HOLA, SOY PROFESOR DE UN COLEGIO CONCERTADO

Hola, soy profesor de un colegio concertado. No soy religioso y
en realidad estoy en total desacuerdo con muchas ideas de la
iglesia católica, pero soy profesor de un colegio de monjitas y
debo decirle a la madre superiora “amén, Jesús” una y otra vez
para conservar mi puesto. No soy religioso, pero me trago mis
principios y soy profesor en un colegio de monjitas. Soy
profesor de un colegio concertado. Tenía una novia y me tuve
que casar con ella por la iglesia, pese a que ella habría preferido
no casarse o hacerlo por el juzgado. Pero soy profesor de un
colegio concertado, no me critiquen, por favor, que no soy
funcionario.

Hola, soy profesor de un colegio concertado. Antes no iba nunca
a misa, pero ahora voy todas las semanas a la eucaristía del
cole, y además ayudo a las monjitas en su preparación y
comento el cura lo acertado de su edificante sermón al acabar.
Antes nunca iba a misa, pero ahora soy profesor de un colegio
concertado, las monjitas me han hecho ver lo equivocado que
estaba cuando no iba a misa, no me critiquen, por favor, que no
soy funcionario.

En mi colegio hay más o menos los mismos problemas de
indisciplina -falta de respeto de los alumnos y los padres hacia
mi labor, falta de nivel, etc- que en un instituto público, pero las
monjitas, que son muy buenas y muy amables con los papás, se
encargan de que eso no se sepa. Soy profesor de un colegio
concertado, mi imagen y la imagen de mi colegio son muy
importantes, por eso tengo que callarme muchas cosas y no
puedo airear por ahí las faltas de respeto a las que me someten
los alumnos o los padres, pues mi puesto se debe a ellos y las
monjitas lo saben. Soy profesor de un colegio concertado,
respétenme, que yo no soy funcionario, merezco más respeto
que un funcionario.

Soy profesor de un colegio concertado. El nivel de los alumnos
baja en picado a medida que pasan los cursos, pero no puedo
exigirles todo lo que me gustaría. Las monjitas, que son unas
señoras muy listas y muy amables, saben que los papás quieren
que sus hijitos aprueben. Por ello me presionan en las sesiones
de evaluación para que incremente el número de aprobados, y
yo se lo agradezco, pues lo hacen suavemente, casi ni lo noto, y
además lo hacen por mi bien. Las monjitas saben que si
apruebo a muchos alumnos, los papás estarán contentos y yo
tendré mi puesto asegurado. Así que, por favor, no me
critiquen, que yo no soy funcionario, yo soy profesor de un
colegio concertado.

Soy profesor de un colegio concertado. Todos los años voy de
excursión con mis alumnos. A veces me gustaría decirle a las
monjitas que no quiero ir, ya que mi labor es enseñar y no
ejercer de animador sociocultural. Pero las monjitas, que son
muy buenas, saben que las excursiones ponen contentos a los
papás. Y me presionan para que vaya, y yo voy, porque las
monjitas saben lo que es bueno para mí y hacen bien en
presionarme. Además participo en todas las funciones del cole,
colaboro en montar el belén y canto villancicos en navidad como
el que más, porque eso pone a las monjitas contentas. Y las
monjitas son buenas y me dan de comer, así que yo les estoy
agradecido y canto los villancicos con mucho entusiasmo.
Porque soy profesor de un colegio concertado, no me critiquen,
por favor, que no soy funcionario.

