EL ESPEJO
Lo compré en una tienda de antigüedades, hace cinco años, en aquel
entonces no estaba casado: pagué el precio que pedían y encargue que lo
llevaran a mi casa. Cuando lo vi, lo que más me llamó la atención fue su
tamaño: cuatro metros de ancho por dos de altura. Pensé que se vería
perfecto en la pared de la sala. En realidad nunca me han llamado mucho
la atención los espejos, pero este me fascinó.
Al otro día lo llevaron a la casa, y al siguiente ya estaba colocado donde
había dispuesto. Me gustaba mirarme en él porque me parecía estar
mirando a otra persona, es algo que ahora no puedo entender con toda
certeza…
Los días siguieron transcurriendo sin que nada nuevo ni extraordinario
pasara.Dosmeses después dequehabía comprado elespejo, recibí la visita
de un antiguo compañero de la escuela. En realidad la visita me desagradó
del todo, ya que nunca me había simpatizado, pero como no soy una
persona impulsiva decidí recibirlo. Platicamos de cosas triviales, sin
importancia para mí, y tampoco para él, aunque los dos fingimos estar
interesados.
Me habló deun almacén de telas finas, y por eso precisamenteacudía a mí.
Necesitaba dinero para realizar su proyecto. Eso me exasperó demasiado,
aunque traté de disimularlo; le dije que en esos momentos no disponía de
dinero, que tenía inversiones y no sé qué otras cosas más; se levantó del
sillón en el que estaba y trató sin éxito de que le prestara dinero. En ese
momento no sé por qué tuve el deseo de verlo pidiendo limosna en alguna
esquina, él se paseaba por la sala mientras hablaba, hizo sentirme
incómodo y me levanté; entonces fuecuando lo vi, ahí estaba, en el espejo,
pedía limosna a la gente que pasaba por la calle. Quede asombrado por
unos instantes sin dar crédito a mis ojos, él no parecía notar nada extraño.
Lo observé a través del espejo, casi no ponía atención a lo que decía,
finalmente, cansado de hablar sin resultados, se marchó. Yo apenas me
despedí de él.
Estaba confuso tratando de descifrar el enigma del espejo. Llamé a mi ama
de llaves y le ordené limpiara la sala. Entonces quise verla de cabeza, y la vi
de cabeza en el espejo;comprendíque cualquier cosa queyo deseara a una
persona podría verla en el espejo, siempre y cuando dicha persona se
encontrara frente a él.
A partir deentonces comencéa invitar a misamistades másseguido,incluso
fomenté más mis relaciones sociales al grado que mi casa seconvirtió en el
centro de reunión de numerosos tipos de personas. Entonces dejaba bolar
mi imaginación y me divertía con las imágenes que aparecían en el espejo;
esto seconvirtió en mi gran pasa tiempo; podía ver a mis amigos asustados
por un ratón mientras platicaban tranquilamente en la sala. Imaginaba las
situaciones más cómicas y las podía ver en mi espejo. Como este
pasatiempo no dañaba a nadie, decidí disfrutar de él de por vida. Y así en
alguna ocasión pude ver a uno de mis invitados confesando a la gente que
asistía a un centro nocturno, o también, a uno con patas de mono y a otro
con cuerpo de cerdo, y por supuesto a todas las invitadas que así lo
merecían las he visto desnudas en mi espejo. Ana, una de las invitadas que
por supuesto fue digna de exhibir su cuerpo en el espejo, terminó por ser
mi esposa.Debodecir que ella siempreejerció granatracción sobremí, algo
que si bien puede llamarse amor, sólo es comparablecon la fascinación del
espejo.
Los tres años que vivimos juntos fueron de una dicha interminable, hasta
que vino el día de su muerte. Durante esos tres años nunca le dije del
espejo, el hecho de estar casado no impidió que continuara con mi
entrenamiento, pero cuando ella murió, todo dejó de interesarme; los días
quesiguieron a su muerteapenas siprobababocado,trataba dedistraerme
con un sinfín de actividades, pero siempre volvía a mis recuerdos, con mi
Ana...
Un día que regresede caminar un rato, tratando de olvidar, me contemplé
en el espejo ¡qué cambiado estaba! Ya no era el mismo que vivía feliz con
su esposa, y ese espejo que tantos momentos de diversión me había
brindado, ahora sólo me brindaba un rostro que ya me resultaba
desagradable;tenía el espejo, perome faltaba Ana,y ya no podía verla más,
sólo me veía yo. Quise con todas mis fuerzas verme muerto para ir a
reunirme con ella, pero el espejo no funcionaba conmigo, sólo seguía
viendo mi desagradable rostro. Pero de pronto, me vino una idea a la
mente.
Desesperado busque las cosas que necesitaba y salí corriendo hacía el
cementerio; cabe su tumba y la despedacé, no sé cómo pero la despedacé
y saqué los restos de mi amada Ana. Ya solo estaba su esqueleto…
Al llegar a la casa y estar de nueva cuenta frente al espejo, saquélos restos
de la manta en que los traía, deseé con todas mis fuerzasver a Ana, viva,en
el espejo…
Ahora hice que quitaran el espejo de la sala y lo colocaran en una de las
paredes de mi cuarto y así a solas, saco los restos de mi esposa y la
contempló con vida en el espejo; puedo platicar con ella, aunqueella no me
responda, puedo acariciar su cuerpo, besarla, sentir su carne y creer lo que
ven mis ojos, aunque mis manos quieran engañarme que sólo son sus
huesos…
El Fantasma.

