Helen Keller era una niña sorda y ciega cuya falta de audición y visión inicialmente causó un comportamiento descontrolado y agresivo. Sus padres buscaron ayuda de la maestra Anne Sullivan, quien se dio cuenta de que a pesar de sus discapacidades sensoriales, la mente de Helen estaba intacta. Anne enseñó a Helen nuevas formas de comunicarse y comportarse a través del tacto, lo que le permitió a Helen aprender habilidades como alimentarse con una cuchara y nombrar objetos. El documento concluye que a