Las niñas de la clase esperaban ansiosas la llegada de un nuevo compañero, creyendo que sería guapo. Vicente, de Córdoba, resultó ser más alto y de ojos marrones, pero tenía dificultades de aprendizaje debido a problemas al nacer. Su madre explicó que necesitaba ayuda para algunas tareas pero que podía jugar y era cariñoso, pidiendo a los niños que lo trataran como amigo.