Trascender
2018
México
Mi más profundo agradecimiento para Alejandro M.
“Lucero” por inspirar esta historia y a mi querido amigo
Oscar Antonio Jiménez por acompañarme en mi
incursión por los mundos del misterio, las leyendas, el
misticismo y los seres mágicos que los habitan.
Isa Muñiz
No todos los seres del más allá son malos o feos, los hay también hermosos.
Con gran y apasionado amor para Carlos Eduardo y Evan Daniel, quienes
saben mirar la belleza de los monstruos.
A Gaudencio Escamilla en la memoria de mi madre, y en esos hechos que para
aquellos son paranormales, y para mí son expresiones del amor.
A la memoria del amor que ha muerto, quien no volverá a los paraísos del
misterio, porque el miedo suele ocultar la belleza venidera, y el ego no permite
mirar los otros mundos, los mundos de lo mágico .
En el momento en que el sol se oculta y surge la luna,
ese es nuestro reino; reino que para ti es mágico y para
mi cotidiano. La noche pertenece a los seres de Mictlán.
Encanto
Isa Muñiz
¿Sera que todo lo vio muere, incluido el amor?
Han pasado ya varios años desde aquella tarde en que el
rojo atardecer fue testigo de mi huida. Corría escalera abajo
mientras sentía como si mil vientos me quisieran arrojar para
que rodara por las escaleras. Salí de aquella enorme casona
mientras el portal se cerraba estrepitoso detrás de mí. No miré
hacia atrás, tenía mucho miedo. Sabía que voltear atrás me
haría flaquear en mi intento de escape, pero no quería irme sin
saber qué pasaría con ella, con la mujer de cabello negro y largo
que tantas veces vi en mis sueños o entre las sombras. Pero salí
huyendo y nunca volví a la casona del Centro de la Ciudad de
Puebla. Yo era muy pequeño para poder enfrentar todo eso.
La casona que habitaba mi abuelo y que pertenecía al Siglo
XVIII era enorme y de tipo colonial. En los próximos días sería
expropiada y convertida en una oficina de gobierno. Mi abuelo
la habitó los últimos años de su vida. A finales de los noventas
yo solía visitar a mi abuelo cuando mis padres en su afán
profesional me dejaban ahí, mientras ellos viajaban a dictar
algún curso fuera del estado. Mis padres eran docentes en
antropología y yo un niño que no gustaba de los temas
complicados que ellos abordaban, aunque años después me
dedicara a estudiar esos mismos temas.
5
Sucedió entonces, por ahí de 1991 que mi abuela murió, y con
ella la casa colonial de mis abuelos fue perdiendo vida. Mi
abuelo era un anciano jubilado sin ánimos de vivir, así que fue
deshaciéndose de los inquilinos de la enorme casa que
habitaban cuatro departamentos que había en la misma casa,
además del departamento de mis abuelos. Así que la casa
enorme y abandonada fue perdiendo vida.
El enorme portón de madera tallada se fue opacando, al
entrar después del vestíbulo que alguna vez hizo las veces de
cochera había una hermosa reja negra de forja que dividía el
espacio techado de un gran patio adornado con estatuas de
bellas ninfas desnudas y una bella fuente tradicional al fondo.
Mi abuelo cuidaba del jardín afanosamente, pero dejaba que los
departamentos vacíos se quedaran cerrados y descuidados.
Pero el jardín seguía siendo maravilloso. Adornado con un
hermoso piso cerámico y con hermosos azulejos se mantenía
esplendoroso, un poco porque las plantas crecían libremente,
un poco por las manos del anciano que pasaba horas cuidando
de las estatuas, la fuente, las masetas de cerámica, las plantas,
y cerca de cuarenta jaulas de aves. Todas esas aves,
especialmente canarios hacían tremendo escandalo todo el día,
incluso de noche. El departamento donde vivía mi abuelo lucia
polvoso y descuidado, pero no tanto como el resto de la casa
que mostraba deterioro en la fachada.
6
Cuando niño había pasado años felicites al lado de mis
abuelos en esa enorme casa. De pequeño recuerdo haberla visto
algunas veces, ella era delgada, de piel blanca con destellos
azules como la cerámica de la talavera, tenía el cabello negro y
largo y vestía de color negro o a veces blanco. Aquella hermosa
mujer nunca hablaba con los demás, solo se paseaba entre los
pasillos por fuera de los departamentos, a veces la vi caminar
por el patio y alguna vez la mire asomar por una ventana. No
puedo describir el agrado que sentía ante aquella hermosa
presencia que casi siempre observaba al amanecer o al
anochecer, pero de la cual no sabía nada. Alguna vez, tal vez a
los tres o cuatro años pregunté a mis abuelos quien era aquella
dama, mi abuelo parecía confundido pues mi descripción de
ella –con la dificultad del lenguaje de un niño-, no se
correspondía con ninguno de los habitantes de la casona.
Mi abuela me miraba incrédula pero suspicaz, alguna vez,
cuando volví a preguntar, comentó casi en cuchicheo con mi
abuelo si se trataría de quien en vida habría sido la hermana de
su madre, quien debió de haber tendido unos veintisiete años
al morir en un asesinato sangriento dentro de aquella casa. La
hipótesis de mi abuela provenía de algunas fotografías
antiguas que guardaba sigilosamente y que yo tenía prohibido
ver o tocar. El incidente llamó la atención de la familia de
momento, pero mi padre descalificó aquellas ideas, pues
pensar en fantasmas le parecía irracional. Mi madre también
descalificó aquellos comentarios pues consideraba que de
reforzarlos lo único que generarían miedo en mí.
8
De tal forma que aquellas imágenes y las de un par de
niños pequeños que corrían por el corredor de los
departamentos del segundo piso no generaron en los adultos
mayores comentarios. Aun así yo continua mirando aquellas
presencias. Los niños… una nena de unos siete años y un
pequeño de unos nueve corrían jugueteando por el corredor,
pero alguna vez, de noche, entre las cortinas de mi cuarto vi a
la niña llorar sentada en la fuente mientras llamaba a su mamá.
También alguna vez escuche al niño llorar mientras golpeaba
el enorme zaguán de madera de la entrada. Una ocasión llamé
a mi papá y le dije que el niño lloraba y golpeaba la puerta. Mi
padre y mi madre escucharon los golpes pero comentaron que
debía ser algún tipo alcoholizado, por lo que pretendieron que
era mejor no asomarnos, por seguridad. Sin embargo y aun
siendo un niño pequeño escuché de los vecinos comentarios
acerca de los fantasmas. Ruidos, lamentos, llantos, gritos
rumores que se sucedían cada noche a penas el sol se ocultaba,
pero sobre todo cerca de las tres de la mañana. Ello llevo a un
par de familias a abandonar la casa.
De tal forma que aquellas imágenes y las de un par de
niños pequeños que corrían por el corredor de los
departamentos del segundo piso no generaron en los adultos
mayores comentarios. Aun así yo continua mirando aquellas
presencias. Los niños… una nena de unos siete años y un
pequeño de unos nueve corrían jugueteando por el corredor,
pero alguna vez, de noche, entre las cortinas de mi cuarto vi a
la niña llorar sentada en la fuente mientras llamaba a su mamá.
