El documento describe la mañana de Gustavo, un niño de 10 años que vive con su abuela. Gustavo disfruta imaginándose como un científico loco planeando conquistar el mundo con sus monstruos. Más tarde, encuentra caramelos escondidos que lo ponen de buen humor. Planea revisar sus experimentos en el ático antes de ir a la escuela, esperando dar vida a sus creaciones esa misma noche.