La prudencia es la virtud cardinal que permite a la razón juzgar rectamente y determinar lo que se debe hacer. Orienta las demás virtudes indicándoles qué, cuándo y cómo actuar. Para ser prudente se requiere juzgar rectamente, decidir y pedir consejo. La fortaleza permite a la voluntad decidirse por el bien difícil con el fin de alcanzarlo, incluso arriesgando la propia vida. La templanza consiste en el dominio de los placeres sensibles mediante la moderación. La justicia da a cada uno lo que le es