También alguna vez escuche al niño llorar mientras golpeaba
el enorme zaguán de madera de la entrada. Una ocasión llamé
a mi papá y le dije que el niño lloraba y golpeaba la puerta. Mi
padre y mi madre escucharon los golpes pero comentaron que
debía ser algún tipo alcoholizado, por lo que pretendieron que
era mejor no asomarnos, por seguridad. Sin embargo y aun
siendo un niño pequeño escuché de los vecinos comentarios
acerca de los fantasmas. Ruidos, lamentos, llantos, gritos
rumores que se sucedían cada noche a penas el sol se ocultaba,
pero sobre todo cerca de las tres de la mañana. Ello llevo a un
par de familias a abandonar la casa.
Cuando mis padres decidieron abandonar la casa en mi
nuevo hogar, en aquel departamento de la colonia de casas de
interés social las visiones no cesaron. Alguna vez escuche en el
techo rodar canicas, supuse que se trataba de niños jugando,
pero eran cerca de las tres de la mañana. Alguna vez tocaron a
la puerta y al abrir pude ver a un hombre sin pies pedir
limosna, solo para desaparecer al siguiente momento frente a
mis ojos. Cuando llegue a los once años era un chico tímido y
algo miedoso de la noche, de la oscuridad y de las historias de
muertos. Prefería dormir con la luz prendida o acompañar a
mis padres en su cuarto, aun cuando ellos refunfuñaban y
comentaban que yo ya era bastante grande y que podía dormir
solo.
11
Pero el verdadero problema sobrevino luego, cuando mis
padres comenzaron a dar clases fuera de la ciudad y tuve que
pasar algunas noches con mi recién enviudado abuelo en la
enorme casa de departamentos solitarios. La primero noche en
medio de un sueño extraño la volví a ver, sentada frente a un
espejo arreglando su casi imperceptible rostro, luego en aquel
sueño recuerdo que me asomaba a la ventana de uno de los
departamentos que reconocí en el sueño, solo para mirar
proyectado en el espejo los ojos más hermosos que hubiese
mirado alguna vez. Desperté con un temor irracional, no
entendía aquel sentimiento que me helaba la espala pero que
me generaba un brinco al corazón. Luego, en alguna tarde
mientras me bañaba observe desde la pequeña ventana de la
regadera que daba al patio a aquella bella dama sentada en la
fuente, de perfil vi su hermoso rostro. Me quedé unos instantes
embobado mirándola, mientras a unos pasos observé a dos
pequeños correr jugueteando. La niña vestía un hermoso
vestido lleno de holanes, el niño un traje con corbata y
pantalones cortos, ellos solo aparecieron un momento y
desaparecieron, pero era ella quien más me intrigaba.
Salí del baño cuando desapareció, corrí en bata de baño
hacia la puerta. El hermoso jardín en la escasa luz desprendía
un olor a gardenias y rosas, un poco a margaritas. La hermosa
dama de cabellos largos me intrigaba. Como un chico de once
años supe que lo que miraba se correspondía con un fantasma,
pero no era uno de esos fantasmas que describían los cuentos o
las historias de terror, era demasiado bella para ser aterradora.
Alguna vez lo comenté con mis compañeros de escuela y
ellos me mencionaron a La Llorona, ese espíritu que desde la
conquista mexicana vaga por las calles de las ciudades para
quejarse por la muerte de sus hijos, ahogados por sus propias
manos. Pero la descripción de la llorona no se correspondía con
aquella dama de cabello negro quien irradiaba una profunda
calma y que solo podría asustar por tratarse de un fantasma,
pero no por su aspecto en sí.
En realidad en la escuela mis compañeros me comenzaron
a molestar con la idea de que era absurdo que viera fantasmas,
así que traté de que olvidaran el tema, más aun cuando se
referían a la bella dama como a la llorona. Sin embargo, en otras
escasas ocasiones la presencia se materializó ante mí. En una de
esas ocasiones desperté a media noche y la miré junto a mi
cama, en la escasa luz que daba la luna llena y que atravesaba
la enredadera por fuera de la ventana y por dentro la cortina
miré sus ojos castaños, entre almendrados y cafés dorados,
pero su piel blanca azulada no parecía material, más bien
traslucida o vaporosa. La miré atónito y profundamente
enamorado. Solo tenía once años pero en ese instante entendí
que me gustaban las mujeres y fue con un fantasma con quien
definí mi amor por las mujeres; es decir, ni siquiera podría decir
que me gustaban las mujeres, más bien los fantasmas. Acto
seguido desapareció. Así que desde entonces pasaba las horas
de la escuela un tanto embrutecido recordando a la dama
fantasma. Mis horas de juego dejaron de existir, pues ahora
eran horas para explorar los departamentos cerrados con
candados y cadenas cuando robé las llaves a mi abuelo. De
pronto deseaba pasar horas en aquella casona buscando y
explorando en aquellos cuartos, tratando de encontrarla de
nuevo. Pero a veces pasaban días y noches y no se aparecía ni
ella ni los pequeños.
15
Una tarde, un viernes cualquiera de finales de los
noventas, justo en una alacena del departamento que se
encontraba al fondo del tercer piso encontré la caja con las fotos
de mi abuela. Curiosos y a escondidas de mi abuelo –que
dormitaba frente al televisor- abrí la polvorienta caja. Envueltas
en bolsas de plástico muy antiguas encontré fotos. Mi corazón
saltó cuando entre esas fotos observé la foto de la hermosa
dama quien posaba en un hermoso vestido. Fechada en 1909 la
foto mostraba el rostro más bello que jamás hubiese visto.
Tomé la foto con el ánimo de un ladrón y la metí en mi bolsa
de la chamarra, pero me senté al piso luego de voltear el resto
del contenido de la bolsa. Ahí observar la foto de la hermosa
madre de mi abuela, de cabello castaño y vestido con un
elegante vestido de principios de siglo, algo victoriano.
Revolviendo las fotos descubrí quien era la dama de cabello
negro, era la hermana de mi abuela. Descubrí también su
hermoso nombre, ella se llamaba Jimena. Encontré una foto de
mi bisabuela Anabel con su hermana Jimena de niñas, debía
tener entonces mi edad. Miré a Jimena, estaba profundamente
conmovido con aquella niña que alguna vez caminó por
aquella casona. Reconocí en las fotos la fuente, la sala principal,
la cocina y el patio.
Jimena, el fantasma, era la hermana de mi bisabuela, es
decir, mi tía abuela, aquel pensamiento me hizo enrojecer
¿Cómo podría enamorarme de mi tía abuela? Me sentí culpable
de aquellos sentimientos infantiles, pero incapaz de
deshacerme de aquella foto.
16
Aquella noche, en casa de mi abuelo y con mis padres lejos
puse el retrato de Jimena en mi mesa de noche y con los bellos
ojos como mi última imagen antes de dormir apague la
lámpara de noche. Deseaba tanto que ella de nuevo me
despertara que dormir era una vía esperanzadora para su
encuentro. Sin embargo lo que me despertó fue terrible, de
pronto sentí un jalón de una pierna que me llevó fuera de la
cama, asustado luego de la caída miré frente a mí unas botas
enormes que calzaban unas piernas aún más enormes y sentí
un viento helado y un grito aterrador, era un grito masculino
que me sacudió. Fue solo un instante pero suficiente para que
luego de desaparecer estas piernas brincara a la cama asustado
y buscara sin éxito prender la lámpara, luego de por fin
prenderla me di cuenta de que en la recamara estaba yo solo.
