El documento resume las principales enseñanzas del Vaticano II y del Magisterio posterior sobre la naturaleza de la Iglesia. Define a la Iglesia como el sacramento de la comunión de los hombres con Dios y entre sí por Cristo en el Espíritu Santo. Señala que esta definición no agota el misterio de la Iglesia, que trasciende la comprensión humana. También menciona otras posibles definiciones como institución fundada por Cristo o Pueblo de Dios formado por los bautizados.