La ingeniería romana contribuyó a la industria militar con equipos de asedio como catapultas y torres que hicieron al ejército romano invencible, y a la ingeniería civil con obras permanentes como basílicas, foros, templos y el Coliseo. Mejoraron significativamente la construcción de carreteras que duraban hasta 100 años, y aplicaron los conocimientos de otras culturas para ser los mejores ingenieros de la antigüedad, diseñando amplias redes de acueductos, viaductos y puentes