Fue tal mi miedo que no volví a dormir. Pero pasé la noche
abrazado a la foto de mi tía abuela y con los ojos abiertos y la
luz prendida.
Esta no fue la única ocasión en que vi a aquel hombre, o
más bien no lo vi, lo sentí. Bajando las escaleras sentí que una
mano enorme me empujaba con el deseo de hacerme caer por
las escaleras. Otra ocasión mientras me bañaba sentí un
empujón que me hizo resbalar y caer para hacerme daño, pero
afortunadamente no grave. Lo peor sobrevino cuando mi
abuelo también sintió que alguien lo había empujado en el
patio, lo que le llevó a caer y golpearse de tal forma que se hizo
daño. Comprendí entonces que un fantasma estaba realmente
encolerizado conmigo, pero no entendía quién era y porque
estaba molesto.
Las agresiones del fantasma aumentaron luego de que
una noche sucediera algo increíble. Estaba mi abuelo viendo la
televisión, mientras yo terminaba la tarea sentado en la mesa
de la cocina, de repente fuera de la cocina en pleno patio estaba
ella, parada a unos veinte metros y me miraba hermosa como
siempre. Me levante de la mesa y caminé hacia la puerta, la vi
mirarme acongojada. Sorprendido le hablé por su nombre “tía
Jimena”. Aquella mirada triste me hizo sentir un profundo
dolor, ella fue asesinada por su esposo, lo supe de inmediato, y
el también mató a los niños, pues sabía que ambos no eran sus
hijos. Aquel hombre se había ido a la Revolución y los había
dejado, pero al volver y al mirar los rostros de los niños supo
que no eran sus hijos. Y es que ambos eran blancos de cabello
rubio y ojos azules, me miré al espejo de la vitrina que estaba
en la cocina, mi piel blanca y mi cabello rubio, me sorprendió.
Era como si los niños y yo fuéramos hermanos. Mi rostro y el
de la niña que ahora asomaba tras su madre eran casi idénticos
¿Cómo podía ser esto? El niño un poco más pequeño que yo me
parecía tremendamente familia. Luego de que los tres se
desvanecieran vi a la niña correr por el pasillo del tercer piso,
lo que me llevo a correr escalera arriba solo para mirar al fondo
del corredor aun hombre enorme en medio del pasillo. Piel
oscura, casi obeso, cabello negro y rizado, una nariz recta y
rasgos que le hacían ver como un hombre atractivo pero con
una mirada que asustaba por el odio. Me miró como si deseara
matarme. Sentí un tremendo escalofrió mientras detrás de él
escuchaba gritos y llantos de niños aterrados. Aquel momento
sentí tal miedo que salí corriendo escalera abajo sintiendo que
la temperatura a mi alrededor hacia que todo helara. Corrí tan
rápido como pude sintiendo el viento de su presencia y sus
manos cerca, supe que si me detenía me mataría pues me
lanzaría de las escaleras por lo que corrí sin mirar atrás, bajé las
escaleras y salí de la casona sin siquiera despedirme de mi
abuelo. Corrí fuera de la casa hasta la casa de uno de mis
parientes más cercanos, llegué ahí aterrado y completamente
mojado-pues llovía fuertemente- lo que sorprendió a mis tíos.
Luego de llamar a mis padres y a mis abuelos permanecí en
casa de mis tíos y pocos días después me encontraba en la sala
de espera de un psicólogo. Hable alguna vez de esta
experiencia, pero ante las miradas despectivas o curiosas pero
faltas de empatía desistí de ello. Dejé a Jimena sola, a los niños
y a mi abuelo. Mi abuelo dejó la casona al poco tiempo, se fue
a vivir con mis tíos y cerro la casa, un poco presa del
desconsuelo y la soledad, y mucho presa del miedo ante la
extraña presencia desatada.
19
Habían pasado años, y ahora con veinticinco en mi haber
me había enterado de la expropiación de la casona por el
gobierno. En estos años había superado el incidente
abocándome a nuevas vivencias incluso a ejercer mi recién
adquirida carrera y a seguir estudiando. Planeaba dejar puebla
para ir a la capital del país, planeaba seguir con mis aficiones
deportivas y seguir mi vida juvenil satisfactoria, a pesar de
mantener cierta tendencia por la soledad, las historias de
fantasmas, y los libros de misterio. Sin embargo aquel recuerdo
de la casona que nunca volví a pisar me llevaron, ya con mayor
edad y la seguridad, a visitar la casona.
22
Decidí luego de un par de llamadas hacerlo en presencia
del arquitecto encargado de la restauración. Los planes para la
casa eran maravillosos sería una casona hermosa en poco
tiempo. Entré de nuevo al patio abandonado y a las
habitaciones descuidadas por el tiempo. Recordé mi infancia, a
mis abuelos y a los fantasmas. Recuperé la caja de las fotos y
finalmente salí satisfecho de la casa llevando aquellos tesoros.
Llegué a la universidad a mi clase de postgrado, pero la
abandoné lleno de curiosidad por aquellas fotos, en una
cafetería cercana miré de nuevo el rostro de mi bisabuela y de
su hermana. Aquel rostro me parecía profundamente familiar,
como si lo hubiese conocido en el pasado y aun en mi presente.
No sabía a quién recurrir para aclarar mis dudas, pero la
persona más certera sería mi madre. Aquella tarde frente a una
tasa de té mi madre me contó lo que sabía de Jimena. Las
hermosas hermanas, Jimena y Anabel habían sido casadas por
sus padres con hombres convenientes. Anabel se casó con un
español recién llegado que le dio una vida feliz y que le
obsequió a sus hermosas hijas (entre ellas mi abuela), pero
Jimena no corrió con la misma suerte, la casaron con un joven
heredero mexicano que se había retirado a la Revolución para
defender y hacerse de más hectáreas en un enorme rancho en
San Martín Texmelucan. En aquellos años Dalia fue llevada a
una hacienda donde el rico mexicano pidió a los sirvientes
cuidar de ella mientras él estaba en la guerra, pero no contó con
la presencia de otro español (hermano del esposo de Anabel)
quien se enamoró de Dalia y con quien vivió un amorío de
varios años dándole dos hijos, Vanessa y Daniel. El nombre de
aquel hombre español era también Daniel, que por cierto es
también mi nombre.
Jimena se había enamorado de Daniel, un joven español
de veinticinco años. A pesar de que el romance se había
mantenido en secreto no faltó quien traicionó a la pareja lo que
llevó a Jimena a abandonar la hacienda y a ocultarse en la
casona del Centro de Puebla, la cual pertenecía a sus padres,
pero una noche el esposo de Jimena acompañado de varios
pistoleros llegó a la casa y asesinó a Jimena y a los niños, así
como a sus padres. La madre de mi abuela y sus otros
hermanos al no estar presentes se salvaron e hicieron todo lo
posible por atrapar al mexicano asesino, pero fue aquel hombre
Daniel quien lo encontró y ambos se mataron en el Puente de
Obando en un enfrentamiento con armas. Todo eso sucedió
alrededor de 1920.
