La actividad humana a lo largo de los siglos XIX y XX ha transformado la composición química del agua, el aire y la Tierra a través del uso de combustibles fósiles. El uso de combustibles fósiles ha provocado cambios profundos en la atmósfera, el agua, el suelo, la vegetación y los animales de formas que nunca se habían hecho en épocas preindustriales. La humanidad ha alterado el entorno natural de maneras que amenazan hábitats y especies a través de la contaminación y el cambio climático.