Soy profesor de un colegio concertado. Me presento a las
oposiciones una y otra vez, pero no consigo aprobarlas. Dicen
que en la pública no hay monjitas, que allí puedo ser yo mismo
y no tengo que fingir, que allí puedo tener independencia de
criterio en mi vida personal y a nivel profesional. Por eso me
presento todos los años a las oposiciones. Y las monjitas lo
saben, pero no me lo reprochan, igual que yo tampoco les digo
a ellas que me gustaría ser libre. Ellas me mantienen en el
puesto y me dejan que oposite porque saben que no es tan fácil
que yo llegue a irme del colegio, saben que aprobar una
oposición es muy duro y necesitaría mucho tiempo para
prepararla. Así que procuran mantenerme siempre ocupado y
me sobrecargan con miles de tareas de todo tipo a las que yo
nunca me niego. Sé que así nunca llegaré a ser funcionario,
pero lo sigo intentando. Y ellas me lo siguen permitiendo,
siempre que yo lo haga en secreto y no les diga a los papás que
quiero ser funcionario. Las monjitas son buenas y me cuidan,
saben que si me hiciese funcionario podría vivir de acuerdo con
mis principios, en lugar de adecuar mis principios a como ellas
me obligan a vivir. Y ellas me quieren, saben lo que es bueno
para mí, por eso hacen todo lo posible para que yo no caiga en
la senda del mal, para que no me haga funcionario. Por favor,
respétenme, que soy profesor de un colegio concertado, yo sí
merezco respeto, yo no soy funcionario.
Soy profesor de un colegio concertado. Cobro un poco menos
que los profesores funcionarios y doy alguna hora más de clase.
Pero eso cada vez importa menos, pues a los profesores
funcionarios cada vez les ponen más horas de clase y de
reuniones, así que ya casi estamos igual. Y la diferencia en el
salario es mínima. Incluso puede que ahora estemos ya
equiparados, pues a ellos les van a recortar la nómina y a mí
no. Además los sindicatos mayoritarios me defienden. Ellos
dicen que a igualdad de trabajo debería haber igualdad de
sueldo. Por eso dicen que yo tengo que cobrar lo mismo que los
funcionarios y luchan para la homologación salarial entre ambos
tipos de profesores. Pero no luchan para que yo tenga que
superar una oposición igual que los funcionarios si quiero ganar
el mismo sueldo. Es curioso, porque con el recorte del salario de
los funcionarios voy a conseguir aquello a lo que siempre he
aspirado: ganar lo mismo que los funcionarios. Lo que pasa es
que la homologación es a la baja. Pero no importa, porque los
políticos me defienden y me dan prestigio y se van a encargar
de que con el tiempo yo gane más dinero que los funcionarios.
Porque es justo que les quiten el dinero a ellos y me lo den a
mí, ya lo verán, tarde o temprano lo conseguiré. Pero no me
critiquen, yo no soy funcionario, yo sí merezco respeto.

Soy profesor de un colegio concertado. Los profesores
funcionarios deben demostrar que se ganan el puesto según los
principios de igualdad, mérito y capacidad. Yo no he tenido que
hacer eso. Los funcionarios son tontos. Yo soy más listo que
ellos porque conocía a una monjita y ella me dio el puesto. Así
que no he tenido que competir por el puesto y demostrar mis
conocimientos en una prueba objetiva, simplemente he tenido
que hablar con la monjita y prometerle que voy a hacerle mucho
la pelota. Y la monjita me ha dado el puesto y yo se lo
agradezco, pues ella me cuida y sabe lo que es bueno para mí.
Pero no me critiquen, por favor, que yo no soy funcionario, yo sí
merezco respeto, los malos son los funcionarios.

