Un incidente en un vuelo de 1998 expone el racismo de una pasajera que pide cambiarse de asiento al no querer estar junto a un hombre de raza negra. La azafata, tras intervenir, realiza un cambio de asiento en el que sorprendentemente el hombre es quien se muda a primera clase, mientras la señora queda en evidencia ante todos los pasajeros. Este evento llevó a la aerolínea a mejorar la capacitación de su personal en atención al cliente, enfatizando la importancia de cómo se sienten las personas.