Esteban le cuenta a Macario la historia de Reinaldo, un niño huérfano que vivía en la estación de trenes y era cuidado por el vigilante José. Un día, Reinaldo salvó a la Condesa de ahogarse en una cascada, demostrando su valentía y buen corazón. Los Condes, que no podían tener hijos, decidieron adoptar a Reinaldo y a su perro Titán, dándole un nuevo hogar. La historia enseña que las buenas acciones son merecedoras de recompensas.