El rey Midas de la antigua Macedonia estaba obsesionado con el oro, descuidando las necesidades de su pueblo, lo que llevó a la pobreza y el hambre. Tras un sueño en el que todo lo que tocaba se convertía en oro, incluyendo a su hija, se dio cuenta de la desdicha que causó su codicia. Arrepentido, decidió usar su riqueza para ayudar a su pueblo, organizando fiestas y reparando sus errores para eliminar la pobreza en su reino.