El documento describe la historia de las retenciones agropecuarias en Argentina. Fueron impuestas en 2002 para enfrentar la pobreza generada por la crisis económica y fueron aumentando progresivamente hasta alcanzar el 35% para la soja en 2007. Esto tuvo consecuencias negativas como el deterioro de la infraestructura, la falta de inversión en energía, y la concentración de la producción, afectando a miles de pequeños productores.