Esaú menospreció su derecho de primogenitura al venderla a su hermano Jacob a cambio de un plato de lentejas. Como el primogénito, Esaú estaba destinado a recibir las bendiciones espirituales y materiales de su padre, pero dejó que sus deseos carnales lo dominaran y no valoró su autoridad divina. Este acto de menosprecio y seguir el camino del pecado es similar a cómo Esaú perdió su oportunidad de arrepentimiento a pesar de haber llorado después.