EL LLANTO DE LAS CALÉNDULAS

Entra un pequeño de seis años a la habitación, se acerca
sollozando al regazo de su padre que se encuentra
descansando en el diván:

Que tienes hijo?
Vengo de casa de mi prima y no quiero regresar ahí, me dio
miedo.
Tranquilo hijo, no pasa nada
Fuiste a casa de mi prima alguna vez?
Si, hijo, si fui una vez, ven acá y siéntate, te contare una
historia:

Si, recuerdo aquella vieja casa, majestuosa y sencilla a la
vez, una construcción clásica de la era victoriana, recatada y
finamente acabada hasta el más ínfimo detalle.
Pero lo que más recuerdo es mi última noche ahí, era
particularmente fría, la leve brisa que recorría los arboles
dejaba entrever la silueta de la luna que parecía empecinada
en el afán de esparcir su luz etérea correteando junto con las
sombras fantasmales en el jardín.

Mi habitación estaba en el segundo piso, era cómoda, pero
mi sueño esa noche era intranquilo, me recuerdo a mi mismo
cansado y somnoliento, rondando el umbral del sueño pero
sin lograr descender en el. Mi mente comenzaba a divagar y
ahondar en temas inútiles, lo que en un principio
comenzaban como pensamientos, de un momento a otro se
convertían en sueños, de los cuales despertaba tan pronto
como comenzaban. El silencio era tan intenso que parecía

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zumbarme en los oídos, tanta calma era abrumarte, me
levanté de mi cama para abrir la ventana, así, al azotar el
viento aplacaba un poco aquel inquietante silencio. Casi
parecía cíclico, predecible: diez minutos de calma absoluta
quebrantados por treinta segundos del contrastante ruido del
viento azotando mi ventana, luego, calma nuevamente...
sucedía así una y otra vez, mis pensamientos se estaban
convirtiendo en sueños paulatinamente hasta que...
toc, toc, toc...
Esta vez el viento no había azotado la ventana, parecía que
había tocado en ella como quien toca quedamente a la
puerta, era apenas audible, tan levemente perceptible, pero
sin embargo, fue lo suficientemente fuerte como para
despertarme de aquel leve sueño y alertar mis sentidos que
ahora se encontraban enfocados en aquella ventana.
¿realmente lo abre escuchado?, o solamente fue un reflejo
inocuo de un leve y muy corto sueño...

Permanecí en silencio, quieto e inmutable intentando
escuchar, analizar aquel silencio que nuevamente zumbaba
en mis oídos... ¿habrá sido real?, o solamente un juego
inmaduro de mi propia mente?, No, se que era real...

Comencé a pensar en esto y a hacer remembranzas de
pasadas añoranzas, nuevamente, comenzaba con un tema y
una cosa me llevaba a la otra, alejándome cada vez mas del
tema en cuestión...

Toc, toc, toc,



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Ahí está nuevamente, me dormí sin darme cuenta, pero aquel
sonido me despertó, es inconfundible, tan leve como la vez
primera pero ahora estoy seguro el haberlo escuchado.
Rápidamente me incorporé en la cama y observo la ventana,
la luz de la luna se cuela dentro de la habitación dibujando
así macabras manos con las sombras de los árboles secos que
se mecen a voluntad del viento.

Mi mente se turbó imaginando el ser que llamaba a mi
ventana, me acerqué lentamente intentando agudizar mis
sentidos cual gato en cacería, hasta que lo escuché... No era
alguien tocando a mi ventana, sino, un sollozo, si bien el
sonido no era menos aterrador que el anterior, al menos
ahora era más revelador. Abrí la ventada de par en par y me
asomé al balcón, nunca lo olvidaré...

Abajo, en un rincón del jardín trasero, junto a la fuente, se
hallaban las caléndulas, iluminadas suavemente con la luz de
la luna, se movían tímidamente al ritmo del vals que el
viento tocaba u de su interior provenía un llanto que, en
cierto sentido, parecía acogedor.

