En los últimos 25 años, China ha protagonizado un impresionante crecimiento del PIB, convirtiéndose en una de las principales economías del mundo y en uno de los motores de la economía mundial. Este fuerte crecimiento se ha sustentado en una abundante mano de obra barata y bien formada, reformas estructurales hacia una economía de mercado y abierta al exterior, y grandes inversiones financiadas por el elevado ahorro interno y la inversión extranjera directa.