Benito tenía miedo a subir al ático de su nueva casa por creer que había fantasmas escondidos. Su tío Germán, un psicólogo, le propuso dibujar a los fantasmas o describir su miedo, pero Benito no pudo porque eran invisibles. Finalmente, su tío lo llevó al ático para demostrarle que no había nada de qué tener miedo y que los fantasmas estaban sólo en su cabeza.