoso
de sus hijos, lo que hace posible que los lleven
paso a paso por el camino del bien, que es la
mejor herencia que les pueden dejar. Para ello,
como también dice el Papa, es fundamental rezar
en familia y participar juntos en la Misa
dominical(Amorislaetitia,318).
+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa
LA ColumnA
De Mons. Javier Del Río Alba

Centinelas

  • 1.
    Arzobispado de Arequipa Domingo12 de junio de 2016 CENTINELAS Hace algunos años invité a los jóvenes de las parroquias y movimientos de Arequipa a participar conmigo en una convivencia de un fin de semana. Participaron alrededor de 250 jóvenes y varias decenas se quedaron sin poder hacerlo porque no había más espacio en la casa de retiros que nos acogió. La convivencia resultó tan buena para todos, que quedamos en hacer otra al año siguiente. Desde entonces lo venimos haciendo cada año y cada vez terminamos más contentos. Los muchachitos de ese entonces, varones y mujeres, han ido creciendo con los años y algunos incluso ya se han casado y ahora asisten con sus cónyuges. Todos ellos participan activamente en sus parroquias o movimientos a lo largo del año y guían grupos de jóvenes como verdaderos líderes, además que dan un serio testimonio de vida cristiana en su familia, en su barrio, centro de estudios o de trabajo. Ante esos buenos resultados, el año pasado convoqué a otra convivencia similar, para nuevos adolescentes y jóvenes. Fueron también más de 200. De esta manera, ahora tenemos dos grupos a los que denominamos Centinelas 1G (primera generación) y Centinelas 2G (segunda generación), que suman cerca de 500 jóvenes, detrás de los cuales hay varios miles de jóvenes católicos de las tres provincias que conforman nuestra Arquidiócesis: Arequipa, Caylloma e Islay. Con los Centinelas 2G hemos tenido hace poco la segunda convivencia anual, mientras que con los Centinelas 1G nuestra próxima convivenciaserádentrodeunos meses. Las convivencias de Centinelas son tres días de oración, estudio, trabajo en equipos y momentos de esparcimiento. La seriedad con que los jóvenes participan esos días, incluso en los ratos de silencio y meditación, es digna de elogio y son la mejor respuesta a quienes piensan que los jóvenes de hoy viven de un modo superficial y frívolo. Mi experiencia de más de treinta años acompañando pastoralmente a los jóvenes me dice todo lo contrario. Los jóvenes aspiran a metas altas y tienen verdadera sed y hambre de vida eterna. Si se les indica el modo de alcanzarlas y se les guía con cariño y seguridad, hacen cosas verdaderamente grandes. Pero si los adultos no alimentamos esa atracción hacia lo auténtico, si no los escuchamos, no les dedicamos tiempo ni los orientamos, entonces pueden verse arrastrados por esas ideologías que banalizan el sexo y promueven el aborto, las drogas, la destrucción de la familia y de su propio bienestar. Como hace poco ha escrito el Papa Francisco: “Si la madurez fuera sólo el desarrollo de algo ya contenido en el código genético, no habría mucho que hacer (…) La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en las encrucijadas con sentido e inteligencia; personas que comprendan sin recortes que su vida y la de su comunidad está en sus manos y que esa libertad es un don inmenso” (Amoris laetitia, 262). Esta educación compete a los padres en primer e indelegable lugar. Con su amor y su entrega, los buenos padres y madres saben ganarse la confianza y el respeto afectuoso de sus hijos, lo que hace posible que los lleven paso a paso por el camino del bien, que es la mejor herencia que les pueden dejar. Para ello, como también dice el Papa, es fundamental rezar en familia y participar juntos en la Misa dominical(Amorislaetitia,318). + Javier Del Río Alba Arzobispo de Arequipa LA ColumnA De Mons. Javier Del Río Alba