Soy profesor de un colegio concertado. Los profesores
funcionarios tienen la plaza fija y cobran del estado, pero se lo
han ganado tras unas duras pruebas de selección. Yo también
tengo la plaza fija, la única condición que tengo que cumplir
para ello es sonreírle mucho a las monjitas, hacer lo que ellas
me dicen en todo momento y mostrar una buena imagen para
que los papás estén contentos conmigo. Y si tengo que aprobar
a los alumnos que no saben, yo lo hago feliz, porque sé que así
tengo el puesto fijo. Y además yo cobro del estado, igual que los
funcionarios, pero eso no importa, pues los papás tienen
“derecho a elegir” y saben que yo doy una buena imagen y que
en el cole de las monjitas todo es muy bonito y muy precioso y
todos somos muy felices. Mi conciencia me dice que no es ético
desviar dinero público para financiar un negocio privado como
es el colegio de las monjitas. Pero el “derecho a elegir” de los
padres es más importante que mi conciencia. Además las
monjitas son muy buenas y han admitido a un par de niños
inmigrantes, pero lo hacen como obra de caridad, porque son
muy buenas, y porque así justificamos ese desvío de fondos que
en realidad sabemos que es inmoral. Y los papás lo entienden y
no les importa, y seguirán mandando a sus hijitos aquí, porque
les gusta que haya un par de inmigrantes que pongan colorido
racial al centro, pero que no molesten mucho. Además así los
papás se sienten buenos cristianos y limpian su conciencia
burguesa. No es como en los institutos públicos, donde hay más
niños inmigrantes y varios gitanos, eso no les gustaría a los
papás, aunque los papás no son racistas. Y como los papás no
son racistas, aquí tenemos dos alumnos inmigrantes, pero sólo
dos, que así se integran mejor, y todos somos felices viendo su
integración y todos los queremos mucho porque así los demás
saben que somos solidarios y buenos cristianos. No me
critiquen, que yo no soy funcionario, yo sí soy un buen profesor,
yo soy profesor de un colegio concertado.

Soy profesor de un colegio concertado. Los profesores
funcionarios pasan normalmente mucho tiempo de interinos, sin
plaza fija y sin saber lo que les depara el futuro, antes de ser
funcionarios. Y después de ser funcionarios también se pasan
muchos años cambiando de centro cada poco mientras están en
expectativa de destino. Y cuando les dan el destino definitivo ya
son bastante mayores y ya tienen familia, hipoteca y todas esas
cosas y se tienen que ir lejos, y dejarlo todo, pues la ley les
obliga a trabajar en el destino definitivo que les toque, que
muchas veces es muy lejos de su casa. Y a veces se pasan
varios años fuera hasta poder volver, y sólo ven a sus parejas y
a sus hijos en vacaciones y en los puentes. Pero yo soy profesor
de un colegio concertado. Yo siempre estoy en el mismo colegio,
las monjitas me tienen mucho cariño y no me desplazan. Los
funcionarios son tontos por servir a la sociedad. Yo prefiero
servir a las monjitas. Ellas son buenas y me mantienen siempre
cerca de mi casa. Y lo único que me piden a cambio es que sea
un buen cristiano y que dé buena imagen. Y yo cumplo con ello,
porque las monjitas me quieren mucho y yo a ellas también.
Pero no me critiquen, por favor, que yo no soy funcionario, yo sí
merezco respeto, yo no vivo fiel a mis principios, pero soy
profesor de un colegio concertado, y por eso merezco más
respeto que un funcionario.