La intriga le ganó al temor, al menos en esta ocasión, no
concebía en mi mente lo que estaba atestiguando, no lo
comprendía, pero mientras miraba absorto, pude notar algo
mas, no era un solo llanto, cada caléndula parecía llorar junto
a su compañera de al lado, produciendo entre todas este leve
y melancólico llanto. El sentimiento de dolor y sufrimiento
de aquellas flores era tanto que durante un breve momento,
incluso yo fui capaz de sentirlo.


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De entre las hojas de aquellas bellas flores surgió una mano,
y con esta, un vestido grisáceo y traslucido, lo vestía una
joven de cabello negro que parecía lamentarse junto a las
caléndulas, me pareció una escena verdaderamente triste.

Apenas un instante después, una ráfaga de viento descendió
desde la nada, azotando las caléndulas y despojándolas de
sus pétalos, estos se esparcieron, parecían volar libres al
olvido llevándose con ellos aquel llanto que se apagaba
lentamente en la distancia. El vestido de la joven y ella
misma, parecieron también ser arrasados por el viento para
mezclarse entre aquellos pétalos que se alejaban cada vez
más, todo se desvaneció en el aire dejando atrás un jardín
sombrío, silencioso y solitario.

Cerré mi ventana y regrese a la cama sin poder ya conciliar
el sueño, solamente me quede ahí, inmóvil y con la mente en
blanco...

Aunque aquella noche parecía eterna, el día en realidad no
tardo tanto en llegar, en mi mente permanecía impregnada la
imagen de aquella joven dama con su sobrecogedora tristeza
y desesperanza. Intenté levantar mis ánimos y así olvidar
aquí suceso.

Me bañe y vestí para bajar a desayunar, ahí se encontraba mi
tía abuela Elsa. Comenzamos a hablar amenamente de uno y
mil temas y luego, como siempre, una cosa llevó a la otra y
sin darme cuenta nos encontramos hablando sobre mi
experiencia en la noche anterior.


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Elsa parecía prestar especial atención a mis palabras,
escuchaba atentamente todo lo que decía y cuando
finalmente termine de narrar lo sucedido, ella tomo aire en
un profundo suspiro, dirigió su mirada hacia el techo, o tal
vez a la nada, como quien recuerda una historia de toda una
vida pasada.

“Melina” susurró Elsa después de un largo silencio, y hubo
silencio por un rato más.

Se llama Melina – me dijo con los ojos aguados y no es
ninguna extraña, ella era mi hija.

Me quedé pasmado, no sabía que decir ni que pensar, no
sabía que mi tía Elsa hubiese tenido hijos, pensaba que... no
se... que era estéril o que nunca se había encontrado con su
pareja ideal, aunque pensándolo bien, en realidad nunca
había pensado en eso hasta aquel momento.

Termine mi café de un sorbo intentando espantar el sueño
remanente que aun pudiese quedar, hice mi desayuno a un
lado, quería escuchar la historia de la hija de mi tía Elsa, y
afortunadamente, ella no se hizo de rogar.

Sé que esta conversación fue hace ya muchos años, pero es
una de esas cosas que jamás se olvida, recuerdo claramente
como me lo relato:

Elsa se encontraba en la plenitud de su vida, estaba casada
con mi tío abuelo Víctor, eran una hermosa pareja, el dinero
no les hacía falta, pero los hijos sí. Vivian en esa misma

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casa, donde yo pase aquella noche, los años pasaban uno tras
otro y ellos siguieron sin poder concebir; sin embargo, un día
tuvieron la posibilidad de adoptar una niña recién nacida, no
lo dudaron, la nombraron Melina.

La niña creció rodeada de mucho afecto, nunca le falto nada,
haya sido material o afectivo, tuvo la mejor educación que se
podía pagar y los mejores padres que podía desear, todo era
ideal. Melina sabía que no era hija biológica, pues entre ellos
nunca hubo secretos; sin embargo, eso en realidad no
importaba, ella era una verdadera hija y ellos unos
verdaderos padres.

