El capítulo 13 aborda la importancia del ser humano en la voluntad de Dios, enfatizando que el hombre fue creado a Su imagen y semejanza, lo que implica una conexión tanto física como espiritual. Se discute la transgresión del hombre, que llevó a la muerte espiritual, y cómo la manifestación de Jesucristo ofrece la posibilidad de vida espiritual a través de la fe. Además, se hace hincapié en que la comprensión de la imagen y semejanza de Dios es clave para entender la relación entre lo visible y lo invisible.