La crisis financiera mundial de 2007-2009 tuvo su origen en el auge de los préstamos hipotecarios de alto riesgo en Estados Unidos a partir de 2001. En 2007 estalló la burbuja inmobiliaria y los bancos comenzaron a colapsar, extendiéndose la crisis a Europa. Las políticas de austeridad y los rescates bancarios no lograron superar la crisis, que derivó en una recesión global.