Cristóbal era un humiks que recibía muchos puntos grises de los otros humiks por sus fallas y torpezas. Esto lo hacía sentirse mal consigo mismo. Un día conoció a Sofía, una humiks que no tenía puntos ni estrellas porque estas no se pegaban en su madera. Sofía le dijo que fuera a ver a Elí, el artesano que los creó. Cuando Cristóbal visitó a Elí, este le dijo que era especial para él porque lo había creado y que no cometía errores, y que no debía preocuparse por lo que pensaran