Los primeros cristianos vivían en comunidad, compartiendo sus bienes y orando juntos diariamente en el Templo. Eran perseguidos por el Imperio Romano debido a su fe en Jesús, a quien consideraban en conflicto con el culto al emperador. Se caracterizaban por su vida comunitaria basada en la solidaridad, la oración, la ruptura del pan (Eucaristía) y la enseñanza de los Apóstoles.