La autora recuerda las visitas de su infancia a la casa de su abuela, donde una habitación negra y una puerta verde le provocaban gran temor. Una noche escuchó ruidos extraños que pensó que eran fantasmas, aunque su abuela y hermano no los oyeron. Más tarde, decidida a probar la existencia de fantasmas, exploró la habitación negra y descubrió la fuente de los ruidos.