La benignidad es uno de los frutos del Espíritu Santo. Se describe como la forma en que decimos y hacemos las cosas. Jesús es nuestro modelo de benignidad, y debemos comportarnos de manera benigna hacia los demás como él lo hizo, a pesar de que no nos lo merecemos. La benignidad debe mostrarse tanto en nuestras palabras como en nuestros actos hacia los demás.