Una tarde de octubre, cuando Melina había alcanzado ya los
17 años, llegó a casa su tía Iris, la hermana de Elsa, Iris
parecía agonizar, se encontraba tan enferma y su salud tan
deteriorada que parecía que había llegado a aquel lugar a
morir. Pero con el tiempo las cosas no se dieron así. Unas
semanas más tarde, Iris se recuperaba notablemente, era ya
una mujer alegre y jovial, pasaba la mayor parte del tiempo
con Melina, hacían muchas cosas juntas, se compartían
secretos y hablaban sin tabúes, había una sincera
complicidad entres las dos, con el paso del tiempo se habían
vuelto inseparables amigas.

Una noche, antes de irse a dormir, Melina se dirigió a la
habitación de Iris con un cesto lleno de caléndulas, eran
flores hermosas que había recogido en el jardín con la idea
de hacerse adornos para el cabello, la puerta de la habitación
de Iris se encontraba entreabierta, la luz al interior era tenue
pero podía verse con facilidad hacia dentro, cuando Melina

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se acercó, sintió una fuerte punzada en el estómago, dentro
de la habitación vio a Iris con su padre, acariciándose como
solo dos amantes lo harían, Melina quedó muda,
conteniéndose y en silencio, regresó a su habitación. Se
sentía traicionada, defraudada, el ver a su mejor amiga con
su padre la había cambiado. Se acostó en su cama y tomó
sobre su pecho el cesto con las caléndulas, las tomaba una a
una arrancándoles los pétalos lentamente uno por vez, cada
pétalo evocaba un recuerdo, un resentimiento, una idea, lloró
toda la noche, y no durmió ideando en como vengarse.

A la mañana siguiente, Melina no bajo a desayunar, tenía los
ojos hinchados de tanto llorar pero se los disimuló como
pudo, arregló una mesa de té en una esquina del jardín junto
a las caléndulas, era el lugar favorito de ella y su tía Iris. Las
tres se encontraban ahí, y hablaban y hablaban como si
tuviesen años sin verse, tal y como de costumbre. Melina
sirvió el té para ella y su madre, no alcanzó para Iris pero fue
a la cocina a traer más, lo había endulzado con un toque de
veneno.

Las tres charlaban amenamente y en medio de las risas Iris
se sintió mareada, cayó inconsciente al suelo antes de
siquiera poder detenerse, en pocos segundos yacía muerta
sobre el césped. Elsa abrazo a su hermana y lloró
desconsolada sobre su cadáver, en medio del llanto vio a
Melina que permanecía en pie junto a ella sin mostrar
ninguna emoción, y con un dolor que cualquiera pudiese
decir que viene del alma, Elsa le dijo a Melina: “Melina, esa
mujer que acaba de morir era tu madre”.


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No hubo palabras, Melina permaneció inmóvil y en
silencio... paralizada. Las caléndulas que se movían con el
viento eran los únicos testigos silenciosos de aquel nefasto
momento.

Mi tía Elsa me comentó que luego de eso, Melina enfermó,
cayó en una profunda depresión y cuando tuvo una crisis de
nervios fue ingresada en un hospital de salud mental, por lo
que después se supo que era un trastorno maniaco depresivo.
Se volvió apática, no reconocía a nadie, pero una tarde, en un
atisbo de cordura durante una visita, le contó a Elsa todo lo
sucedido anteriormente, al poco tiempo, Melina murió.

Mi tía no termino su desayuno, sus envejecidos ojos se le
notaban cansados y llorosos, me dijo que a pesar de lo
sucedido, nunca se fue de esa casa, decía que de vez en
cuando aun podía sentir que Melina, quien para ella era un
verdadera hija, aun permanecía ahí. Elsa se levantó de la
mesa y dio la vuelta, luego me preguntó por mis quehaceres
como si nada hubiese pasado, luego de eso, jamás volvió a
hablar del tema, yo me fui de ahí esa tarde y ya no regrese
nuevamente, mi tía falleció tres meses después de ese día.

