La crisis económica y social en Centroamérica durante la década de 1970 se intensificó por el aumento de los precios del petróleo y la subida de la deuda externa, llevando a una mayor pobreza y descontento social que resultó en guerras civiles en varios países. A pesar de los intentos del FMI y el BM de aliviar la situación, los gobiernos militares respondieron con represión, mientras que en Nicaragua, los insurgentes lograron tomar el poder, solo para enfrentarse a problemas de corrupción y conflictos internos. La inestabilidad económica, las luchas obreras y la influencia de superpotencias como EE. UU. y la URSS exacerbaron la crisis, dejando profundas marcas en la sociedad, con un éxodo masivo hacia otros países en busca de mejores condiciones de vida.