1) Un amor siempre creciente a Dios y a los demás es la realización más alta del cristianismo. 2) Para crecer en el amor debemos aceptar el amor de Dios y amar a Dios con todo nuestro ser y con obediencia, y amar a los demás como a nosotros mismos y como Jesús nos amó. 3) El amor de Dios se muestra en que nos adoptó como hijos suyos y envió a Jesús para salvarnos, y debemos expresar ese amor sirviendo humildemente a los demás.