El rey Midas poseía gran riqueza y amaba profundamente a su hija Zoe. Un día se encontró con el dios Dioniso, quien le concedió el deseo de convertir todo lo que tocara en oro. Al principio Midas se alegró, pero pronto descubrió que no podía comer ni beber sin que se convirtieran en oro. Pidió ayuda a Dioniso, quien le indicó lavarse en un río para deshacerse del don. Midas así lo hizo y recuperó su forma natural, odiando desde ent