Este poema de Iriarte narra la historia de una ardilla que observa a un caballo entrenándose y le dice que ella también es muy ágil y activa. El caballo responde que aunque ella se mueva mucho, él usa su habilidad para servir a su dueño, insinuando que la ardilla no usa su energía de manera útil. El poema concluye que algunos escritores son como la ardilla al desperdiciar su talento en obras frívolas en lugar de crear algo de valor.