El espejo

  • 1.
    EL ESPEJO Lo compréen una tienda de antigüedades, hace cinco años, en aquel entonces no estaba casado: pagué el precio que pedían y encargue que lo llevaran a mi casa. Cuando lo vi, lo que más me llamó la atención fue su tamaño: cuatro metros de ancho por dos de altura. Pensé que se vería perfecto en la pared de la sala. En realidad nunca me han llamado mucho la atención los espejos, pero este me fascinó. Al otro día lo llevaron a la casa, y al siguiente ya estaba colocado donde había dispuesto. Me gustaba mirarme en él porque me parecía estar mirando a otra persona, es algo que ahora no puedo entender con toda certeza… Los días siguieron transcurriendo sin que nada nuevo ni extraordinario pasara.Dosmeses después dequehabía comprado elespejo, recibí la visita de un antiguo compañero de la escuela. En realidad la visita me desagradó del todo, ya que nunca me había simpatizado, pero como no soy una persona impulsiva decidí recibirlo. Platicamos de cosas triviales, sin importancia para mí, y tampoco para él, aunque los dos fingimos estar interesados. Me habló deun almacén de telas finas, y por eso precisamenteacudía a mí. Necesitaba dinero para realizar su proyecto. Eso me exasperó demasiado, aunque traté de disimularlo; le dije que en esos momentos no disponía de dinero, que tenía inversiones y no sé qué otras cosas más; se levantó del sillón en el que estaba y trató sin éxito de que le prestara dinero. En ese momento no sé por qué tuve el deseo de verlo pidiendo limosna en alguna esquina, él se paseaba por la sala mientras hablaba, hizo sentirme incómodo y me levanté; entonces fuecuando lo vi, ahí estaba, en el espejo, pedía limosna a la gente que pasaba por la calle. Quede asombrado por unos instantes sin dar crédito a mis ojos, él no parecía notar nada extraño. Lo observé a través del espejo, casi no ponía atención a lo que decía, finalmente, cansado de hablar sin resultados, se marchó. Yo apenas me despedí de él. Estaba confuso tratando de descifrar el enigma del espejo. Llamé a mi ama de llaves y le ordené limpiara la sala. Entonces quise verla de cabeza, y la vi de cabeza en el espejo;comprendíque cualquier cosa queyo deseara a una
  • 2.
    persona podría verlaen el espejo, siempre y cuando dicha persona se encontrara frente a él. A partir deentonces comencéa invitar a misamistades másseguido,incluso fomenté más mis relaciones sociales al grado que mi casa seconvirtió en el centro de reunión de numerosos tipos de personas. Entonces dejaba bolar mi imaginación y me divertía con las imágenes que aparecían en el espejo; esto seconvirtió en mi gran pasa tiempo; podía ver a mis amigos asustados por un ratón mientras platicaban tranquilamente en la sala. Imaginaba las situaciones más cómicas y las podía ver en mi espejo. Como este pasatiempo no dañaba a nadie, decidí disfrutar de él de por vida. Y así en alguna ocasión pude ver a uno de mis invitados confesando a la gente que asistía a un centro nocturno, o también, a uno con patas de mono y a otro con cuerpo de cerdo, y por supuesto a todas las invitadas que así lo merecían las he visto desnudas en mi espejo. Ana, una de las invitadas que por supuesto fue digna de exhibir su cuerpo en el espejo, terminó por ser mi esposa.Debodecir que ella siempreejerció granatracción sobremí, algo que si bien puede llamarse amor, sólo es comparablecon la fascinación del espejo. Los tres años que vivimos juntos fueron de una dicha interminable, hasta que vino el día de su muerte. Durante esos tres años nunca le dije del espejo, el hecho de estar casado no impidió que continuara con mi entrenamiento, pero cuando ella murió, todo dejó de interesarme; los días quesiguieron a su muerteapenas siprobababocado,trataba dedistraerme con un sinfín de actividades, pero siempre volvía a mis recuerdos, con mi Ana... Un día que regresede caminar un rato, tratando de olvidar, me contemplé en el espejo ¡qué cambiado estaba! Ya no era el mismo que vivía feliz con su esposa, y ese espejo que tantos momentos de diversión me había brindado, ahora sólo me brindaba un rostro que ya me resultaba desagradable;tenía el espejo, perome faltaba Ana,y ya no podía verla más, sólo me veía yo. Quise con todas mis fuerzas verme muerto para ir a reunirme con ella, pero el espejo no funcionaba conmigo, sólo seguía viendo mi desagradable rostro. Pero de pronto, me vino una idea a la mente.
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    Desesperado busque lascosas que necesitaba y salí corriendo hacía el cementerio; cabe su tumba y la despedacé, no sé cómo pero la despedacé y saqué los restos de mi amada Ana. Ya solo estaba su esqueleto… Al llegar a la casa y estar de nueva cuenta frente al espejo, saquélos restos de la manta en que los traía, deseé con todas mis fuerzasver a Ana, viva,en el espejo… Ahora hice que quitaran el espejo de la sala y lo colocaran en una de las paredes de mi cuarto y así a solas, saco los restos de mi esposa y la contempló con vida en el espejo; puedo platicar con ella, aunqueella no me responda, puedo acariciar su cuerpo, besarla, sentir su carne y creer lo que ven mis ojos, aunque mis manos quieran engañarme que sólo son sus huesos… El Fantasma.