El texto analiza cómo el cristianismo, especialmente las enseñanzas de San Pablo, introdujo una visión negativa del matrimonio y la sexualidad, promoviendo una ética sexual que se convirtió en la norma para la tradición católica. Esta ideología generó una erotofobia que se manifestó en prácticas sociales y religiosas restrictivas, afectando la salud mental y física de los individuos. A lo largo de la historia, la medicina se ha influido por esta moralidad, perpetuando miedos y patologías asociados a la sexualidad, hasta la recepción de nuevas visiones en el siglo XX gracias a estudios como los de Alfred Kinsey.