Un grupo de viajeros gastan una broma a un anciano haciéndole creer que han llegado al pueblo donde nació, lo que provoca que el anciano se emocione al recordar su infancia. Más tarde los viajeros le revelan la verdad y se disculpan. Aunque el anciano los perdona, queda pensativo preguntándose cómo puede haber emociones verdaderas si provienen de hechos falsos.