Por eso hijo mío, no debes temerle al llanto que escuchaste
en las caléndulas en casa de tu prima, pues por lo que me
dices, parece que ellas aún lloran la tragedia de aquella
historia...




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CALÉNDULAS




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El llanto de las caléndulas

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    EL LLANTO DELAS CALÉNDULAS Entra un pequeño de seis años a la habitación, se acerca sollozando al regazo de su padre que se encuentra descansando en el diván: Que tienes hijo? Vengo de casa de mi prima y no quiero regresar ahí, me dio miedo. Tranquilo hijo, no pasa nada Fuiste a casa de mi prima alguna vez? Si, hijo, si fui una vez, ven acá y siéntate, te contare una historia: Si, recuerdo aquella vieja casa, majestuosa y sencilla a la vez, una construcción clásica de la era victoriana, recatada y finamente acabada hasta el más ínfimo detalle. Pero lo que más recuerdo es mi última noche ahí, era particularmente fría, la leve brisa que recorría los arboles dejaba entrever la silueta de la luna que parecía empecinada en el afán de esparcir su luz etérea correteando junto con las sombras fantasmales en el jardín. Mi habitación estaba en el segundo piso, era cómoda, pero mi sueño esa noche era intranquilo, me recuerdo a mi mismo cansado y somnoliento, rondando el umbral del sueño pero sin lograr descender en el. Mi mente comenzaba a divagar y ahondar en temas inútiles, lo que en un principio comenzaban como pensamientos, de un momento a otro se convertían en sueños, de los cuales despertaba tan pronto como comenzaban. El silencio era tan intenso que parecía 1
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    zumbarme en losoídos, tanta calma era abrumarte, me levanté de mi cama para abrir la ventana, así, al azotar el viento aplacaba un poco aquel inquietante silencio. Casi parecía cíclico, predecible: diez minutos de calma absoluta quebrantados por treinta segundos del contrastante ruido del viento azotando mi ventana, luego, calma nuevamente... sucedía así una y otra vez, mis pensamientos se estaban convirtiendo en sueños paulatinamente hasta que... toc, toc, toc... Esta vez el viento no había azotado la ventana, parecía que había tocado en ella como quien toca quedamente a la puerta, era apenas audible, tan levemente perceptible, pero sin embargo, fue lo suficientemente fuerte como para despertarme de aquel leve sueño y alertar mis sentidos que ahora se encontraban enfocados en aquella ventana. ¿realmente lo abre escuchado?, o solamente fue un reflejo inocuo de un leve y muy corto sueño... Permanecí en silencio, quieto e inmutable intentando escuchar, analizar aquel silencio que nuevamente zumbaba en mis oídos... ¿habrá sido real?, o solamente un juego inmaduro de mi propia mente?, No, se que era real... Comencé a pensar en esto y a hacer remembranzas de pasadas añoranzas, nuevamente, comenzaba con un tema y una cosa me llevaba a la otra, alejándome cada vez mas del tema en cuestión... Toc, toc, toc, 2
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    Ahí está nuevamente,me dormí sin darme cuenta, pero aquel sonido me despertó, es inconfundible, tan leve como la vez primera pero ahora estoy seguro el haberlo escuchado. Rápidamente me incorporé en la cama y observo la ventana, la luz de la luna se cuela dentro de la habitación dibujando así macabras manos con las sombras de los árboles secos que se mecen a voluntad del viento. Mi mente se turbó imaginando el ser que llamaba a mi ventana, me acerqué lentamente intentando agudizar mis sentidos cual gato en cacería, hasta que lo escuché... No era alguien tocando a mi ventana, sino, un sollozo, si bien el sonido no era menos aterrador que el anterior, al menos ahora era más revelador. Abrí la ventada de par en par y me asomé al balcón, nunca lo olvidaré... Abajo, en un rincón del jardín trasero, junto a la fuente, se hallaban las caléndulas, iluminadas suavemente con la luz de la luna, se movían tímidamente al ritmo del vals que el viento tocaba u de su interior provenía un llanto que, en cierto sentido, parecía acogedor. La intriga le ganó al temor, al menos en esta ocasión, no concebía en mi mente lo que estaba atestiguando, no lo comprendía, pero mientras miraba absorto, pude notar algo mas, no era un solo llanto, cada caléndula parecía llorar junto a su compañera de al lado, produciendo entre todas este leve y melancólico llanto. El sentimiento de dolor y sufrimiento de aquellas flores era tanto que durante un breve momento, incluso yo fui capaz de sentirlo. 3