Entendí entonces que pasaba y porque yo me parecía
tanto a los niños fantasmas, después de todo éramos de la
misma familia.
Entendí también porque el fantasma masculino me había
agredido. En parte porque yo era idéntico a los niños y
seguramente a aquel enemigo que le había robado el amor de
la esposa, en parte porque yo mantenía un fuerte vínculo con
ellos.
Si bien entendía los motivos de la agresión no sabía si esta
había continuado en todos esos años. Busqué en los libros de
la facultad y encontré información de muchos científicos y
esoteristas pero nada se parecía a lo que a mi familia acontecía.
Busque en Internet, me entrevisté con ocultistas, pero no
encontré respuestas.
Como el arquitecto restaurador de la casona y yo habíamos
hecho una excelente amistad –ya que él era también muy joven-
, le comenté lo que en la casa acontecía. No me sorprendió que
los albañiles le hubiesen reportado ruidos y extrañas
presencias, así que ambos decidimos quedarnos una noche
veraniega en la casona de mi familia. Llevamos de cenar y
pasamos horas hablando de varios temas, entre ellos los
fantasmas, pues el joven arquitecto originario de Cholula
también era testigo directo de varios sucesos paranormales por
parte de él o de su familia.
Casi a las tres de la mañana mi buen amigo dormía
plácidamente sobre una colchoneta cuando a mí una serie de
ruidos me llamaron la atención. Salí de la habitación del
departamento que habían habitado mis abuelos y frente a la
fuente observe de nuevo a mi familia fantasma. Ahí estaban
Jimena, Daniel y Vanessa. Les sonreía emocionado y sin el más
mínimo temor les llame por sus nombres “Vanesa, Daniel,
Jimena, soy yo, soy Daniel ¿me recuerdan?”.
Pero mi feliz reencuentro se vio interrumpido por una
sensación helada a mí alrededor. En el fondo del patio, en torno
a lo que había sido un baño común sentí la presencia de aquel
fantasma agresivo. Aquel hombre de nombre Javier R. me
miraba.
28
No puedo explicar que me hizo sentir tanto valor, tal vez
la empatía que sentía con mi familia fantasma, tal vez la sangre
de Daniel el padre de los niños, la cual recorría mis venas, pero
le grité – ¡Epah! Don Javier, aquí estoy, salga ahora que Daniel
Ovando se encuentra aquí-. Utilicé el nombre del antepasado
de los niños y mi tío. Una energía invisible y enorme se
abalanzó sobre de mi golpeándome y tomándome con gran
fuerza. Tal vez la aportación más grande de mi capacidad de
ver fantasmas la descubrí en ese momento, pues tomé también
al fantasma con toda mi fuerza, forcejeamos y pude sentir como
lo lancé a un lado, momento en el que le grité -escúchame bien
Javier, con mi familia no te metas ni hoy, ni nunca-. Recuerdo
haberle gritado otras tantas cosas y sentir que de nuevo se
lanzaba contra mí, y recuerdo volverle a tomar y volver a
lanzarlo, también recuerdo sus gritos espectrales de gran furia,
un casi imperceptible “te odio”, “te voy a matar”, pero también
recuerdo que mi furia y mi adrenalina eran tales que no
opacaron cualquier sensación de miedo.
Después de todo aquel fantasma ya no enfrentaba al
pequeño niño. La luz se prendió a mi espalda, era mi amigo el
arquitecto que traía una pala en las manos y estaba listo para
incorporarse a la pelea. Pero el fantasma se había ido. -¿Qué
pasó Daniel?-, me preguntó alterado. Miré hacia el patio pero
los niños y Jimena ya no estaban. Volví al departamento de mis
abuelos y mi amigo me preparó un poco de té. –Lo viste
¿verdad? – me preguntó mientras observaba mi ropa
desgarrada por fantasmales jalones. Si, si lo vi y le advertí que
no moleste a mi familia. El arquitecto me miró y me soltó una
pregunta que me hizo sentir que se me helaba un poco la piel –
mi querido amigo ¿crees en la rencarnación?
Pocos días después mi amigo me llamó para mostrarme
un entierro clandestino en la casona, los cuerpos de un hombre,
una mujer y dos niños fueron hallados. De manera extra oficial
el cuerpo del enorme hombre fue exhumado, lo llevé al
panteón municipal, pero los cuerpos de la mujer y los niños los
dejamos ahí, bajo la hermosa fuente que estaba siendo
restaurada. Lamentablemente nunca pude averiguar dónde
estaba enterrado Daniel de Ovando. Mi buen amigo, el
arquitecto me comentó que los fenómenos paranormales
cesaron en la casona que visité durante su restauración y
posteriormente, convertida en la oficina de un museo local.
Alguna vez en broma mi amigo el arquitecto me dijo que el
fantasma de Don Javier no volvería, pues sabía que yo estaba
cuidando de mi familia fantasma y que eso los mantenía a la
madre y a los niños en paz, no sé si será así.
A veces imagino que Jimena ya es un ángel que descansa
en el cielo y que ya no está unida a una casona por una muerte
violenta y una historia tan dramática, pero eso de ninguna
manera me consta. Revisando de nuevo las fotos y las cartas
encontré una en la que Jimena le escribe a Daniel lo siguiente:
"Regálame un poquito de tus soles, en las noches oscuras. Regálame
ese brillo de tus ojos que tienen rayos de sol; tu que estas en el mundo,
en el afuera, dame el regalo de las miradas de cielo cuando el dorado
te obsequia vida y calor"
Como muestra de mi profundo amor por Jimena escribí
también una carta que coloqué entre las cartas y las fotos que
por tanto tiempo han pertenecido a mi familia. En la carta entre
otras cosas escribí:
"Y reinas en mis noche como el reflejo de la luna en la fuente.
Espejismo convertido en realidad. Y será que la luna real no está en el
balde que la refleja cómo no es verdad mi percepción castigada de la
realidad. Por eso, aun cuando amo su reflejo, amo más a la luna. Por
eso amo más tu ser que sus expresiones, amo más tu ser que tu
fantasma."
A veces cuando camino en las noches de la ciudad de
puebla puedo sentir una dulce presencia unos pasos tras de mí,
a veces imagino que es ella, pero no estoy seguro. Por ahora las
presencias han cesado, no he vuelto a ver fantasmas, pero
nunca se sabe en el futuro que pasará. Una ocasión en un 2 de
noviembre, caminando por las calles céntricas pasé por el
frente de la casona de mis abuelos y observe la maravillosa
ofrenda en la fuente, y me vino a la mente este pensamiento:
"Conozco la luz del sol a través del claro dorado de sus ojos,
si el sol brilla tanto como sus miradas, entonces comprendo
porque hay vida en esta tierra".
Fin
35
Isa Muñiz
Es profesora investigadora en universidades públicas y
privadas de México. Actualmente se desempeña en el ambito
de la invetsigación en temas ligados al desarrollo sustentable,
la economía social y solidaria y la superación de la pobresa.
Como artista es sobrina del famoso pintor y cartonista
Alejandro Montero. De tal forma que el amor por el arte le
viene de familia. Desde 2004 es fotografa y ha colaborado con
diversos medios esecialmente en el ambito de la fotografía de
naturaleza y de la cultura. Es además ilustradora y dibujante,
por lo que ha participado en varias obras publicadas por
Trascender y otras editoriales.
