La parábola de los talentos enseña que una vida cristiana basada en la gratuidad, el coraje y la preocupación por los demás, en lugar de la formalidad, la autoprotección y el miedo, constituye la alegría de Dios y la nuestra. El dueño de los talentos recompensa a los siervos que los hicieron fructificar y castiga al que los escondió por miedo.