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    De entre lashojas de aquellas bellas flores surgió una mano, y con esta, un vestido grisáceo y traslucido, lo vestía una joven de cabello negro que parecía lamentarse junto a las caléndulas, me pareció una escena verdaderamente triste. Apenas un instante después, una ráfaga de viento descendió desde la nada, azotando las caléndulas y despojándolas de sus pétalos, estos se esparcieron, parecían volar libres al olvido llevándose con ellos aquel llanto que se apagaba lentamente en la distancia. El vestido de la joven y ella misma, parecieron también ser arrasados por el viento para mezclarse entre aquellos pétalos que se alejaban cada vez más, todo se desvaneció en el aire dejando atrás un jardín sombrío, silencioso y solitario. Cerré mi ventana y regrese a la cama sin poder ya conciliar el sueño, solamente me quede ahí, inmóvil y con la mente en blanco... Aunque aquella noche parecía eterna, el día en realidad no tardo tanto en llegar, en mi mente permanecía impregnada la imagen de aquella joven dama con su sobrecogedora tristeza y desesperanza. Intenté levantar mis ánimos y así olvidar aquí suceso. Me bañe y vestí para bajar a desayunar, ahí se encontraba mi tía abuela Elsa. Comenzamos a hablar amenamente de uno y mil temas y luego, como siempre, una cosa llevó a la otra y sin darme cuenta nos encontramos hablando sobre mi experiencia en la noche anterior. 4
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    Elsa parecía prestarespecial atención a mis palabras, escuchaba atentamente todo lo que decía y cuando finalmente termine de narrar lo sucedido, ella tomo aire en un profundo suspiro, dirigió su mirada hacia el techo, o tal vez a la nada, como quien recuerda una historia de toda una vida pasada. “Melina” susurró Elsa después de un largo silencio, y hubo silencio por un rato más. Se llama Melina – me dijo con los ojos aguados y no es ninguna extraña, ella era mi hija. Me quedé pasmado, no sabía que decir ni que pensar, no sabía que mi tía Elsa hubiese tenido hijos, pensaba que... no se... que era estéril o que nunca se había encontrado con su pareja ideal, aunque pensándolo bien, en realidad nunca había pensado en eso hasta aquel momento. Termine mi café de un sorbo intentando espantar el sueño remanente que aun pudiese quedar, hice mi desayuno a un lado, quería escuchar la historia de la hija de mi tía Elsa, y afortunadamente, ella no se hizo de rogar. Sé que esta conversación fue hace ya muchos años, pero es una de esas cosas que jamás se olvida, recuerdo claramente como me lo relato: Elsa se encontraba en la plenitud de su vida, estaba casada con mi tío abuelo Víctor, eran una hermosa pareja, el dinero no les hacía falta, pero los hijos sí. Vivian en esa misma 5
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    casa, donde yopase aquella noche, los años pasaban uno tras otro y ellos siguieron sin poder concebir; sin embargo, un día tuvieron la posibilidad de adoptar una niña recién nacida, no lo dudaron, la nombraron Melina. La niña creció rodeada de mucho afecto, nunca le falto nada, haya sido material o afectivo, tuvo la mejor educación que se podía pagar y los mejores padres que podía desear, todo era ideal. Melina sabía que no era hija biológica, pues entre ellos nunca hubo secretos; sin embargo, eso en realidad no importaba, ella era una verdadera hija y ellos unos verdaderos