36
Obra de distribución libre por internet, puede ser descargada,
impresa y compartida siempre que se cite a la autora y la
editorial “Trascender”.
México 2018
Derechos de autor para Trascender y Espacio Feérico.
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Encanto isa muñiz 2018

Encanto isa muñiz 2018

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  • 3.
    Mi más profundoagradecimiento para Alejandro M. “Lucero” por inspirar esta historia y a mi querido amigo Oscar Antonio Jiménez por acompañarme en mi incursión por los mundos del misterio, las leyendas, el misticismo y los seres mágicos que los habitan. Isa Muñiz
  • 4.
    No todos losseres del más allá son malos o feos, los hay también hermosos. Con gran y apasionado amor para Carlos Eduardo y Evan Daniel, quienes saben mirar la belleza de los monstruos. A Gaudencio Escamilla en la memoria de mi madre, y en esos hechos que para aquellos son paranormales, y para mí son expresiones del amor. A la memoria del amor que ha muerto, quien no volverá a los paraísos del misterio, porque el miedo suele ocultar la belleza venidera, y el ego no permite mirar los otros mundos, los mundos de lo mágico . En el momento en que el sol se oculta y surge la luna, ese es nuestro reino; reino que para ti es mágico y para mi cotidiano. La noche pertenece a los seres de Mictlán.
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  • 6.
    ¿Sera que todolo vio muere, incluido el amor? Han pasado ya varios años desde aquella tarde en que el rojo atardecer fue testigo de mi huida. Corría escalera abajo mientras sentía como si mil vientos me quisieran arrojar para que rodara por las escaleras. Salí de aquella enorme casona mientras el portal se cerraba estrepitoso detrás de mí. No miré hacia atrás, tenía mucho miedo. Sabía que voltear atrás me haría flaquear en mi intento de escape, pero no quería irme sin saber qué pasaría con ella, con la mujer de cabello negro y largo que tantas veces vi en mis sueños o entre las sombras. Pero salí huyendo y nunca volví a la casona del Centro de la Ciudad de Puebla. Yo era muy pequeño para poder enfrentar todo eso. La casona que habitaba mi abuelo y que pertenecía al Siglo XVIII era enorme y de tipo colonial. En los próximos días sería expropiada y convertida en una oficina de gobierno. Mi abuelo la habitó los últimos años de su vida. A finales de los noventas yo solía visitar a mi abuelo cuando mis padres en su afán profesional me dejaban ahí, mientras ellos viajaban a dictar algún curso fuera del estado. Mis padres eran docentes en antropología y yo un niño que no gustaba de los temas complicados que ellos abordaban, aunque años después me dedicara a estudiar esos mismos temas. 5
  • 7.
    Sucedió entonces, porahí de 1991 que mi abuela murió, y con ella la casa colonial de mis abuelos fue perdiendo vida. Mi abuelo era un anciano jubilado sin ánimos de vivir, así que fue deshaciéndose de los inquilinos de la enorme casa que habitaban cuatro departamentos que había en la misma casa, además del departamento de mis abuelos. Así que la casa enorme y abandonada fue perdiendo vida. El enorme portón de madera tallada se fue opacando, al entrar después del vestíbulo que alguna vez hizo las veces de cochera había una hermosa reja negra de forja que dividía el espacio techado de un gran patio adornado con estatuas de bellas ninfas desnudas y una bella fuente tradicional al fondo. Mi abuelo cuidaba del jardín afanosamente, pero dejaba que los departamentos vacíos se quedaran cerrados y descuidados. Pero el jardín seguía siendo maravilloso. Adornado con un hermoso piso cerámico y con hermosos azulejos se mantenía esplendoroso, un poco porque las plantas crecían libremente, un poco por las manos del anciano que pasaba horas cuidando de las estatuas, la fuente, las masetas de cerámica, las plantas, y cerca de cuarenta jaulas de aves. Todas esas aves, especialmente canarios hacían tremendo escandalo todo el día, incluso de noche. El departamento donde vivía mi abuelo lucia polvoso y descuidado, pero no tanto como el resto de la casa que mostraba deterioro en la fachada. 6
  • 9.
    Cuando niño habíapasado años felicites al lado de mis abuelos en esa enorme casa. De pequeño recuerdo haberla visto algunas veces, ella era delgada, de piel blanca con destellos azules como la cerámica de la talavera, tenía el cabello negro y largo y vestía de color negro o a veces blanco. Aquella hermosa mujer nunca hablaba con los demás, solo se paseaba entre los pasillos por fuera de los departamentos, a veces la vi caminar por el patio y alguna vez la mire asomar por una ventana. No puedo describir el agrado que sentía ante aquella hermosa presencia que casi siempre observaba al amanecer o al anochecer, pero de la cual no sabía nada. Alguna vez, tal vez a los tres o cuatro años pregunté a mis abuelos quien era aquella dama, mi abuelo parecía confundido pues mi descripción de ella –con la dificultad del lenguaje de un niño-, no se correspondía con ninguno de los habitantes de la casona. Mi abuela me miraba incrédula pero suspicaz, alguna vez, cuando volví a preguntar, comentó casi en cuchicheo con mi abuelo si se trataría de quien en vida habría sido la hermana de su madre, quien debió de haber tendido unos veintisiete años al morir en un asesinato sangriento dentro de aquella casa. La hipótesis de mi abuela provenía de algunas fotografías antiguas que guardaba sigilosamente y que yo tenía prohibido ver o tocar. El incidente llamó la atención de la familia de momento, pero mi padre descalificó aquellas ideas, pues pensar en fantasmas le parecía irracional. Mi madre también descalificó aquellos comentarios pues consideraba que de reforzarlos lo único que generarían miedo en mí. 8
  • 10.
    De tal formaque aquellas imágenes y las de un par de niños pequeños que corrían por el corredor de los departamentos del segundo piso no generaron en los adultos mayores comentarios. Aun así yo continua mirando aquellas presencias. Los niños… una nena de unos siete años y un pequeño de unos nueve corrían jugueteando por el corredor, pero alguna vez, de noche, entre las cortinas de mi cuarto vi a la niña llorar sentada en la fuente mientras llamaba a su mamá. También alguna vez escuche al niño llorar mientras golpeaba el enorme zaguán de madera de la entrada. Una ocasión llamé a mi papá y le dije que el niño lloraba y golpeaba la puerta. Mi padre y mi madre escucharon los golpes pero comentaron que debía ser algún tipo alcoholizado, por lo que pretendieron que
  • 11.
    era mejor noasomarnos, por seguridad. Sin embargo y aun siendo un niño pequeño escuché de los vecinos comentarios acerca de los fantasmas. Ruidos, lamentos, llantos, gritos rumores que se sucedían cada noche a penas el sol se ocultaba, pero sobre todo cerca de las tres de la mañana. Ello llevo a un par de familias a abandonar la casa. De tal forma que aquellas imágenes y las de un par de niños pequeños que corrían por el corredor de los departamentos del segundo piso no generaron en los adultos mayores comentarios. Aun así yo continua mirando aquellas presencias. Los niños… una nena de unos siete años y un
  • 12.
