El documento define la convicción, conversión y arrepentimiento como actitudes espirituales que implican un cambio voluntario hacia Dios y alejamiento del pecado. Explica que estas actitudes se demuestran a través de los frutos espirituales en la vida de una persona, como vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. También advierte sobre filosofías seculares como el relativismo y humanismo que no están de acuerdo con las enseñanzas de Cristo.