Emilia Rodríguez dedicó su vida a crear conciencia sindical entre la clase obrera para contrarrestar su opresión. Nacida en España en 1882, se inició en el anarcosindicalismo junto a su esposo Vicente Lípiz y organizó a trabajadores agrícolas. Más tarde emigró a Cuba, donde se convirtió en una líder del movimiento azucarero en Matanzas. Luchó incansablemente por los derechos de las mujeres trabajadoras y la igualdad, hasta su muerte en Cuba en 1962.