padres. Una tarde de octubre, cuando Melina había alcanzado ya los 17 años, llegó a casa su tía Iris, la hermana de Elsa, Iris parecía agonizar, se encontraba tan enferma y su salud tan deteriorada que parecía que había llegado a aquel lugar a morir. Pero con el tiempo las cosas no se dieron así. Unas semanas más tarde, Iris se recuperaba notablemente, era ya una mujer alegre y jovial, pasaba la mayor parte del tiempo con Melina, hacían muchas cosas juntas, se compartían secretos y hablaban sin tabúes, había una sincera complicidad entres las dos, con el paso del tiempo se habían vuelto inseparables amigas. Una noche, antes de irse a dormir, Melina se dirigió a la habitación de Iris con un cesto lleno de caléndulas, eran flores hermosas que había recogido en el jardín con la idea de hacerse adornos para el cabello, la puerta de la habitación de Iris se encontraba entreabierta, la luz al interior era tenue pero podía verse con facilidad hacia dentro, cuando Melina 6
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    se acercó, sintióuna fuerte punzada en el estómago, dentro de la habitación vio a Iris con su padre, acariciándose como solo dos amantes lo harían, Melina quedó muda, conteniéndose y en silencio, regresó a su habitación. Se sentía traicionada, defraudada, el ver a su mejor amiga con su padre la había cambiado. Se acostó en su cama y tomó sobre su pecho el cesto con las caléndulas, las tomaba una a una arrancándoles los pétalos lentamente uno por vez, cada pétalo evocaba un recuerdo, un resentimiento, una idea, lloró toda la noche, y no durmió ideando en como vengarse. A la mañana siguiente, Melina no bajo a desayunar, tenía los ojos hinchados de tanto llorar pero se los disimuló como pudo, arregló una mesa de té en una esquina del jardín junto a las caléndulas, era el lugar favorito de ella y su tía Iris. Las tres se encontraban ahí, y hablaban y hablaban como si tuviesen años sin verse, tal y como de costumbre. Melina sirvió el té para ella y su madre, no alcanzó para Iris pero fue a la cocina a traer más, lo había endulzado con un toque de veneno. Las tres charlaban amenamente y en medio de las risas Iris se sintió mareada, cayó inconsciente al suelo antes de siquiera poder detenerse, en pocos segundos yacía muerta sobre el césped. Elsa abrazo a su hermana y lloró desconsolada sobre su cadáver, en medio del llanto vio a Melina que permanecía en pie junto a ella sin mostrar ninguna emoción, y con un dolor que cualquiera pudiese decir que viene del alma, Elsa le dijo a Melina: “Melina, esa mujer que acaba de morir era tu madre”. 7
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    No hubo palabras,Melina permaneció inmóvil y en silencio... paralizada. Las caléndulas que se movían con el viento eran los únicos testigos silenciosos de aquel nefasto momento. Mi tía Elsa me comentó que luego de eso, Melina enfermó, cayó en una profunda depresión y cuando tuvo una crisis de nervios fue ingresada en un hospital de salud mental, por lo que después se supo que era un trastorno maniaco depresivo. Se volvió apática, no reconocía a nadie, pero una tarde, en un atisbo de cordura durante una visita, le contó a Elsa todo lo sucedido anteriormente, al poco tiempo, Melina murió. Mi tía no termino su desayuno, sus envejecidos ojos se le notaban cansados y llorosos, me dijo que a pesar de lo sucedido, nunca se fue de esa casa, decía que de vez en cuando aun podía sentir que Melina, quien para ella era un verdadera hija, aun permanecía ahí. Elsa se levantó de la mesa y dio la vuelta, luego me preguntó por mis quehaceres como si nada hubiese pasado, luego de eso, jamás volvió a hablar del tema, yo me fui de ahí esa tarde y ya no regrese nuevamente, mi tía falleció tres meses después de ese día. Por eso hijo mío, no debes temerle al llanto que escuchaste en las caléndulas en casa de tu prima, pues por lo que me dices, parece que ellas aún lloran la tragedia de aquella historia... 8
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