Halloween tiene su origen en las festividades celtas del Samhain, asociadas al fin del verano y al inicio del invierno. Los celtas creían que en esta fecha los espíritus podían cruzar entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Con la llegada de los romanos y los cristianos, la festividad incorporó nuevos elementos y significados hasta convertirse en la celebración secular y comercial actual, centrada en disfraces, dulces y actividades de miedo.