María visita a su prima Isabel, quien está embarazada, para apoyarla en el nacimiento de su hijo Juan. Durante el encuentro, Isabel reconoce la vida de Dios en el vientre de María, y María canta la grandeza del Señor. El bebé Juan salta de gozo en el vientre de Isabel al percibir la alegría del encuentro entre sus madres. Como María, la Iglesia debe atender las necesidades humanas y llevar a Cristo a todas las personas.