Él era como un junco,
fino y grácil,
que ante el viento
arrasador de la existencia
se doblaba sutil y resiliente,
para después erguirse,
pertinaz y entero,
a desafiar de nuevo la tormenta.
Él era mi muchacho,
mi hijo del alma y de mi esencia,
que una mañana aciaga
de un enero
se marchó silencioso de la vida
y nos dejó a Gloria,
a Juanes y a mí mismo,
absortos, mirando el hondo abismo,
que se abrió ante nosotros con su ausencia,
nunca presentida.
El era nuestro Felipe, nuestro niño,
no importa que fuera un hombre
hecho y derecho,
que siguiera, perplejo quizás,
tal vez con desatino,
los meandros del río del destino
buscando, como todos,
sus quimeras…
El amó y fue amado;
nació débil de carnes,
pero en cambio, tenía
un corazón de hombre bueno.
Mucho puede decirse de Felipe,
de su fugaz transitar a nuestro lado,
de su alegre carcajada de muchacho,
de su amor por las canciones y la vida;
pero ya se marchó,
ya sólo queda
su querido recuerdo entre nosotros,
y las lágrimas nos dicen que callemos,
que lo dejemos en paz,
con su olvido y con su gloria,
y que cantemos,
en silencio o mejor, a voz en cuello,
una linda canción en su memoria…


A Valencia G

El Era como un Junco

  • 1.
    Él era comoun junco, fino y grácil, que ante el viento arrasador de la existencia se doblaba sutil y resiliente, para después erguirse, pertinaz y entero, a desafiar de nuevo la tormenta. Él era mi muchacho, mi hijo del alma y de mi esencia, que una mañana aciaga de un enero se marchó silencioso de la vida y nos dejó a Gloria, a Juanes y a mí mismo, absortos, mirando el hondo abismo, que se abrió ante nosotros con su ausencia, nunca presentida. El era nuestro Felipe, nuestro niño, no importa que fuera un hombre hecho y derecho, que siguiera, perplejo quizás, tal vez con desatino, los meandros del río del destino buscando, como todos, sus quimeras… El amó y fue amado; nació débil de carnes, pero en cambio, tenía un corazón de hombre bueno. Mucho puede decirse de Felipe, de su fugaz transitar a nuestro lado, de su alegre carcajada de muchacho, de su amor por las canciones y la vida; pero ya se marchó, ya sólo queda su querido recuerdo entre nosotros, y las lágrimas nos dicen que callemos, que lo dejemos en paz, con su olvido y con su gloria, y que cantemos, en silencio o mejor, a voz en cuello, una linda canción en su memoria… A Valencia G