El documento reflexiona sobre la muerte desde una perspectiva bíblica, diferenciando entre la muerte que Dios valora, la de los santos, y la que no desea, la de los impíos. Se enfatiza que la muerte de los creyentes es un paso hacia la salvación y la comunión eterna con Dios, mientras que la muerte de los impíos conlleva juicio y separación eterna de Dios. Se concluye que la salvación a través de Cristo es la única esperanza para evitar la tristeza de Dios ante la muerte del impío.