    pequeño de unosnueve corrían jugueteando por el corredor, pero alguna vez, de noche, entre las cortinas de mi cuarto vi a la niña llorar sentada en la fuente mientras llamaba a su mamá. También alguna vez escuche al niño llorar mientras golpeaba el enorme zaguán de madera de la entrada. Una ocasión llamé a mi papá y le dije que el niño lloraba y golpeaba la puerta. Mi padre y mi madre escucharon los golpes pero comentaron que debía ser algún tipo alcoholizado, por lo que pretendieron que era mejor no asomarnos, por seguridad. Sin embargo y aun siendo un niño pequeño escuché de los vecinos comentarios acerca de los fantasmas. Ruidos, lamentos, llantos, gritos rumores que se sucedían cada noche a penas el sol se ocultaba, pero sobre todo cerca de las tres de la mañana. Ello llevo a un par de familias a abandonar la casa. Cuando mis padres decidieron abandonar la casa en mi nuevo hogar, en aquel departamento de la colonia de casas de interés social las visiones no cesaron. Alguna vez escuche en el techo rodar canicas, supuse que se trataba de niños jugando, pero eran cerca de las tres de la mañana. Alguna vez tocaron a la puerta y al abrir pude ver a un hombre sin pies pedir limosna, solo para desaparecer al siguiente momento frente a mis ojos. Cuando llegue a los once años era un chico tímido y algo miedoso de la noche, de la oscuridad y de las historias de muertos. Prefería dormir con la luz prendida o acompañar a mis padres en su cuarto, aun cuando ellos refunfuñaban y comentaban que yo ya era bastante grande y que podía dormir solo. 11
  • 13.
    Pero el verdaderoproblema sobrevino luego, cuando mis padres comenzaron a dar clases fuera de la ciudad y tuve que pasar algunas noches con mi recién enviudado abuelo en la enorme casa de departamentos solitarios. La primero noche en medio de un sueño extraño la volví a ver, sentada frente a un espejo arreglando su casi imperceptible rostro, luego en aquel sueño recuerdo que me asomaba a la ventana de uno de los departamentos que reconocí en el sueño, solo para mirar proyectado en el espejo los ojos más hermosos que hubiese mirado alguna vez. Desperté con un temor irracional, no entendía aquel sentimiento que me helaba la espala pero que me generaba un brinco al corazón. Luego, en alguna tarde mientras me bañaba observe desde la pequeña ventana de la regadera que daba al patio a aquella bella dama sentada en la fuente, de perfil vi su hermoso rostro. Me quedé unos instantes embobado mirándola, mientras a unos pasos observé a dos pequeños correr jugueteando. La niña vestía un hermoso
  • 14.
    vestido lleno deholanes, el niño un traje con corbata y pantalones cortos, ellos solo aparecieron un momento y desaparecieron, pero era ella quien más me intrigaba. Salí del baño cuando desapareció, corrí en bata de baño hacia la puerta. El hermoso jardín en la escasa luz desprendía un olor a gardenias y rosas, un poco a margaritas. La hermosa dama de cabellos largos me intrigaba. Como un chico de once años supe que lo que miraba se correspondía con un fantasma, pero no era uno de esos fantasmas que describían los cuentos o las historias de terror, era demasiado bella para ser aterradora. Alguna vez lo comenté con mis compañeros de escuela y ellos me mencionaron a La Llorona, ese espíritu que desde la
  • 15.
    conquista mexicana vagapor las calles de las ciudades para quejarse por la muerte de sus hijos, ahogados por sus propias manos. Pero la descripción de la llorona no se correspondía con aquella dama de cabello negro quien irradiaba una profunda calma y que solo podría asustar por tratarse de un fantasma, pero no por su aspecto en sí. En realidad en la escuela mis compañeros me comenzaron a molestar con la idea de que era absurdo que viera fantasmas, así que traté de que olvidaran el tema, más aun cuando se referían a la bella dama como a la llorona. Sin embargo, en otras escasas ocasiones la presencia se materializó ante mí. En una de esas ocasiones desperté a media noche y la miré junto a mi cama, en la escasa luz que daba la luna llena y que atravesaba la enredadera por fuera de la ventana y por dentro la cortina miré sus ojos castaños, entre almendrados y cafés dorados, pero su piel blanca azulada no parecía material, más bien traslucida o vaporosa. La miré atónito y profundamente enamorado. Solo tenía once años pero en ese instante entendí que me gustaban las mujeres y fue con un fantasma con quien definí mi amor por las mujeres; es decir, ni siquiera podría decir que me gustaban las mujeres, más bien los fantasmas. Acto seguido desapareció. Así que desde entonces pasaba las horas de la escuela un tanto embrutecido recordando a la dama fantasma. Mis horas de juego dejaron de existir, pues ahora eran horas para explorar los departamentos cerrados con candados y cadenas cuando robé las llaves a mi abuelo. De pronto deseaba pasar horas en aquella casona buscando y explorando en aquellos cuartos, tratando de encontrarla de nuevo. Pero a veces pasaban días y noches y no se aparecía ni ella ni los pequeños.
  • 16.
  • 17.
    Una tarde, unviernes cualquiera de finales de los noventas, justo en una alacena del departamento que se encontraba al fondo del tercer piso encontré la caja con las fotos de mi abuela. Curiosos y a escondidas de mi abuelo –que dormitaba frente al televisor- abrí la polvorienta caja. Envueltas en bolsas de plástico muy antiguas encontré fotos. Mi corazón saltó cuando entre esas fotos observé la foto de la hermosa dama quien posaba en un hermoso vestido. Fechada en 1909 la foto mostraba el rostro más bello que jamás hubiese visto. Tomé la foto con el ánimo de un ladrón y la metí en mi bolsa de la chamarra, pero me senté al piso luego de voltear el resto del contenido de la bolsa. Ahí observar la foto de la hermosa madre de mi abuela, de cabello castaño y vestido con un elegante vestido de principios de siglo, algo victoriano. Revolviendo las fotos descubrí quien era la dama de cabello negro, era la hermana de mi abuela. Descubrí también su hermoso nombre, ella se llamaba Jimena. Encontré una foto de mi bisabuela Anabel con su hermana Jimena de niñas, debía tener entonces mi edad. Miré a Jimena, estaba profundamente conmovido con aquella niña que alguna vez caminó por aquella casona. Reconocí en las fotos la fuente, la sala principal, la cocina y el patio. Jimena, el fantasma, era la hermana de mi bisabuela, es decir, mi tía abuela, aquel pensamiento me hizo enrojecer ¿Cómo podría enamorarme de mi tía abuela? Me sentí culpable de aquellos sentimientos infantiles, pero incapaz de deshacerme de aquella foto. 16
  • 18.