Soy profesor de un colegio concertado. En Finlandia la
enseñanza es totalmente pública y gratuita, salvo un
reducidísimo número de colegios privados (no concertados) a
los que van algunas personas que son una ínfima minoría. Y la
enseñanza pública, gratuita, y donde trabajan profesores
similares a los que aquí llamamos con desprecio “funcionarios”
es allí muy prestigiosa y obtiene buenos resultados. Pero aquí
nos dicen que no es así, que la enseñanza privada siempre es
mejor que la pública, porque en España en el fondo hay mucho
elitismo aunque no nos atrevamos a decirlo, que queda feo decir
esas cosas. Los políticos y la sociedad dicen que sólo es buena
la enseñanza privada. Y los papás quieren por eso mandar a sus
hijos a un colegio privado. Pero además los papás exigen que
ese lujo se lo paguemos todos los españoles con nuestros
impuestos, pues ellos tienen “derecho a elegir”. Por eso es tan
importante que los funcionarios se queden sin dinero y me lo
den a mí, porque la enseñanza privada no es mejor que la
pública, pero los papás la prefieren para que sus hijitos tengan
mejores oportunidades que los de los demás, para que ya de
pequeñitos se relacionen con “gente bien” y empiecen a escalar
un poquito en la sociedad. Además a muchos papás no les
interesa realmente que sus hijitos aprendan, sólo les interesa
que obtengan el título y que hagan “buenas amistades”. Y
tienen razón, porque en España muchas veces los que llegan
más lejos no son los más inteligentes, ni los más preparados,
sino los que tienen más “contactos” o los que tienen más cara
dura, como muchos políticos, que sí llegan lejos y ganan mucho
dinero aunque sean unos ignorantes de impresión. Y en un
colegio privado los papás se creen con derecho a exigirme cosas
porque saben que es como si fuesen mis clientes, y el cliente
siempre manda, y si hace falta compran el título, y yo lo sé, sé
que ellos son mis clientes, y por ello procuro vender ese título
barato, pero sin que se note, para que los papás estén
contentos y crean que sus hijitos son muy listos. Los papás
saben que si sus hijitos no aprueban, se los pueden llevar a otro
colegio privado concertado, así que yo sé que les debo mi
puesto, y yo se lo agradezco, igual que a las monjitas, y
también hago lo posible para que los papás estén contentos y
sus hijitos obtengan el título, aunque muchas veces se hayan
esforzado mucho menos que un alumno de la pública para
obtenerlo. Y los papás saben que en la pública se puede
alcanzar un buen nivel, pero sólo si el alumno se esfuerza, y
ellos saben que lo importante en España no es ser inteligente,
estudioso o trabajador, saben que lo importante es tener
“buenas influencias”. Por eso a mí el estado me da dinero y a
los funcionarios se lo quita, porque el funcionario demostró en
su momento ser inteligente, estudioso y trabajador, mientras
que yo lo único que tuve que demostrar es que conozco a las
monjitas y que he sabido buscarme “buenas influencias”, y eso
es lo que importa.

Así que respétenme, por favor, que yo no soy funcionario, yo sí
merezco respeto, pero los funcionarios no, ellos estudiaron y yo
conocí a una monjita, yo soy profesor de un colegio concertado,
yo soy buen profesional y los funcionarios no.

