Este documento describe la benignidad como un fruto del Espíritu. Explica que Dios es benigno y actúa benignamente con todos, incluso con los injustos, por lo que los cristianos deben seguir su ejemplo amando a sus enemigos y tratando bien a quienes los odian. También enfatiza la importancia de usar palabras y actos benignos en todas las interacciones, y que al reflejar la benignidad de Dios, los creyentes pueden tener una influencia positiva en los demás y ayudar a que escuchen el mensaje de salvación.