    Aquella noche, encasa de mi abuelo y con mis padres lejos puse el retrato de Jimena en mi mesa de noche y con los bellos ojos como mi última imagen antes de dormir apague la lámpara de noche. Deseaba tanto que ella de nuevo me despertara que dormir era una vía esperanzadora para su encuentro. Sin embargo lo que me despertó fue terrible, de pronto sentí un jalón de una pierna que me llevó fuera de la cama, asustado luego de la caída miré frente a mí unas botas enormes que calzaban unas piernas aún más enormes y sentí un viento helado y un grito aterrador, era un grito masculino que me sacudió. Fue solo un instante pero suficiente para que luego de desaparecer estas piernas brincara a la cama asustado y buscara sin éxito prender la lámpara, luego de por fin
  • 19.
    prenderla me dicuenta de que en la recamara estaba yo solo. Fue tal mi miedo que no volví a dormir. Pero pasé la noche abrazado a la foto de mi tía abuela y con los ojos abiertos y la luz prendida. Esta no fue la única ocasión en que vi a aquel hombre, o más bien no lo vi, lo sentí. Bajando las escaleras sentí que una mano enorme me empujaba con el deseo de hacerme caer por las escaleras. Otra ocasión mientras me bañaba sentí un empujón que me hizo resbalar y caer para hacerme daño, pero afortunadamente no grave. Lo peor sobrevino cuando mi abuelo también sintió que alguien lo había empujado en el patio, lo que le llevó a caer y golpearse de tal forma que se hizo daño. Comprendí entonces que un fantasma estaba realmente encolerizado conmigo, pero no entendía quién era y porque estaba molesto. Las agresiones del fantasma aumentaron luego de que una noche sucediera algo increíble. Estaba mi abuelo viendo la televisión, mientras yo terminaba la tarea sentado en la mesa de la cocina, de repente fuera de la cocina en pleno patio estaba ella, parada a unos veinte metros y me miraba hermosa como siempre. Me levante de la mesa y caminé hacia la puerta, la vi mirarme acongojada. Sorprendido le hablé por su nombre “tía Jimena”. Aquella mirada triste me hizo sentir un profundo dolor, ella fue asesinada por su esposo, lo supe de inmediato, y el también mató a los niños, pues sabía que ambos no eran sus hijos. Aquel hombre se había ido a la Revolución y los había dejado, pero al volver y al mirar los rostros de los niños supo que no eran sus hijos. Y es que ambos eran blancos de cabello rubio y ojos azules, me miré al espejo de la vitrina que estaba
  • 20.
    en la cocina,mi piel blanca y mi cabello rubio, me sorprendió. Era como si los niños y yo fuéramos hermanos. Mi rostro y el de la niña que ahora asomaba tras su madre eran casi idénticos ¿Cómo podía ser esto? El niño un poco más pequeño que yo me parecía tremendamente familia. Luego de que los tres se desvanecieran vi a la niña correr por el pasillo del tercer piso, lo que me llevo a correr escalera arriba solo para mirar al fondo del corredor aun hombre enorme en medio del pasillo. Piel oscura, casi obeso, cabello negro y rizado, una nariz recta y rasgos que le hacían ver como un hombre atractivo pero con una mirada que asustaba por el odio. Me miró como si deseara matarme. Sentí un tremendo escalofrió mientras detrás de él escuchaba gritos y llantos de niños aterrados. Aquel momento sentí tal miedo que salí corriendo escalera abajo sintiendo que la temperatura a mi alrededor hacia que todo helara. Corrí tan rápido como pude sintiendo el viento de su presencia y sus manos cerca, supe que si me detenía me mataría pues me lanzaría de las escaleras por lo que corrí sin mirar atrás, bajé las escaleras y salí de la casona sin siquiera despedirme de mi abuelo. Corrí fuera de la casa hasta la casa de uno de mis parientes más cercanos, llegué ahí aterrado y completamente mojado-pues llovía fuertemente- lo que sorprendió a mis tíos. Luego de llamar a mis padres y a mis abuelos permanecí en casa de mis tíos y pocos días después me encontraba en la sala de espera de un psicólogo. Hable alguna vez de esta experiencia, pero ante las miradas despectivas o curiosas pero faltas de empatía desistí de ello. Dejé a Jimena sola, a los niños y a mi abuelo. Mi abuelo dejó la casona al poco tiempo, se fue a vivir con mis tíos y cerro la casa, un poco presa del
  • 21.
    desconsuelo y lasoledad, y mucho presa del miedo ante la extraña presencia desatada. 19
  • 23.
    Habían pasado años,y ahora con veinticinco en mi haber me había enterado de la expropiación de la casona por el gobierno. En estos años había superado el incidente abocándome a nuevas vivencias incluso a ejercer mi recién adquirida carrera y a seguir estudiando. Planeaba dejar puebla para ir a la capital del país, planeaba seguir con mis aficiones deportivas y seguir mi vida juvenil satisfactoria, a pesar de mantener cierta tendencia por la soledad, las historias de fantasmas, y los libros de misterio. Sin embargo aquel recuerdo de la casona que nunca volví a pisar me llevaron, ya con mayor edad y la seguridad, a visitar la casona. 22
  • 24.
    Decidí luego deun par de llamadas hacerlo en presencia del arquitecto encargado de la restauración. Los planes para la casa eran maravillosos sería una casona hermosa en poco tiempo. Entré de nuevo al patio abandonado y a las habitaciones descuidadas por el tiempo. Recordé mi infancia, a mis abuelos y a los fantasmas. Recuperé la caja de las fotos y finalmente salí satisfecho de la casa llevando aquellos tesoros. Llegué a la universidad a mi clase de postgrado, pero la abandoné lleno de curiosidad por aquellas fotos, en una cafetería cercana miré de nuevo el rostro de mi bisabuela y de su hermana. Aquel rostro me parecía profundamente familiar, como si lo hubiese conocido en el pasado y aun en mi presente.
  • 25.
    No sabía aquién recurrir para aclarar mis dudas, pero la persona más certera sería mi madre. Aquella tarde frente a una tasa de té mi madre me contó lo que sabía de Jimena. Las hermosas hermanas, Jimena y Anabel habían sido casadas por sus padres con hombres convenientes. Anabel se casó con un español recién llegado que le dio una vida feliz y que le obsequió a sus hermosas hijas (entre ellas mi abuela), pero Jimena no corrió con la misma suerte, la casaron con un joven heredero mexicano que se había retirado a la Revolución para defender y hacerse de más hectáreas en un enorme rancho en San Martín Texmelucan. En aquellos años Dalia fue llevada a una hacienda donde el rico mexicano pidió a los sirvientes cuidar de ella mientras él estaba en la guerra, pero no contó con la presencia de otro español (hermano del esposo de Anabel) quien se enamoró de Dalia y con quien vivió un amorío de varios años dándole dos hijos, Vanessa y Daniel. El nombre de aquel hombre español era también Daniel, que por cierto es también mi nombre. Jimena se había enamorado de Daniel, un joven español de veinticinco años. A pesar de que el romance se había mantenido en secreto no faltó quien traicionó a la pareja lo que llevó a Jimena a abandonar la hacienda y a ocultarse en la casona del Centro de Puebla, la cual pertenecía a sus padres, pero una noche el esposo de Jimena acompañado de varios pistoleros llegó a la casa y asesinó a Jimena y a los niños, así como a sus padres. La madre de mi abuela y sus otros hermanos al no estar presentes se salvaron e hicieron todo lo posible por atrapar al mexicano asesino, pero fue aquel hombre Daniel quien lo encontró y ambos se mataron en el Puente de
  • 26.
