El cristianismo se difundió rápidamente en el Imperio Romano en el siglo I d.C. Pequeñas comunidades cristianas se formaron en las ciudades cosmopolitas del imperio, a pesar de la presencia de otras religiones. Mientras que algunos se aferraron a los antiguos dioses romanos u otras filosofías, los cristianos se distinguieron por su devoción a Jesucristo y por vivir de acuerdo a sus enseñanzas de amor y servicio.