El árbol gruñón vivía solo en el jardín porque no le gustaba la compañía de los pájaros, niños o flores. El dueño del jardín decidió cortarlo porque no servía de nada. Cuando el jardinero llegó con la motosierra, el árbol gruñón se asustó. Sin embargo, el árbol feliz y comunicativo Alelí le pidió al dueño que no lo cortara, diciendo que todos merecen vivir. El árbol gruñón aprendió que la tolerancia y comunicación son importantes.