El capítulo explora la naturaleza de la deidad, enfatizando que aunque Dios se manifiesta en tres 'personas' (Padre, Hijo y Espíritu Santo), sigue siendo un único Dios. Se discuten diversas corrientes teológicas, como el arrianismo y el gnosticismo, y cómo estas intentan explicar la deidad, además de señalar la importancia del Concilio de Nicea en la definición de la Trinidad. Se argumenta que Jesús es la encarnación de Dios y que, a pesar de despojarse de ciertos atributos divinos, mantiene su deidad y cumple la voluntad del Padre.