    Obando en unenfrentamiento con armas. Todo eso sucedió alrededor de 1920. Entendí entonces que pasaba y porque yo me parecía tanto a los niños fantasmas, después de todo éramos de la misma familia. Entendí también porque el fantasma masculino me había agredido. En parte porque yo era idéntico a los niños y seguramente a aquel enemigo que le había robado el amor de la esposa, en parte porque yo mantenía un fuerte vínculo con ellos. Si bien entendía los motivos de la agresión no sabía si esta había continuado en todos esos años. Busqué en los libros de
  • 27.
    la facultad yencontré información de muchos científicos y esoteristas pero nada se parecía a lo que a mi familia acontecía. Busque en Internet, me entrevisté con ocultistas, pero no encontré respuestas. Como el arquitecto restaurador de la casona y yo habíamos hecho una excelente amistad –ya que él era también muy joven- , le comenté lo que en la casa acontecía. No me sorprendió que los albañiles le hubiesen reportado ruidos y extrañas presencias, así que ambos decidimos quedarnos una noche veraniega en la casona de mi familia. Llevamos de cenar y pasamos horas hablando de varios temas, entre ellos los fantasmas, pues el joven arquitecto originario de Cholula también era testigo directo de varios sucesos paranormales por parte de él o de su familia.
  • 28.
    Casi a lastres de la mañana mi buen amigo dormía plácidamente sobre una colchoneta cuando a mí una serie de ruidos me llamaron la atención. Salí de la habitación del departamento que habían habitado mis abuelos y frente a la fuente observe de nuevo a mi familia fantasma. Ahí estaban Jimena, Daniel y Vanessa. Les sonreía emocionado y sin el más mínimo temor les llame por sus nombres “Vanesa, Daniel, Jimena, soy yo, soy Daniel ¿me recuerdan?”.
  • 29.
    Pero mi felizreencuentro se vio interrumpido por una sensación helada a mí alrededor. En el fondo del patio, en torno a lo que había sido un baño común sentí la presencia de aquel fantasma agresivo. Aquel hombre de nombre Javier R. me miraba. 28
  • 30.
    No puedo explicarque me hizo sentir tanto valor, tal vez la empatía que sentía con mi familia fantasma, tal vez la sangre de Daniel el padre de los niños, la cual recorría mis venas, pero le grité – ¡Epah! Don Javier, aquí estoy, salga ahora que Daniel Ovando se encuentra aquí-. Utilicé el nombre del antepasado de los niños y mi tío. Una energía invisible y enorme se abalanzó sobre de mi golpeándome y tomándome con gran fuerza. Tal vez la aportación más grande de mi capacidad de ver fantasmas la descubrí en ese momento, pues tomé también al fantasma con toda mi fuerza, forcejeamos y pude sentir como lo lancé a un lado, momento en el que le grité -escúchame bien Javier, con mi familia no te metas ni hoy, ni nunca-. Recuerdo haberle gritado otras tantas cosas y sentir que de nuevo se
  • 31.
    lanzaba contra mí,y recuerdo volverle a tomar y volver a lanzarlo, también recuerdo sus gritos espectrales de gran furia, un casi imperceptible “te odio”, “te voy a matar”, pero también recuerdo que mi furia y mi adrenalina eran tales que no opacaron cualquier sensación de miedo. Después de todo aquel fantasma ya no enfrentaba al pequeño niño. La luz se prendió a mi espalda, era mi amigo el arquitecto que traía una pala en las manos y estaba listo para incorporarse a la pelea. Pero el fantasma se había ido. -¿Qué pasó Daniel?-, me preguntó alterado. Miré hacia el patio pero los niños y Jimena ya no estaban. Volví al departamento de mis abuelos y mi amigo me preparó un poco de té. –Lo viste ¿verdad? – me preguntó mientras observaba mi ropa
  • 32.
    desgarrada por fantasmalesjalones. Si, si lo vi y le advertí que no moleste a mi familia. El arquitecto me miró y me soltó una pregunta que me hizo sentir que se me helaba un poco la piel – mi querido amigo ¿crees en la rencarnación? Pocos días después mi amigo me llamó para mostrarme un entierro clandestino en la casona, los cuerpos de un hombre, una mujer y dos niños fueron hallados. De manera extra oficial el cuerpo del enorme hombre fue exhumado, lo llevé al panteón municipal, pero los cuerpos de la mujer y los niños los dejamos ahí, bajo la hermosa fuente que estaba siendo restaurada. Lamentablemente nunca pude averiguar dónde estaba enterrado Daniel de Ovando. Mi buen amigo, el arquitecto me comentó que los fenómenos paranormales
  • 33.
    cesaron en lacasona que visité durante su restauración y posteriormente, convertida en la oficina de un museo local. Alguna vez en broma mi amigo el arquitecto me dijo que el fantasma de Don Javier no volvería, pues sabía que yo estaba cuidando de mi familia fantasma y que eso los mantenía a la madre y a los niños en paz, no sé si será así.
  • 34.
    A veces imaginoque Jimena ya es un ángel que descansa en el cielo y que ya no está unida a una casona por una muerte violenta y una historia tan dramática, pero eso de ninguna manera me consta. Revisando de nuevo las fotos y las cartas encontré una en la que Jimena le escribe a Daniel lo siguiente: "Regálame un poquito de tus soles, en las noches oscuras. Regálame ese brillo de tus ojos que tienen rayos de sol; tu que estas en el mundo, en el afuera, dame el regalo de las miradas de cielo cuando el dorado te obsequia vida y calor"
  • 35.
    Como muestra demi profundo amor por Jimena escribí también una carta que coloqué entre las cartas y las fotos que por tanto tiempo han pertenecido a mi familia. En la carta entre otras cosas escribí: "Y reinas en mis noche como el reflejo de la luna en la fuente. Espejismo convertido en realidad. Y será que la luna real no está en el balde que la refleja cómo no es verdad mi percepción castigada de la realidad. Por eso, aun cuando amo su reflejo, amo más a la luna. Por eso amo más tu ser que sus expresiones, amo más tu ser que tu fantasma." A veces cuando camino en las noches de la ciudad de puebla puedo sentir una dulce presencia unos pasos tras de mí, a veces imagino que es ella, pero no estoy seguro. Por ahora las presencias han cesado, no he vuelto a ver fantasmas, pero nunca se sabe en el futuro que pasará. Una ocasión en un 2 de noviembre, caminando por las calles céntricas pasé por el frente de la casona de mis abuelos y observe la maravillosa ofrenda en la fuente, y me vino a la mente este pensamiento:
  • 36.
    "Conozco la luzdel sol a través del claro dorado de sus ojos, si el sol brilla tanto como sus miradas, entonces comprendo porque hay vida en esta tierra". Fin 35
  • 37.
    Isa Muñiz Es profesorainvestigadora en universidades públicas y privadas de México. Actualmente se desempeña en el ambito de la invetsigación en temas ligados al desarrollo sustentable, la economía social y solidaria y la superación de la pobresa. Como artista es sobrina del famoso pintor y cartonista Alejandro Montero. De tal forma que el amor por el arte le viene de familia. Desde 2004 es fotografa y ha colaborado con diversos medios esecialmente en el ambito de la fotografía de naturaleza y de la cultura. Es además ilustradora y dibujante, por lo que ha participado en varias obras publicadas por Trascender y otras editoriales. 36
  • 38.
    Obra de distribuciónlibre por internet, puede ser descargada, impresa y compartida siempre que se cite a la autora y la editorial “Trascender”. México 2018 Derechos de autor para Trascender y Espacio Feérico. 37