Hola, soy profe de un concertado

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    HOLA, SOY PROFESORDE UN COLEGIO CONCERTADO Hola, soy profesor de un colegio concertado. No soy religioso y en realidad estoy en total desacuerdo con muchas ideas de la iglesia católica, pero soy profesor de un colegio de monjitas y debo decirle a la madre superiora “amén, Jesús” una y otra vez para conservar mi puesto. No soy religioso, pero me trago mis principios y soy profesor en un colegio de monjitas. Soy profesor de un colegio concertado. Tenía una novia y me tuve que casar con ella por la iglesia, pese a que ella habría preferido no casarse o hacerlo por el juzgado. Pero soy profesor de un colegio concertado, no me critiquen, por favor, que no soy funcionario. Hola, soy profesor de un colegio concertado. Antes no iba nunca a misa, pero ahora voy todas las semanas a la eucaristía del cole, y además ayudo a las monjitas en su preparación y comento el cura lo acertado de su edificante sermón al acabar. Antes nunca iba a misa, pero ahora soy profesor de un colegio concertado, las monjitas me han hecho ver lo equivocado que estaba cuando no iba a misa, no me critiquen, por favor, que no soy funcionario. En mi colegio hay más o menos los mismos problemas de indisciplina -falta de respeto de los alumnos y los padres hacia mi labor, falta de nivel, etc- que en un instituto público, pero las monjitas, que son muy buenas y muy amables con los papás, se encargan de que eso no se sepa. Soy profesor de un colegio concertado, mi imagen y la imagen de mi colegio son muy importantes, por eso tengo que callarme muchas cosas y no puedo airear por ahí las faltas de respeto a las que me someten los alumnos o los padres, pues mi puesto se debe a ellos y las monjitas lo saben. Soy profesor de un colegio concertado, respétenme, que yo no soy funcionario, merezco más respeto que un funcionario. Soy profesor de un colegio concertado. El nivel de los alumnos baja en picado a medida que pasan los cursos, pero no puedo exigirles todo lo que me gustaría. Las monjitas, que son unas señoras muy listas y muy amables, saben que los papás quieren que sus hijitos aprueben. Por ello me presionan en las sesiones de evaluación para que incremente el número de aprobados, y yo se lo agradezco, pues lo hacen suavemente, casi ni lo noto, y además lo hacen por mi bien. Las monjitas saben que si
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    apruebo a muchosalumnos, los papás estarán contentos y yo tendré mi puesto asegurado. Así que, por favor, no me critiquen, que yo no soy funcionario, yo soy profesor de un colegio concertado. Soy profesor de un colegio concertado. Todos los años voy de excursión con mis alumnos. A veces me gustaría decirle a las monjitas que no quiero ir, ya que mi labor es enseñar y no ejercer de animador sociocultural. Pero las monjitas, que son muy buenas, saben que las excursiones ponen contentos a los papás. Y me presionan para que vaya, y yo voy, porque las monjitas saben lo que es bueno para mí y hacen bien en presionarme. Además participo en todas las funciones del cole, colaboro en montar el belén y canto villancicos en navidad como el que más, porque eso pone a las monjitas contentas. Y las monjitas son buenas y me dan de comer, así que yo les estoy agradecido y canto los villancicos con mucho entusiasmo. Porque soy profesor de un colegio concertado, no me critiquen, por favor, que no soy funcionario. Soy profesor de un colegio concertado. Me presento a las oposiciones una y otra vez, pero no consigo aprobarlas. Dicen que en la pública no hay monjitas, que allí puedo ser yo mismo y no tengo que fingir, que allí puedo tener independencia de criterio en mi vida personal y a nivel profesional. Por eso me presento todos los años a las oposiciones. Y las monjitas lo saben, pero no me lo reprochan, igual que yo tampoco les digo a ellas que me gustaría ser libre. Ellas me mantienen en el puesto y me dejan que oposite porque saben que no es tan fácil que yo llegue a irme del colegio, saben que aprobar una oposición es muy duro y necesitaría mucho tiempo para prepararla. Así que procuran mantenerme siempre ocupado y me sobrecargan con miles de tareas de todo tipo a las que yo nunca me niego. Sé que así nunca llegaré a ser funcionario, pero lo sigo intentando. Y ellas me lo siguen permitiendo, siempre que yo lo haga en secreto y no les diga a los papás que quiero ser funcionario. Las monjitas son buenas y me cuidan, saben que si me hiciese funcionario podría vivir de acuerdo con mis principios, en lugar de adecuar mis principios a como ellas me obligan a vivir. Y ellas me quieren, saben lo que es bueno para mí, por eso hacen todo lo posible para que yo no caiga en la senda del mal, para que no me haga funcionario. Por favor, respétenme, que soy profesor de un colegio concertado, yo sí merezco respeto, yo no soy funcionario.
