Daniel nació ciego en un pueblo de Alicante. Al principio, sus compañeros de clase lo rechazaban y se burlaban de él, pero cuando cambió de colegio, una niña llamada Laura se hizo su amiga y lo ayudó a integrarse. Su nueva maestra organizó juegos para que los estudiantes comprendieran mejor cómo era ser ciego. Aunque Daniel tuvo que mudarse, aprendió que la gente puede quererte tal como eres.