La humildad es reconocer que todo lo bueno es un don de Dios y no aspirar a la grandeza personal. Implica conocerse a uno mismo, aceptar la propia realidad y olvidarse del yo para darse a los demás con amor. El grado más alto de humildad es vivir la caridad dándose a los demás, lo que trae mayor felicidad que buscar el placer egoístamente. La humildad permite una visión correcta de la realidad y acercarse a Dios, quien derrama sus gracias en los humildes.