  • 3.
    Soy profesor deun colegio concertado. Cobro un poco menos que los profesores funcionarios y doy alguna hora más de clase. Pero eso cada vez importa menos, pues a los profesores funcionarios cada vez les ponen más horas de clase y de reuniones, así que ya casi estamos igual. Y la diferencia en el salario es mínima. Incluso puede que ahora estemos ya equiparados, pues a ellos les van a recortar la nómina y a mí no. Además los sindicatos mayoritarios me defienden. Ellos dicen que a igualdad de trabajo debería haber igualdad de sueldo. Por eso dicen que yo tengo que cobrar lo mismo que los funcionarios y luchan para la homologación salarial entre ambos tipos de profesores. Pero no luchan para que yo tenga que superar una oposición igual que los funcionarios si quiero ganar el mismo sueldo. Es curioso, porque con el recorte del salario de los funcionarios voy a conseguir aquello a lo que siempre he aspirado: ganar lo mismo que los funcionarios. Lo que pasa es que la homologación es a la baja. Pero no importa, porque los políticos me defienden y me dan prestigio y se van a encargar de que con el tiempo yo gane más dinero que los funcionarios. Porque es justo que les quiten el dinero a ellos y me lo den a mí, ya lo verán, tarde o temprano lo conseguiré. Pero no me critiquen, yo no soy funcionario, yo sí merezco respeto. Soy profesor de un colegio concertado. Los profesores funcionarios deben demostrar que se ganan el puesto según los principios de igualdad, mérito y capacidad. Yo no he tenido que hacer eso. Los funcionarios son tontos. Yo soy más listo que ellos porque conocía a una monjita y ella me dio el puesto. Así que no he tenido que competir por el puesto y demostrar mis conocimientos en una prueba objetiva, simplemente he tenido que hablar con la monjita y prometerle que voy a hacerle mucho la pelota. Y la monjita me ha dado el puesto y yo se lo agradezco, pues ella me cuida y sabe lo que es bueno para mí. Pero no me critiquen, por favor, que yo no soy funcionario, yo sí merezco respeto, los malos son los funcionarios. Soy profesor de un colegio concertado. Los profesores funcionarios tienen la plaza fija y cobran del estado, pero se lo han ganado tras unas duras pruebas de selección. Yo también tengo la plaza fija, la única condición que tengo que cumplir para ello es sonreírle mucho a las monjitas, hacer lo que ellas me dicen en todo momento y mostrar una buena imagen para que los papás estén contentos conmigo. Y si tengo que aprobar
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    a los alumnosque no saben, yo lo hago feliz, porque sé que así tengo el puesto fijo. Y además yo cobro del estado, igual que los funcionarios, pero eso no importa, pues los papás tienen “derecho a elegir” y saben que yo doy una buena imagen y que en el cole de las monjitas todo es muy bonito y muy precioso y todos somos muy felices. Mi conciencia me dice que no es ético desviar dinero público para financiar un negocio privado como es el colegio de las monjitas. Pero el “derecho a elegir” de los padres es más importante que mi conciencia. Además las monjitas son muy buenas y han admitido a un par de niños inmigrantes, pero lo hacen como obra de caridad, porque son muy buenas, y porque así justificamos ese desvío de fondos que en realidad sabemos que es inmoral. Y los papás lo entienden y no les importa, y seguirán mandando a sus hijitos aquí, porque les gusta que haya un par de inmigrantes que pongan colorido racial al centro, pero que no molesten mucho. Además así los papás se sienten buenos cristianos y limpian su conciencia burguesa. No es como en los institutos públicos, donde hay más niños inmigrantes y varios gitanos, eso no les gustaría a los papás, aunque los papás no son racistas. Y como los papás no son racistas, aquí tenemos dos alumnos inmigrantes, pero sólo dos, que así se integran mejor, y todos somos felices viendo su integración y todos los queremos mucho porque así los demás saben que somos solidarios y buenos cristianos. No me critiquen, que yo no soy funcionario, yo sí soy un buen profesor, yo soy profesor de un colegio concertado. Soy profesor de un colegio concertado. Los profesores funcionarios pasan normalmente mucho tiempo de interinos, sin