Satanás engañó a Eva en el Edén diciéndole que no moriría si comía del fruto prohibido, introduciendo así la idea de la inmortalidad del alma. Sin embargo, la Biblia enseña que el alma puede morir como castigo por el pecado. Aun así, la doctrina de tormentos eternos en el infierno, atribuida a Dios pero en realidad promovida por Satanás, ha causado gran daño espiritual al presentar a Dios como vengativo en lugar de compasivo.