plaza fija y sin saber lo que les depara el futuro, antes de ser funcionarios. Y después de ser funcionarios también se pasan muchos años cambiando de centro cada poco mientras están en expectativa de destino. Y cuando les dan el destino definitivo ya son bastante mayores y ya tienen familia, hipoteca y todas esas cosas y se tienen que ir lejos, y dejarlo todo, pues la ley les obliga a trabajar en el destino definitivo que les toque, que muchas veces es muy lejos de su casa. Y a veces se pasan varios años fuera hasta poder volver, y sólo ven a sus parejas y a sus hijos en vacaciones y en los puentes. Pero yo soy profesor de un colegio concertado. Yo siempre estoy en el mismo colegio, las monjitas me tienen mucho cariño y no me desplazan. Los funcionarios son tontos por servir a la sociedad. Yo prefiero servir a las monjitas. Ellas son buenas y me mantienen siempre cerca de mi casa. Y lo único que me piden a cambio es que sea
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    un buen cristianoy que dé buena imagen. Y yo cumplo con ello, porque las monjitas me quieren mucho y yo a ellas también. Pero no me critiquen, por favor, que yo no soy funcionario, yo sí merezco respeto, yo no vivo fiel a mis principios, pero soy profesor de un colegio concertado, y por eso merezco más respeto que un funcionario. Soy profesor de un colegio concertado. En Finlandia la enseñanza es totalmente pública y gratuita, salvo un reducidísimo número de colegios privados (no concertados) a los que van algunas personas que son una ínfima minoría. Y la enseñanza pública, gratuita, y donde trabajan profesores similares a los que aquí llamamos con desprecio “funcionarios” es allí muy prestigiosa y obtiene buenos resultados. Pero aquí nos dicen que no es así, que la enseñanza privada siempre es mejor que la pública, porque en España en el fondo hay mucho elitismo aunque no nos atrevamos a decirlo, que queda feo decir esas cosas. Los políticos y la sociedad dicen que sólo es buena la enseñanza privada. Y los papás quieren por eso mandar a sus hijos a un colegio privado. Pero además los papás exigen que ese lujo se lo paguemos todos los españoles con nuestros impuestos, pues ellos tienen “derecho a elegir”. Por eso es tan importante que los funcionarios se queden sin dinero y me lo den a mí, porque la enseñanza privada no es mejor que la pública, pero los papás la prefieren para que sus hijitos tengan mejores oportunidades que los de los demás, para que ya de pequeñitos se relacionen con “gente bien” y empiecen a escalar un poquito en la sociedad. Además a muchos papás no les interesa realmente que sus hijitos aprendan, sólo les interesa que obtengan el título y que hagan “buenas amistades”. Y tienen razón, porque en España muchas veces los que llegan más lejos no son los más inteligentes, ni los más preparados, sino los que tienen más “contactos” o los que tienen más cara dura, como muchos políticos, que sí llegan lejos y ganan mucho dinero aunque sean unos ignorantes de impresión. Y en un colegio privado los papás se creen con derecho a exigirme cosas porque saben que es como si fuesen mis clientes, y el cliente siempre manda, y si hace falta compran el título, y yo lo sé, sé que ellos son mis clientes, y por ello procuro vender ese título barato, pero sin que se note, para que los papás estén contentos y crean que sus hijitos son muy listos. Los papás saben que si sus hijitos no aprueban, se los pueden llevar a otro colegio privado concertado, así que yo sé que les debo mi puesto, y yo se lo agradezco, igual que a las monjitas, y
  • 6.
    también hago loposible para que los papás estén contentos y sus hijitos obtengan el título, aunque muchas veces se hayan esforzado mucho menos que un alumno de la pública para obtenerlo. Y los papás saben que en la pública se puede alcanzar un buen nivel, pero sólo si el alumno se esfuerza, y ellos saben que lo importante en España no es ser inteligente, estudioso o trabajador, saben que lo importante es tener “buenas influencias”. Por eso a mí el estado me da dinero y a los funcionarios se lo quita, porque el funcionario demostró en su momento ser inteligente, estudioso y trabajador, mientras que yo lo único que tuve que demostrar es que conozco a las monjitas y que he sabido buscarme “buenas influencias”, y eso es lo que importa. Así que respétenme, por favor, que yo no soy funcionario, yo sí merezco respeto, pero los funcionarios no, ellos estudiaron y yo conocí a una monjita, yo soy profesor de un colegio concertado, yo soy buen profesional y los funcionarios no.